martes, 13 de abril de 2021

LAS CUATRO ESTACIONES... YA NO SON LO QUE ERAN

LAS CUATRO ESTACIONES... YA NO SON LO QUE ERAN, COMICOS 2021

 
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Las cuatro estaciones ya no son lo que eran de Cheymoche Producciones
 

Qué bueno que todavía existan padres que crean en en el teatro como un modo de entretenimiento para sus hijos más allá de videoconsolas, tabletas y ordenadores. Y qué bueno que se prodiguen por la salas de nuestro país esas compañías que encuentran en el teatro un modo para acercar la música clásica al gran público, sobre todo a los más jóvenes.

El pasado fin de semana en la Muestra Nacional de Teatro Cómicos de Alfaro (La Rioja), tuvimos la oportunidad de conocer Las cuatro estaciones de Vivaldi de un modo divertido, lúdico, huracanado y, por momentos, mágico. La compañía aragonesa Che y Moche regresó a Alfaro después de triunfar en la pasada edición con su espectáculo El funeral (del que dimos buena cuenta, aquí), y en esta ocasión se dispusieron a representar de una forma atrevida y limpia su visión de Las cuatro estaciones, la composición más conocida del genial compositor veneciano: Antonio Vivaldi.

Durante algo más de hora y media, el sexteto de actores que aparecieron en escena se dedicaron a contarnos una historia del mundo y de cómo se ve afectado por el transcurso de las estaciones y el cambio climático. Los personajes están encabezados por un cocinero histriónico e inclasificable, su ayudante y cuatro músicos que van entrando y saliendo con participación directa o indirecta según lo requiere el guión. Su trabajo cómico es bastante notable, pero donde destacan muy especialmente es en su labor musical: todos ellos suenan muy brillantes y la calidad sonora es muy alta. Pese a que la música que escuchamos, en mayor o menor medida, a todos nos suena, los Che y Moche han conseguido unos giros en los arreglos muy originales, que hacen sonar a Vivaldi con un deje de música del Este europeo, como si un carromato de gitanos zíngaros llegados de más allá de los Cárpatos hubiesen inspirado al compositor italiano. Buena parte de culpa en este sentido la tiene Tereza Polyvka, que en esta ocasión se encarga de las labores de dirección y adaptación musical.

Además de todo ello, la obra también destaca por su potencia visual y los efectos que se reproducen gracias al videomapping, una técnica que consiste en proyectar imágenes sobre el fondo del escenario, o adaptadas a algunos volúmenes de los decorados. Así, sobre un fondo en el que vemos una vivienda, un pequeño lago y las ruinas de un antiguo edificio (puede que un templo romano) observamos cómo se sucede la primavera radiante de luz y colores vivos, el verano cálido y árido, el otoño con la caída de las hojas por doquier y el invierno frío y cargado de nieve. También una pequeña roulotte se transforma en un barco a la deriva o arde en llamas cuando el cocinero se olvida que tiene en el fuego unos conejos cocinando... Pero además, la compañía imagina una quinta estación, el veroño que añadirá un punto de genialidad a esta receta rompedora con la que la compañía aragonesa consiguió encandilar una vez más al público alfareño.

Tuve la suerte de tener cerca de mí, distancias antiCovid mediante, a un padre y a un hijo de unos ocho años. Durante toda la obra, aquel niño se estuvo riendo a cada momento, con cada gag y golpes de efecto visuales de los actores. Probablemente aquella tarde era su primera vez en el teatro, y puede que también fuese su primera vez escuchando música clásica en directo. Pues bien, el buen trabajo realizado por los Cheymoche quedaron reflejados en cada sonrisa, en cada carcajada, en esa mirada risueña y viva, brillante porque la risa llegó a desbordarse de sus ojos en forma de lágrimas, cuando se encendieron las luces del teatro que anunciaban el fin de la obra. Ese niño descubrió que un teatro es divertido, que cuando el telón se abre, todo puede suceder. Y, además, que estaban equivocados esos amigos de clase que decían que la música clásica era un rollo.

