jueves, 28 de agosto de 2014

Entrevista con... Pedro José Francés

Buñuel en verano es el claro ejemplo de pueblo de la ribera del Ebro: temperaturas altas y calor seco. Sus gentes, para las doce del medio día, ya han realizado las compras diarias y se encuentran en sus casas preparando el calderete que se comerán en familia cuando todos se sienten a la mesa.
Los que trabajan los campos apuran el tiempo y miran con buenos ojos el estado de la cosecha que ya está próxima. Los hay también ociosos que se sientan en una de las terrazas de la plaza del pueblo a tomar unas cervezas mientras charlan con los amigos.
Mientras el sol calienta las calles y algún gato busca el cobijo de una sombra para tumbarse a lamerse las patas, recorremos el pueblo con el escritor Pedro José Francés en un agradable paseo por sus calles, visitando las casas y conociendo la historia que encierran tras sus fachadas. Algunas de ellas están abandonadas y mal conservadas, a pesar de tener apariencia de haber sido en otros tiempos viviendas de familias adineradas. Otras, por el contrario, son mucho más modestas que las anteriores, de fachadas más estrechas y materiales humildes, pero varias están siendo reformadas y quizá logren escapar en el futuro del mortal abrazo de las retroescavadoras.
Resulta curioso analizar que, a medida que vas comprendiendo el reparto de las calles, se distribuyen los sectores "ricos" de los "pobres". La historia, si la sabemos mirar con atención, también se encuentra en el inocuo callejero de un pueblo.
- De ésta casa - indica Pedro aproximándose a la puerta de entrada - sacaron a uno de ellos. Lo sacaron con extrema frialdad, engañado, y lo subieron al camión que lo conduciría a la muerte.
En ese momento, un vecino se asoma a la ventana, y permanece atento a lo que Pedro cuenta.
- Y de esas dos casas próximas, en la acera de enfrente, también se llevaron a otros dos. Y tres más de la calle a la vuelta de la esquina... - El silencio se adueña de la calle. Y del vecino que se asoma a la ventana, de mi voz, y de los pájaros que trinaban por encima de nuestras cabezas.
Con los ojos vidriosos, emocionado, Pedro afirma, indignado: ¡Y aún hoy, el alcalde de este pueblo, dice que son inventos...!
A continuación podréis encontrar la entrevista que quise realizarle a Pedro José Francés con motivo de la publicación de su último libro "La canalla del 36. El terror que escardó la esperanza". Nuestra intención era realizarla en la Casa de Cultura o algún salón municipal del que disponga el pueblo de Buñuel para presentar la obra de uno de sus hijos, pero meses después de su publicación, le siguen negando presentarla al resto de vecinos.
 Yo, que soy gato de mundo, acostumbrado a viajar y conocer infinidad de gentes y lugares, es la primera vez que me encuentro con un hecho similar. He asistido a presentaciones de libros similares en su fondo y jamás se ha impedido llevarlo a cabo, pues en mayor o menor acuerdo, las corporaciones municipales han entendido que los espacios gestionados por los ayuntamientos o en dependencia de éstos siempre deben estar abiertos a los ciudadanos, y bajo ningún concepto, mucho menos el ideológico, se negará hacer uso de él a ningún vecino.
Sea como fuere, soy gato de mundo, pero además gato cabezota, así que si había llegado hasta Buñuel no me iría de allí sin poder acercaros a todos los que nos seguís la entrevista que tenía en mente. Confío en que algún día pueda hacerla desde ese salón de actos o esa Casa de Cultura en la que quise hacerla inicialmente, que es donde estas cosas deben hacerse. El día en el que el pensamiento diferente no represente una amenaza insalvable para nadie, allí estaré.
Troteros, os debo una. Prometido queda.




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miércoles, 20 de agosto de 2014

TIZA de Eugenio Asensio



“…LUCRECIA.- La voz de Calisto es ésta. Quiero llegar. ¿Quién habla? ¿Quién está fuera?

CALISTO.- Aquel que viene a cumplir tu mandado.

LUCRECIA.- ¿Por qué no llegas, señora? Llega sin temor acá, que aquel caballero está aquí.

MELIBEA.- ¡Loca, habla paso! Mira bien si es él.

LUCRECIA.- Allégate, señora, que sí es, que yo lo conozco en la voz.

CALISTO.- Cierto soy burlado. No era Melibea la que me habló. ¡Bullicio oigo, perdido soy! Pues, viva o muera, que no he de ir de aquí.

MELIBEA.- Vete, Lucrecia, a acostar un poco. ¡Ce, señor! ¿Cómo es tu nombre? ¿Quién es el que te mandó ahí venir?

CALISTO.- Es la que tiene merecimiento de mandar a todo el mundo, la que dignamente servir yo no merezco. No tema tu merced de  descubrir a este cautivo de tu gentileza, que el dulce sonido de tu habla, jamás de mis oídos se cae, me certifica ser tú mi señora Melibea. Yo soy tu siervo Calisto.

