Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.
La Pelipequirroja
Esta vez las Inquilinas me lo han puesto en bandeja, como cuando en Teatro estás esperando entrar en escena pero tan solo necesitas que te den el pie; si hay algo que me gusta en esta vida (sin que sea de comer, esté helado y tenga sabor a chufa) son los relatos, y si son de terror, gozada doble, pero si además son de finales del siglo XIX o primeros del XX ¡Éxtasis total! y como son tan majas las de Netherfield crean una premisa pensando en mí (si digo que ha sido pensando en mí, punto en boca) "Edición de cuentos o relatos clásicos (mismo autor o VV.AA)"
Cuando abordamos una antología nos encontramos, al menos en mi caso, con el problema de lo fácil que es irse de la lengua y terminar haciendo una reseña más larga que el propio relato ¿Pero, cómo contamos cada una de las historias sin quedarnos cortos ni pasarnos? soy de la opinión que en cuestión de cuentos, mejor quedarse corta que larga, mejor entreabrir una puerta y ya el lector que se asome del todo.
Hace muchos años que tenía este libro, pero no lo había vuelto a releer desde hace lustros, y durante estos días de encierro fue esta lectura -junto a otros muchas pendientes- un bálsamo para el espíritu y una evasión para la mente, que todo sea dicho, me ha sentado de maravilla; algunos autores son más conocidos que otros, incluso uno de ellos era la primera vez que leía algo suyo, pero todos tienen algo en común, temática a parte: la exquisitez narrativa.
Os traigo mis favoritos.
“El Entierro”, de Lord Byron: (1819) El relato es una obra inconclusa que el autor dejó a modo de colofón en su poema " Mazeppa", pero ante todo es una historia fantástica que Byron contó a su amigo Polidori, el cual usó para crear la figura del Vampiro, creada en Villa Diodati, en aquella histórica reunión de ambos y el matrimonio Shelley. Un mahometano, un entierro secreto y una historia increíble ¿O no?
“Historia de fantasmas”, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann: (1819) Un fantasma se aparece a la joven Adelgunda todos los días a la misma hora, se adueña de su voluntad y pronto logra que la familia entera quede destruida por el maléfico espectro ¿Quién es el fantasma, qué quiere de la joven? Un final que te deja con los pelos de punta.
“El pie de momia”, de Theophile Gautier: (1840) Tema recurrente durante el Romanticismo fueron los misterios orientales, en especial todo lo que provenía del Antiguo Egipto, y este relato no hace más que constatar la fascinación por las momias del autor, y como no podía ser de otra manera, momias y maldiciones iban de la mano. Misterio, terror y magia en un relato fascinante.
“La noche de difuntos”, de Gustavo Adolfo Bécquer: (1865) Relato periodístico que formaba parte de la serie "Escenas de Madrid", y en el cual se nos describre de manera fúnebre y oscura, una noche de Difuntos, con almas en pena vagando por la ciudad y campanas doblando por el descanso de las mismas. Relato tan fascinante como tétrico.
“La diligencia fantasma”, de Amelia B. Edwards: (1864) Era costumbre que al llegar la Navidad, en periódicos como el dirigido por Charles Dickens, en lugar de relatos de amor y fraternidad, algunos escritores publicaban cuentos de terror, costumbre extendida entre autores de la época, como lo fue Amelia. El cuento narra una de las leyendas urbanas más populares que ha llegado hasta nuestros días: Una diligencia inexistente ¿O no?
“El Horla” , de Guy de Maupassant: (1887) Inquietante historia, menos terrorífica que otras a las que nos tiene acostumbrados el autor, pero de una tensión emocional que hace mella en su protagonista como en el lector ¿Es el Horla un vampírico ser invisible? ¿Un ente fantasmal? ¿Un delirio acaso?
“Maud-Evelyn”, de Henry James: (1900) Sin duda alguna mi favorito. Una historia de fantasmas que encierra el mayor de los miedos: el que se encuentra tras las puertas de nuestro hogar ¿ Son los fantasmas representaciones de nuestros temores, de nuestra incipiente locura? Un relato turbador y escalofriante.
“La Banshee emigrante”, de Gertrude Henderson: (1901) Un exótico relato, tanto como lo es su protagonista y las leyendas de las que bebe; el gusto por todo lo oriental de la época queda patente, de nuevo, en este cuento lleno de magia y fantasmas. Fabuloso.
“La cola de los anémicos en el Matadero Municipal”, de Eugenio Noel (1915) Una larga cola de menesterosos y enfermos se da cita a diario en el Matadero Municipal, vampiros paupérrimos cuya supervivencia depende de los restos del matadero; una historia más infranatural que sobrenatural, pero tan espeluznante como el más terrorífico de los cuentos que jamás hayamos escuchado.
“Rashömon”, de Ryünosuke Akutagawa (1915) Una anciana le arranca los cabellos a una mujer muerta de peste poco antes; un relato en el que los fantasmas están vivos, arrastran las pesadas cadenas de la soledad y la desesperación y vagan sin rumbo por una ciudad devastada. Uno de los primeros y más famosos cuentos apocalípticos de la literatura, oscuro, asfixiante, quimérico. Espeluznantemente magnífico.
No quiero dejar de nombrar al resto de autores, genios del relato breve de terror de todos los tiempos, maestros y alumnos, pero siempre, Grandes. Le Fanu, Rubén Darío, Quiroga, Hermann Ungar, Gutierrez Solana, Von Hofmannsthal y Lugones.
Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.
VV.AA
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