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jueves, 28 de mayo de 2015

ENTREVISTA CON...Eugenio Asensio


“El lápiz había salido de un árbol.
El folio había salido de un árbol.
La regla, el pupitre y la silla
habían salido de un árbol.
Todo lo demás
era de madera.”

(El lápiz había salido de un árbol, Iván Rafael)



GATO TROTERO: Una larga trayectoria profesional la que lleva a sus espaldas, Eugenio ¿O es en su corazón donde se guardan los momentos vividos con la palabra como timón y bandera?


EUGENIO ASENSIO: Creo que las alacenas, los baúles o las arcas donde se guardan las palabras se reparten entre el corazón y las espaldas. Diría que uno lleva a cuestas el peso, no sé si considerable, de lo que haya podido materializar; de cualquier modo, siempre es algo tangible y mesurable. En cuanto a lo que se guarda en el corazón, considero que se trata de lo inabarcable, de lo pendiente, de lo que no hemos sido capaces de verbalizar o hemos dejado semiolvidado con intención de encararlo en otros momentos que, tal vez, no lleguen. Cotejando la espalda y el corazón, en el torrente del segundo queda lo ilusionante, así como una eterna promesa a nosotros mismos. Otra aproximación al término corazón (desvinculándolo de evocaciones manidas), ahora uniéndolo a lo ya realizado, lo vinculan a la pasión que hemos querido imprimir, diría que en el esfuerzo de cualquier escritor por intentar transmitir lo que sea capaz entre lo deseado y lo materializado, no puede haber más que corazón en cada palabra, de lo contrario, difícilmente podríamos hablar de literatura. 


 Se dio a conocer con un libro de relatos, El sueño de los leones, sin embargo ha conseguido sus mayores logros con el teatro ¿Fue algo fortuito esa incursión en el mundo teatral, o siempre supo que encaminaría por ahí sus pasos?

El sueño de los leones fue mi primera publicación. Se trataba de un libro de relatos que abarcaban un recorrido emocional de algunos años. El libro se publicó en la desaparecida editorial Nínfula, una pequeña editorial con intención de dar salida a algunas de esas voces que no pueden ser silenciadas por la desidia de las editoriales más conocidas. Eso sí que era una editorial alternativa. Sobre la incursión en el teatro, estoy convencido de que estaba predestinado. Desde mis años de estudiante había participado en diferentes obras teatrales como actor y posteriormente como director. Parecía que la concatenación de circunstancias me empujaba a la escritura, y así escribí La danza de la lluvia, que acabó ganando el Premio Internacional Casa de Teatro en 2001. A partir de ahí entré a formar parte de la AAT (Asociación de Autores de Teatro), en la que he podido colaborar con diferentes textos. En 2005 gané el Premio Fatex y después me volqué en la novela; lo cual no significa que haya abandonado mi interés hacia el teatro.


 En una novela, un autor no tiene límite alguno para crear y desarrollar una historia –excepto su propia imaginación− uno puede crear sus personajes con las cualidades físicas que quiera, puede moverlo por todo el mundo y hacerle volar si quiere, incluso, crear un universo paralelo solo para él, a golpe de pluma. Sin embargo, en el Teatro hay un límite real que es el propio escenario ¿No supone esto una dificultad añadida o por el contrario, es todo un hándicap para un autor?

Este es uno de los temas más polémicos en teoría literaria. Mi parecer al respecto no es más que mi parecer, con lo cual aceptaría muchas otras opiniones que diferirían de la mía. Creo que cada género literario tiene su lenguaje y sus propios recursos para superar los límites. No me refiero solamente a las resoluciones que aporte un dramaturgo, también pienso en el director de escena, en la tramoya y otras técnicas (pantallas, efectos luminosos...), en el caso del teatro. Recordemos cómo solucionaban los clásicos algunas escenas complejas, por ejemplo una batalla: alguien oteaba el horizonte y narraba lo que iba sucediendo. Sí que evidenciamos diferencias entre los géneros, y en todos ellos dificultades para trasladar las intenciones de un autor, pero es ahí donde la habilidad debe suplir las dificultades. Dejando la parte más técnica, el teatro te ofrece, si tienes la posibilidad de estrenar, la misma palpitación del autor puesta en pie en esa forma de comunión con el público, y eso es algo que en la novela no se puede alcanzar. Además, si en todo género literario no debería haber ni una palabra de más ni de menos, es en el teatro donde más chirrían las palabras sobrantes, donde cada gesto, cada tono, cada movimiento, cada nota musical debe ajustarse con mayor precisión a la partitura de la palabra y del movimiento. Por otro lado, la novela, normalmente, frente al teatro aporta mayor complejidad en las perspectivas para contar una historia, pero sobre todo, aporta un elemento esencial, que es el que representa el narrador, con todas sus posibilidades, frente al teatro que, aunque este pudiera aparecer, no tiene la relevancia que sí tiene en la novela.


 Dejamos el teatro de momento, pasión que tenemos en común y de la que no dejaría de hablar durante horas y horas. Tengo en mis manos Tiza, una novela difícil de catalogar −cosa que a mí eso me encanta− pues el lector lee la breve sinopsis que acompaña al libro y piensa ¡Una novela negra!, a algunos puede echar para atrás, a otros como yo, hacia adelante sin pensarlo. Pero el caso es que cuando empiezas a leer y vas avanzando en la historia, te das cuenta de que novela negra, sin más, clásica, ese concepto que todos tenemos en la cabeza de este tipo de novelas, pues que no se adapta a Tiza; Tiza es misterio, cierta intriga, mucha psicología, algo de sexo-romanticismo-relaciones de pareja-amor y desamor-humor-drama-comedia negra (eso sí) y de seguir así aún encontraría más matices para ella, pero dígame usted Eugenio ¿Cómo nació Tiza y como la clasificaría usted?


Tiza nació tras diferentes procesos de reflexión y de asimilación de mi actividad como profesor de instituto. Antes de haber escrito esta novela, escribí otra que todavía no se ha publicado. En esa primera novela me planteé si mi documentación había sido suficiente para levantar más de doscientas páginas y que la trama se sostuviera. Aun con las dudas que toda actividad genera, creí que había logrado mi objetivo. A raíz de esa reflexión fui madurando la opción de escribir una novela sobre lo que no fuera preciso documentarme. Me planteaba qué había en mi vida que pudiera ser interesante para los demás. Supongo que mi vida no es ni más ni menos interesante que la de cualquier ciudadano, con lo cual habría que echar mano de la imaginación sin dejar de asirme a lo que me permitiese la experiencia. Un día como tantos en los que me encontraba en el Departamento de Lengua y Literatura Españolas del instituto donde en aquel momento trabajaba, escuché involuntariamente (o creí escuchar, pues mis dudas me conducen a no saber si fue un recuerdo o un falso recuerdo que la memoria me cuela como si hubiese sido cierto) a una compañera que le contaba a otra que alguien (supuse un profesor) había ido a visitar a alguien (supuse un alumno o exalumno) a la cárcel. Aunque eso no era suficiente, sí me proporcionaba alas y me permitía pegar y confundir vivencias y mentiras hasta organizar cierto caos que ya había empezado a bullir. El resultado es esa novela que ha publicado Playa de Ákaba.
En cuanto a la clasificación de la novela nunca me lo cuestioné. La historia fluía libre y conducía a unos personajes y unas circunstancias hacia el desenlace que me había propuesto. En el intento por clasificarla, diría que no es una novela romántica, aunque haya amor y también el sucedáneo del amor. Tampoco es una novela de humor, aunque por momentos algunas páginas puedan esbozarnos más que una sonrisa. Si por novela negra entendemos sordidez y muerte, digamos que hay un asesinato y un avanzar en la historia para conocer al asesino, pero nunca se recrea la obra en el detritus social, no se esmera en golpear en el estómago del lector, no obstante, algún golpe sí que recibirá. Mi intención no fue otra que la de contar una historia que sucedía en un medio que me era conocido, y por supuesto, desmitificar al profesor entendido como personaje socialmente positivo y nada más; es decir, pretendía darle relieves al profesor para desmitificar un papel social unidireccional. No me interesaba el profesor dotado de varita mágica que fuese capaz de reconducir, indudablemente, a los alumnos que han errado el camino. Me interesaba crear a un personaje vivo, que trabajase como trabaja cualquier ciudadano, donde la responsabilidad y la necesidad fueran por delante de la vocación (siempre en el punto de mira para algunas profesiones). Quería asociar a la idea del profesor que todos tenemos el contrapunto de la imperfección socialmente hablando.


