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jueves, 23 de abril de 2020

Middlemarch, George Elliot.

Middlemarch.



Por La Pelipequirroja.


   He de comenzar haciendo una confesión: las ganas de leer este libro fueron durante muchos años ahogadas por la pereza. Más de 900 páginas, no os digo más. Disfruté la serie de la BBC a pesar de que en 1994 mi inglés era bastante precario -no es que ahora sea nivel Oxford- pero con Rufus Sewell encabezando reparto, sex symbol de la época, las penas con pan fueron menos penas.
   Así que hace a penas un lustro que comencé a leerlo. Si, comencé porque aquí va la segunda confesión: lo dejé a medias. No es que no me estuviera gustando, pero tenía que elegir entre leer uno solo que ni siquiera iría para reseña, o los tres que esperaban en el escritorio. 

   Pero nunca es tarde si el libro es bueno ¿Y lo ha sido? Venga, os lo cuento.

   La novela de George Elliot (Mary Anne Evans) publicada en 1871, es una crónica de la vida en provincias, más que un retrato de la sociedad es una secuencia de fotogramas de sus gentes y su activa vida social (en contra de lo que siempre se ha pensado de los provincianos) una narración muy cinematográfica, alejada de las comedias de situación inglesas a las que estamos acostumbrados. 

   Afrontar una novela larga, larguísima, no es fácil. Se corre el riesgo de caer en el aburrimiento y perder el interés si esperamos que la acción sea continua, hay que tener cuidado con las expectativas y enfrentarnos a la lectura sin prisa ni pausa; me he tomado esta lectura como una invitación a conocer Middlemarch y sus gentes, como una vecina más de la pequeña ciudad, pero con la ventaja de poder ver y oír todo, y no ser ni vista ni oída. Toda una vieja del visillo con palco preferente. Y al igual que la vida en cualquier lugar, las cosas suceden a diferentes ritmos, solo hay que disfrutar de los lentos tanto como de los trepidantes, todo de manera muy natural, como la vida misma.         Pero es una novela, y asistiremos a todo un despliegue de recursos literarios que captarán nuestra atención y enriquecerán la narración.
   Middlemarch, una pequeña localidad sin demasiados alicientes culturales y los típicos sociales, verá como las vidas de sus habitantes se entrecruzarán y el Destino jugará divertido con ellos, para satisfacción del lector. 

    Un variado elenco de personajes harán nuestras delicias, despertarán nuestra simpatía unos y nos harán enseñar los dientes otros, pero todos llenos de matices, personajes en los que veremos reflejados diferentes actitudes y aptitudes, muestras de diferentes estilos de vida, pensamiento, educación, moral. Tenemos a Dorothea Brooke, una joven altruista con elevados ideales pero con límites terrenales, los que le imponen una sociedad y una educación patriarcal; es una muchacha sensible y soñadora, y vale la pena conocerla y ver su evolución. Os digo esto a colación de esa entrada en la que os hablaba de que hay que tomarse su tiempo con las novelas largas, no impacientarse, ir conociendo a los personajes como si fueran tus convecinos, poco a poco, para conocerlos de verdad,  como ir juntando las piezas de un puzzle, con paciencia y visión de gran angular.  Dos pretendientes competirán por ella, atención que no digo por su amor, pues no se trata de una novela romántica aunque el amor flote en el aire, muchas otras cosas entran en juego: poder, amistad o enemistad entre familias, tradición, aspiraciones sociales,  iglesia, falsa moral, apariencias. Sir James Chettam y Edward Casaubon se cruzan en su camino y despliegan todas sus artes para conseguir los favores de la joven Dorothea; claro que también tenemos al primo de Edward, la oveja negra de la familia, Will  Ladislaw, un personaje al que también hemos de conocer poco a poco para ver más allá de la prepotencia y la ambición inicial, y saldrá a relucir su verdadero Yo,  y  se convertirá en uno de mis personajes favoritos. 

