martes, 11 de agosto de 2020

MADRE CORAJE - FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

 MADRE CORAJE

MADRE-CORAJE-BRECHT-ATALAYA-TNT-OLITE

Para cerrar el Festival de Teatro de Olite 2020, la organización seleccionó a la solvente compañía Atalaya TNT, que sin ir más lejos, el año pasado nos regalaron una maravillosa versión de El Rey Lear que encandiló al público asistente, o la recordadísima La Casa de Bernarda Alba, que fue interpretada en el verano de 2017 por actrices no profesionales seleccionadas del barrio chabolista de El Vacie en Sevilla. En esta ocasión, nos hicieron viajar a la Europa Central para descubrir la historia ideada por el famoso dramaturgo alemán Bertolt Brecht titulada para esta adaptación Madre Coraje.

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Aunque la adaptación de Ricardo Iniesta (que también ejerce con maestría como director de la misma) nos aventura a imaginar una época reciente por el vestuario seleccionado y confeccionado por Carmen Siles (podría ser del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX),  lo cierto es que la obra original está ambientada en el siglo XVII, en plena Guerra de los Treinta Años, que enfrentó con la excusa de imponer la supremacía religiosa entre Reformistas luteranos y Contrarreformistas católicos a toda potencia europea que tuviese algo que decir en el tablero geoestratégico de la época. Así, podremos descubrir a Anna Fierling, Madre Coraje, que viaja con sus tres hijos tras los pasos del ejército sueco en un carromato que es casa familiar y centro comercial de todo cuando sea susceptible de ser vendido. Es una mujer dura, extremadamente fría (según el avance del frente se pone de un lado u otro de los ejércitos confrontados para seguir haciendo negocio: su bandera es la del dinero, y por ello luce tantas como que sea menester), quien sobrevive y hace negocio con la ruina, el hambre y las penurias que la contienda en la que se hayan ha provocado en una población atemorizada. A río revuelto... ganancia de pescadores. A medida que avance la obra y la guerra, sus consecuencias serán muy duras, y lo podrá sentir en sus propias carnes la protagonista.

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Estrenada en su día poco tiempo antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, este montaje sirvió para adelantarse a las funestas consecuencias de este hito marcado en negro en la historia de la humanidad y sirve, hoy en día, como potentísima arma antibelicista en tanto que muestra la miseria humana a varios niveles: desde la corrupción al pillaje, desde el soborno al sometimiento de los más desguarnecidos, y por encima de todo ello, sobrevolando como un buitre ávido de carroña, el golpe sistémico de la muerte, que va tiñendo de sangre el escenario y los recuerdos de los supervivientes. Es por ello que se ha convertido en una propuesta atemporal y, por lo tanto, en un clásico que nunca pasará de moda, pues el enfrentamiento entre hombres siempre encontrará una excusa en algún momento para producirse, y en torno a él, como si de pegajosas rémoras se tratase, viajarán próximos todos aquellos que puedan sacar partido del mal ajeno.

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El trabajo de los actores, de todos ellos, está a la altura del montaje, pues realizan una puesta en escena creíble, bien coordinada, moviéndose con soltura en una trama despiadada. Carmen Gallardo carga con el peso de dar vida a Madre Coraje, y lo hace con una esforzada capacidad para mostrar los lados de una personalidad compleja: madre protectora de sus hijos, pero al mismo tiempo mujer aviesa cuando es movida por su avaricia desmedida, tanto que llega a desear que se retome la guerra cuando, por un instante, parece que la paz se había alzado tímidamente en el campo de batalla. Su gran drama es caminar sobre el alambre entre ambos lados y no caerse, o dejarlos caer... También destaca la interpretación de la hija muda Catalina por parte de Lidia Mauduit, a quien dota de ternura, comicidad, ingenuidad y miedo.

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En lo referente a la parte técnica, al anteriormente mencionado buen trabajo de vestuario de Carmen Giles, es de justicia añadir la cuidada iluminación de las escenas de Alejandro Conesa, que además sirve para resaltar el esfuerzo en el maquillaje ideado por Manolo Cortés con el fin de mostrar sin menoscabos las consecuencias de una contienda en el rostro humano, con la demacración como seña de identidad en todos ellos.

