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jueves, 2 de abril de 2015

ENTREVISTA CON...ÚNA FINGAL






“Ahora conoceréis todos
a los bardos y sus canciones.
Cuando las horas transcurran
cerraré mis ojos,
y en un mundo muy lejano
nos volveremos a ver de nuevo.
Pero ahora escucha mi canción
sobre el amanecer y la noche,
canta conmigo la canción del bardo.

El mañana nos llevará lejos de casa,
nadie sabrá jamás nuestros nombres
pero la canción del bardo permanecerá.
Mañana me marcharé lejos
y el miedo al hoy desaparecerá
esperando que vuelvan nuestras
mágicas canciones.
Hay una canción en mi mente,
la que cuenta la vida de un valiente hombre
que vivió lejos de aquí.
Las canciones de los bardos
se han acabado y es tiempo de marchar,
¡Que nadie pregunte por el nombre
de aquel que contó esas historias!
En mis pensamientos,
en mis sueños y en mi mente
están siempre esas canciones
sobre enanos, hombres y elfos…
¡Ven, cierra tus ojos
y también podrás verlos!”


(The song bards, In the forest. The Blind Guardian)









GATO TROTERO: En primer lugar, enhorabuena por su novela. Enhorabuena por ese I Premio de Narrativa de Playa de Ákaba y enhorabuena también −esta vez lo hago como lectora− por la novela en sí, una narración impecable y una historia tan atrayente de leer, como sin duda ha sido complicada de escribir, y me refiero con ello no solo al tema elegido si no a la forma de narrarlo para hacerlo “interesante” al público en general ¿Ha sido muy complicada Úna su escritura, o el recabar una información tan precisa y al mismo tiempo escribirla de tal forma que el lector sienta la curiosidad de seguir leyendo más? Tengo que reconocer que es lo que me pasó a mí, leído el primer capítulo, ya no podía dejarlo…


ÚF. Muchas gracias Yolanda por esta amable invitación a charlar con este maravilloso Gato Trotero, ¡es un honor!
Pues respondiendo a tu pregunta te diré que la cuestión en una novela de este tipo radica en el rigor a la hora de contrastar datos, no solo recabar información sino verificarla y documentarla constantemente, eso hace que la acción narrativa se vea interrumpida o detenida demasiado a menudo, pero la historia consigue fluir a pesar de todo, eso sí, con la tranquilidad de no dejar atrás errores que más adelante te la tirarían abajo.
Así se tarda el doble de tiempo en acabarla, pero merece la pena, en el oficio de escritor jamás hay que tener prisa.
En cuanto al tema de estilo debo confesarte que mi mayor preocupación ha sido y siempre es, construir una historia con todo el trasfondo y la profundidad dramática (vicio teatral) precisa y lo más atractiva posible, para que el lector se vea seducido sin remedio. Yo he de ser la primera en estarlo y quiero eso para mis lectores. Por ello la belleza de las formas es fundamental para mí, el texto debe ser hermoso, y cuidado, junto a la estética y ambientación, el uso del lenguaje del momento, formas y maneras, caracteres, y personalidades, todo ello a favor de la máxima verosimilitud de esa historia. Debe ser creíble por completo. Por ello, me esfuerzo al máximo y nunca estoy del todo satisfecha, hasta que algo en mi interior dice: ¡ahora!
Ciertamente esto se traduce en muchas horas de dedicación. Suelo escribir por la mañana, y repasar lo escrito por la tarde.



GT: Tengo que decirle, confesarle tal vez, que me sorprendió mucho el tema elegido para la novela; es decir, yo que he estudiado Historia y me considero una apasionada de la misma, siempre he pasado sin detenerme demasiado tiempo en la I Guerra Mundial, al menos no tanto como con la Segunda, de la cual leo, estudio y escribo todo lo que puedo y más. Sabemos la importancia que tuvo la I Guerra Mundial en el panorama social, político y financiero de Europa, como cambió el mapa de la misma tras su final, sin embargo, solemos centrarnos más en la Segunda Gran Guerra –cine, novelas, teatro, cómics, ensayos, documentales− ¿Qué cree usted, Úna, que nos estamos perdiendo con ese paso de puntillas por esta trascendental parte de la Historia? ¿Qué nos lleva, por general, a saltar de una
Gran Guerra a otra, como si la Segunda fuera la única? y sobre todo ¿Qué la empujó a usted a escribir sobre ella?