   Chettam, Casaubon, el revolucionario doctor Tertius Lydgate -cuyas ideas modernas y nuevas técnicas chocarán con los más retrógrados de Middlemarch- la frívola y engreída Rosamond Vincy, su hermano Fred, cuya mayor preocupación es conseguir una herencia para poder casarse con la mujer que ama, mal vista por su familia debido a que pertenece a una clase social inferior; todos ellos forman un nutrido grupo de secundarios de lujo,  aunque es difícil saber si en verdad lo son, o son auténticos protagonistas por derecho propio junto a Dorothea y Will, pues todos ellos son imprescindibles para dar forma a esta novela, sin duda coral, y vida a la pequeña ciudad de Middlemarch. Nos quedan unos cuantos personajes todavía en el tintero, tan importantes como el resto, a pesar de su breve o en apariencia insignificante presencia en la historia, pues entre todos tienen el mérito de crear una historia redonda, perfecta, pero poco más puedo añadir sin arriesgarme a colocar todas las piezas del puzzle demasiado pronto, haciendo que se pierda toda la emoción. 

   Os decía antes que no se trata de una novela romántica, no principalmente, pero si tiene mucha importancia el papel del amor y el matrimonio en la sociedad de entonces, sin que uno sea el primer paso hacia el siguiente, ni que ambos vayan ligados; Elliot no duda en criticar abierta y duramente el factor económico en la mayor parte de las relaciones amorosas, teniendo prácticamente que representar un papel de matrimonio feliz ante la sociedad que no duda en juzgar y sentenciar. La falsa moral y la hipocresía, junto al poder de la Iglesia, las diferencias sociales y el repudio a los avances y los cambios, conforman parte importante en la novela, y junto a los personajes y sus vicisitudes crean una perfecta historia de uso, modales y costumbres de la sociedad provinciana de mediados del siglo XIX.


   Con un estilo narrativo pulcro y elegante, George Elliot ha escrito una novela  rotunda, fiel retrato de una comunidad llena de prejuicios y atada a los convencionalismos sociales, en donde los que se atreven a sacar los pies del tiesto han de enfrentarse a las severa justicia de los rancios hombres de bien y sus arcaicas normas, y a pesar de ello,  los aires de renovación se cuelan entre las rendijas.  No os engañaré, no es una lectura fácil, es muy densa y en ocasiones su lenguaje retórico y culto nos hace leer dos veces una misma frase o párrafo; pero si hacemos uso de esa paciencia de la que ya os he hablado en un par de ocasiones, la densidad narrativa será pecata minuta una vez logramos meternos en las tramas y congeniar con los personajes.   Me costó años lanzarme a esta lectura, pero si la experiencia es un grado, no puedo por más que alegrarme de ello porque la he disfrutado enormemente, cosa que tal vez, años antes no lo hubiera hecho de la misma manera. Ocho libros -tantos como fascículos componían la publicación original en prensa- componen estas más de 900 páginas que si tenéis la calma necesaria para aguantar ciertas partes más pesadas o aburridas, disfrutaréis enormemente y descubriréis una ciudad y unos habitantes que no tienen desperdicio.    Una experiencia la mar de positiva. 

Con esta novela, cumplo la premisa: Clásico cuyo título solo tenga una palabra.

Reseñas Clásicos Middlemarch.

       MIDDLEMARCH
    George Elliot
©Todos los derechos reservados.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos, VV.AA

Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.

Vosotros los que leéis que estáis entre los vivos.

