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domingo, 31 de mayo de 2020

El Castillo Soñado, Dodie Smith.

El castillo soñado



Por la Pelipequirroja.


    Y todo llega a su fin. Con la emoción de haber llegado hasta el final y la alegre tristeza de que acaben unos meses fabulosos leyendo, releyendo y disfrutando infinitamente con los clásicos y el reto Todos los Clásicos Grandes y Pequeños, hoy acabo esta maravillosa experiencia y como colofón final y guinda del pastel, me despido con la premisa "Clásico a elegir entre 100 imprescindibles de Penguin"...me despido del Reto, no de los Clásicos, 3/4 retos acabados, pero aún hay lecturas que compartir y libros que se quedaron en la recámara  con cada premisa. No os digo nada y os lo digo todo.
Que sí, que amenazo con seguir reseñando Clásicos, anda que no.

   El libro que he elegido lleva en mis estanterías mucho tiempo, lo adquirí antes de comenzar el reto y tenía unas ganas tremendas de leerlo  e incluirlo en las lecturas, solo que no sabía exactamente en que premisa encajaría; cuando vi que estaba incluido en las 100 lecturas imprescindibles de Penguin supe que era su premisa. Y no veía el momento de leerlo al fin, ansia viva.

   El castillo soñado, 1948, es una novela de Dodie Smith, la autora de "101 Dálmatas" , escritora con la que no me había estrenado hasta ahora. He de empezar diciendo que hay que olvidarse de su famoso libro para poder meterse entre las páginas y la historia de esta novela, pues no tiene nada que ver ni en trama ni en género, por mucho que algunos la tilden de novela juvenil. En absoluto, doy Fe. 

   Cassandra Mortmain tiene 17 años  - 🎵qué enfermedad, cuando tenga 18, se me pasará 🎵-  vive en un ruinoso castillo inglés junto a su padre, un escritor que tras el éxito de su primera novela, no ha vuelto a escribir, haciendo mella en sus maltrechos ahorros; una extravagante madrastra artista, Topaz  - 🎶que cuentan que fue musa de algún mediocre pintor 🎵-   una hermana mayor llamada Rose y que dado su altivez y orgullo -y tantos prejuicios como belleza- la convierten en una princesita con aires de grandeza, pero como el resto de su familia, no tiene donde caerse muerta (excepto en el castillo ruinoso) Y su desmirriado  a la par que inteligentísimo hermano pequeño Thomas. Junto a esta peculiar familia vive Stephen, un joven y atractivo jardinero que bebe los vientos por Cassandra  ¿No puede ser más ideal? un bellezón hercúleo a domicilio y una joven adolescente...y una hermana presumida, y una madrastra tan excéntrica como hermosa, y un padre malhumorado y amargado,  y el hermanito debilucho, y claro, un Castillo cochambroso. A lo mejor no resulta todo tan ideal como parecía, yo diría que hasta se masca la tragedia ¡Tarararáaaa tan tan tacháaaaan! la música de intriga al piano os la pongo yo. 

   Pero entonces entra en escena la familia Cotton, estadounidenses,  que ahora son los nuevos propietarios de la tierra en donde se encuentra el castillo, y por ende, los dueños del mismo. Los señores Cotton tienen dos hijos, Neil y Simon, que pondrán patas arriba la hasta entonces vida anodina y aislada de los Mortmain, pues hasta entonces la vida social de las jóvenes había sido prácticamente inexistente; y es que ahora hay dos zorros merodeando el gallinero. 
   La vida de los Mortmain la vamos conociendo a través de los diarios de Cassandra, pues su sueño es convertirse en escritora, como su padre, y convierte estos escritos en un auténtico ejercicio literario, intentando mejorar su estilo, capacidad de análisis y desarrollo de las historias. Está convencida que será una gran escritora si consigue captar la personalidad de cada uno de los miembros de su familia y logra plasmarla en el papel; observación y descripción al detalle, junto a una escritura sencilla pero amena, hacen de estos sus diarios una delicia para el lector, incluidos su toques mordaces y cómicos con los que en algún momento nos deleita. Su pasión por captar la personalidad de todos los que la rodean es casi una obsesión, pues aunque no es un dato que se nos da en la novela, queda patente que el fracaso de su padre como escritor pesa mucho en toda la familia en general y en ella en particular.  Si controla la psicología de los personajes, las historias serán magníficas. 
   Con el paso del tiempo, y diario a diario, su naturalidad y sencillez irán dando paso a una introspección de la propia Cassandra, que al fin y al cabo es una adolescente que ha visto como en poco tiempo su reducido mundo se ha visto alterado por la llegada de unos forasteros que han despertado en ella curiosidad, novedad y sentimientos que no había tenido hasta entonces. El amor se abre paso en su vida y la pilla por sorpresa, descolocando sus prioridades y su visión del mundo ¡🎵Amor que vienes cantando, es gloria y es ilusión! ¡Amor que vienes cantando, como te estaba esperando y entraste en mi corazón 🎶! Y es que hasta ese momento, todo lo que las dos chicas sabían del amor es lo que habían leído en las novelas, y tomando estas como guía es como actúan. Ingenuas. Muy ingenuas. Pero el cambio que se está produciendo en ambas ya no hay quien lo pare; al principio es más tranquilo, casi pasa desapercibido, pero poco a poco se hace más obvio, queda patente que su mundo se ha abierto, tanto exterior como interior, y ya no pueden volver a ser las mismas que eran.  Está a punto de producirse la catarsis. 