De entre todas las que la componen, hay dos escenas que sobrecogen por encima de cualquier otra (y eso que las hay realmente duras, como la muerte de todos los hijos de Madre Coraje por culpa de una guerra que les alimentaba a todos ellos): Una, la de decenas de hombres y mujeres anónimos que son asesinados, unos de cuyo nombre se tiene constancia, otros, la mayoría, se denominan a sí mismos sin nombre. Entre todos ellos, en un guiño de reflexión a todos aquellos hombres que siguen muertos y abandonados a consecuencia de guerras fraticidas, se elevan nombres con nombres y apellidos españoles, pues quiere la Atalaya TNT que nunca se olvide a ninguno de ellos, sobre todo a aquellos que yacen en cunetas abandonadas y fosas desconocidas aquí cerca, muy próximas de tí, que lees esto. Y la otra, la que cierra el montaje, lúgubre, tenebrosa, en la que Madre Coraje, repuesta del dolor terrible por la pérdida de sus hijos, que lo eran todo, se incorpora, busca el carromato que porta lo poco que le queda y su propio futuro, se aferra con fuerza al pértigo y tira de él con decisión, como si estuviese tirando de sí misma para salir adelante a pesar de todo, a pesar de que tiempo antes iba acompañada por la sangre de su sangre, y en ese momento únicamente se tiene a ella, y poco más.

Con este espectáculo que ofrece con toda crudeza cómo actúa la Guerra, esa guerra que todo te lo da y todo te lo quita, la Atalaya TNT consigue despertar en muchos momentos la reflexión del espectador a través del dolor y el sufrimiento de una madre, pero también de la podredumbre ética que se haya en la batalla, en la que la dignidad humana ni está ni se la espera. Una pieza muy recomendable, estrenada hace varios años pero que se encuentra de perfecta actualidad. Si tienen oportunidad, véanla.


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REPARTO

Carmen Gallardo, Marga Reyes, Lidia Mauduit, Raúl Vera, Jerónimo Arenal, Silvia Garzón, Manuel Asensio y María Sanz

EQUIPO ARTÍSTICO

Adaptación y dirección: Ricardo Iniesta
Composición musical: Paul Dessau
Arreglos musicales: Luis Navarro
Coros: Esperanza Abad
Espacio escénico: Ricardo Iniesta
Construcción escenografía: La Fragua
Vestuario: Carmen Giles
Ayudante de dirección: Asier Etxaniz
Ayudantes Interpretación: Marga Reyes y Sario Téllez
Maquillaje y peluquería: Manolo Cortés
Coreografía: Actores de Atalaya
Diseño de luz: Alejandro Conesa
Espacio sonoro: Emilio Morales
Utillería: Sergio Bellido
Distribución: Victoria Villalta
Comunicación: Mª Paz López
Administración: Rocío de los Reyes
Secretaría: Macarena Gutiérrez
Madre Coraje es una producción de Atalaya TNT
Más información: www.atalaya-tnt.com

Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

domingo, 9 de agosto de 2020

BURDINA/HIERRO - XXI FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

 BURDINA/ HIERRO

BURDINA-HIERRO-OLITE-FLAMENCO-ADRIANA-BILBAO-BEÑAT-ACHIARY

Como viene siendo habitual en los últimos años, el Festival de Teatro de Olite nos regala año a año el contacto con el flamenco,  acercándonos de esta manera un arte tan nuestro como universal. En esta ocasión, recaló sobre las tablas del escenario de La Cava el espectáculo Burdina/ Hierro (traducción simultánea del euskera al castellano), ideado y dirigido por Adriana Bilbao, quien es además la bailaora sobre la que recae el peso fundamental del espectáculo que pudo ver un aforo que desde hace días había agotado sus localidades.