La Pelipequirroja


     Esta vez las Inquilinas me lo han puesto en bandeja, como cuando en Teatro estás esperando entrar en escena pero tan solo necesitas que te den el pie; si hay algo que me gusta en esta vida (sin que sea de comer, esté helado y tenga sabor a chufa) son los relatos, y si son de terror, gozada doble, pero si además son de finales del siglo XIX o primeros del XX ¡Éxtasis total! y como son tan majas las de Netherfield crean una premisa pensando en mí (si digo que ha sido pensando en mí, punto en boca) "Edición de cuentos o relatos clásicos (mismo autor o VV.AA)"
    
   Cuando abordamos una antología nos encontramos, al menos en mi caso, con el problema de lo fácil que es irse de la lengua y terminar haciendo una reseña más larga que el propio relato ¿Pero, cómo contamos cada una de las historias sin quedarnos cortos ni pasarnos? soy de la opinión que en cuestión de cuentos, mejor quedarse corta que larga, mejor entreabrir una puerta y ya el lector que se asome del todo. 
   Hace muchos años que tenía este libro, pero no lo había vuelto a releer desde hace  lustros, y durante estos días de encierro fue esta lectura -junto a otros muchas pendientes- un bálsamo para el espíritu y una evasión para la mente, que todo sea dicho, me ha sentado de maravilla; algunos autores son más conocidos que otros, incluso uno de ellos era la primera vez que leía algo suyo, pero todos tienen algo en común, temática a parte: la exquisitez narrativa. 

Os traigo mis favoritos.

 “El Entierro”, de Lord Byron: (1819) El relato es una obra inconclusa que el autor dejó a modo de colofón en su poema " Mazeppa", pero ante todo es una historia fantástica que Byron contó a su amigo Polidori, el cual usó para crear la figura del Vampiro, creada en Villa Diodati, en aquella histórica reunión de ambos y el matrimonio Shelley.   Un mahometano, un entierro secreto y una historia increíble ¿O no?


  “Historia de fantasmas”, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann: (1819) Un fantasma se aparece a la joven Adelgunda  todos los días a la misma hora, se adueña de su voluntad y pronto logra que la familia entera quede destruida por el maléfico espectro ¿Quién es el fantasma, qué quiere de la joven? Un final que te deja con los pelos de punta.


 “El pie de momia”, de Theophile Gautier: (1840) Tema recurrente durante el Romanticismo fueron los misterios orientales, en especial todo lo que provenía del Antiguo Egipto, y este relato no hace más que constatar la fascinación por las momias del autor, y como no podía ser de otra manera, momias y maldiciones iban de la mano. Misterio, terror y magia en un relato fascinante.


   “La noche de difuntos”, de Gustavo Adolfo Bécquer: (1865) Relato periodístico que formaba parte de la serie "Escenas de Madrid", y en el cual se nos describre de manera fúnebre y oscura, una noche de Difuntos, con almas en pena vagando por la ciudad y campanas doblando por el descanso de las mismas. Relato tan fascinante como tétrico.


   “La diligencia fantasma”, de  Amelia B. Edwards: (1864) Era costumbre que al llegar la Navidad, en periódicos como el dirigido por Charles  Dickens, en lugar de relatos de amor y fraternidad, algunos escritores publicaban cuentos de terror, costumbre extendida entre autores de la época, como lo fue Amelia. El cuento narra una de las leyendas urbanas más populares que ha llegado hasta nuestros días: Una diligencia inexistente ¿O no?


 “El Horla” , de Guy de Maupassant: (1887) Inquietante historia, menos terrorífica que otras a las que nos tiene acostumbrados el autor, pero de una tensión emocional que hace mella en su protagonista como en el lector ¿Es el Horla un vampírico ser invisible? ¿Un ente fantasmal? ¿Un delirio acaso? 


“Maud-Evelyn”, de Henry James: (1900) Sin duda alguna mi favorito. Una historia de fantasmas que encierra el mayor de los miedos: el que se encuentra tras las puertas de nuestro hogar ¿ Son los fantasmas representaciones de nuestros temores, de nuestra incipiente locura? Un relato turbador y escalofriante. 


 “La Banshee emigrante”, de Gertrude Henderson: (1901) Un exótico relato, tanto como lo es su protagonista y las leyendas de las que bebe; el gusto por todo lo oriental de la época queda patente, de nuevo, en este cuento lleno de magia y fantasmas. Fabuloso.  