 Los personajes de su novela son bastante atípicos, no hay ninguno de ellos, o más bien pocos, que cumplan a rajatabla con el rol que les marca su propio papel en la historia. El profesor, uno de los protagonistas, para empezar ni siquiera tiene nombre, no le interesa que se conozca de él más que lo justo y necesario para poder contar su historia desde el momento en que Héctor se cruza de nuevo en su vida; y Héctor, el alumno que ha acabado en la cárcel y necesita contar su propia historia. Aburrido y descontento el primero con su trabajo y su propia vida y un joven que encierra oscuras intenciones más allá de los motivos que le han llevado a estar preso. Dos joyas de la novela negra,  para una novela de muchos colores ¿Cómo nacieron estos personajes, Eugenio, les dio forma poco a poco o ellos tomaron vida propia en algún momento?

Sí, estoy de acuerdo, no todos los personajes actúan como se espera que actúen, por lo menos en lo que respecta a los dos personajes principales. Además de los motivos apuntados en la respuesta anterior, busco que tanto los personajes, como en sí misma la historia, no nos suenen, que no la hayamos leído antes, que no se parezca a una de esas películas televisivas de sábado por la tarde rodadas para consumidores desmemoriados. A eso me refería cuando hablaba del profesor entendido como desmitificador respecto a personajes reconocidos. Ello no solo por una intención narrativa, también por respeto al lector.
Cierto: el profesor no tiene nombre. En la ficción de que el profesor es quien nos cuenta la historia, pues está narrada en la primera persona de un personaje interno, continuamente muestra las pocas expectativas hacia lo que nos cuenta. Se plantea si el esfuerzo de plasmar esos recuerdos sirve para algo. Es tan poco lo que espera de esas páginas y de sí mismo como redactor, que se hunde en el anonimato, creyendo que su nombre no aportará nada a lo que revive el recuerdo. A todo ello quisiera añadir algo anecdótico: en un primer borrador, aparecía un epílogo narrado por otro personaje que se lanzaba a hablar del profesor, y ahí sí que tenía nombre el protagonista, pero eso era al final, cuando el epílogo resituaba sucesos y personajes y la historia principal ya estaba contada. Antes de la publicación, mi editora Noemí Trujillo, me sugirió eliminar ese epílogo, lo cual fue un gran acierto, no solo por lo que aportaba la anonimia hacia ese personaje que quisiera ser invisible, sino, además, por dejar la historia truncada justo en ese momento.
Sobre Héctor, no hay que olvidar que se trata del antagonista. Él es quien le da el pie al protagonista para que este exponga sus interiores, es decir, para que sea quien es. Sin ánimo de caer en la pedantería, la tradición literaria nos ha dado numerosos ejemplos en los que la relación entre dos (o más) personajes consigue que ambos crezcan. La pareja más entrañable y quizá la más lograda, posiblemente sea la de Don Quijote y Sancho. Cuando Cervantes crea a Don Quijote y lo lanza por esos caminos de La Mancha, crea a un loco que agota su papel en los primeros entuertos; sin embargo, en las siguientes salidas, ya con Sancho, surge esa relación y lo que da de sí, sobre todo a través de los diálogos, lo que consigue que ambos se desarrollen y alcancen esas cotas tan elevadas. En suma, los dos se necesitan y se complementan.


 En la novela hay bastantes personajes secundarios, pero ninguno  de ellos aparece en la historia porque sí, todos  van encajando en la misma dando forma y sentido a los acontecimientos, como pequeños ladrillos que van haciendo pilar para edificar la historia completa. A mí ha habido uno que me ha gustado especialmente, Joaquín Guirao, y no sabría encontrar una única razón para explicarle el porqué; es un personaje amoral, que no inmoral, pues parece no regirse por ninguna ética ni convencionalismo social, pero sin hacer daño a nadie, en todo caso a sí mismo y él es feliz con la vida que lleva, más aún desde que se siente “cicerone” del profesor, como un padre que pasa sus conocimientos a su hijo. Y es indudable que conocerle también marca al profesor, cuya vida hasta esos momentos era aburrida y no tenía mucho sentido su día a día. Háblenos de este personaje, Eugenio  ¿Cómo nace, lo hizo como guía a lo Virgilio o todo lo contrario, como ese Yo demonio que en un momento aparece en el hombro izquierdo y que nos incita a pecar? (risas)

Joaquín Guirao es mi diablillo particular al que le tengo mucho más cariño del que le demuestro en la novela. Cuando el amor da sus cornadas, entienden los dos personajes (él y el profesor) que solo queda el camino oscuro y directo, el que proporciona un falso amor. La situación sentimental de abandono que ambos viven los lleva a gusanear en el mundo de la prostitución. Tal vez sea uno de esos momentos en los que el profesor, deja de ser un personaje positivo y se ensucia a la vez que se humaniza. Guirao es el conocedor de ese mundo y se lo muestra a su Dante. Pero lejos de limitarnos a una primera valoración, recordemos aquellas palabras de Guirao en las que se ve vencido por la evidencia y nos muestra su tremenda soledad. Dice:
«─¿Qué quiere que le diga, amigo mío? ─continuó Guirao─. A veces pienso que la única aspiración que nos queda no es otra que la de no darles demasiado asco a las putas.»
Guirao es un personaje fronterizo. Me he tenido que mesurar mucho para que no se me fuera más allá de la línea roja, debido a sus inclinaciones. Reconozco que le hubiera concedido más páginas, pero el miedo a caer en la sobreactuación me aconsejó detenerme quizá antes de tiempo.


 Tiza, etiquetas aparte, es una novela de relaciones o de interrelaciones, pues nada pasa al azar y nada queda en el olvido, todos estamos relacionados entre nosotros y nuestras acciones, aunque olvidadas por nosotros, no lo son para el Destino, si me permite esta acepción. Cada uno de nosotros en algún momento dado, cruzamos nuestro camino con el de otros y nos convertimos en parte del mismo, de ese Destino que acabo de mencionar ¿Es posible, Eugenio, existir sin ser parte de los demás, sin que los actos y palabras de los demás nos afecten? ¿Sería eso existir o subsistir? Su novela me traía a la memoria mientras la leía, un fragmento de El Candor del Padre Brown, de Chesterton: Hay en la vida un elemento de coincidencia mágica, que la gente que calcula prosaicamente, puede perderse para siempre…

La imagen a la que te refieres me parece muy relevante. Si dejáramos a modo de estela un hilo que se anudase a la presilla del pantalón, podríamos reseguir ese entramado en el que vamos urdiendo nuestras vidas. Precisamos de los demás, lo cual quiere decir que es imprescindible e inevitable cruzar los caminos. No sé si esos cruces representan momentos mágicos, pero a veces se identifican con trenes que no se nos pueden escapar o con trenes que nos arrollan. En Tiza, como en la vida, las palabras pueden condicionar nuestros actos. No es preciso grabarlas en el mármol ni crear momentos enfáticos, las palabras, de por sí, pueden venir afiladas o con carga de profundidad. Tal vez existir y subsistir, desde un punto de vista existencial, sean sinónimos.