MELIBEA.- La sobrada osadía de tus mensajes me ha forzado a haberte de hablar, señor Calisto, que habiendo habido de mí la pasada respuesta a tus razones, no sé qué piensas más sacar de mi amor de lo que entonces te mostré. Desvía estos vanos y locos pensamientos de ti porque mi honra y persona estén, sin detrimento de mala sospecha, seguras. A esto fue aquí mi venida, a dar concierto en tu despedida y mi reposo. No quieras poner mi fama en la balanza de las lenguas maldicientes. (…)”

(Fragmento de La Celestina)



Trotar por el mundo, aparte de tragar polvo y millas, te hace cruzarte con decenas de personas, cientos, miles al final de toda una vida, y si encima son siete las vidas trotadas, serían decenas de miles los seres que has conocido en tu incesante trotar. Pero si uno se para a pensar en ellas, se da cuenta que la gran mayoría no son más que bultos, sombras, borrones sin rostro, ni voz, ni nombre; solo son parte de esa gran decorado que es el Mundo, figurinistas y atrezzo  en la Obra de tu Vida.
Uno puede estar rodeado de gente todos los días y no interactuar con ninguna de esas personas, pasando sin pena ni gloria por la vida de unos y otros; sin embargo, otras veces, hay personas que dejan profunda huella en nosotros y viceversa, sin ser conscientes de ello. Todos tendemos, con el paso del tiempo a endiosar o demonizar épocas pasadas y personas del ayer, dependiendo de cómo le haya ido a uno en la Feria, y no necesariamente esta apreciación ha de ajustarse a la realidad, pues en la mente de cada uno, es esa ruedecilla que pone en funcionamiento un mecanismo de defensa, para justificarnos ante nosotros mismos de en quién nos hemos convertido y qué hemos hecho de nuestra vida.
Son cómo las batallitas de la mili que aún siguen contando algunos, o las travesuras infantiles de patio de colegio; son esos compañeros que hacían de las tablas de multiplicar o los ríos de España, una aventura constante, aunque en su momento nos costase un reglazo en la palma de la mano o un castigo cara a la pared. Todos tenemos un “profesor ángel-salvador-héroe” y  algún que otro “maestro demonio-torturador-villano”, y puede que ni uno ni otro sepan que interpretaron ese papel en nuestra vida. No me gustaría haber sido un simple figurinista en la Vida, pero tampoco la pesadilla en la vida de otro ¿tan difícil es vivir y trotar sin más? ¿Todos tenemos que ser irremediablemente parte de la vida de los otros?


Creo que un Trotero como yo sabe la respuesta, le guste o no: No se puede caminar sin dejar huella…


“ TIZA es una novela sobre la vida misma. Intentar catalogarla dentro de algún género existente, es imposible, pues los tiene todos y al mismo tiempo es única en su especie. Como la vida. Una vida llena de emociones y vivencias, pero única en el mundo, no hay otra igual, porque no hay dos personas iguales. Se mire como se mire, se lea como se lea, TIZA es una novela sobre la Vida. De vida y de vidas, pues cuando en nuestro día a día se cruzan los días de otros, formando semanas, meses, años, se crean vidas enteras.

El protagonista de la novela es un personaje sin ni siquiera nombre, que intenta conservar su anonimato para protegerse así mismo de ese protagonismo en el que se ha visto envuelto y el cual le abruma y descoloca, de tal manera que se ve desprovisto de esa rutina e invisibilidad que le sirven de coraza y le protegen no solo del mundo exterior, si no de sí mismo.
El aburrimiento es su modus vivendi, tanto en su vida personal como en su vida profesional; hombre gris y triste fuera del trabajo, profesor aburrido y descontento en su entorno laboral. Un aburrimiento del cual ni siquiera es consciente, tedio y monotonía que no siente ni le pesa porque desconoce que se puede vivir de otra manera, peso que lleva sobre sus hombros sin que le pese; hasta que un buen día, la madre de un ex-alumno suyo, Héctor Almansa, le ruega entre lágrimas que visite a su hijo en la cárcel, acusado de asesinato y a la espera de juicio, y cuya única petición ha sido poder hablar con su antiguo profesor. El protagonista se siente algo extrañado por semejante requerimiento, pues de Héctor como alumno tan solo recuerda sus salidas de tono y su falta de respeto por profesores y el resto de compañeros, y poco más, pues entre ambos nunca existió una relación lo suficientemente fuerte o especial, para que el muchacho realice semejante petición.