Todo depende del cristal que alguien, con buen criterio, sepa administrarte para que puedas mirarla a través de él. ¡Con compañías capaces de acercar a los niños la magia del teatro y de la música, este fabuoso arte tiene el recambio de espectadores asegurado!

 
 

FICHA ARTÍSTICA

Músico Actores: Fernando Lleida, Elva Trullén, Tereza Polyvka, Kike Lera, Fran Gazol y Joaquín Murillo

Vestuario: Arancha Ezquerro

Vídeo Creación: Pedro Santero

Realización de espacio escénico: Agustín Pardo

Diseño Gráfico: Cristina Castel

Fotografía y vídeo del espectáculo: Víctor Izquierdo

Diseño de iluminación y Dirección técnica: Tatoño Perales

Dirección musical: Teresa Polyvka

Producción: Marian Pueo

Equipo de dirección: Marion Pueo y Joaquín Murillo

Distribución: Raquel Anadón

 

Redacción:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 7 de abril de 2021

GREENPISS, MUESTRA DE TEATRO COMICOS DE ALFARO

 GREENPISS, COMICOS 2021

GREENPISS YLLANA
Greenpiss, de Yllana

No fue el de este año un lleno similar al que nos acostumbraba la compañía Yllana cada vez que se ha anunciado en la Sala Matiné de Alfaro desde hace ya veintitrés años. Y es que, debido a la pandemia que nos afecta y a las medias impuestas para combatirla, el aforo de la sala se redujo al cincuenta por ciento, lo que hizo que aquel que consiguió una entrada para ver su nuevo espectáculo, se sintió aún más afortunado que de costumbre. Aún con todo, tiene que ser muy estimulante saber que, después de tanto tiempo presentes de manera ininterrumpida en esta muestra de teatro, el público alfareño les sigue esperando con la misma devoción que la primera vez.

Quizá por eso los actores pisaron el escenario con la misma energía que hace treinta años (cuando crearon esta compañía). Con este nuevo montaje ideado en tiempos de pandemia con el título de Greenpiss, hacen del humor gestual un arte que se eleva por encima de la risa por la risa, en un intento conseguido por tocar además las conciencias de los espectadores. Bajo ese juego de palabras del nombre (a medio camino entre la ONG ecologista más famosa del mundo y lo asquerosillo del meado), los Yllana realizan una ácida crítica de la degradación del planeta, la manipulación animal o la contaminación del medio ambiente a través de distintos sketches que se van sucediendo sin solución de continuidad.

La producción estuvo muy cuidada, y en la parte técnica se nota el buen hacer tanto en iluminación (con Fernando Rodriguez creando ambientes muy dispares y enfocando con maestría la acción) como en un genial vestuario de lo más variopinto (Tatiana de Sarabia sería en la jerga de las apuestas: un caballo ganador por el que yo siempre empeñaría toda mi bolsa). Los actores encarnan a distintos personajes, animales e incluso árboles durante el espectáculo, demostranto todos ellos que su capacidad mimética sigue en plena forma después de tantos años. El hilo conductor que manejan es el del enfrentamiento entre un alto directivo de una gran multinacional y unos activistas que luchan por conseguir pruebas para demostrar frente a la justicia que a esa empresa no le importa nada y que es capaz de cualquier cosa con tal de seguir engordando su cuenta de resultados.

Durante noventa minutos consiguen arrancar una y otra vez una infinitud de carcajadas, con un ritmo frenético y escenas alocadas que aún hubiesen dado todavía más juego si los Yllana hubiesen podido derribar la cuarta pared para interactuar con el público como acostumbran. Ojalá pase pronto la pandemia porque algo me dice que ese pollo multivitaminado tan apuesto y dispuesto seguro que encuentra en la platea una buena pieza con la que aliviarse...

Gran trabajo, pues, el de esta compañía, la fetiche del festival, que volvió a Alfaro en su cita anual para desplegar toda su artillería de gestos y expresiones ininteligibles (esa magia tan suya) y recoger los halagos y aplausos del público. Se siguen reinventando, la frescura de sus montajes y la pasión que muestran en todo lo que hacen nos hacen presagiar que tenemos Yllana para muchísimos años más. Y ojalá que aquí, en este pequeño rincón de La Rioja, podamos seguir disfrutándolos.