Ya hemos hablado del Teatro en su vida y obra, y tengo que decirle que yo veo Tiza como una obra muy visual, con actos claros en su desarrollo, claro que esto es algo muy subjetivo, pero también hay poesía, y de nuevo en mi mente se unen ambos conceptos, teatro y poesía, y no puedo evitar ver una obra de teatro frente a mí ¿Hay un poeta entre el dramaturgo y el escritor de novelas? ¿Es condición sine qua non que los tres términos vayan unidos o al menos se complementen?

Estoy de acuerdo en lo de la obra de teatro. Dice mi editora que ella ve una película, a mí me encantaría. Entiendo que ese parecer se debe, básicamente, a los diálogos. Supongo que en el fondo (teatro, poesía o novela) existe un parentesco o unos denominadores comunes, a pesar de las diferencias de lenguajes y de recursos de cada uno. Yo no me considero poeta. Considero que la poesía y yo de momento nos miramos, pero ninguno se atreve a romper el hielo. Tal vez el concepto de poeta deba abrirse y no limitarse a quien escribe versos, si es así, podría decirse que los tres términos (géneros), como tú preguntas, deben de ir unidos.


 Como profesor, Eugenio ¿Cómo ve a la juventud en estos momentos? ¿Hay en verdad una generación perdida o tan solo está aturdida? ¿Hay esperanza en las nuevas generaciones?

Ella es la única esperanza. No podemos generalizar en este tema, como casi en ninguno. He tenido alumnos que me han enseñado muchísimo. Sé que decir eso es un tópico, pero no deja de ser cierto. Se dice también, y lo corroboro, que tenemos la juventud mejor formada que ha habido nunca. Cada época tiene unas tendencias y unos intereses, y no podemos imponer los intereses de hace veinte años a los del presente. Sí que existen unos pilares comunes en diferentes períodos (o en todos los períodos), pero la juventud de todas la épocas ha tratado de dinamitarlos, porque es intrínseco al proceder del joven. Entre ninis y desencantados (todos ellos nos llevarían a muchas opiniones), emerge un grupo con muchísimo potencial, esperemos que la sociedad esté a su altura.

 Y para acabar, que una disfruta tanto que no ve pasar el tiempo en el reloj ¿Qué me diría si yo le digo a usted Czeslaw Milosz?

Diría que se trata de un gran poeta, así como un profesor, que recibió el premio Nobel de Literatura en 1980. Aunque nunca lo conocí, tuve la gran suerte de que coincidiera un texto mío con uno suyo, junto a textos de otros autores como Antonio Tabucchi. Para situarnos debo remontarme a algunos años atrás. Donde primero empecé a dar clases fue en la Facultà degli studi di Genova. Yo era lector de español. Esa estancia en Génova propició que cuando la ciudad de la Liguria fue, junto con Lille, capital de la cultura europea, en 2004, desde la universidad me propusieran una colaboración en el volumen que se tituló, Genova per noi. Testimonianze di scrittori contemporanei, donde cada colaborador aportaba su propuesta para mostrar su impresión, idea o recuerdo de su paso por la maravillosa Génova.


Ha sido un placer, Eugenio, leerle y saber algo más de usted. Una delicia “trotar” con usted desde este curioso y singular Gato. Le deseo lo mejor y por supuesto, ¡Mucha mierda!

Gracias





"...La adolescencia al fondo del patio
La juventud debajo de la mesa
La madurez que no se conoció
La vejez
con sus alas de insecto."

(Los Profesores, Nicanor Parra)



Una entrevista de Yolanda T. Villar

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

jueves, 2 de abril de 2015

ENTREVISTA CON...ÚNA FINGAL






“Ahora conoceréis todos
a los bardos y sus canciones.
Cuando las horas transcurran
cerraré mis ojos,
y en un mundo muy lejano
nos volveremos a ver de nuevo.
Pero ahora escucha mi canción
sobre el amanecer y la noche,
canta conmigo la canción del bardo.

El mañana nos llevará lejos de casa,
nadie sabrá jamás nuestros nombres
pero la canción del bardo permanecerá.
Mañana me marcharé lejos
y el miedo al hoy desaparecerá
esperando que vuelvan nuestras
mágicas canciones.
Hay una canción en mi mente,
la que cuenta la vida de un valiente hombre
que vivió lejos de aquí.
Las canciones de los bardos
se han acabado y es tiempo de marchar,
¡Que nadie pregunte por el nombre
de aquel que contó esas historias!
En mis pensamientos,
en mis sueños y en mi mente
están siempre esas canciones
sobre enanos, hombres y elfos…
¡Ven, cierra tus ojos
y también podrás verlos!”


(The song bards, In the forest. The Blind Guardian)









GATO TROTERO: En primer lugar, enhorabuena por su novela. Enhorabuena por ese I Premio de Narrativa de Playa de Ákaba y enhorabuena también −esta vez lo hago como lectora− por la novela en sí, una narración impecable y una historia tan atrayente de leer, como sin duda ha sido complicada de escribir, y me refiero con ello no solo al tema elegido si no a la forma de narrarlo para hacerlo “interesante” al público en general ¿Ha sido muy complicada Úna su escritura, o el recabar una información tan precisa y al mismo tiempo escribirla de tal forma que el lector sienta la curiosidad de seguir leyendo más? Tengo que reconocer que es lo que me pasó a mí, leído el primer capítulo, ya no podía dejarlo…


ÚF. Muchas gracias Yolanda por esta amable invitación a charlar con este maravilloso Gato Trotero, ¡es un honor!
Pues respondiendo a tu pregunta te diré que la cuestión en una novela de este tipo radica en el rigor a la hora de contrastar datos, no solo recabar información sino verificarla y documentarla constantemente, eso hace que la acción narrativa se vea interrumpida o detenida demasiado a menudo, pero la historia consigue fluir a pesar de todo, eso sí, con la tranquilidad de no dejar atrás errores que más adelante te la tirarían abajo.
Así se tarda el doble de tiempo en acabarla, pero merece la pena, en el oficio de escritor jamás hay que tener prisa.
En cuanto al tema de estilo debo confesarte que mi mayor preocupación ha sido y siempre es, construir una historia con todo el trasfondo y la profundidad dramática (vicio teatral) precisa y lo más atractiva posible, para que el lector se vea seducido sin remedio. Yo he de ser la primera en estarlo y quiero eso para mis lectores. Por ello la belleza de las formas es fundamental para mí, el texto debe ser hermoso, y cuidado, junto a la estética y ambientación, el uso del lenguaje del momento, formas y maneras, caracteres, y personalidades, todo ello a favor de la máxima verosimilitud de esa historia. Debe ser creíble por completo. Por ello, me esfuerzo al máximo y nunca estoy del todo satisfecha, hasta que algo en mi interior dice: ¡ahora!
Ciertamente esto se traduce en muchas horas de dedicación. Suelo escribir por la mañana, y repasar lo escrito por la tarde.



GT: Tengo que decirle, confesarle tal vez, que me sorprendió mucho el tema elegido para la novela; es decir, yo que he estudiado Historia y me considero una apasionada de la misma, siempre he pasado sin detenerme demasiado tiempo en la I Guerra Mundial, al menos no tanto como con la Segunda, de la cual leo, estudio y escribo todo lo que puedo y más. Sabemos la importancia que tuvo la I Guerra Mundial en el panorama social, político y financiero de Europa, como cambió el mapa de la misma tras su final, sin embargo, solemos centrarnos más en la Segunda Gran Guerra –cine, novelas, teatro, cómics, ensayos, documentales− ¿Qué cree usted, Úna, que nos estamos perdiendo con ese paso de puntillas por esta trascendental parte de la Historia? ¿Qué nos lleva, por general, a saltar de una
Gran Guerra a otra, como si la Segunda fuera la única? y sobre todo ¿Qué la empujó a usted a escribir sobre ella?