BURDINA-HIERRO-OLITE-FLAMENCO-ADRIANA-BILBAO-BEÑAT-ACHIARY

El montaje es una mezcla original que trata de experimentar y aunar la tradición vasca más arcaica con el flamenco llegado desde las tierras del sur de España, mostrándonos la importancia que tuvo esa fusión en los pueblos de las minas de Euskadi en la que se trabajaba la piedra con el hierro haciendo uso de la fuerza y a precisión de cientos de hombres que ejercían de barrenadores. Así, Adriana Bilbao representa a una mujer que al inicio de la propuesta sufre una pérdida y sufre, dejando al descubierto una pena desgarradora que le arrebata por dentro. Poco a poco, y a medida que va avanzando, podremos ver su evolución y su avance, y encontraremos a una mujer que se va adaptando a una tierra agreste, dura como la piedra que cincelan a un lado del escenario con un continuo repiqueteo, como si la constancia de los barrenadores fuese una metáfora de la perseverancia de la mujer que danza y se mueve sobre el escenario, llenándolo todo con su magia y su misterio...

 BURDINA-HIERRO-OLITE-FLAMENCO-ADRIANA-BILBAO-BEÑAT-ACHIARY

Mientras, y a lo largo de todo el espectáculo el quejío de Raúl Micó protagoniza espacios dedicados a mostrar las pasiones que mueven al personaje de la protagonista,que le sirven para mostrar sus estados de ánimo y para experimentar su catarsis particular. Sensacional el cantaor, que cautiva desde el inicio hasta el final de su participación. Así mismo, la potencia del mar embravecido y el fluir de los sones más telúricos de una tierra milenaria se manifiestan en la increíble voz de Beñat Achiary, un auténtico portento vocal, todo un descubrimiento para quien esto escribe y con cuya interpretación fue posible la conexión de la protagonista, de origen flamenco, con el corazon de la música popular vasca. Tampoco queremos olvidarnos de Guillermo Guillén, Michel Queuille, Luis Mariano Casillas, Ander Eceiza y Koldo Plaza, tocaor, pianista y barreneros respectivamente, que ponen calor, color, percusión y luminosidad con su participación.

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Por su parte, Adriana Bilbao demuestra que es capaz de buscar el riesgo, que no trata de esquivarlo, y se adentra en un mundo desconocido en el que quizá, a bote pronto, pueda parecer complejo conjugar lenguajes tan distintos como es el flamenco y la música tradicional vasca. Sin embargo, consigue algo diferente, en absoluto discordante, que presenta un componente emotivo hacia lo que pueden representar todas aquellas personas que tuvieron que desplazarse de sus viviendas en Andalucía o Extremadura, que migraron al norte a trabajar en busca de una vida mejor, sí, pero también muy distinta que les puso a prueba y nunca resultó fácil. Es también un homenaje a la mujer en una una tierra en la que el matriarcado ha sido muy importante en el desarrollo de una cultura que se mantuvo viva y arraigada a la tierra desde hace miles de años. Como bailaora, consigue coreografías que transportan al espectador al duelo, al quebranto, al dolor, pero también al resurgimiento, a la lucha, a la reivindicación y al "aquí estoy yo".

BURDINA-HIERRO-OLITE-FLAMENCO-ADRIANA-BILBAO-BEÑAT-ACHIARY

Con el movimiento de su cuerpo se desborda por todo el escenario y se erige como epicentro de un oleaje de pasión que encendió los aplausos de un público entregado. Con este tributo a tantas gentes anónimas cuyos hijos hoy hablan euskera pero sienten como propio el flamenco que define sus orígenes, Adriana Bilbao ha imaginado Burdina/ Hierro, un espectáculo genuino, libre y lleno de vida, que hará las delicias de quienes aman la danza y la música en directo, y también de todos aquellos que quieran sorprenderse con un talento increíble de voces, música y baile dedicados a contar cuán lejos llega el arte cuando no se le ponen trabes ni límites.