FICHA ARTISTICA

Intérpretes: Fidel Fernández, Luis Cao, Juanfran Dorado y Jony Elías

Autor: Producciones Yllana

Dirección: David Ottone

Diseño de escenografía: Carlos Braida

Diseño de vestuario: Tatiana De Sarabia

Diseño de iluminación:Fernando Rodríguez Berzosa

Redacción:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

sábado, 3 de abril de 2021

LA EDITORIAL, de Toti Martínez de Lezea

LA EDITORIAL, DE TOTI MARTINEZ DE LEZEA

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Portada de La Editorial, de Toti Martinez de Lezea

Regresa a las librerías Toti Martínez de Lezea con una nueva novela que se aleja de la temática habitual que la autora vasca suele tratar, ya que acostumbra a narrarnos historias ambientadas en épocas anteriores. En esta ocasión se sumerge en nuestro presente más actual. Como bien dice ella misma, no es una autora de novela histórica aunque los grandes críticos y la prensa especializada así la quieran encasillar. Sus novelas cuentan historias de personas concretas que viven en épocas más o menos antiguas,Pero la intención de Toti no es en sí misma la de narrar grandes gestas o epopeyas, sino la de pincelar la vida de aquellas personas que carecen de rostro en los grandes libros de historia, aquellos que guardan sus espacios para reyes, reinas, ricohombres, descubridores de inhóspitas tierras, papas y algún que otro hijodalgo.

Para esta ocasión Toti se ha decidido a contarnos los vericuetos en los que se mueven los protagonistas del mundo editorial, ya que ha imaginado, quién sabe si basándose en hechos reales, la historia de una empresa familiar, la editorial Egurra. Se trata de una empresa arraigada en una estirpe, la de los Egurra, que va por la tercera generación. Se suele decir en este tipo de sagas familiares, que la primera generación es la que da forma al buque, la segunda es la encargada de desarrollarlo y llevarlo a surcar todos los mares, y la tercera es la que, confiada por la inercia que lleva la nave, se despista y pasa a la historia como el capitán que gobernaba el timón el día que chocaron contra los arrecifes.

La historia comienza con el fallecimiento de Gervas, el director del grupo e hijo del fundador, Don Gervasio Egurra. Cuando el resto de la familia se decide a votar a su sucesor, resulta elegido para sorpresa de todos un hombre completamente ajeno a la familia pero de un curriculum lo suficientemente impactante como para que nadie pueda cuestionar la decisión, un tiburón empresarial en toda regla. A partir de entonces descubriremos las rencillas familiares entre hermanos, cuñados, tíos e incluso con la abuela.

Con la llegada del nuevo director, que ve en la empresa familiar la capacidad para colocarse como líder del sector en España, la compañía pondrá rumbo a buscar el estrellato, y para ello tomarán la decisión de hacerla crecer absorviendo a otras empresas y creando un premio literario con el que ganar en prestigio dentro del sector. Es aquí donde se ve a la autora disfrutando más de la escritura de esta novela, ya que saca a relucir toda su artillería y critica los métodos legales pero amorales para conseguir más ventas.

El mundo de la literatura es percibido, desde fuera, como algo que se hace por vocación, que se valora el esfuerzo de innumerables horas robadas al sueño de los escritores, que debiera estar movido por la búsqueda de la calidad literaria por encima de cualquier otra cosa, y que las editoriales, en la búsqueda del mejor de los talentos, sondean minuciosamente las propuestas que les llegan de escritores noveles con la intención de descubrir nuevos talentos... Nada más lejos de la realidad si nos atenemos a lo que nos cuenta Toti. En La Editorial descubrimos a unos personajes sin escrúpulos, corsarios vendidos al mejor postor, profesionales del abordaje dispuestos a robar ideas ajenas, a mercadear galardones, y a ofrecer grandes tiradas a youtubers que nunca han sentido la llamada de la escritura, pero que disponen de una legión voraz de seguidores fieles. Y eso supone una ingente cantidad de ingresos que nadie en su sano juicio debería desperdiciar.