ÚF. Bien, la cuestión que plantea es muy interesante. A menudo hablamos mi esposo y yo sobre ello pues él, también se inclina por saber más sobre la Segunda Guerra Mundial. Es cierto, existe mucha más literatura, cine y estudios sobre la Segunda, quizás porque al ser más reciente y al estar la sociedad mucho más igualada y desarrollada ha sido mayor el número de personas, estudiosos o creadores que se han ocupado de ella.
Después está el hecho de que la Segunda solapa a la Primera de un modo natural porque otra vez vuelve a ser la misma confrontación entre países aliados y Alemania, a pesar de la variación en la estrategia y el desarrollo del armamento, más la barbaridad del Holocausto y el hecho impresionante de que está más cerca de nosotros y es natural empatizar con las gentes que la padecieron. Como en el caso de nuestra Guerra Civil, pilló a la generación de nuestros abuelos, ellos mismos nos han contado historias de viva voz, eso nos predispone de un modo natural a querer saber más.
En mi caso la Primera me ha interesado más porque desde siempre me ha afectado más, es una inclinación que no deja de sorprenderme a mí misma. Viene relacionada con la época y seré muy sincera, en la que me hubiese gustado vivir. Siento una gran debilidad por este punto de la historia que se balancea a mitad de las dos centurias, finales del XIX — principios del XX. Es superior a mí. Y siempre lo he querido saber todo respecto de él. La Gran Guerra tiene mucho que ver, pues además de acabar con el mundo conocido dio paso a otra revolución, vital: la cultural, cuyos máximos exponentes se encuentran en la música, la literatura, el arte, el teatro y el cine. Pusieron voz a la generación perdida, y le dieron ojos y oídos a todo el mundo. Y lograron que todo el mundo luchase por conseguir sus oportunidades.
Pero quien más me empujó a escribir sobre ella fue Olcán Finnegan. Hube de seguirle hasta la trinchera donde tuve miedo de meterme, pensaba que yo no iba a ser capaz de escribir sobre las trincheras, ni sobre nada bélico, jamás me lo había propuesto antes. Y hube de claudicar si quería explicar su historia. Y aquí me tienen.


GT:Y si me sorprendió la elección de dicha etapa histórica, lo hizo mucho más la de la Revolución Irlandesa, pues aparte de libros y películas extranjeras al respecto, hasta La Canción del Bardo no había leído nada sobre ello, “made in Spain” ¿Cuál de ellas fue su inspiración primera? ¿Una iba unida a la otra? ¿Surgió de manera premeditada o fue algo que vino después, cuando empezó a dar forma a la novela?


ÚF. Todo ocurrió de manera natural e imprevista. Es decir, ni siquiera me había planteado escribir sobre la Gran Guerra, mucho menos sobre la Revolución irlandesa, de entrada porque era una desconocedora absoluta sobre la materia. Poseía algún conocimiento en términos muy generales, y poco más. Pero desde que tengo uso de razón he sido una irlandesa emocional, es decir, siento un amor muy grande por Irlanda que se extiende a todo lo relacionado con ella, incluido el Viejo Oeste y sus primeros conquistadores, como no, irlandeses muchos de ellos. Mi primera novela fue “La última frontera”, escrita en 1994, y el nombre de su protagonista es Jess O’Flahertie, con más de un irlandés en el reparto.
Para “La canción del bardo”, todo estalló tras un viaje a Irlanda en el que fui siguiendo el rastro de mis amados escritores: Wilde, Joyce, Yeats, y regresé con esta historia y conmigo misma además. Es decir, fui buscando una cosa y regresé con otra. En casa de James Joyce encontré un libro abierto por la mitad sobre una mesa, contenía fotografías y una de ellas retrataba unos Voluntarios irlandeses en el Easter rising, agazapados tras la esquina de una tienda, disparaban sus fusiles. Fascinada y absorta, contemplé aquella fotografía durante mucho, mucho rato, me olvidé de lo que había ido a hacer allí y de todo y todo dejó de existir a mi alrededor salvo aquellos hombres y su historia. Tras esto dediqué el resto de mis vacaciones a conseguir cuantos libros pudiese sobre el tema, y regresé con la maleta repleta. Y ya en casa, contemplando la fotografía (que aparece en la cubierta) de O’Connel St, en llamas, supe cómo empezaba la novela.
Ciertamente, toda la documentación he debido conseguirla en Irlanda e Inglaterra, pues en España es prácticamente inexistente. No sucede así con la Gran Guerra.

GT: Novela histórica, novela de terror, misterio, intriga ¿Son sus novelas, Úna, como la vida misma, un compendio de géneros imposibles de separar unos de otros, como no se pueden separar los momentos que vivimos cada uno? ¿Hay algún género en el que se encuentre más cómoda como escritora que como lectora, o viceversa?

ÚF. ¡Me encanta esta pregunta! Dejando aparte a los escritores sacrosantos de mi altar particular, que son: Oscar Wilde, James Joyce, y William Butler Yeats. Como lectora me gusta todo. Siento una debilidad, sin embargo, por la novela victoriana, que incluiría a romántico — misteriosos como Wilkie Collins. La novela gótica, el terror y el terror contemporáneo, me proporcionan momentos muy placenteros. Y disfruto muchísimo con Agatha Christie y el género negro. El western leído no tiene desperdicio. Y no puedo renunciar a los clásicos, y los clásicos rusos, y los americanos, y los franceses. Y Federico García Lorca, que es otra de mis debilidades. Y los autores de teatro… Yo creo que hay un autor para cada época y momento de la vida, igual que con la música, y sería injusto hablar de unos y omitir a otros. La vida es más rica a cuanta más gente te acercas y disfrutar de la variedad nos ennoblece. Mientras sean capaces de conmover espíritus deben ser leídos.

GT: Cuando pienso en Úna Fingal, pienso en una escritora de carácter, no hablo de “mal genio” que supongo que lo tendrá en ocasiones, como todos, pienso en una mujer con las suficientes tablas en su haber como para escribir lo que le venga en gana, valientemente, sin marcarse límite alguno, y mucho menos barreras. Y esto me da pie –algo intencionado por mi parte, seguro que se me ha visto el plumero− en su experiencia en el Teatro, como empresaria y como actriz, ambas cosas que deben marcar y curtir la piel de una mente tan creativa e inquieta como la suya ¿Qué ha supuesto para usted su experiencia teatral a la hora de planificar una novela, es más fácil para una escritora que ha bebido del mundo de la interpretación, ponerse en el lugar de sus personajes, perfilarlos, darles forma, vida, sentirlos, empatizar con ellos? ¿No es al fin y al cabo una escritora cuando está sumida en su obra, una actriz metida en su papel?


ÚF. Yolanda, ante esta definición tan acertada que hace yo ya no tengo mucho más que añadir. Realmente en la literatura, me ha beneficiado mucho mi vida teatral. Yo le debo todo lo que soy al Teatro. Y es cierto que la creación de personajes desde el Método Stanislavsky, hasta el más puro teatro físico y de las emociones de Lecoq, me han influido mucho en la manera de trabajar, o construir diría yo, pues construyo una novela a partir del mismo método de construcción de un montaje teatral. Personajes, ambientación, estética, efectos, banda sonora, todo a favor de la historia. Siempre ha sido así desde que tengo uso de razón, cuando con cinco años fabricaba un escenario con una caja de zapatos y mediante una ranura en el techo, introducía y movía a los personajes de papel, claro. Por eso digo que soy contadora de historias.
Los narradores de la antigüedad, los bardos, debían actuar y personificar ante el público todos los personajes que salían en sus historias, así les daban alma y el público permanecía extasiado mientras duraba el relato. Así debemos hacerlo los narradores de hoy en día, para que el lector sea capaz de traspasar la frontera de papel. Es necesario darle alma al papel para que la vida de dentro se ponga en movimiento.