BURDINA-HIERRO-OLITE-FLAMENCO-ADRIANA-BILBAO-BEÑAT-ACHIARY

REPARTO

Beñat Achiary, Adriana Bilbao, Raúl Micó, Guillermo Guillén, Michel Queuille, Luis Mariano Casillas, Ander Eceiza y Koldo Plazas

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección escénica: Adriana Bilbao y Beñat Achiary
Coreografía: Adriana Bilbao
Ayudante de dirección: María Ibarretxe
Textos: Itxaro Borda, Raúl Micó y Gabriel Aresti
Música: Beñat Achiary, Guillermo Guillén, Michel Queuille y Raúl Micó
Dirección musical: Beñat Achiary
Diseño escenografía: Adriana Bilbao y Fran López del Cerro
Fotografía: Jass Photography, Jasone Ortiz y Jon Etxezarraga
Diseño iluminación: Álvaro Estrada
Realización escenográfica y diseño vestuario: Fran López del Cerro
Realización vestuario: Mariví Redoli
Sonido: Didier Teillagorry
Producción: Peio Mentxaka, Ezkandrai e Imajik
Hierro es una producción transfronteriza entre Adriana Bilbao, Beñat Achiary e Imajik
Más información: www.adrianabilbao.com

Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 5 de agosto de 2020

YO, LA PEOR DEL MUNDO - XXI FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

YO, LA PEOR DEL MUNDO


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Nos encontramos en unos tiempos en los que parece que, definitivamente, la mujer va encontrando la posición que merece en el mundo, que no es otro que al lado del nombre. Aquello de estar por debajo, subordinada a él, poco a poco, va dejándose atrás (aunque todavía queda mucho por hacer, no debemos bajar la guardia). Es por eso que, en muchas ocasiones, quienes luchan por un mundo más justo y más igualitario, sin que por razón de tu sexo puedas ser rechazado o minusvalorado frente a otra persona, deben sentirse orgullosos por lo conseguido. Ahora bien, esta lucha, aunque ha conseguido sus mayores logros en los últimos cincuenta años, viene de muy atrás. Y si nos retrotraemos en el tiempo, podemos encontrar a mujeres que nadaron contracorriente y lucharon por un mundo más igualitario cuando el mundo en el que vivías no te concedía ni la más mínima oportunidad de tomar la palabra. No es cuestión de colocar medallas a nadie pero, si en algún momento tendríamos que hacerlo, no se me ocurre un personaje más interesante por su impresionante biografía que la de Sor Juana Inés de la Cruz, una monja jerónima nacida en el Nuevo Mundo que luchó por su libertad de aprendizaje, de escritura y de hacer caso a la voluntad de su corazón.

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Creo que un pensamiento similar tenía Antonio Muñoz de Mesa cuando ideó el montaje que se pudo ver en el pasado Festival de Teatro de Olite, en el que el público que asistió al espectáculo que se desarrolló sobre el escenario de La Cava, cuyo título: Yo, la peor del mundo, ya dejaba bien a las claras por dónde transcurriría la trama. En ella, nos encontramos ante las última horas de Sor Juana Inés, en el Convento de Santa Paula en el que se encuentra viviendo en medio de una peste que asolaba a la ciudad de Mexico, por aquel entonces perteneciente al Virreinato de la Nueva España. Es el momento de echar la vista atrás y de rendir cuentas ante ella misma para analizar qué fue de su vida, de sus hechos y acciones. Así, la obra dirigida por Olga Margallo, nos muestra de manera lineal la niñez de Sor Juana, en quien pronto se pudo apreciar sus dotes para el aprendizaje y su obsesión por conocerlo todo. Tal es así, que aún no era una adolescente cuando ya había leído la mayoría de los libros de la biblioteca de su abuelo, figura muy importante en su desarrollo como persona que marcaría incluso su manera de enfrentarse al mundo de una manera inconformista y soñadora.

