jueves, 23 de mayo de 2019

La Tía Valentina de Miguel Pablo López Ruiz.

La Tía Valentina



La tía Valentina vive con su gato, su perro y su loro. Le gusto mucho cocinar y tiene una olla mágica...¿Te gustaría conocerla?



Reseñas El Gato Trotero

Es la Tía Valentina,
 peculiar y muy entretenida,
tan pronto nos guisa un buen plato
 como juega con su gato,
ahora la ves a la carrera y después está puntual
 en su trabajo de enfermera.
Es coqueta y presumida,
 la tía no falla en su cita en la peluquería 
y al acabar va presta a la pescadería,
no es nada sibarita y cuando sale de casa,
se pone sus pendientes de margarita.
Su loro saluda diciendo Hola hola 
y junto al perro y al gato
nunca la dejan sola.
La tía Valentina mola y mola,
y con esto me despido, Caracola.



CONCLUSIÓN: Un cuento cortito que no tardarás ni cinco minutos en leer, las ilustraciones no solo son preciosas sino que ayudarán a los peques de la casa a seguir la historia sin perderse un detalle, y todo sea dicho, a los adultos a sonreír con los detalles de cada imagen. 
Un cuento que recomiendo para leer en familia.
No cabe duda que el autor, Miguel Pablo López Ruiz se ha fijado en alguien muy cercano para crear a esta divertida tía Valentina, y es que ¿Quién no tiene en su familia a una tía ocurrente, graciosa y diferente?



LA TÍA VALENTINA
Miguel Pablo López Ruiz

Editorial Círculo Rojo

Adquirir el libro Aquí

©Todos los derechos reservados

domingo, 19 de mayo de 2019

Pasen y mueran. VV.AA.

Pasen y mueran.


¡¡Bienvenidos! Bienvenidos. ¿Estáis todos? ¿Y todo el mundo tiene un cucurucho de palomitas? Vamos a empezar muy pronto. Solo nos quedan uno o dos retoques de maquillaje, estirar un par de cuerdas, afilar bien los cuchillos. Ammm, pero no quiero desvelaros nada. Tomad asiento, ahí, en la oscuridad, y abrid bien los ojos. ¡Ah! Y algo muy importante: no miréis hacia atrás bajo ningún concepto.
¿Cuál es el menú? El programa consta de catorce actos en total. Lo que se dice una Escaleta Grandiosa; para un circo de tres pistas lo menos. Nuestros catorce autores vienen a desfilar bajo las candilejas, a demostrar el “más difícil todavía” en esta antología solidaria de relatos sobre el circo y el horror.

   Nunca me han gustado los circos. Excepto la primera vez que estuve en uno en la que la curiosidad y la expectación se apoderaron de mí como niña que era, las pocas veces que he vuelto a uno ha sido por obligación, ya por algún cumpleaños o como aquella vez que a mi madre le regalaron un buen puñado de entradas como agradecimiento por unos trajes que bordó para una equilibrista del Circo Ruso, y allá que nos llevaron ella y mi tía a mis primas y a mí. No me gustan que salgan animales salvajes haciendo charlotadas, medio drogados y privados de libertad, pero tampoco me gusta que hagan bailar a los caniches o que consigan que un gato ande por la cuerda floja sin red, por muy de pie que caiga, el ser domésticos no nos da derecho a usarlos de divertimento. Ni siquiera me gusta la película de Dumbo, salí llorando del cine con trauma infantil incluído por el trato que recibían la madre y las tías del elefantito, amén del propio Dumbo, por mucho que disfracen el maltrato con mensajes de coraje, superación y bla bla bla. Ea, ya lo he soltado. Y que  a gusto me he quedado.
   Mención a parte tienen los payasos, y es que...me aterran. De nuevo hace aparición otra trauma infantil, y porque no se llevaban los psicoanalistas para párvulos porque se hubieran forrado conmigo en particular y con los niños de los setenta en general, que la tele nos hizo mucho daño, y Disney ni os cuento; pero vamos a mi trauma con los payasos. Aquella primera vez que fui al circo fue inolvidable, en primer lugar porque  salimos por la tele y en segundo porque conocimos de cerca a los payasos de la tele, y en tercer lugar porque...¡Va Fofo y se muere! y nos lo dicen como si tal cosa, como si se hubiera ido por gusto a jugar con los niños del cielo ¡Ja! muertito estaba, y claro, va la Maques y nos dice que había visto su espíritu, y ya sabéis como era la Maques con los muertos, los conocía a todos y le contaban de cada cosa...y claro, ya no pude dejar de imaginar a Fofo con aquel vestido-camiseta rojo, los zapatones y el sombrero sobre aquel pelo rubio panocha ¿Y la nariz sobresaliendo roja y abultada por entre su fantasmagórica cara? porque cuando uno se muere se vuelve muy fantasmagórico, que nos lo dijo la Maques. Trauma al canto. Mi lista de personajes terroríficos está encabezada por Charlie Rivel, por delante de Jason, Drácula y Camilo Sesto, fijaos el miedo que me dan. 