GT: Autora de novela, teatro, directora de escena, actriz, guionista, articulista, editora, poeta, hablar de Úna Fingal es hablar de creatividad y de Arte, dígame que ante un lienzo o una partitura tiene la misma destreza que ante un folio en blanco y digo a voz en grito que el hombre del Renacimiento ha muerto ¡Viva la Mujer del siglo XXI! ¿Qué sería de usted sin poder dar rienda suelta a su creatividad, existiría Úna Fingal de no poder hacerlo?


ÚF. Adoro la música, toco el piano y canto en una coral. Pero mis dibujos son impresentables. ¡Ja, ja, ja!
En serio, si no pudiese dar rienda suelta a mi creatividad, estaría muerta.

GT: ¿Quién es Úna Fingal en realidad, es un alter Ego o lo es Isabel Laso? ¿Por dónde se mueven una y otra? ¿Qué ocurre cuando se encuentran cara a cara, una frente a la otra? o por el contrario ¿Qué pasaría si no se miraran nunca a los ojos, en ese minuto frente al espejo que todos deberíamos tener? ¿Cuál de ellas bajaría antes la mirada ante la otra?

ÚF. Jajajaja, ¡me encanta esta pregunta! Isabel Laso hizo muchas cosas en su vida y acabó agotada, allí estaba Úna Fingal para tomar el relevo. Úna es joven y torrencial, pero escucha los sabios consejos de todo el mundo, incluida Isabel Laso. Cuando se encuentran cara a cara se sonríen y se guiñan el ojo, custodiando sus mutuos secretos. En el espejo se confiesan, y planifican, se entristecerían mucho si eso no ocurriese. Ninguna es dominante. Se respetan. De momento.

GT: Imaginemos que escribiera una novela que no solo pudiera ser llevada al cine, sino que además, con los retoques necesarios, pudiera ajustarla al teatro –evidentemente sin que perdiera su esencia− pero rizando el rizo aún más, sería un texto con el que pudiera enseñar a un grupo de estudiantes que la historia no tiene porqué ser aburrida, de hecho, no lo sería. Y no lo sería porque yo no he de imaginarme algo así, estoy convencida que si alguien pudiera hacerlo, sería usted,
Úna, imagine conmigo o asegúreme la certeza que creo tener, pero puesta a hacerla ¿Qué obra sería esa, de que podría tratar, ya existe y estoy haciendo spoiler? (risas)


ÚF. Los niños y los adolescentes son una pasada, si juegas con ellos pueden aprenderlo todo. “Don Quijote de la Mancha” por ejemplo, fue adaptada a musical en 1965 en Broadway, como “El hombre de la mancha”, con un éxito impresionante. O el caso de Jesucristo Superstar que convirtió a más jóvenes al cristianismo que la propia Iglesia. Jajaja.
Por mi parte una obra que me encantaría adaptar a musical sería “Yo Claudio”. O La Eneida, o Edipo, o Antígona. No sé, siempre existen infinitas maneras de sorprender al público, se trata de creer en el proyecto y meterse en él de pies y cabeza, y una vez dentro, poner toda la carne en el asador.

GT: Y sigamos imaginando aunque ojalá no tuviéramos que hacerlo ¿Llegará el día en que no habrá crisis ni gobierno que arremeta directamente contra nuestro amado mundo literario y todas sus connotaciones? ¿En verdad se tomarán menos copas algún día –digo menos, no ninguna− para destinar ese gasto a la compra de un libro? ¿Porqué no disfrutar de ambas cosa a la vez, sin tener que elegir? ¿Alguna vez comprenderemos que un libro nunca es un gasto que cae en saco roto, sino más bien una inversión con la que disfrutar, viajar, soñar, olvidar o recordar?


ÚF. Es difícil responder. Mientras nuestra sociedad esté divida en dos, claramente lectores o no lectores, la posibilidad de padecer gobiernos insensibles a la activación de la lectura y la cultura es real.
Sin embargo en las bibliotecas se trabaja incansablemente a favor de la activación a la lectura desde las edades más tempranas, la mayoría de municipios poseen programas destinados a este propósito.
Por el contrario la televisión y su desastrosa programación ejercen una influencia nefasta, que resta eficacia a lo anterior. Esta es una guerra titánica, donde la esperanza se reúne en el seno de los hogares, si los padres leen, los hijos leen. Todos debemos aportar nuestro grano de arena, por pequeño que sea, a favor del regalo más grande del que puede disfrutar la humanidad, la lectura, porque la lectura es la llave directa a la fantasía. Sin la fantasía, los humanos no somos nada.

GT: Sin tener que nombrar de nuevo la palabra imaginar –sino es ante un buen libro− ¿las nuevas generaciones vienen pisando fuerte literariamente, o todavía hay un sector importante de la juventud que no lee porque tarde o temprano la novela la llevarán al cine? Triste, pero hace tan solo unas horas he vuelto a escuchar este comentario entre unos adolescentes ¿Qué tiene que cambiar en este país para que la lectura y la escritura formen parte de nuestras vidas, para que ocupen el lugar que se merecen en la educación de nuestros niños?


ÚF. Lamentablemente cierto y real. En mi opinión debe cambiar todo. Absolutamente todo. Es preciso enseñar a la persona a amar los libros desde la más temprana edad. Desde el Jardín de infancia, jugando primero a crear y recrear historias, y utilizando la lectura más tarde para el mismo cometido. Hoy por hoy el problema es tan grave que muchísimos alumnos de Primaria y Secundaria, suspenden matemáticas porque no comprenden el enunciado de los problemas (explicado por maestros).
Hay que activar las ganas de aprender a leer desde los primeros momentos, no perder esa bella costumbre de acostar al niño leyéndole un cuento, o inventándolo, y olvidarse de la televisión canguro.

GT: Y como no tengo que imaginar ni soñar para saber que pronto nos deleitará con otra de sus obras, solo quiero preguntarle ¿Para cuándo? una mente inquieta como la suya no tardará en darnos nuevas inquietudes como lectores, y sin desvelar ni gafar nada ¿Qué podemos saber ya al respecto?


ÚF. Pues ahora mismo ya tengo comprometida la segunda entrega de Rebelde, cuyo título es “Salvaje y errante”, espero que para el próximo año ya se encuentre corriendo por las librerías.
Y en estos momentos, justo estoy acabando otra novela que no tiene nada que ver con la trilogía irlandesa. También de época, con mucho misterio y romance. Esta novela transcurre entre el Pirineo y Barcelona, en los años 20, Primera república española.
Y en cuanto la acabe empezaré con la tercera parte de Rebelde, ¡porque la gente ya la está pidiendo! De hecho su situación es la de Work in progress, fase de notas en libreta.

GT: Muchas gracias Úna, Isabel, por su tiempo y su talento, el primero nos ha permitido conocerla más y el segundo, disfrutar sin mirar el primero pasar en el reloj. Un placer, espero verla pronto de nuevo por aquí, si este Gato no le ha maullado demasiado alto.
Gracias.

ÚF. Gracias a usted Yolanda, y muchas y nunca suficientes, por su trabajo incansable y de tanta calidad en favor de la divulgación de la cultura, de los libros, y de sus respectivas génesis. Usted hace más atractiva la lectura y la vida. Todo mi apoyo y reconocimiento para una labor tan necesaria, e imprescindible. ¡Viva el Gato Trotero y que trote sin descanso! Y que maulle tanto como quiera porque siempre encontrará maullidos agradecidos en respuesta.