Y mientras la autora nos permite mirar entre bambalinas, en la familia comienzan a sucederse algunas muertes que, al principio, parecen no guardar relación entre sí, pero poco a poco, alguien decide investigarlas. Cuando los cabos sueltos comiencen a unirse, el lector se meterá de lleno en descubrir al asesino de algunos de los miembros más importantes de la familia. ¿Qué hay detrás: deseo de venganza, ambición desmedida, ajuste de cuentas, un psicópata deseoso de que su obra acapare los titulares de los periódicos? Los Egurra son una familia intachable de puertas hacia adentro, y nada puede hacer pensar que nadie quiera acabar con ellos...

Si tuviésemos que definir a esta novela con una palabra, muy probablemente sería entretenida. Para todos aquellos que sentimos curiosidad por saber qué se cuece en las editoriales, resulta un libro extremadamente divertido porque la autora se encarga de desvertir a todos los santos que pilla por el camino y mostrar sus vergüenzas sin pudor ninguno. Es más, sorprende que haya tenido total libertad para escribirla sin que nadie le frene (una gran virtud de Erein como editorial), pues hay muchos pasajes de esta historia en la que el lector no puede dejar de pensar en algunos sellos editoriales de mucho postín en nuestro país al leerlos... Puede que esta novela no sea la que más recuerden los lectores de toda la obra de la escritora vasca, puesto que es amplísima, pero cumple perfectamente con el objetivo que intuímos que se marcó la autora para escribirla: ponerse el mundo por montera para salirse de lo que muchos piensan que es su género, la novela histórica, y meterse de lleno a escribir una novela totalmente distinta en la que mezcla el suspense, algunos asesinatos y la investigación de todos ellos como excusa para dar rienda suelta a decir cómo mejor sabe, escribiendo, todo aquello que piensa acerca de un mundo, el editorial, en el que ya quedan muy pocos románticos.

Toti Martínez de Lezea está en un momento de su vida en el que puede escribir de lo que le de la gana sin sentir el acoso de las modas literarias, sus editores se lo consienten y todos salimos ganando. La Editorial es buena muestra de ello.

 
Una reseña de Santiago Navascués 
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domingo, 21 de marzo de 2021

PUTAS RANCHERAS, MUESTRA DE TEATRO COMICOS DE ALFARO

PUTAS RANCHERAS

Putas rancheras
Putas Rancheras

Cuando apenas hace unas semanas apareció por las redes sociales el anuncio de la presentación de una nueva edición del Cómicos, muchos sentimos una inmensa alegría, como si nos fuesen a vacunar contra alguna complicada enfermedad de transmisión aérea, o como si nos anunciaran que nos iban a regalar un pequeño frasco con el que administrarnos el Bálsamo de Fierabrás, ese quijotesco unguento que todo lo cura. Y es que no es para menos, pues tras un año de pandemia, con el miedo interiorizado en el cuerpo y la desgana haciendo mella en el estado de ánimo, que tengamos la oportunidad de evadirnos es una oportunidad imprescindible para poder mantener una buena higiene mental.

Los amigos de Cuatre Cats, organizadores de la muestra, nos regalaron una propuesta ganadora: Putas Rancheras, un espectáculo de música en directo que desnudaba el mundo de la prostitución haciendo un repaso a través de algunas de algunas de las rancheras más famosas. Así, y con un buen trabajo de iluminación, los espectadores que nos congregamos respetando las distancias y la normativa antiCovid pudimos sumergirnos en ese ambiente de cantina mexicana, en la que al calor de una guitarra, un trompeta y un piano (interpretados con gusto por Álex Tatnell y Melina Liapi), la actriz y cantante manchega Gloria Albalate fue desnudando a esos clientes que acuden a aliviarse y a esas mujeres que ejercen la prostitución y que cuentan sus historias, sus tristezas, las miserias de quienes las frecuentan, desde personajes importantes a soldados anónimos. Apoyándose en las letras de las canciones, esta propuesta indaga sin prejuicios (precísamente para romperlos) y deja pinceladas acerca del machismo de las letras del género, de la cosificación de la mujer o su explotación sexual, incluso llega a cuestionar el mensaje oficial del feminismo actual que reivindica el derecho a decidir sobre su propio cuerpo de cada mujer cuando se trata de abordar la cuestión del aborto, pero no se le reconoce el mismo derecho de decisión sobre una misma cuando, libremente, una mujer decide hacer uso de su sexo para ganarse la vida.