   He tenido la sensación durante toda la lectura, que me encontraba como en casa, estaba leyendo a una autora por primera vez y me resultaba tan familiar, tan cómoda entre sus páginas, una sensación de déjà vu que lejos de ponerme en alerta, me reconfortaba y me hacía sentir bien, muy bien. Y entonces me vino como un fogonazo a mi mente. Louisa May Alcott. Puede que el paisaje recuerde las novelas de las hermanas Brönte, hay cierta decadencia en ellos, tan ¡Heatcliiiiiiiiiiiif! brumas, campiñas brumosas si, eso es. Pero no es el estilo de Emily, en absoluto. Es Louisa May. Entonces caigo en la cuenta que toda la novela he sentido que estaba de viaje, un viaje interior, iniciático, unas muchachas en busca de su lugar en el mundo y de descubrimiento de ellas mismas; el viaje del Héroe, el camino del Peregrino, ese que tanto gustaba a Alcott y que incluía en todas sus obras, haciendo que sus muchachas pasaran de la niñez a la madurez siguiendo un camino y evolucionando con el aprendizaje.       Esta semejanza no ha quitado belleza ni calidad a una novela espectacular que me ha atrapado desde el principio, que me ha hecho sentir una niña ingenua y me he reído con las ocurrencias de sus personajes,  pero también he tenido la sensación que yo misma cambiaba junto a Cassandra, he sido consciente que una vez yo también tuve 17 años y pensé que el mundo cabía en mi mano, hasta que comprendí que no era más que un grano de arena en un desierto infinito. Me he sentido adolescente y si, ilusa e ingenua, pero me ha gustado.   El final exhala fuerza por todas partes, unas ultimas escenas potentes y hermosas. Muy bonitas.  Me ha encantado Dodie y adoro a la no ya tan pequeña Cassandra.


Me encanta haber elegido esta obra para finalizar este maravilloso reto. Una gozada absoluta, de ambos. Gracias a las Inquilinas de Netherfield, por su ingenio, creativad, y poder para mover el mundo de la blogosfera a golpe de talento, cariño y si, Clásicos. Me emociono. 




EL CASTILLO SOÑADO
Dodie Smith
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©Todos los derechos reservados.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos, VV.AA

Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.

Vosotros los que leéis que estáis entre los vivos.

La Pelipequirroja


     Esta vez las Inquilinas me lo han puesto en bandeja, como cuando en Teatro estás esperando entrar en escena pero tan solo necesitas que te den el pie; si hay algo que me gusta en esta vida (sin que sea de comer, esté helado y tenga sabor a chufa) son los relatos, y si son de terror, gozada doble, pero si además son de finales del siglo XIX o primeros del XX ¡Éxtasis total! y como son tan majas las de Netherfield crean una premisa pensando en mí (si digo que ha sido pensando en mí, punto en boca) "Edición de cuentos o relatos clásicos (mismo autor o VV.AA)"
    
   Cuando abordamos una antología nos encontramos, al menos en mi caso, con el problema de lo fácil que es irse de la lengua y terminar haciendo una reseña más larga que el propio relato ¿Pero, cómo contamos cada una de las historias sin quedarnos cortos ni pasarnos? soy de la opinión que en cuestión de cuentos, mejor quedarse corta que larga, mejor entreabrir una puerta y ya el lector que se asome del todo. 
   Hace muchos años que tenía este libro, pero no lo había vuelto a releer desde hace  lustros, y durante estos días de encierro fue esta lectura -junto a otros muchas pendientes- un bálsamo para el espíritu y una evasión para la mente, que todo sea dicho, me ha sentado de maravilla; algunos autores son más conocidos que otros, incluso uno de ellos era la primera vez que leía algo suyo, pero todos tienen algo en común, temática a parte: la exquisitez narrativa. 

