La prima Bette
Por la Pelipequirroja.
No se cuanto tiempo hacía que quería leer esta novela de Balzac. Incluso llegué a pensar que la había leído y no recordaba ya apenas nada, salvo las cosas más genéricas, como parte de la trama y poco más...pero no era así. Cuando tuve el libro entre mis manos al fin y comencé a leer no me cupo la menor duda: no lo había leído antes, debió tratarse de años leyendo reseñas, o anotaciones, o referencias. Pero no, no lo había leído. Imperdonable, todo sea dicho.
Balzac siempre sabe cómo rascar el alma humana para sacar lo peor de cada personaje y dibujar una sonrisa en el lector, a veces una simple mueca lo más parecida posible a un conato de risilla; y es que pocos como él destapan miserias de manera tan elegante.
Y eso me he encontrado en esta maravillosa novela, que desde ya os digo que me ha parecido sublime: Miserias y malignidades, muchos defectos y pocas virtudes, pecados muy mortales y apenas algunos veniales, pero todo ello junto crea un desorden moral que si bien no rompe la Alianza con Dios, atenta gravemente contra la de los hombres. Y con un Arte narrativo, que no se puede aguantar.
La prima Bette es una solterona casi de mediana de edad, una campesina y pariente pobre de una acaudalada familia parisina -aunque ahora anden en época de vacas flacas- los Hulot; Bette es una perdedora, sobre todo comparada con su perfecta y delicada prima Adeline, tan bella y dechada de virtudes, no como ella, en la cual parecen tan solo destacar sus defectos. Años a la sombra de su prima y bajo la mezquindad de sus tíos, han convertido a Bette en un amasijo de amargura, rencor y envidia, y desde hace un tiempo con una idea fija: Venganza y humillación.
El desencadenante no ha sido otro que los celos, los destructivos celos, pero no hacia su prima en esta ocasión (parecía ya resignada a estar bajo su sombra) sino hacia Hortensia, la hija de Adeline, que se ha interpuesto entre una potencial relación entre Bette y Wenceslao Steinbock, un joven artista polaco.
Comienza aquí un elaborado ardid para destruir a tan odiados parientes, y la mejor manera es dándoles donde más les duele: dinero y reputación. Con la ayuda de su vecina y amiga, Valerie, tejerán una perfecta tela de araña en la cual irán cayendo uno a uno los Hulot, sin sospechar que duermen con su enemigo. Valerie convertirá al Barón Hulot, el cabeza de familia, en un pelele a su merced, un ser odioso de por sí que se convertirá en la personificación del egoísmo y la maldad hacia su propia familia si de esa manera consigue salirse con la suya. Ser rastrero, grimoso y repelente donde los haya.
Valerie Marneffe es un gran personaje: ambiciosa, sin escrúpulos, sin conciencia; junto a Bette son los dos personajes estrella de la novela, el dulce encanto de los villanos, la poderosa atracción que ejercen los príncipes de los ladrones aunque los pobres para los que roben sean ellos mismos. Lo importante es humillar a los ricos. Ambas son verdaderamente sublimes, estratosféricas.
Balzac nos presenta un París oscuro, bizarro, en donde los miserables van engalanados pero su espíritu viste de ruindad. Una sociedad podrida y mezquina, representada por personajes grotescos y esperpénticos, la caricatura es tan perfecta que es inevitable sonreír incluso reír en ocasiones. Un perfecto retrato de la hipócrita sociedad de la época.
No es una lectura ágil, en ocasiones puede resultar algo pesada, pero bien compensada con una narrativa bellísima y unos personajes inolvidables.
Con esta novela alcanzo la premisa: Clásico protagonizado por una familia.
Balzac siempre sabe cómo rascar el alma humana para sacar lo peor de cada personaje y dibujar una sonrisa en el lector, a veces una simple mueca lo más parecida posible a un conato de risilla; y es que pocos como él destapan miserias de manera tan elegante.
Y eso me he encontrado en esta maravillosa novela, que desde ya os digo que me ha parecido sublime: Miserias y malignidades, muchos defectos y pocas virtudes, pecados muy mortales y apenas algunos veniales, pero todo ello junto crea un desorden moral que si bien no rompe la Alianza con Dios, atenta gravemente contra la de los hombres. Y con un Arte narrativo, que no se puede aguantar.
La prima Bette es una solterona casi de mediana de edad, una campesina y pariente pobre de una acaudalada familia parisina -aunque ahora anden en época de vacas flacas- los Hulot; Bette es una perdedora, sobre todo comparada con su perfecta y delicada prima Adeline, tan bella y dechada de virtudes, no como ella, en la cual parecen tan solo destacar sus defectos. Años a la sombra de su prima y bajo la mezquindad de sus tíos, han convertido a Bette en un amasijo de amargura, rencor y envidia, y desde hace un tiempo con una idea fija: Venganza y humillación.
El desencadenante no ha sido otro que los celos, los destructivos celos, pero no hacia su prima en esta ocasión (parecía ya resignada a estar bajo su sombra) sino hacia Hortensia, la hija de Adeline, que se ha interpuesto entre una potencial relación entre Bette y Wenceslao Steinbock, un joven artista polaco.
Comienza aquí un elaborado ardid para destruir a tan odiados parientes, y la mejor manera es dándoles donde más les duele: dinero y reputación. Con la ayuda de su vecina y amiga, Valerie, tejerán una perfecta tela de araña en la cual irán cayendo uno a uno los Hulot, sin sospechar que duermen con su enemigo. Valerie convertirá al Barón Hulot, el cabeza de familia, en un pelele a su merced, un ser odioso de por sí que se convertirá en la personificación del egoísmo y la maldad hacia su propia familia si de esa manera consigue salirse con la suya. Ser rastrero, grimoso y repelente donde los haya.
Valerie Marneffe es un gran personaje: ambiciosa, sin escrúpulos, sin conciencia; junto a Bette son los dos personajes estrella de la novela, el dulce encanto de los villanos, la poderosa atracción que ejercen los príncipes de los ladrones aunque los pobres para los que roben sean ellos mismos. Lo importante es humillar a los ricos. Ambas son verdaderamente sublimes, estratosféricas.
Balzac nos presenta un París oscuro, bizarro, en donde los miserables van engalanados pero su espíritu viste de ruindad. Una sociedad podrida y mezquina, representada por personajes grotescos y esperpénticos, la caricatura es tan perfecta que es inevitable sonreír incluso reír en ocasiones. Un perfecto retrato de la hipócrita sociedad de la época.
No es una lectura ágil, en ocasiones puede resultar algo pesada, pero bien compensada con una narrativa bellísima y unos personajes inolvidables.
Con esta novela alcanzo la premisa: Clásico protagonizado por una familia.
LA PRIMA BETTE
Honré de Balzac
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