Así que cuando llegó a mis manos esta antología de terror sobre el circo, veo la portada y leo la sinopsis...ojiplática, boquiabierta, con las patas vueltas y los pelos como escarpias me quedé; reviví todos mis traumas de golpe y pude sentir como se me avecinaba alguno nuevo, si si, como os lo digo, revoloteaban a mi alrededor acechando e intentando amargarme la madurez -sexy, pero madurez al fin y al cabo- como hicieron con mi infancia, y claro, a mis cuarenta y todos no podía permitir que eso sucediera de nuevo ¡Lo leí de un tirón y tenté a las pesadillas con mi mejor sonrisa! sonrisa diabólica, claro, que no voy a ser yo menos que un payaso, hombre ya. Y este fue el resultado:

MI OPINIÓN 

Me encuentro con más de una docena de relatos, catorce para ser exactos,  con el mundo del circo como telón de fondo  y el terror como carpa y pista, terror que te rodea, cubre y te sitúa en el centro del espectáculo, oh yes! mi primera alegría me la llevo al reconocer a unos cuantos blogueros y escritores a los que ya había tenido la suerte de haber leído en otras antologías y varias novelas, cosa que suele ser un acicate para la lectura, el reencontrarse con viejos amigos siempre te arranca una sonrisa, por tenebrosa que esta sea.
   Me ha costado mucho elegir los que más me han gustado, pero mucho, los he disfrutado tanto todos y cada uno de ellos, que quedarme con unos pocos solamente ha sido un ejercicio de equilibrismo; no me extenderé mucho, ante un relato, contar más de lo necesario es pasarse de la cuenta.

   La señorita Lyle de Noelia Lorenzo Pino: John camina bajo la niebla de Londres, está harto de aguantar a una panda de abusones que le amargan la vida, el colegio era una pesadilla ¿Qué culpa tenía él de ser pobre? prefería caminar y calarse hasta los huesos que aguantar a esos gilipollas; ensimismado como va en sus pensamientos, descubre de repente un cartel que reza: Gran Circo Prodigioso y cuyo mayor reclamo era la Señorita Lyle ¡Su hermosura era tal que te hacía perder hasta el sentido! o eso es lo que contaban de ella. 
Allí conoce a Víctor, un muchacho que apenas lleva unos días trabajando en el circo, pero el cual lo acompañará a conocer a la mismísima señorita Lyle. 
Terror, prodigios, magia, una historia que cambiará el destino de ambos y un final emocionante. 

   Pepito Grillo de Óscar Lamela Méndez: Trévor no solo es parte del circo, lo lleva en sus venas, este es su hogar y sus habitantes su familia; hijo de la mujer barbuda y el lanzador de cuchillos, El Circo de los Prodigios lo ha visto nacer y crecer, y seguramente un día, lo vea también morir. Un terrible suceso acaecido una noche en plena actuación circense, marcaría su Destino desde el momento mismo en que fue engendrado, y es que Trévor, era muy especial...
Un secreto, un trato infernal y un final espeluznante.

   La Descerebrada de Tamara López: Martha es una zombi, si, una comecerebros en toda regla, pero no supone ningún drama, ella lo tiene asumido y se lo toma con sentido del humor, cosa imprescindible, para ser un zombie feliz y no morir -de una vez- en el intento. Y cuando una es una zombi y lo sabe, pues se ha de ganar la "no vida" de la mejor manera que pueda teniendo en cuenta sus cualidades y por su puesto, sus limitaciones. El Gran Circo Mexicano tiene todo eso y mucho más. Y allá que va Martha.
 Humor y terror en un relato que logrará emocionarnos llegados al final. Y es que si la cabra tira al monte, la zombi, tira al cerebro. 