ÚF. Bien, la cuestión que plantea es muy interesante. A menudo hablamos mi esposo y yo sobre ello pues él, también se inclina por saber más sobre la Segunda Guerra Mundial. Es cierto, existe mucha más literatura, cine y estudios sobre la Segunda, quizás porque al ser más reciente y al estar la sociedad mucho más igualada y desarrollada ha sido mayor el número de personas, estudiosos o creadores que se han ocupado de ella.
Después está el hecho de que la Segunda solapa a la Primera de un modo natural porque otra vez vuelve a ser la misma confrontación entre países aliados y Alemania, a pesar de la variación en la estrategia y el desarrollo del armamento, más la barbaridad del Holocausto y el hecho impresionante de que está más cerca de nosotros y es natural empatizar con las gentes que la padecieron. Como en el caso de nuestra Guerra Civil, pilló a la generación de nuestros abuelos, ellos mismos nos han contado historias de viva voz, eso nos predispone de un modo natural a querer saber más.
En mi caso la Primera me ha interesado más porque desde siempre me ha afectado más, es una inclinación que no deja de sorprenderme a mí misma. Viene relacionada con la época y seré muy sincera, en la que me hubiese gustado vivir. Siento una gran debilidad por este punto de la historia que se balancea a mitad de las dos centurias, finales del XIX — principios del XX. Es superior a mí. Y siempre lo he querido saber todo respecto de él. La Gran Guerra tiene mucho que ver, pues además de acabar con el mundo conocido dio paso a otra revolución, vital: la cultural, cuyos máximos exponentes se encuentran en la música, la literatura, el arte, el teatro y el cine. Pusieron voz a la generación perdida, y le dieron ojos y oídos a todo el mundo. Y lograron que todo el mundo luchase por conseguir sus oportunidades.
Pero quien más me empujó a escribir sobre ella fue Olcán Finnegan. Hube de seguirle hasta la trinchera donde tuve miedo de meterme, pensaba que yo no iba a ser capaz de escribir sobre las trincheras, ni sobre nada bélico, jamás me lo había propuesto antes. Y hube de claudicar si quería explicar su historia. Y aquí me tienen.


GT:Y si me sorprendió la elección de dicha etapa histórica, lo hizo mucho más la de la Revolución Irlandesa, pues aparte de libros y películas extranjeras al respecto, hasta La Canción del Bardo no había leído nada sobre ello, “made in Spain” ¿Cuál de ellas fue su inspiración primera? ¿Una iba unida a la otra? ¿Surgió de manera premeditada o fue algo que vino después, cuando empezó a dar forma a la novela?


ÚF. Todo ocurrió de manera natural e imprevista. Es decir, ni siquiera me había planteado escribir sobre la Gran Guerra, mucho menos sobre la Revolución irlandesa, de entrada porque era una desconocedora absoluta sobre la materia. Poseía algún conocimiento en términos muy generales, y poco más. Pero desde que tengo uso de razón he sido una irlandesa emocional, es decir, siento un amor muy grande por Irlanda que se extiende a todo lo relacionado con ella, incluido el Viejo Oeste y sus primeros conquistadores, como no, irlandeses muchos de ellos. Mi primera novela fue “La última frontera”, escrita en 1994, y el nombre de su protagonista es Jess O’Flahertie, con más de un irlandés en el reparto.
Para “La canción del bardo”, todo estalló tras un viaje a Irlanda en el que fui siguiendo el rastro de mis amados escritores: Wilde, Joyce, Yeats, y regresé con esta historia y conmigo misma además. Es decir, fui buscando una cosa y regresé con otra. En casa de James Joyce encontré un libro abierto por la mitad sobre una mesa, contenía fotografías y una de ellas retrataba unos Voluntarios irlandeses en el Easter rising, agazapados tras la esquina de una tienda, disparaban sus fusiles. Fascinada y absorta, contemplé aquella fotografía durante mucho, mucho rato, me olvidé de lo que había ido a hacer allí y de todo y todo dejó de existir a mi alrededor salvo aquellos hombres y su historia. Tras esto dediqué el resto de mis vacaciones a conseguir cuantos libros pudiese sobre el tema, y regresé con la maleta repleta. Y ya en casa, contemplando la fotografía (que aparece en la cubierta) de O’Connel St, en llamas, supe cómo empezaba la novela.
Ciertamente, toda la documentación he debido conseguirla en Irlanda e Inglaterra, pues en España es prácticamente inexistente. No sucede así con la Gran Guerra.