Gloria Albalate se mimetiza en cada uno de los personajes que adopta, y lo hace con una capacidad asombrosa. Moviéndose entre todas esas mujeres olvidadas, o negadas, a las que nadie quiere mirar porque el mundo las sigue estigmatizando, lanza reflexiones al público con irreverencia y deslenguado acierto, y se nutre del dolor silente de todas ellas para atacar los pilares de una sociedad a la que todavía le queda mucho camino por recorrer para normalizar y, sobre todo, proteger a millones de mujeres cubiertas únicamente por el desamparo.

Para desplazarse de una orilla a otra de este río de llantos, tristezas y ajuste de cuentas, rancheras del calado de Paloma Negra, Volver volver, El rey, Tres veces te engañé o La llorona suenan a través de una voz que parece forjada para este género. Adaptando cada pieza con una interpretación adecuada a cada momento, Gloria Albalate consigue un trabajo lleno de matices (y recordando a las grandes voces de la ranchera, sobre todo a Chavela Vargas), alcanzando al público desde el inicio hasta el final. Todo en el montaje está muy medido, nada sobra ni falta, por lo que es justo reconocer en ello el trabajo de dirección de Jorge Gonzalo.

Los noventa minutos del espectáculo se pasaron en un suspiro, el público aplaudió entregado con el último acorde, y su final supone el pistoletazo de salida a cuatro citas más, en total cinco píldoras para combatir el mal de humores con la fórmula del teatro en sus múltiples vertientes, pues es un arte vivo y poliédrico donde todo tiene encaje. ¡Gracias por venir! ¡El teatro es seguro!, exhalaba Gloria desde el escenario.

Y también es Salud Mental, y Alimento del Alma. Que todo esto a menudo se nos olvida, y ahora es más necesario que nunca.

Ficha artística
Dirección: Jorge Gonzalo
Ayudante de dirección: Fernando Roca
Piano: Melina Liapi
Guitarra/trompeta: Alex Tatnell
Actriz/cantante: Gloria Albalate
Ficha técnica
Diseño de iluminación: Jorge Gonzalo
Arreglos musicales: Alex Tatnell y Melina Liapi
Producción ejecutiva: Gloria Albalate

Redacción:
Santiago Navascués


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lunes, 15 de marzo de 2021

DESCONFIA, de Jon Arretxe

 DESCONFIA, de Jon Arretxe

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Portada de Desconfía, de Jon Arretxe

Cada nueva publicación de una novela de Jon Arretxe genera en este blog una tremenda espectación, pues su personaje más conocido, el detective y antihéroe Touré, es de esos personajes que quedaron grabados en nuestra memoria literaria desde el primer contacto que tuvimos con él, hace ya varios años. Motivos no le faltaban, pues es uno de esos estrellados, de esa clase de tipos que si monta un circo, le crecen los enanos. Y es que hay gente que nace con estrella, y luego los hay como Touré: un hombre hecho a sí mismo, un superviviente en el sentido más crudo y trágico que se pueda imaginar, perseguido en su país, en Bilbao, en el pirineo... da la sensación que nació para ser un ciudadano del mundo... si es que alguien de su color, y nacido en Burkina Faso, puede adquirir ese estatus en el sistema de clases de una sociedad, la europea, hipócrita en lo social; que llama negro de mierda a un burkinés cuando sale corriendo con su hatillo al ser descubierto por la policía vendiendo en una céntrica calle de una ciudad cualquiera, y que al mismo tiempo es capaz de alabar y rendirse a los pies de un delantero camerunés que consigue para su equipo goles que valen Ligas.