 “La cola de los anémicos en el Matadero Municipal”, de Eugenio Noel (1915) Una larga cola de menesterosos y enfermos se da cita a diario en el Matadero Municipal, vampiros paupérrimos cuya supervivencia depende de los restos del matadero; una historia más infranatural que sobrenatural, pero tan espeluznante como el más terrorífico de los cuentos que jamás hayamos escuchado. 


 “Rashömon”, de Ryünosuke  Akutagawa (1915)  Una anciana le arranca los cabellos a una mujer muerta de peste poco antes; un relato en el que los fantasmas están vivos, arrastran las pesadas cadenas de la soledad y la desesperación y vagan sin rumbo por una ciudad devastada.  Uno de los primeros y más famosos cuentos apocalípticos de la literatura, oscuro, asfixiante, quimérico. Espeluznantemente magnífico. 
No quiero dejar de nombrar al resto de autores, genios del relato breve de terror de todos los tiempos, maestros y alumnos, pero siempre, Grandes. Le Fanu, Rubén Darío, Quiroga, Hermann Ungar, Gutierrez Solana,  Von Hofmannsthal y Lugones.




Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.
VV.AA
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©Todos los derechos reservados.

jueves, 12 de marzo de 2020

Los pistoleros o el caso Hamster, de Fernando Figueroa

Los pistoleros o el caso Hamster.



La Pelipequirroja.



   Fue una gran sorpresa ver que esta era la última novela de Fernando Figueroa, pues no tenía nada que ver con los cuatro libros anteriores suyos que había leído; se trataba de cuatro pequeñas joyas, cuidadas al máximo en sus mínimos detalles, con un tema común -las ¿Imaginarias? o legendarias, Mujeres Globo- escritos a modo de glomorios, testimonios, tratados e historia de las susodichas, tal y como hubieran sido escritas y publicadas en el Siglo XIX. Quedé fascinada con estos libros cuyos ejemplares ilustrados me enamoraron; cuando su autor me regaló este -para estar a la altura del regalo tendré que ofrecerle a mí primogénito- me sorprendí mucho por el género literario escogido, pues he de confesar que nunca me hubiera imaginado al autor escribiendo novela policiaca y de misterio. Pero la sorpresa duró poco, en realidad, tras leer el primer capítulo me sentí como en casa, el autor se movía como pez en el agua, con soltura, una vez más el genio de Fernando se había metido en la piel de un escritor decimonónico, londinense para más exactitud y había escrito una maravillosa novela policiaca cargada de acción, con varios misterios por resolver, identidades que desvelar y unos puntos de humor que no solo te hacen reír, sirven de respiro ante una trama frenética.

  Nos encontramos en  Rabishpool, ficticia ciudad londinense en las postrimerías del siglo XIX; en el casco viejo de la ciudad, a las puertas de un club llamado Rudolph Nose, un hombre cae muerto tras ser tiroteado por tres individuos que acto seguido se dan a la fuga. El difunto, Jim Hamster, es un cabecilla del movimiento sindicalista, los cuales andan nerviosos por la huelga general que se celebrará en breve, algo a lo que la patronal no es favorable, para ser exactos, están dispuestos a sembrar el miedo para pararla.  
   El agente Maesnow, detective caído en desgracia, junto a O'neill y bajo las órdenes del peculiar, en sus formas, Rochester, policías del Distrito Rojo, no será solo el agente que se encargará del caso, sino que se verá envuelto en un turbio entramado de asesinatos, venganzas, corrupción, mafia, juego de identidades, equívocos y líos amorosos.