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Poco a poco, vemos cómo se planteará estudiar en una Universidad para poder adquirir nuevos conocimientos de todos aquellos libros que sabía que existían pero a los que no tenía acceso, y para ello, llegaría incluso a vestirse de hombre si así conseguía evitar las trabas que su condición de mujer le impedían acudir a estudiar como una universitaria más. De esta manera, pronto descubriría que su sexo condicionaría su vida entera... Es por ello que decide acercarse a la Iglesia, coger los hábitos y hacerse monja, pues en aquella época era el único modo que las mujeres tenían la oportunidad para adquirir nuevos conocimientos. A partir de entonces, comenzará a escribir y tocará diversos estilos, desde el teatro a los autos sacramentales, así como la lírica o la poesía mística. De esta manera, su talento pronto comenzará a brillar y sus escritos recorrerán el continente y llegarán con ritmo vertiginoso a la madre España, donde también dejarán embelesados hasta las cortes de los últimos Austrias.

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En paralelo a todo ello, descubriremos a una mujer que no quiso casarse porque su deseo, su amor, bramaba por saberse libre si lo podía expresar hacia quien se cree que fue su amante: la virreina Leonor de Carreto, de cuya protección y mecenazgo gozó durante varios años. Sor Juana Inés es presentada como una mujer que ama a una persona, que lo hace de manera incondicional y que, cuando siente el puñal del qué dirán clavado en su pecho, ante la impotencia y el desmoronamiento moral que la hiere, decide emplear sus fuerzas y su voluntad en su otra gran pasión: la lectura y la escritura. Desde su atalaya intelectual, lucha por defender a la mujer, por evadir al amor del cuerpo (dejando así abierta la puerta a la homosexualidad) y por crear personajes femeninos nada torpes, siempre inteligentes, en ocasiones protagonistas de sus textos... en definitiva, por tratar de romper barreras y quebrar barrotes de la cárcel en la que el hombre, a través de una religión que condena a la mujer desde el pecado original, la tiene enclaustrada.


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De todo esto nos hablan en este montaje vibrante, muy bien ejecutado por el equipo de actoresal completo, especialmente por Itxaso Quintana (sobre quien recae la labor de interpretar a la protagonista, y a quién le da la fuerza y determinación necesarias para hacerla creíble), Ana Pimenta (cuyo monólogo en silla de ruedas como amiga íntima de Sor Juana es sencillamente magistral) o Ylenia Baglietto (de una capacidad gestual tal que dice sin pronunciar palabra alguna en cada segundo en escena). La escenografía está compuesta por unas torres estructurales móviles dipuestas en forma de U de un vistoso color rojo que los actores van desplazando para crear ambientes distintos según las escenas que nos van mostrando.

Yo, la peor del mundo, es un excelente montaje teatral que funciona como un tiro, rápido y certero, cuya temática actual y su puesta en escena tan reivindicativa como desenfadada, ofrecida al mismo tiempo con un toque musical en el que el propio elenco participa cantando y bailando con un ajustado afinamiento y unas coreografías bien resueltas, se disfruta con mucho gusto y el sabor de boca que queda es realmente satisfactorio. Es por ello que el público les regaló una de los aplausos más dilatados de festival. Merecido lo tenían.


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REPARTO

Itxaso Quintana, Nerea Gorriti,  Ylenia Baglietto, Ana Pimenta y Ugaitz Alegria

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Olga Margallo
Autoría: Antonio Muñoz de Mesa
Ayudante de dirección: Dorleta Urretabizkaia
Diseño y producción ejecutiva: Ana Pimenta
Dirección musical: Iñaki Salvador
Coreografía: Maitane Zalduegui
Escenografía: Marcos Carazo
Vestuario: Lola Trives
Diseño de iluminación: Xabier Lozano
Ayudante de producción y atrezzo: Monika Zumeta
Dirección técnica: Iñigo Lacasa
Técnico iluminación: Andoni Mendizabal
Sonido: Ederson
Voz en off: Antonio Muñoz de Mesa
Músicos: Iñaki Salvador, Luis Mari Moreno y Ainara Ortega
Administración: Izaskun Imizkoz
Gráfica: Antza
Web: Manodesanto
Yo, la peor del mundo es una producción de Vaivén Producciones
Más información: https://vaivenproducciones.com

Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 4 de agosto de 2020

KIMERA - XXI FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

KIMERA

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

Tras una tarde de tormenta, pareció que llegó la calma a eso de las ocho y media de la tarde. A las diez de la noche, el público que llenó el aforo por completo de La Cava, ocupaba sus asientos y se disponía a ver el espectáculo que la compañía La Banda Teatro Circo había preparado para el Festival de Teatro de Olite.