GT: Novela histórica, novela de terror, misterio, intriga ¿Son sus novelas, Úna, como la vida misma, un compendio de géneros imposibles de separar unos de otros, como no se pueden separar los momentos que vivimos cada uno? ¿Hay algún género en el que se encuentre más cómoda como escritora que como lectora, o viceversa?

ÚF. ¡Me encanta esta pregunta! Dejando aparte a los escritores sacrosantos de mi altar particular, que son: Oscar Wilde, James Joyce, y William Butler Yeats. Como lectora me gusta todo. Siento una debilidad, sin embargo, por la novela victoriana, que incluiría a romántico — misteriosos como Wilkie Collins. La novela gótica, el terror y el terror contemporáneo, me proporcionan momentos muy placenteros. Y disfruto muchísimo con Agatha Christie y el género negro. El western leído no tiene desperdicio. Y no puedo renunciar a los clásicos, y los clásicos rusos, y los americanos, y los franceses. Y Federico García Lorca, que es otra de mis debilidades. Y los autores de teatro… Yo creo que hay un autor para cada época y momento de la vida, igual que con la música, y sería injusto hablar de unos y omitir a otros. La vida es más rica a cuanta más gente te acercas y disfrutar de la variedad nos ennoblece. Mientras sean capaces de conmover espíritus deben ser leídos.

GT: Cuando pienso en Úna Fingal, pienso en una escritora de carácter, no hablo de “mal genio” que supongo que lo tendrá en ocasiones, como todos, pienso en una mujer con las suficientes tablas en su haber como para escribir lo que le venga en gana, valientemente, sin marcarse límite alguno, y mucho menos barreras. Y esto me da pie –algo intencionado por mi parte, seguro que se me ha visto el plumero− en su experiencia en el Teatro, como empresaria y como actriz, ambas cosas que deben marcar y curtir la piel de una mente tan creativa e inquieta como la suya ¿Qué ha supuesto para usted su experiencia teatral a la hora de planificar una novela, es más fácil para una escritora que ha bebido del mundo de la interpretación, ponerse en el lugar de sus personajes, perfilarlos, darles forma, vida, sentirlos, empatizar con ellos? ¿No es al fin y al cabo una escritora cuando está sumida en su obra, una actriz metida en su papel?


ÚF. Yolanda, ante esta definición tan acertada que hace yo ya no tengo mucho más que añadir. Realmente en la literatura, me ha beneficiado mucho mi vida teatral. Yo le debo todo lo que soy al Teatro. Y es cierto que la creación de personajes desde el Método Stanislavsky, hasta el más puro teatro físico y de las emociones de Lecoq, me han influido mucho en la manera de trabajar, o construir diría yo, pues construyo una novela a partir del mismo método de construcción de un montaje teatral. Personajes, ambientación, estética, efectos, banda sonora, todo a favor de la historia. Siempre ha sido así desde que tengo uso de razón, cuando con cinco años fabricaba un escenario con una caja de zapatos y mediante una ranura en el techo, introducía y movía a los personajes de papel, claro. Por eso digo que soy contadora de historias.
Los narradores de la antigüedad, los bardos, debían actuar y personificar ante el público todos los personajes que salían en sus historias, así les daban alma y el público permanecía extasiado mientras duraba el relato. Así debemos hacerlo los narradores de hoy en día, para que el lector sea capaz de traspasar la frontera de papel. Es necesario darle alma al papel para que la vida de dentro se ponga en movimiento.