Una Entrevista de Yolanda T. Villar

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 17 de marzo de 2015

LA CANCIÓN DEL BARDO de Úna Fingal






Anoche tuve un extraño sueño. Más bien fue el  nebuloso recuerdo de una de mis vidas pasadas ¿Cuál de todas ellas? no llevo la cuenta; no me interesa saber cuántas he consumido ya y menos aún las que me quedan, prefiero concentrarme en esta que vivo y vivirla intensamente, por si acaso las matemáticas me llevaran pronto al resto cero. Quién sabe.

Caminábamos por un sendero entre altos árboles y frondosa vegetación Alan-a-Dale, Will Scarlet, Amergin, Homero y yo, íbamos rumbo al Fleadh Cheoil  más importante de la comarca, en donde nos reuniríamos con otros bardos de Ireland, incluso algunos llegaban de Escocia o de tierras tan lejanas como Escandinavia ¡Ah esos Skald aguerridos y fieros cual vikingos! y allí estábamos nosotros, Yo, el Bardo de largos bigotes, lengua ágil, corazón ligero y patas veloces, vestido de azul como mandaba la tradición, junto a los Druidas de blancas túnicas ¡Oh si, magníficos tiempos aquellos de ayer que vienen a mi mente hoy! y a pesar de ser considerados poetas de segunda categoría, siempre por detrás de aquellos estirados “Filid”, los de alta alcurnia y antiguo linaje, nosotros, los Bardos, los callejeros, los Troteros de corazón éramos tan felices como pájaros surcando los cielos.
Anoche tuve un extraño sueño. Volví a ser aquel espíritu libre con apenas peso en sus alforjas pero cargado su corazón de poemas, canciones y sátiras.  Un Bardo Trotero que aún guarda en su alma las enseñanzas del "Libro de Ballymote",  la biblia y alas de las almas inquietas que no se conforman con trotar por la tierra.

¿Fue un sueño, un recuerdo, o tal vez fue mi última lectura la que me transportó a tiempos y mundos pasados?...


LA CANCIÓN DEL BARDO de Úna Fingal

No sé muy bien por dónde empezar.  Cuando tuve el libro de Úna Fingal en mis manos sentí algo extraño que me costó definir hasta bien pasado el rato; me llamó la atención poderosamente su portada, la mirada irremediablemente se posaba sobre un precioso petirrojo con las alas abiertas que sobrevolaba una trinchera y como si de una flecha indicadora se tratase, sus patas me hicieron fijarme justamente en esa trinchera cuajada de cascos militares, como si trataran de proteger el anonimato de sus dueños ¿O tal vez esos cascos eran los que sumergían en el olvido a sus portadores? No puedo negar que estuve mirando atentamente esa portada durante largo, larguísimo rato ¿Entre tanta desolación había cabida para un pajarito de pecho rojo? En la contraportada continuaba la imagen de los soldados en plena guerra, ya sin el destello del  petirrojo, tan solo el fulgor de un cielo que se adivina surcado del fuego enemigo, y sobre los soldados y la desolación,  la consabida sinopsis, por supuesto.
 Aunque ya conocía algo del tema del que trataba el libro, lo justo para que atrajese mi atención y quisiera leerlo si o si, cuando llegué al final de la misma me dije ¿Qué sabes tú de esta época de la historia? ¿Qué conoces de la Primera Guerra Mundial y sobre todo de la Revolución Irlandesa? vale que estudié  Historia, pero tengo que reconocer que pasé bastante por encima de esta primera Gran Guerra pues no llamó demasiado mi atención y puse mi interés en otros momentos de la Historia ¿Y si el libro resultaba ser más bien un ensayo sobre dichos acontecimientos y no lograba entender nada si no tiraba de internet? Mi curiosidad es mi baluarte, lo ha sido siempre y había una idea que no me quitaba de la cabeza ¡Aprender, aprender, aprender! algo me decía que dentro iba a encontrar una historia que me haría ver las cosas de distinta manera, ese capítulo del libro de Historia en el que no reparé, ahora se me mostraba delante de mí desde otra perspectiva. La novela.

Y entonces supe qué era aquella sensación del principio que me costaba tanto definir. Excitación por lo desconocido. Ni más ni menos. Y comencé a leer…
El conocimiento y la investigación que sin duda llevó a cabo la autora para escribir la novela me dejaron desde el principio fascinada; datos históricos que no lo parecían, clases de geografía que aún lo parecían menos, y unos hechos que al ser novelados, restan brutalidad para dejarnos lo bastante interesados en ellos sin dañar susceptibilidades, aunque en mi caso concreto, la Historia hay que mirarla hoy con los ojos de ayer, para entender lo que supuso en su momento y como nos  afectan ahora aquellos hechos ¿conocerla para no repetirla? el ser humano es incapaz de aprender en cabeza ajena, y conformen desaparecen dichas cabezas sufrientes, las que vendrán muy a pesar de la sensatez, lo repetirán. Y esa es otra de las cosas que me han tenido pegada a las páginas de La Canción del Bardo, la perfecta conjunción de Historia y novela, pues Úna Fingal ha conseguido novelar la historia sin escribir novela histórica ¿Contradicción? ¡En absoluto, maestría si, toda! historia, intriga, drama, gotas de comedia, romanticismo y poesía. Y todo ello escrito con un estilo depurado, sencillo  cuando la ocasión lo requería y una de las cosas que más me han gustado de la narración es esa naturalidad de la autora para retraernos a principios de siglo en una Irlanda que rompía sus cadenas y pugnaba por mantener su identidad y su idioma propio ¡Es tan visual que es imposible mantenerse distante a cada descripción, cada escena, cada diálogo, es formar parte de los hechos, como si de una película se tratase!

“En plena Revolución Irlandesa, año 1916, en Dublín, Olcán Finnegan, su tío Daniel y sus compañeros Pearse y Seán luchan para proteger su legado como pueblo, como nación, una lucha que va más allá de idealismos, nacionalismos, creencias e ideologías, es una lucha por su propia Identidad como seres humanos libres al que ninguna otra nación ni pensamiento, tiene derecho a subyugar ni a someter. Si la dureza de una guerra no fuera suficiente, el protagonista se ve inmerso en la barbarie de la Primera Gran Guerra, en la que no luchar no era una opción, si no una imposición que como el mismo protagonista descubrirá, no lo fue de un gobierno, sino del propio Destino, que golpea cruelmente tantas veces como se lo propone, sin que el hombre pueda ni tan siquiera reaccionar a sus embistes.
Una narración exquisita y trepidante, que nos sumerge en la intriga y la aventura tanto como nos enseña el drama humano en su versión más cruenta, la de la guerra de hombres contra hombres.
 Un final que nos deja sin respiración, justo colofón a una historia que quita el sentido.”


No puedo añadir más que La Canción del Bardo es además de un grato descubrimiento en todos los aspectos, un deleite para los lectores que necesitamos, queremos, pedimos mucho más a una novela con tintes históricos…que no nos aburramos leyendo páginas y páginas vacías y reiterativas.
 ¿Recordáis esa sensación de la que os hablaba unos párrafos arriba? pues ya no hay duda de lo que era, es.  Es la maravillosa sensación de aprender y disfrutar a partes iguales. Tanto, que con vuestro permiso y con ganas de mucho más, abordo a Úna  Fingal y le pido encarecidamente ¡Más, más, más! sigue mostrándonos  de manera tan clara y hermosa, lo que pasó fuera de nuestros ojos y que tanto nos costaría ver sin una pluma magistral que nos enseñe de tan atrayente manera, lo que fue y olvidamos. En esta su primera novela, de la trilogía Irlandesa Úna, Isabel Laso ha dejado claro que en el mundo literario, todavía queda mucho por descubrir y descubrirnos.