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

Cuando apenas habían transcurrido veinte minutos de montaje, en el que los artistas comenzaron a mostrar sus habilidades con los malabares, el equilibrio y la contorsión, comenzaron a caer unas leves gotas. El público permaneció en sus butacas como si nada, pues lo que se veía sobre el escenario era tan seductor que a nadie le importó que lloviese. Sin embargo, poco a poco, lo que eran cuatro gotas dispersas comenzaron a multiplicarse y poco después, uno de los artistas solicitó perdón al público, la música cesó y anunciaron que debido a la complejidad de los números que iban a interpretar y al evidente peligro que corrían al hacerlo bajo la lluvia, decidían cancelar el espectáculo.

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

Fue una pena, pero los espectadores lo entendieron de una manera evidente, y les recompensó con una sonora ovación por lo visto hasta entonces, y con la intención de que fuese para ellos un bálsamo que calmase los nervios que les suponía volver a los escenarios tras la COVID y tener que cancelar su proyecto en esas condiciones.

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

Sirvan las fotos que pudimos tomar como homenaje a su trabajo, y esperemos que el año que viene, puedan ser nuevamente contratados por la dirección del Festival para que podamos disfrutar de su talento, pues dieron buena muestra de que poseían el suficiente como para hacernos vibrar en una noche cálida que acabó pasada por agua.

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO


KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

KIMERA-BANDA-TEATRO-CIRCO

REPARTO

Izaskun Lasarte, Txetxu Collado, Nano Napal y Jorge Cordón

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Joserra Martínez
Ayudante de dirección: Maribel Martínez
Música original y en directo: Jorge Cordón
Diseño Escenografía: Icaro construcciones y Tesicnor
Construcción de escenografía: Icaro y Talleres Urrelar
Diseño de iluminación: Livory Bárbez
Logotipo del Espectáculo: Izaskun Hernandez
Fotografía y diseño gráfico: Itziar Matxain
Producción y edición de videos: Kaptura
Web: Juan Napal
Distribución: Quiero Teatro
Kimera es una producción de La banda teatro-circo
Más información: www.quieroteatro.com

Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

lunes, 3 de agosto de 2020

LA CASA MAS PEQUEÑA - XXI FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

LA CASA MÁS PEQUEÑA
CASA-MAS-PEQUEÑA-YARLEKU-TEATRO-OLITE
 

A veces ocurre que llega a tu ciudad una de esas obritas orientadas para el público familiar y te tocan el corazón. Es lo que pasó el pasado miércoles en La Cava, cuando Laura Villanueva y Eva Azpilikueta se subieron al escenario con su La Casa más pequeña, un espectáculo que se adentró en el interior de los espectadores que acudieron hasta Olite de una manera intensa, ingenua, dulce.

Desde Yarleku Teatro, han ideado un montaje que nos habla de los niños de la guerra, de esos niños olvidados que abandonan sus casas cuando todo su mundo se desmorona. Los niños refugiados comienzan a formar parte del paisaje cotidiano de los telediarios, y salvo que aparezcan como el pequeño Aylan, arrojado en una playa mientras su cuerpecillo inerte es lamido por las olas con timidez, su futuro cada vez es más incierto pues la indiferencia está creciendo en los fríos corazones de unas sociedades que podrían hacer más por evitar tanto desamparo.