GT: Autora de novela, teatro, directora de escena, actriz, guionista, articulista, editora, poeta, hablar de Úna Fingal es hablar de creatividad y de Arte, dígame que ante un lienzo o una partitura tiene la misma destreza que ante un folio en blanco y digo a voz en grito que el hombre del Renacimiento ha muerto ¡Viva la Mujer del siglo XXI! ¿Qué sería de usted sin poder dar rienda suelta a su creatividad, existiría Úna Fingal de no poder hacerlo?


ÚF. Adoro la música, toco el piano y canto en una coral. Pero mis dibujos son impresentables. ¡Ja, ja, ja!
En serio, si no pudiese dar rienda suelta a mi creatividad, estaría muerta.

GT: ¿Quién es Úna Fingal en realidad, es un alter Ego o lo es Isabel Laso? ¿Por dónde se mueven una y otra? ¿Qué ocurre cuando se encuentran cara a cara, una frente a la otra? o por el contrario ¿Qué pasaría si no se miraran nunca a los ojos, en ese minuto frente al espejo que todos deberíamos tener? ¿Cuál de ellas bajaría antes la mirada ante la otra?

ÚF. Jajajaja, ¡me encanta esta pregunta! Isabel Laso hizo muchas cosas en su vida y acabó agotada, allí estaba Úna Fingal para tomar el relevo. Úna es joven y torrencial, pero escucha los sabios consejos de todo el mundo, incluida Isabel Laso. Cuando se encuentran cara a cara se sonríen y se guiñan el ojo, custodiando sus mutuos secretos. En el espejo se confiesan, y planifican, se entristecerían mucho si eso no ocurriese. Ninguna es dominante. Se respetan. De momento.

GT: Imaginemos que escribiera una novela que no solo pudiera ser llevada al cine, sino que además, con los retoques necesarios, pudiera ajustarla al teatro –evidentemente sin que perdiera su esencia− pero rizando el rizo aún más, sería un texto con el que pudiera enseñar a un grupo de estudiantes que la historia no tiene porqué ser aburrida, de hecho, no lo sería. Y no lo sería porque yo no he de imaginarme algo así, estoy convencida que si alguien pudiera hacerlo, sería usted,
Úna, imagine conmigo o asegúreme la certeza que creo tener, pero puesta a hacerla ¿Qué obra sería esa, de que podría tratar, ya existe y estoy haciendo spoiler? (risas)


ÚF. Los niños y los adolescentes son una pasada, si juegas con ellos pueden aprenderlo todo. “Don Quijote de la Mancha” por ejemplo, fue adaptada a musical en 1965 en Broadway, como “El hombre de la mancha”, con un éxito impresionante. O el caso de Jesucristo Superstar que convirtió a más jóvenes al cristianismo que la propia Iglesia. Jajaja.
Por mi parte una obra que me encantaría adaptar a musical sería “Yo Claudio”. O La Eneida, o Edipo, o Antígona. No sé, siempre existen infinitas maneras de sorprender al público, se trata de creer en el proyecto y meterse en él de pies y cabeza, y una vez dentro, poner toda la carne en el asador.

GT: Y sigamos imaginando aunque ojalá no tuviéramos que hacerlo ¿Llegará el día en que no habrá crisis ni gobierno que arremeta directamente contra nuestro amado mundo literario y todas sus connotaciones? ¿En verdad se tomarán menos copas algún día –digo menos, no ninguna− para destinar ese gasto a la compra de un libro? ¿Porqué no disfrutar de ambas cosa a la vez, sin tener que elegir? ¿Alguna vez comprenderemos que un libro nunca es un gasto que cae en saco roto, sino más bien una inversión con la que disfrutar, viajar, soñar, olvidar o recordar?