Os traigo mis favoritos.

 “El Entierro”, de Lord Byron: (1819) El relato es una obra inconclusa que el autor dejó a modo de colofón en su poema " Mazeppa", pero ante todo es una historia fantástica que Byron contó a su amigo Polidori, el cual usó para crear la figura del Vampiro, creada en Villa Diodati, en aquella histórica reunión de ambos y el matrimonio Shelley.   Un mahometano, un entierro secreto y una historia increíble ¿O no?


  “Historia de fantasmas”, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann: (1819) Un fantasma se aparece a la joven Adelgunda  todos los días a la misma hora, se adueña de su voluntad y pronto logra que la familia entera quede destruida por el maléfico espectro ¿Quién es el fantasma, qué quiere de la joven? Un final que te deja con los pelos de punta.


 “El pie de momia”, de Theophile Gautier: (1840) Tema recurrente durante el Romanticismo fueron los misterios orientales, en especial todo lo que provenía del Antiguo Egipto, y este relato no hace más que constatar la fascinación por las momias del autor, y como no podía ser de otra manera, momias y maldiciones iban de la mano. Misterio, terror y magia en un relato fascinante.


   “La noche de difuntos”, de Gustavo Adolfo Bécquer: (1865) Relato periodístico que formaba parte de la serie "Escenas de Madrid", y en el cual se nos describre de manera fúnebre y oscura, una noche de Difuntos, con almas en pena vagando por la ciudad y campanas doblando por el descanso de las mismas. Relato tan fascinante como tétrico.


   “La diligencia fantasma”, de  Amelia B. Edwards: (1864) Era costumbre que al llegar la Navidad, en periódicos como el dirigido por Charles  Dickens, en lugar de relatos de amor y fraternidad, algunos escritores publicaban cuentos de terror, costumbre extendida entre autores de la época, como lo fue Amelia. El cuento narra una de las leyendas urbanas más populares que ha llegado hasta nuestros días: Una diligencia inexistente ¿O no?


 “El Horla” , de Guy de Maupassant: (1887) Inquietante historia, menos terrorífica que otras a las que nos tiene acostumbrados el autor, pero de una tensión emocional que hace mella en su protagonista como en el lector ¿Es el Horla un vampírico ser invisible? ¿Un ente fantasmal? ¿Un delirio acaso? 


“Maud-Evelyn”, de Henry James: (1900) Sin duda alguna mi favorito. Una historia de fantasmas que encierra el mayor de los miedos: el que se encuentra tras las puertas de nuestro hogar ¿ Son los fantasmas representaciones de nuestros temores, de nuestra incipiente locura? Un relato turbador y escalofriante. 


 “La Banshee emigrante”, de Gertrude Henderson: (1901) Un exótico relato, tanto como lo es su protagonista y las leyendas de las que bebe; el gusto por todo lo oriental de la época queda patente, de nuevo, en este cuento lleno de magia y fantasmas. Fabuloso.  


 “La cola de los anémicos en el Matadero Municipal”, de Eugenio Noel (1915) Una larga cola de menesterosos y enfermos se da cita a diario en el Matadero Municipal, vampiros paupérrimos cuya supervivencia depende de los restos del matadero; una historia más infranatural que sobrenatural, pero tan espeluznante como el más terrorífico de los cuentos que jamás hayamos escuchado. 


 “Rashömon”, de Ryünosuke  Akutagawa (1915)  Una anciana le arranca los cabellos a una mujer muerta de peste poco antes; un relato en el que los fantasmas están vivos, arrastran las pesadas cadenas de la soledad y la desesperación y vagan sin rumbo por una ciudad devastada.  Uno de los primeros y más famosos cuentos apocalípticos de la literatura, oscuro, asfixiante, quimérico. Espeluznantemente magnífico. 
No quiero dejar de nombrar al resto de autores, genios del relato breve de terror de todos los tiempos, maestros y alumnos, pero siempre, Grandes. Le Fanu, Rubén Darío, Quiroga, Hermann Ungar, Gutierrez Solana,  Von Hofmannsthal y Lugones.




Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.
VV.AA
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©Todos los derechos reservados.