   Nada mejor que la risa de un niño de Tony Jiménez: Tony nos tiene acostumbrados a meternos el miedo en el cuerpo, pero lo hace siempre con compasión, con mano izquierda, dándonos una de cal y otra de arena, muy a lo King siempre, pero indudablemente Jiménez, incluso osa jugar al despiste y salir airoso, ya lo conocemos, y lo esperamos, aunque no por ello deje de sorprendernos. Al contrario, lo consigue siempre, y en este relato no iba a ser menos.
Andrew Dallas detesta a los sheriff de las películas, clichés y estereotipos que no hacen sino deshumanizar a las personas, sheriffs de opereta que nada tienen que ver con los auténticos, los de la vida real, y él lo sabe porque es uno de ellos, de los de carne y hueso.
Cuando los niños comienzan a desaparecer en su pueblo, Dallas sabe que tendrá que dar todo de sí mismo y sacar lo mejor de sus colaboradores o todo quedará en un misterio sin resolver ¿Tendrá algo que ver con estas desapariciones la llegada del Circo a la ciudad? ¿Pero acaso no desaparecían niños ya antes de la llegada del Mayor Espectáculo del Mundo? 
 Tony nos ofrece un gran espectáculo literario y no será hasta el final en el que todo nos cuadre, y por supuesto, nos sorprenda. 

   Instinto animal de Moi Gascón: Este relato me ha llegado al alma, mi conciencia animalista ha rugido como un león en la selva, fuera de jaulas y espectáculos, y tal vez por esto haya decidido cerrar esta reseña con Moi Gascón, para poner el fin a la función.
 El pequeño Henry observa a su abuelo mientras está en cama, debilitado y enfermo, el mismo que siempre le cuenta cuentos e historias fabulosas  y que ahora parece tan cansado, ambos ríen con las ocurrencias del pequeño y el abuelo, que tanto le quiere, le cuenta una nueva historia a pesar de su falta de fuerzas.
Le cuenta su propia historia, cómo marchó un buen día en busca de una vida mejor, y cómo sus pasos le llevaron hasta el Circo...
  Un relato emocionante, terrorífico, truculento y fabuloso. Porque si el Destino es caprichoso, el karma es implacable. Y quien a hierro mata...


CONCLUSIÓN: Un magnífico libro con 14 relatos con un hilo conductor, el Circo, y un fin, hacernos temblar de miedo; y lo consiguen, vaya si lo hacen, los 14 autores nos meten el miedo en el cuerpo y nos deleitan con fabulosas y truculentas historias que te harán dar más de un respingo y sonreír como lo haría un payaso malvado, con una mueca de satisfacción. Relatos que no desmerecen unos a otros, intensos, bien elaborados y resueltos con aplausos y ovación. No podemos obviar el magnífico prólogo de Mikel Santiago y la bonita y emotiva dedicatoria a uno de los autores, Miguel Borgas, cuyas últimas letras tenemos la suerte de leer en esta antología.
Muy recomendable, no solo por su gran calidad sino por su fin benéfico, cosa muy de agradecer en estos tiempos de egos literarios.

Título: Pasen y mueran.
Coordinada por: Tamara López.
Prólogo de Mikel Santiago.
Autores: Cristina Abella, David C. Orell, Liss Evermore,
Lorena Gil Rey, Marco Gómez Gómez, Moi Gascón,
Mikel Murillo, Miguel Borgas, Noelia Lorenzo Pino,
Óscar Lamela Méndez. Rain Cross, Tony Jiménez,
Tamara López, Xavier Vila Coll.

Ilustradora: Patricia Mateos Pintado.
Maquetación: José luis Pastor Diez.
Edita: Suseya ediciones.

domingo, 12 de mayo de 2019

Cicatrices bajo la piel de Joan Roure


Cicatrices bajo la piel



Finales de los noventa. Sara, Laura, Daniel, Marcel y Arnau son cinco amigos apasionados de la música. Gozan de la juventud de los veinte años, la amistad pura, el primer amor verdadero… hasta que todo se rompe con la inesperada tragedia de Sara, un suceso que acabará con su inocencia y que pondrá su amistad contra las cuerdas. 

Han pasado muchos años, pero Daniel no lo ha superado, sus sentimientos por Sara pesan tanto que decide terminar con su desdicha. Este será el punto de inflexión. A partir de entonces, el pasado y la verdad regresarán como un huracán amenazando con destruir la falsa comodidad del resto: descubrirán que las heridas siguen abiertas; se verán obligados a tomar decisiones que no tomaron en su día y no podrán seguir ocultando los secretos que guardan.

¿Conseguirán salvar su amistad después de todo? ¿Serán capaces de extirpar el dolor de las cicatrices? Poco a poco descubriremos qué es lo que sucedió aquel día y asistiremos a un desenlace sorprendente. La pintura de Hopper y las canciones de Joy Division, Nick Cave o Ramones entre muchos otros nos acompañarán en el viaje. 


Cicatrices bajo la piel es la esperanza de rescatar la lealtad entre un océano de perfidia, una incansable lucha interna para superar las dependencias emocionales y poder seguir avanzando.