ÚF. Es difícil responder. Mientras nuestra sociedad esté divida en dos, claramente lectores o no lectores, la posibilidad de padecer gobiernos insensibles a la activación de la lectura y la cultura es real.
Sin embargo en las bibliotecas se trabaja incansablemente a favor de la activación a la lectura desde las edades más tempranas, la mayoría de municipios poseen programas destinados a este propósito.
Por el contrario la televisión y su desastrosa programación ejercen una influencia nefasta, que resta eficacia a lo anterior. Esta es una guerra titánica, donde la esperanza se reúne en el seno de los hogares, si los padres leen, los hijos leen. Todos debemos aportar nuestro grano de arena, por pequeño que sea, a favor del regalo más grande del que puede disfrutar la humanidad, la lectura, porque la lectura es la llave directa a la fantasía. Sin la fantasía, los humanos no somos nada.

GT: Sin tener que nombrar de nuevo la palabra imaginar –sino es ante un buen libro− ¿las nuevas generaciones vienen pisando fuerte literariamente, o todavía hay un sector importante de la juventud que no lee porque tarde o temprano la novela la llevarán al cine? Triste, pero hace tan solo unas horas he vuelto a escuchar este comentario entre unos adolescentes ¿Qué tiene que cambiar en este país para que la lectura y la escritura formen parte de nuestras vidas, para que ocupen el lugar que se merecen en la educación de nuestros niños?


ÚF. Lamentablemente cierto y real. En mi opinión debe cambiar todo. Absolutamente todo. Es preciso enseñar a la persona a amar los libros desde la más temprana edad. Desde el Jardín de infancia, jugando primero a crear y recrear historias, y utilizando la lectura más tarde para el mismo cometido. Hoy por hoy el problema es tan grave que muchísimos alumnos de Primaria y Secundaria, suspenden matemáticas porque no comprenden el enunciado de los problemas (explicado por maestros).
Hay que activar las ganas de aprender a leer desde los primeros momentos, no perder esa bella costumbre de acostar al niño leyéndole un cuento, o inventándolo, y olvidarse de la televisión canguro.

GT: Y como no tengo que imaginar ni soñar para saber que pronto nos deleitará con otra de sus obras, solo quiero preguntarle ¿Para cuándo? una mente inquieta como la suya no tardará en darnos nuevas inquietudes como lectores, y sin desvelar ni gafar nada ¿Qué podemos saber ya al respecto?


ÚF. Pues ahora mismo ya tengo comprometida la segunda entrega de Rebelde, cuyo título es “Salvaje y errante”, espero que para el próximo año ya se encuentre corriendo por las librerías.
Y en estos momentos, justo estoy acabando otra novela que no tiene nada que ver con la trilogía irlandesa. También de época, con mucho misterio y romance. Esta novela transcurre entre el Pirineo y Barcelona, en los años 20, Primera república española.
Y en cuanto la acabe empezaré con la tercera parte de Rebelde, ¡porque la gente ya la está pidiendo! De hecho su situación es la de Work in progress, fase de notas en libreta.

GT: Muchas gracias Úna, Isabel, por su tiempo y su talento, el primero nos ha permitido conocerla más y el segundo, disfrutar sin mirar el primero pasar en el reloj. Un placer, espero verla pronto de nuevo por aquí, si este Gato no le ha maullado demasiado alto.
Gracias.

ÚF. Gracias a usted Yolanda, y muchas y nunca suficientes, por su trabajo incansable y de tanta calidad en favor de la divulgación de la cultura, de los libros, y de sus respectivas génesis. Usted hace más atractiva la lectura y la vida. Todo mi apoyo y reconocimiento para una labor tan necesaria, e imprescindible. ¡Viva el Gato Trotero y que trote sin descanso! Y que maulle tanto como quiera porque siempre encontrará maullidos agradecidos en respuesta.