LA CANCIÓN DEL BARDO
Úna Fingal

Editorial Playa de Ákaba

ISBN: 978-84-16216-52-9






Puedes adquirirlo, aquí




Una reseña de Yolanda T. Villar


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

jueves, 19 de febrero de 2015

ENTREVISTA CON... Eva María Medina







¿Te acuerdas de la vida, la otra vida
de pasos espantados, de los huesos
de aquel ciprés creciendo con nosotros?
¡Cuán niños en la niebla de otros reinos!
Volver a aquella edad, reír a costa
de nuestro susto en tantos cementerios.
Hallar morada en boca de aquel lobo,
que aquella nana de imposibles cuentos,
para dormir, a veces, nos contaba.
Las flores de los vivos y los muertos
en mis costillas crecen. Al rugir
el árbol del adiós, con sus pañuelos,
el último paseo me propongo.
Yo sudo. Llena estoy de rojo duelo.
La luz del pueblo apaga los crepúsculos
y por sus puertas entra el universo.

(La Otra Vida, de Delfina Acosta)



GATO TROTERO;  Bienvenida al Gato Trotero Eva María, ya tenía ganas de sentarme tranquilamente a hablar con usted, y es que desde que he leído su novela me apetecía mucho un rato a solas las dos, tengo mil preguntas rondando por mi cabeza; pero antes quiero darle la enhorabuena por esta su Ópera Prima, es realmente impresionante. Con impresionante me refiero a muchas cosas, pero si le parece para comenzar por el principio debo preguntarle por el tema de la misma. La Esquizofrenia. No es un tema habitual, y pocas veces es llevado con maestría pues son muchos los estereotipos en los que se cae al tratar esta enfermedad, y los personajes de muchas novelas acaban convertidos en bufones. Y no es justo, sobre todo para aquellos que padecen este trastorno. ¿Por qué este tema para su primera novela, no le pareció en algún momento que era demasiado arriesgado darse a conocer tratando este asunto?

EVA MEDINA:Es un placer contestar a tus preguntas, Yolanda, agradezco el entusiasmo con el que has leído mi libro. ¿Por qué la locura como tema para mi primera novela? No recuerdo dónde leí que los temas, las historias eligen al autor, y no al contrario. En la escritura el inconsciente juega un papel relevante, llevándonos por caminos que nunca pensaríamos que transitaríamos. A mí este tema siempre me había interesado, muchos de mis relatos —como «Tan frágil como una hormiga seca» y «Ser el otro»— comparten esta misma obsesión. A medida que fui adentrándome en el proyecto, advertí que a la dificultad de aprender a escribir una novela se añadía la complejidad de narrar desde una mente perturbada en primera persona e intentar hacerlo verosímil. Sí, me di cuenta de la «locura» que estaba haciendo, pero mi carácter obsesivo y luchador no me permitió desistir.


 Permítame que siga con las acepciones de la palabra Impresionante cuando hablo de su novela. Impresiona y mucho una Licenciada en Filología Inglesa, que demuestra tener unos conocimientos tan exhaustivos sobre la Esquizofrenia ¿Años de estudio, curiosidad, tal vez una profesión frustrada? Espero que no, o al menos la pueda compaginar con la escritura, pues ahora que la hemos descubierto no la vamos a dejar marchar así como así, pero ¿Qué la llevó a dar el salto y estrenarse como novelista tratando un tema tan peliagudo y complicado?

      Quizá las tres cosas, curiosidad, años de estudio, y tal vez, una profesión frustrada, quién sabe. El salto me lo llevó a dar mi propio interés por el tema. La locura siempre me ha interesado, preocupándome esa línea tan fina que existe entre cordura y locura, lo fácil que es traspasarla y verse al otro lado. Me inquieta el sufrimiento de los enfermos mentales, el rechazo social, lo difícil que es la convivencia con ellos, el ostracismo al que la propia enfermedad y la sociedad los retrae, la frustración del que quiere ayudar y no sabe cómo… Quería ponerme en la piel de un esquizofrénico, hacerme las preguntas desde dentro del personaje, y contestarlas, o intentar hacerlo, dejando puertas abiertas para que el lector libremente las cruzase.


 E impresionante es la manera en la que ha tratado el tema, sobre todo al hacerlo palpable en la figura del protagonista de Relojes Muertos, Gonzalo Márquez; primero por elegir a un hombre como personaje principal, el lector casi siempre tiene la idea de que una escritora se mueve mejor entre personajes femeninos y un escritor entre masculinos, por regla general. Pero luego hay casos como este suyo, una mujer con un dominio absoluto del personaje masculino que lleva el peso de la novela ¿Fue casual, surgió sin más o la elección de Gonzalo como protagonista fue premeditada? ¿Qué fue antes, el personaje o la idea de la novela? Un autor me comentó hace poco que no puede escribir una historia si no tiene claro quién la va a protagonizar ¿Es su caso o por el contrario la historia es la que hace al personaje?

     No creo que haya nada casual en la escritura, elegí a un hombre como personaje principal porque me interesa investigar aquello que no soy. La escritura tiene mucho que ver con la interpretación, un oficio que siempre he admirado. Quizá esta profesión frustrada me llevó a la escritura como vehículo para meterme en la piel de distintos personajes. En Un cuarto propio Virginia Woolf considera que para que el arte de la creación pueda plasmarse con plenitud, la mente del escritor debe ser andrógina, y no puedo estar más de acuerdo con ella cuando escribe:
«Quizá Coleridge se refería a esto cuando dijo que las grandes mentes son andróginas. Cuando se efectúa esta fusión es cuando la mente queda fertilizada por completo y utiliza todas sus facultades. Quizás una mente puramente masculina no pueda crear, pensé, ni tampoco una mente puramente femenina. Pero convenía averiguar qué entendía uno por “hombre con algo de mujer” y por “mujer con algo de hombre” hojeando un par de libros. (...) Coleridge quiso decir quizá que la mente andrógina es sonora y porosa; que transmite la emoción sin obstáculos; que es creadora por naturaleza, incandescente e indivisa».
Respecto a tu última pregunta, ¿es la historia la que hace al personaje, o el personaje a la historia?, considero que son los personajes los que hacen la historia, los que dirigen la trama creando una atmósfera concreta, y el lector, cuando se identifica con ellos, vive esa ficción que el escritor ha creado.


  Su novela no deja indiferente al lector. Imposible. Como lectora he pasado por diferentes estados al leerla, y eso me parece un punto a su favor, pues una historia plana que no es capaz de despertar en quien la lee ningún o casi ningún estado emocional, está avocada a un estrepitoso fracaso, que en el caso de una novela es cerrarla y dejarla sin acabar. Con Relojes muertos eso es impensable, le cuento lo que me ha pasado con ella. Empecé algo escéptica, no sabía muy bien a qué atenerme tras leer el maravilloso prólogo de Juan Manuel de Prada. Y entonces no puedo dejar de preguntarle a usted Eva María ¿Fue usted la primera sorprendida por la visión del gran Prada de su novela, lo esperaba tal vez?

      Cuando Noemí Trujillo, editora de Playa de Ákaba, me comunicó que me publicarían la novela, le pedí a Juan Manuel de Prada —quien ya la había leído y le había gustado mucho, comentándome que la inmersión que hacía en los laberintos de la locura era en verdad prodigiosa, y que había creado un personaje memorable de verdad— que me
escribiese el prólogo. No solo aceptó sino que además me escribió un magnífico prólogo (poético, profundo, inteligente) mostrando gran entusiasmo y cariño, haciendo una disección de los personajes más relevantes, de la atmósfera de la novela y su significado ulterior.
La verdad es que me sorprendió mucho —si me lo hubieran contado años atrás no lo hubiese creído— que un gran escritor como Juan Manuel de Prada escribiese ese prólogo tan generoso a mi primera novela. Me siento muy afortunada.