En esta nueva novela, y ya van siete, encontramos a Touré en París como nunca antes lo habíamos visto: siendo relativamente feliz. Lleva una vida tranquila (si es que ejercer de ladronzuelo entre la multitud de turistas que visitan la ciudad de la Luz puede serlo), y dispone de dinero suficiente gracias a sus pequeños golpes en tiendas y comercios que le permiten no ya sólo comer tres veces al día, si no hacerlo eligiendo dónde comer, incluso en restaurantes donde nunca hubiese siquiera imaginado. Atrás quedaron sus amigos de la pequeña África bilbaína, pero también los infortunios, las estrecheces económicas, las malas miradas, el uso y abuso que de él hacían los ertzainas en el barrio de San Francisco....Además, forma pareja profesional con su amiga Yareliz, una colombiana a quien conoció hace unos meses, con la que se entiende tan bien que, a veces, acaban despertando juntos en la misma cama. La amistad que tiene con ella, y el deseo que ésta le despierta, le hará recuperar su antigua ocupación de detective cuando un amigo acuda hasta ellos pidiendo ayuda para encontrar a su hermana, recientemente desaparecida en un barrio parisino en el que abunda la prostitución controlada por las mafias chinas. A partir de entonces, cuando comience la investigación no sin muchas ganas, su destino volverá para recordarle que su vida está escrita con la tinta de las complicaciones (si es que éstas tienen algún color definido) y vivirá una serie de situaciones que creía ya olvidadas.

Como no podía ser de otro modo, Jon Arretxe describe con afilada crítica los barrios de Barbés y Belleville, por donde se mueven los protagonistas. Son barrios en los que la inmigración ha arraigado con fuerza (la africana en el primero, la asiática en el segundo) y a través de los cuales, el escritor nos descubre que, a mayor o menor escala, los problemas sociales en cualquier país de Europa se suelen repetir, sólo cambian las personas y los nombres de las calles. En ellos Touré conocerá a diferentes personajes, desde soplones a una joven que alienta en él un cierto interés, hasta una pareja de policías de métodos poco ortodoxos que tratarán de acercarse hasta él, pues les hace sospechar desde el primer momento que no es un simple turista de vacaciones en París. Y es que, como bien dice el título de esta novela, uno no puede ni debe confiar en nadie en una ciudad que atrae a millones de viajeros de todo el mundo, deslumbrados por el arte, la cultura, la historia, el lujo... pero cuyo lado oscuro, cuando se muestra, es extraordinariamente despiadado.

La evolución de Touré es constante novela a novela, y ha llegado el momento de perderle el miedo que muchos lectores tienen de abrirse camino a una nueva saga. En esta ocasión, será sumamente gratificante ver cómo va cambiando su vida y, a consecuencia de esto, la manera de estar en el mundo de un hombre que será capaz de hacer lo que sea para ganarse la vida, pero que también estará dispuesto a tomarse la justicia por su mano si tiene la oportunidad de vengar el mayor daño que se le pueda causar a un padre.

Escrita con ese ritmo marca de la casa, centrado en contar al lector la trama de manera precisa y sin sentir la necesidad de rellenar la novela con tramas huecas, Jon Arretxe vuelve a conseguir una novela muy atractiva, con diálogos creíbles y silencios obligados. Su personaje conecta rápido con nosotros y se le toma cariño aunque se manche las manos, pues llegamos a entender sus motivos y se lo perdonamos todo. Nuestro Touré alcanza así el difícil logro sólo al alcance de esos personajes de El padrino, la familia Corleone, que a pesar de ser deleznables y merecer la cárcel, de forma increíble los espectadores los vemos como los buenos de la película. Da gusto leer este tipo de novelas, trepidantes, críticas, con personajes llenos de aristas y bien escritas. Por algo la Editorial Erein sigue apostando por ellas.

Lo mejor de todo es que el autor, en una muestra más de su saber hacer y de su visión global, deja abierta la puerta a una nueva aventura, o puede que varias, pues ha descubierto a nuevos personajes que pueden darle mucho juego en el futuro, del mismo modo que ha sabido guardar a otros que no aparecen en esta novela y que, estamos convencidos, volverán a conectar con el detective burkinés más pronto que tarde. Como dirían en Pamplona cuando se acaban los San Fermines, Ya falta menos para la siguiente.

Una reseña de Santiago Navascués 
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