Una Entrevista de Yolanda T. Villar

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 17 de marzo de 2015

LA CANCIÓN DEL BARDO de Úna Fingal






Anoche tuve un extraño sueño. Más bien fue el  nebuloso recuerdo de una de mis vidas pasadas ¿Cuál de todas ellas? no llevo la cuenta; no me interesa saber cuántas he consumido ya y menos aún las que me quedan, prefiero concentrarme en esta que vivo y vivirla intensamente, por si acaso las matemáticas me llevaran pronto al resto cero. Quién sabe.

Caminábamos por un sendero entre altos árboles y frondosa vegetación Alan-a-Dale, Will Scarlet, Amergin, Homero y yo, íbamos rumbo al Fleadh Cheoil  más importante de la comarca, en donde nos reuniríamos con otros bardos de Ireland, incluso algunos llegaban de Escocia o de tierras tan lejanas como Escandinavia ¡Ah esos Skald aguerridos y fieros cual vikingos! y allí estábamos nosotros, Yo, el Bardo de largos bigotes, lengua ágil, corazón ligero y patas veloces, vestido de azul como mandaba la tradición, junto a los Druidas de blancas túnicas ¡Oh si, magníficos tiempos aquellos de ayer que vienen a mi mente hoy! y a pesar de ser considerados poetas de segunda categoría, siempre por detrás de aquellos estirados “Filid”, los de alta alcurnia y antiguo linaje, nosotros, los Bardos, los callejeros, los Troteros de corazón éramos tan felices como pájaros surcando los cielos.
Anoche tuve un extraño sueño. Volví a ser aquel espíritu libre con apenas peso en sus alforjas pero cargado su corazón de poemas, canciones y sátiras.  Un Bardo Trotero que aún guarda en su alma las enseñanzas del "Libro de Ballymote",  la biblia y alas de las almas inquietas que no se conforman con trotar por la tierra.

¿Fue un sueño, un recuerdo, o tal vez fue mi última lectura la que me transportó a tiempos y mundos pasados?...


LA CANCIÓN DEL BARDO de Úna Fingal

No sé muy bien por dónde empezar.  Cuando tuve el libro de Úna Fingal en mis manos sentí algo extraño que me costó definir hasta bien pasado el rato; me llamó la atención poderosamente su portada, la mirada irremediablemente se posaba sobre un precioso petirrojo con las alas abiertas que sobrevolaba una trinchera y como si de una flecha indicadora se tratase, sus patas me hicieron fijarme justamente en esa trinchera cuajada de cascos militares, como si trataran de proteger el anonimato de sus dueños ¿O tal vez esos cascos eran los que sumergían en el olvido a sus portadores? No puedo negar que estuve mirando atentamente esa portada durante largo, larguísimo rato ¿Entre tanta desolación había cabida para un pajarito de pecho rojo? En la contraportada continuaba la imagen de los soldados en plena guerra, ya sin el destello del  petirrojo, tan solo el fulgor de un cielo que se adivina surcado del fuego enemigo, y sobre los soldados y la desolación,  la consabida sinopsis, por supuesto.
 Aunque ya conocía algo del tema del que trataba el libro, lo justo para que atrajese mi atención y quisiera leerlo si o si, cuando llegué al final de la misma me dije ¿Qué sabes tú de esta época de la historia? ¿Qué conoces de la Primera Guerra Mundial y sobre todo de la Revolución Irlandesa? vale que estudié  Historia, pero tengo que reconocer que pasé bastante por encima de esta primera Gran Guerra pues no llamó demasiado mi atención y puse mi interés en otros momentos de la Historia ¿Y si el libro resultaba ser más bien un ensayo sobre dichos acontecimientos y no lograba entender nada si no tiraba de internet? Mi curiosidad es mi baluarte, lo ha sido siempre y había una idea que no me quitaba de la cabeza ¡Aprender, aprender, aprender! algo me decía que dentro iba a encontrar una historia que me haría ver las cosas de distinta manera, ese capítulo del libro de Historia en el que no reparé, ahora se me mostraba delante de mí desde otra perspectiva. La novela.