   La primera vez que leí a Roure me estremecí desde los primeros capítulos de su novela La casa entre el sorgo, no era lo que estaba contando sino más bien cómo me lo estaba contando, tenía la sensación que me lo decía a mí misma, mirándome a los ojos, haciéndome cómplice de la historia, como un secreto que te es contado soto voce , un "no se lo digas a nadie" que te hace sentir importante y privilegiada; ahora, leyéndole de nuevo vuelvo a reencontrarme con ese Roure susurrador que te deja acompañarle en su narración mientras te deja mirar por el ojo de una cerradura, un agujerito indiscreto con el que nuevamente te hace partícipe de la historia.

   Nada más comenzar la lectura, en el primer capítulo, en la primera página, en el primer párrafo el autor ya ha logrado estremecerme; nos presenta a uno de sus protagonistas, Daniel, y lo hace desde la más pura intimidad, la que muestra a un hombre anclado en el pasado sin poder avanzar porque la derrota lo ata a un presente que detesta tanto que prefiere ignorarlo, como el niño que se tapa la cabeza con la sábana cuando siente miedo. Nos llega el olor a libros de su abarrotada estantería, oímos sus discos, sentimos entre las yemas de los dedos los surcos del vinilo que gira y en la boca un sabor a madera añeja, a avellana y nuez baja por nuestra garganta...es su vaso de bourbon, los hielos chocan entre sí y la fuerza del alcohol nos descongestiona la nariz, si cierro los ojos puedo ver, casi tocar, la botella de Jim Beam.

   Wow. Si esto no es complicidad que venga Faulkner y lo vea. Salvando las distancias y respetando a ambos, la narración es tan Ruidosa y furiosa, tan cuidado su estilo, su pluma, tan intenso el monólogo de entrañas hacia adentro, algo Woolf, algo Steinbeck, algo Capote y mucho Roure, eso nos queda claro tras haber leído anteriormente al autor, su estilo es tan propio, no se si inconfundible pues aún no he leído lo suficiente suyo como para reconocerlo entre un millón, pero si entre una decena, y es que estaréis conmigo si lo habéis leído o lo vais a leer, su forma de construir frases le delata y distingue. No suelo hacerlo, pero he de compartir una de esas frases del libro:

Recordar aquellos días y esos instantes de alegría y despreocupación le comprime el pecho con la melancolía más descarnada. Cada vez que lo hace, descubre lo solo que se está quedando. Tan solo que, a veces piensa que su cuerpo ya no es capaz ni siquiera de proyectar sombra.


    ¿Es o no es, un agujerito al alma del personaje? ¿Se puede dejar de sentir lo que él siente? A esto me refería con estilo propio, puede que no sea el más original, puede, pero si es reconocible cuando llevas leído un buen número de páginas. Así es el Roure narrativo: ruidoso, furioso, pero con cautela. 
   La intensidad de las partes narradas se ve alterada y equilibrada por unos diálogos ágiles, un toma y daca como el pim pam pum de una feria: rápido, directo a la diana, incisivo, hiriente si te pones en su trayectoria, pero eficaz; le sumamos capítulos no muy largos, un título en cada uno de ellos claro y corto, directo, una localización y una fecha, y unas maravillosas ilustraciones de vez en cuando y el resultado es una narración ágil, directa pero intensa, de las que apabullan por el surtido de emociones que te crean y no por la palabrería que se usa. 

   Joy Division nos hace flotar en su Atmosphere y nos lleva al final con el corazón embargado y embriagado por una historia y unos personajes que se han ido filtrando por los poros de nuestra piel capítulo a capítulo.
Me vais a permitir que en esta ocasión me haya centrado más en el autor y la técnica narrativa que en la historia en sí, esta ya la tenemos en la sinopsis y poco más puedo añadir sin desvelar nada que no deba ser desvelado, hay que leerla y sentirla, fisgar por esa cerradura y dejarse envolver por la novela entera. Vale la pena la intromisión a la intimidad de los personajes.


CONCLUSIÓN: Una historia de misterio y heridas, un secreto a cinco bandas silenciado, un secreto que hiere y transforma, cinco amigos que poco a poco y a golpe de flashback se nos van abriendo y mostrando tal como fueron y tal como son ahora; intriga y misterio que dura hasta el mismísimo final y que te mantiene toda la novela pegado a sus páginas, una historia que comienza a finales de los ochenta y arrastra sus consecuencias para bien y para mal hasta nuestros días. Cicatrices, muescas que nos recuerdan que seguimos aquí y seguimos en pie. 



CICATRICES BAJO LA PIEL
Joan Roure

Grupo Terra Trivium Editorial

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