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De esta manera, nos encontraremos a una niña de ocho años, de nombre Bettina, recién llegada a un campamento de refugiados. Porta con ella un pequeño bolso de piel y una gran maleta donde guarda lo poco que posee, y lo hace con celo. En ella, además, quedan encerrados sus recuerdos... Es una niña soñadora, de espíritu alegre, cargada de optimismo. Sus padres la enviaron allí en un bote cuando las cosas en la ciudad del puente de las mil luces se pusieron demasiado complicadas, las casas lloraban cristales rotos y un enorme gigante la arrasaba con cada paso que daba. Poético modo el de los padres de enfocar una alternativa digerible para explicar el efecto de las bombas y la dureza de la guerra... Allí conocerá a Norma, otra niña que vive sola y que, de la misma manera que Bettina, un buen día tuvo que buscarse la vida en un campamento de refugiados donde nadie se conoce entre sí y todos comparten la misma desesperación. Poco a poco, ambas irán tejiendo una bonita amistad y tratarán de hacer más llevaderos cada día que pasa, pues no están exentos de peligros, la comida escasea y además, al ser menores y no tener ningún adulto que se responsabilice de ellas, su futuro no importa lo suficiente...

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De la sensibilidad de Maialen Día (creadora del texto) y de Rosa Díaz (directora del montaje) y de la mano de ambas, el espectador asiste a la lucha por la supervivencia desde el punto de vista más frágil, el de los niños que aún no son conscientes de su situación y los por qués que atenazan sus mentes -¿por qué están solos? ¿por qué no se acaba todo? ¿por qué no regresan sus padres? ¿por qué las pesadillas no terminan nunca?- siguen sin encontrar respuestas. Desde lo angustioso de la situación que viven ambas niñas, componen un espectáculo cargado de belleza y ternura con la comicidad como argamasa para mantener vivo el más puro de los rayos de esperanza que brotan de sus corazones.

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Las dos actrices que protagonizan esta pieza realizan un gran trabajo, siendo la Norma de Laura Villanueva algo más madura y con una coraza anímica mejor dispuesta (coloca un nudo en la garganta al recordar el bullying que sufrió en el colegio), fruto de ser más veterana que la Bettina de Eva Azpilikueta en el campo (pura poesía su interpretación de la llegada al campamento al cruzar el mar en un bote, explicando el mar con una bolsa, con un peine haciendo las veces de un hombre que da órdenes, con un espejo como faro en mitad de la tormenta... simplemente precioso), pues ésta está recién llegada y su mente -toda ingenuidad- aún se encuentra a miles de kilómetros de allí, gozando del calor y la protección de su hogar, junto a sus padres y hermanos. Son por lo tanto las dos caras de una misma moneda golpeada, depositada sobre las vías de tren de un lugar olvidado, en el que se sabe que tarde o temprano pasará un convoy a toda velocidad cargado de personas y lujos que pasará por encima de la moneda sin detenerse, sin percatarse si quiera de su presencia, aplastándola y reduciéndola. Aún así, queda la esperanza de que alguien pase por allí y la rescate, la encuentre preciosa, la cuide, la limpie y la coloque en un lugar destacado de su casa, confiriéndole así, el lugar que siempre mereció.

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La casa más pequeña agradará a los más pequeños, les robará carcajadas y los sesenta minutos de espectáculo les sabrá a poco. Para los mayores será una pequeña fábula que narre el horror del abandono, la importancia de formar parte de un común, de la fidelidad, de la amistad y de sentirse queridos. Es probable que una casa o un hogar pueda tener muchas habitaciones y numerosos baños con los que agasajar a tus invitados... O puede que un hogar sea ese lugar desnudo, sin ventanas, protegido con plásticos que se filtran cuando llueve, pero que escuchan a diario un "te quiero" o asisten, mudos, a las nobles acciones de compartir la miseria o de ofrecer el más valioso tesoro que posee el ser humano: un abrazo.


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REPARTO

Laura Villanueva Arteaga y Eva Azpilikueta

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Rosa Díaz
Autoría: Maialen Día
Diseño de escenografía: David Lainez
Realización de escenografía: David Lainez y Raúl Arraiza
Vestuario: Aiora Ganuza, Hari & Ari
Música: Asier Fernández y Eneko Anaut
Iluminación: David Lainez y Livory Barbez
Fotografía y diseño gráfico: Laura Blázquez Macías
Traducciones: Maialen Díaz, Rachel Mastín y Harri Larunbe
Producción: Yarleku Teatro
Distribución: Quiero Teatro
La casa más pequeña es una producción de Yarleku Teatro
Más información: www.quieroteatro.com

Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


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