   Tenemos unos sindicalistas que están siendo asesinados, unos pistoleros que campan a sus anchas, un par de policías muertos, policías convertidos en asesinos, una misteriosa mujer que tendrá la clave para la solución del caso, un tío y un sobrino que comparten apellido y quién sabe qué más; Molly, una actriz seria que ama a Harry Maesnow pero que no está dispuesta a que la tomen por tonta, unas jóvenes actrices de Vodevil que a falta de talento muestran sus encantos , pero que de bobas no  tenían nada. Un barrio caliente, un club ardiente, prostitutas, homosexualidad, inocencia rota y culpabilidades  remendadas, cartas, notas, un botón y un barco ¡Uf, si esto no es acción vertiginosa y trepidante, que venga la Reina Victoria y lo vea!

CONCLUSIÓN: Una novela negra a la usanza tradicional inglesa, envuelta en la niebla londinense de Los crímenes de la calle Morgue, la elegancia de  Las aventuras de Holmes y un maravilloso toque gamberro y sutilmente zafio de un Spadé decimonónico, y a pesar de ciertas descripciones, y esto es de mi propia cosecha, un Maesnow que con chistera y bastón es el perfecto Remington Steel.   Con un final de los que te dejan las patas vueltas, la narración solo es igualada en maestría y elegancia por unas ilustraciones a lápiz y carboncillo hechas por el propio autor; es de aplauso dados los tiempos que corren, encontrarse con una novela tan cuidada en su fondo y su forma, sin una gran editorial detrás que respalde, aún la hace más especial. Mi aplauso, admiración ratificada y reconocimiento sin duda alguna a Fernando Figueroa.    Y una petición: Maesnow y compañía tienen que volver, quiero más. Y rapidito. Ea.    

   

LOS PISTOLEROS O 
EL CASO HAMSTER.

Fernando Figueroa Saavedra.

Editorial Alma Negra.

©Todos los derechos reservados.

lunes, 28 de octubre de 2019

Las Señoritas Lagarde de Jacinta Ramírez de Rodrigo

Las Señoritas Lagarde


El Gato Trotero


La novela está basada en un hecho real que conmocionó a la sociedad de Sanlúcar de Barrameda a finales del siglo XIX. Las hermanas Lagarde van a ver como sus vidas van a dar un giro radical el día que aparece Antonio López de Sandoval. Éste se enamora, nada más verla, de Esperanza, la hermana más pequeña. A pesar de que tiene aún 14 años, ya piensa en casarse con ella. Así se lo hace saber a su padre. Éste cree que Antonio está enamorado de Milagros, la penúltima hermana. Sin embargo, el patriarca de los Lagarde le hace saber a Antonio que no puede casarse hasta que, antes, no lo hayan hecho las hermanas mayores, Caridad y Rosario. Algo difícil de verse cumplido porque son las menos agraciadas de las 4 hermanas.
Pero Antonio no se dará por vencido y va a llevar a cabo un plan bastante tétrico y macabro. Todo sin tener en cuenta si Esperanza siente lo mismo por él o no

Las señoritas Lagarde

   Esta es una de esas novelas que te entran por los ojos, pero por algún motivo no se va a casa contigo en ese momento y de que te das cuenta ha quedado casi en el olvido entre listas enormes de pendientes y libros apilados en el escritorio a la espera de su turno para ser leídos; pero entonces ocurre algo y como no creo en las coincidencias pero si en las señales, diría que la novela vino a mí, o más bien, me puso una trampa para llamar mi atención de nuevo y esta vez, si, se vendría conmigo: un pedido que no llega correcto, una devolución, una nueva búsqueda y de repente, sin saber ni como ni porqué, aparece el libro en mi pantalla...y a casa que se vino de un día para otro.
   