Y entonces supe qué era aquella sensación del principio que me costaba tanto definir. Excitación por lo desconocido. Ni más ni menos. Y comencé a leer…
El conocimiento y la investigación que sin duda llevó a cabo la autora para escribir la novela me dejaron desde el principio fascinada; datos históricos que no lo parecían, clases de geografía que aún lo parecían menos, y unos hechos que al ser novelados, restan brutalidad para dejarnos lo bastante interesados en ellos sin dañar susceptibilidades, aunque en mi caso concreto, la Historia hay que mirarla hoy con los ojos de ayer, para entender lo que supuso en su momento y como nos  afectan ahora aquellos hechos ¿conocerla para no repetirla? el ser humano es incapaz de aprender en cabeza ajena, y conformen desaparecen dichas cabezas sufrientes, las que vendrán muy a pesar de la sensatez, lo repetirán. Y esa es otra de las cosas que me han tenido pegada a las páginas de La Canción del Bardo, la perfecta conjunción de Historia y novela, pues Úna Fingal ha conseguido novelar la historia sin escribir novela histórica ¿Contradicción? ¡En absoluto, maestría si, toda! historia, intriga, drama, gotas de comedia, romanticismo y poesía. Y todo ello escrito con un estilo depurado, sencillo  cuando la ocasión lo requería y una de las cosas que más me han gustado de la narración es esa naturalidad de la autora para retraernos a principios de siglo en una Irlanda que rompía sus cadenas y pugnaba por mantener su identidad y su idioma propio ¡Es tan visual que es imposible mantenerse distante a cada descripción, cada escena, cada diálogo, es formar parte de los hechos, como si de una película se tratase!

“En plena Revolución Irlandesa, año 1916, en Dublín, Olcán Finnegan, su tío Daniel y sus compañeros Pearse y Seán luchan para proteger su legado como pueblo, como nación, una lucha que va más allá de idealismos, nacionalismos, creencias e ideologías, es una lucha por su propia Identidad como seres humanos libres al que ninguna otra nación ni pensamiento, tiene derecho a subyugar ni a someter. Si la dureza de una guerra no fuera suficiente, el protagonista se ve inmerso en la barbarie de la Primera Gran Guerra, en la que no luchar no era una opción, si no una imposición que como el mismo protagonista descubrirá, no lo fue de un gobierno, sino del propio Destino, que golpea cruelmente tantas veces como se lo propone, sin que el hombre pueda ni tan siquiera reaccionar a sus embistes.
Una narración exquisita y trepidante, que nos sumerge en la intriga y la aventura tanto como nos enseña el drama humano en su versión más cruenta, la de la guerra de hombres contra hombres.
 Un final que nos deja sin respiración, justo colofón a una historia que quita el sentido.”


No puedo añadir más que La Canción del Bardo es además de un grato descubrimiento en todos los aspectos, un deleite para los lectores que necesitamos, queremos, pedimos mucho más a una novela con tintes históricos…que no nos aburramos leyendo páginas y páginas vacías y reiterativas.
 ¿Recordáis esa sensación de la que os hablaba unos párrafos arriba? pues ya no hay duda de lo que era, es.  Es la maravillosa sensación de aprender y disfrutar a partes iguales. Tanto, que con vuestro permiso y con ganas de mucho más, abordo a Úna  Fingal y le pido encarecidamente ¡Más, más, más! sigue mostrándonos  de manera tan clara y hermosa, lo que pasó fuera de nuestros ojos y que tanto nos costaría ver sin una pluma magistral que nos enseñe de tan atrayente manera, lo que fue y olvidamos. En esta su primera novela, de la trilogía Irlandesa Úna, Isabel Laso ha dejado claro que en el mundo literario, todavía queda mucho por descubrir y descubrirnos.







LA CANCIÓN DEL BARDO
Úna Fingal

Editorial Playa de Ákaba

ISBN: 978-84-16216-52-9






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Una reseña de Yolanda T. Villar


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