 Tras el escepticismo llegó la curiosidad pura y dura. Los primeros capítulos eran un cúmulo de preguntas, de dudas, de confusión incluso ¿En qué plano me estoy moviendo, quiero decir, se mueve Gonzalo? Y creo que ese fue el detonante para ya no poder dejar de leer. La empatía con el personaje, sentir lo que sentía, comprenderle cada vez mejor, o al menos intentarlo, querer ponerse en su pellejo…Esto es maestría en la escritura, conseguir que el lector se vea atrapado por la historia y forme parte de ella ¿Cómo se consigue, Eva María, meterse en la piel de un personaje tan complejo y lograr que parezca una persona normal y corriente? ¿El lenguaje, la sencillez y normalidad con la que se trata el tema, el dejarse llevar? ¿Cómo logró esa simbiosis?

     Cuando le preguntaron a William Faulkner cómo se llegaba a ser un buen novelista afirmó: «99% de talento, 99% disciplina, 99% trabajo. Nunca debe estar satisfecho con lo que hace. No preocuparse en ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Debe tratar de ser mejor que usted mismo». Yo no podría expresarlo mejor.


 Y llegamos al Vértigo total. Una auténtica locura. Dejar de leer imposible, sentirse incluso mareada con la sucesión vertiginosa de los hechos, no querer saber el final aún pero necesitara saber como acaba todo ¿El volvernos a todos un poco locos formaba parte de la historia, o acaso se trataba de una estrategia de marketing? (risas) Que bien llevada en todo momento la historia Eva María, de principio a fin, que bien llevada.

     El escritor tiene que intentar que el lector recorra la novela identificándose con los personajes. En Relojes muertos el narrador es Gonzalo, un esquizofrénico que nos cuenta su historia en primera persona, por lo que ese vértigo es inevitable.

En un mundo como este en el que nos ha tocado vivir ¿Hemos de estar un poco locos para poder sobrellevar los envites de esta azarosa vida nuestra? ¿Somos capaces, en pleno siglo XXI de dejar de lado los prejuicios sobre los trastornos emocionales, psicológicos, o siguen dándonos tanto miedo como hace siglos?

     Quizá la línea que separa cordura y locura no esté tan bien delimitada, y haya ciertas filtraciones. Aunque considero que la sociedad es consciente de su realidad, veo difícil que se resuelvan las situaciones marginales y de exclusión social, ya que parten del propio individuo; muchas veces por egoísmo, y otras por miedo a lo que desconocemos, por no saber cómo ayudar.
El psiquiatra y ensayista Fernando Colina nos explica en su libro Sobre la locura:
«La locura amedrenta, provoca temor. Esto es un hecho incuestionable. Probablemente suceda porque encarna lo otro, lo diferente. También porque los psicóticos representan lo imprevisible y desconocido. Nos acercamos a hablarles sin saber bien cómo son por dentro ni qué lógica gobierna su comportamiento o guía sus decisiones. (…) Los locos se convierten fácilmente en un peligro porque nos confrontan con las raíces de nuestra debilidad. Nos recuerdan el desamparo que acompaña a la infancia, el desvalimiento absoluto en que nacemos y el peligro que encarna el otro en todas las circunstancias. La asunción de la soledad y del enemigo se hace más viva que nunca cuando escuchamos a un psicótico.»


 Relojes muertos. Un tiempo parado que no puede conducir a futuro alguno…¿Qué nos asusta más, en su caso Eva María, que da más vértigo, el pasado o el futuro? ¿Dónde queda el presente entonces?

     A mí me asusta más el porvenir, porque el pasado —si no ha sido tan desgarrador que te deje anclado en ese tiempo— puedes, en la medida de lo posible, lidiar con él. El futuro genera mucha ansiedad, lo mejor es vivir el presente, porque además es lo único que tenemos, pero cuesta tanto y es tan efímero…

 Antes de sorprendernos con esta novela, ya lo hizo anteriormente con varios libros de relatos, ya siendo autora única o coautora ¿Es una escuela en si para una novelista, el forjarse anteriormente en cuentos?

     Yo creo que depende de cada autor, hay escritores que solo escriben relatos, otros empiezan escribiendo cuentos y luego novelas. Quizá sea más fácil comenzar a escribir relatos por ser un género más breve, e ir adquiriendo un dominio mayor del material narrativo (el ritmo, la construcción de escenas, caracterización de personajes, la atmósfera, el tono…), pero sin olvidar las diferencias entre estos dos géneros literarios. Mientras que el cuento actúa por condensación, la novela procede por acumulación. El rasgo principal del relato es la intensidad. La novela acepta digresiones y estas pueden ser su sustancia. Una novela admite la creación de atmósferas muy diversas, no así el cuento que debe tener su propia atmósfera.


 También ha obtenido diferentes premios literarios. Hay quien piensa que hoy en día estos ya no son lo que eran, quien dice incluso que sirven de poco o muy poco —yo particularmente creo y confío en ellos, pese a quien pese— que hay mucha paja entre el grano o sencillamente, que se los reparten entre unos cuantos. ¿Qué opinión tiene usted al respecto? ¿Cambiaría algo, de poder hacerlo?

     No confío mucho en los premios literarios, en la mayoría de los casos estos están pactados de antemano, con muy pocas excepciones. Y si hablamos de los premios más prestigiosos, las posibilidades de ganarlos son mínimas. Claro que cambiaría esto, si pudiera, pero soy bastante escéptica al respecto.

 Cuando imaginaba con ser escritora, si es que lo imaginó alguna vez, ¿esperaba que sería así? ¿La lucha ha sido demasiado dura hasta conseguirlo? ¿Qué es lo que más le ha gustado de llegar hasta aquí y qué no le ha gustado tanto?

      Nunca me imaginé que sería escritora, todavía no sé si realmente lo soy, porque considero que el oficio de escritor —como cualquier otro oficio— es algo muy serio que requiere mucho trabajo, mucha experiencia. El escritor se va curtiendo con cada escrito, con cada proyecto, y yo acabo de empezar. La lucha fue y será dura, porque esta es una carrera de fondo en la que, si quieres triunfar —y no me refiero al reconocimiento externo sino al interno—, tienes que dar lo mejor de ti mismo, relegar muchas cosas para dedicarte con intensidad a este oficio.
Lo que más me ha gustado es el descubrimiento que haces cuando escribes —tus miedos, tus anhelos más íntimos, esa imaginación que pensabas que no tenías, la creatividad…—, el enriquecimiento que este oficio te da, y esa apertura de parcelas de tu yo que, si no escribieras, estarían cerradas.
Lo que menos me gusta es todo aquello que te aleja del acto de escribir.

 Ya solo me queda decirle que ha sido un placer inmenso descubrirla, conocerla y disfrutarla. Sé que ya está su segunda novela casi ultimada, Asesinos de Palomas, sin desvelar nada ni tentar a la suerte, que no está el mercado literario como para jugársela ¿Qué nos puede contar al respecto?

     Que disfruté muchísimo al escribirla, es una novela corta donde la trama fluía a medida que la iba escribiendo, y espero que, cuando se publique, los lectores también disfruten con ella.



Que los éxitos le sigan acompañando Eva María, y que nosotros lo veamos y leamos. Y quien sabe, tal vez una próxima novela vaya sobre una escritora pelirroja, algo inestable emocionalmente y que tiene en su gato su alter ego…¿Se imagina la trama? (risas)

Gracias, muchas gracias y hasta pronto. 











Una entrevista de Yolanda T. Villar

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