   Poco tardo en conocer al personaje más carismático de toda la novela, según mi criterio tiene todos los ingredientes para convertirse  por sí solo en el alma del argumento, de cualquier argumento, tal es su fuerza; a lo largo de la historia tendremos sentimientos encontrados con Antonio López de Sandoval, permaneceremos en una constante montaña rusa en cuanto a este personaje se refiere ¿Lo odiamos? siiiiii ¿Nos despierta ternura? Siiiiiiii ¿Empezamos a adorarlo? vengaaaaaa ¡No no noooo, le odio mucho de nuevo, qué tío! algo así. Y es que no hemos de olvidar que Sandoval fue una persona real, y lo que aquí nos cuenta, novelado eso si, está basado en hechos reales. Cuando llegamos al final del libro no podemos dejar de pensar en Antonio como ese Great Pretender, ese Gran Farsante  de dos caras, tres o las que sean necesarias para ocultar su verdadero yo, y es que como personaje es buenísimo, completo. 
   Nos encontramos en una pequeña ciudad de la España del siglo XIX, cuatro hermanas, Caridad y Rosario, poco agraciadas respecto a sus hermanas pequeñas, Milagros y Esperanza, viven sujetas a los convencionalismos de la sociedad burguesa de la época, y por encima de todo, de la voluntad de su padre que es quien, como todos los hombres entonces, manda en casa y decide sobre el futuro de sus hijas, sin que estas tengan ni voz ni voto, meros peones en manos de un padre autoritario y una sociedad machista.
   Las hermanas mayores son las menos decididas, acatan las órdenes del padre y los formalismos sociales sin rechistar, por más que les duela, así han sido criadas y así morirán, incapaces de rebelarse porque no está en su naturaleza; he llegado a sentir mucha lástima por ellas, y solo en pensar que fueron de carne y hueso, y todo lo que tuvieron  que pasar en esos años, aún me quiebra más. Las menores son algo diferentes, sobre todo la bellísima Milagros, sería lo que ahora llamamos una mujer empoderada, aunque para desgracia suya, demasiado adelantada a su tiempo: es muy inteligente, culta, se interesa por la política, por todo aquello que la rodea y lo que está lejos, como Madrid y el devenir sociopolítico de la capital, esa España en tiempos de Prim y un novato reinante como Alfonso XII ¡Chapeau la labor de investigación de la autora! una clase magistral de Historia, pero lo mejor de su buen hacer narrativo, es que ni te das cuenta que has vuelto al instituto pero sin mirar por la ventana viendo los gatos pasar de puro aburrimiento. Con esto me tiene ganada, pues sabéis que soy de naturaleza perezosa con el tema Historia, a excepción de un par de periodos que me atraen como luz a un bicho. 

   El gran secreto que oculta Sandoval es sin lugar a dudas un  acicate en la lectura, sobre todo cuando la que lee es una cotilla redomada que saber los misterios que ocultan los vecinos es su mayor pasión, bueno, una de ellas, no quiero limitarme tanto...y es que cuando uno guarda un secretillo, viene de luchar en Cuba y encima se enamora de la más pequeña de una familia de rígidas costumbres, una de las cuales es no dejar que las hermanas pequeñas se casen antes que las mayores, una, que algo avispadilla es en estos asuntillos, no puede dejar de pensar que aquí hay drama, ¡pero vamos! y es que se fija nada más y nada menos que en Esperanza, la guapísima pero benjamina de las señoritas Lagarde. Y ya os he dicho,que este Gran Simulador está dispuesto a todo para conseguir lo que prentende. 


    CONCLUSIÓN: Una lectura deliciosa y embriagadora; el estilo es delicado, como si hubiera sido escrita en el mismísimo 1876, pero sin resultar cargante ni retórica en ningún momento, cosa que hay que agradecer sin duda al buen hacer de su autora; una novela en la que no falta el misterio, el suspense, el drama, la Historia, el amor y la pasión en todos sus vertientes, con personajes firmes y cargados de matices que hacen de la narración un goce absoluto. Mi única pega a esta tan ansiada y disfrutada lectura, ha sido el final, me he quedado con ganas de más, me ha sabido a poco, le faltaba algo más de extensión tal vez, de profundizar en cierto tema, no se, gustándome como me ha gustado Las señoritas de Lagarde, esto me ha dejado algo insatisfecha...ahí lo dejo. 



LAS SEÑORITAS LAGARDE
Jacinta Ramírez
 de Rodrigo

La Esfera de los libros