En parte por curiosidad y en parte por sentirse forzado por la lastimera madre accede a visitar al joven, sin saber muy bien qué pretende este de estas visitas y por qué razón le ha hecho llamar justamente a él. Visita a visita, durante las cuatro que realiza a su ex-alumno, el profesor va descubriendo que tras las lecturas que comparten y el afán de Héctor por convencerle de su inocencia, se esconde algo más. Las charlas entre ambos terminan sacudiendo los cimientos morales y personales del profesor, removiendo y trastabillando su mundo, lanzándole a una búsqueda caótica y desesperada del sentido de su propia vida. Y un libro, que sin saberlo, ha marcado sus vidas.

TIZA es sorpresiva, tan ácida como agridulce, una espiral de emociones y una trituradora de convencionalismos…y es que hay muchas veces que el Destino nos da palmaditas en la espalda, pero en otras ocasiones, se dedica a poner zancadillas.

No me importa volver a repetirlo, cuanto más lo pienso, más segura estoy de ello. TIZA, es Vida.”



TIZA


ISBN: 978-84-941451-6-2

ISBN Epub: 978-84-942108-5-3

Editorial  Playa de Ákaba, S.L.



Una Reseña de Yolanda T. Villar
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miércoles, 13 de agosto de 2014

Entrevista con... Toti Martínez de Lezea

foto: http://bestseller.blogcindario.com


Hay días en los que un gato como yo, trotero y curioso, decide dejar a un lado su gusto por el viaje y la aventura y se tumba a descansar hasta que los párpados pesan tanto que, contra su voluntad, el sueño le derrota y cae en un sereno sopor desde primeras horas de la mañana. Son esos días en los que no te apetece salir de casa. Más bien, todo lo contrario.

En esos días me gusta relajarme, colocarme frente a la ventana en invierno o sobre el vuelo del balcón que da a la calle desde el salón en verano, y dejar volar mi mente hacia lugares ya descubiertos en anteriores correrías y troteos. Pues bien, hoy es uno de esos días.

Recuerdo la primera vez que pisé Olite. Se trata de una villa medieval enclavada en el corazón de Navarra, cuyos muros cobijaron y ofrecieron descanso a los reyes del antiguo Reyno de Navarra. Allí construyeron una residencia de verano, un castillo-palacio de corte europeo que, según dicen, sirvió de inspiración para su reino de fantasía, siglos después, al mago de la animación de Hollywood: Walt Disney. Olite… una villa hermosa a cualquier hora del día y de la noche, tan mágica como un cuento de hadas ¡qué digo, es el escenario perfecto para albergar el mejor de los cuentos de hadas!

Pero no quería hablaros hoy de Olite, ya tendré tiempo de mostraros lo fabulosa que es está coqueta villa que se envuelve en viñas y sembrados de siega. Quería hablaros de que allí, en el interior de un palacio de imponente fachada levantada con las mejores piedras del lugar (hoy es Casa de Cultura) tuve la inabarcable fortuna de conocer a una mujer íntegra y una escritora tocada por el éxito: Toti Martínez de Lezea.
Tras un gesto afable y sonrisa perenne, descubrimos a una mujer tremendamente defensora de sus valores y sus convicciones, de la cultura vasca –rica y cargada de matices como pocas–, de la Historia y de la historia –la que narran gestas, victorias y logros de unos pocos; y la que cuenta al calor el fuego el sudor, el padecimiento, las lágrimas de todos los demás para dar lugar a la primera–, de la Mujer.
La encontré narrando a viva voz varios pasajes de sus novelas a un auditorio lleno de personas que escuchaban atentas, con emoción incluso alguno de ellos. Dominaba el tono con maestría, lo que me hizo pensar –con cierta envidia– que su nieta tuvo que tener una infancia privilegiada repleta de horas de cuentos. A su lado, una bella dama nos sumergía en el medievo con hermosos cantos de la época, que servían para ambientar lo que Toti relataba. Un precioso maridaje de música y literatura que generó un aplauso unánime y rotundo del público. Al acabar, varias personas le preguntaron a la autora sobre su obra, su método de trabajo… Fue entonces cuando Toti se desnudó y se mostró tal cual es: una mujer práctica, inteligente, con las ideas claras, sin miedo a pisar jardines espinosos, dotada de una sinceridad rotunda y un contagioso sentido del humor, y por encima de todo lo demás, un desmesurado amor hacia la historia de las gentes y una imperiosa necesidad de transmitirla a los demás.
Hechizado por la música y sus palabras, aguardé pacientemente a que las decenas de personas que quisieron llevarse un recuerdo de Toti en forma de autógrafo se marchasen poco a poco hasta quedarnos a solas. Fue entonces cuando pude hablar con ella.

 


Sumergirse en su obra es hacerlo en un crisol de culturas, de tiempos y ambientes muy alejados entre sí. Posee novelas cuyos personajes, por identificar algunos a modo de ejemplo, buscan a su manera la supervivencia en el Madrid de los inicios de un vertiginoso siglo XX, sufren la intolerancia religiosa que condenaba al fuego inquisitivo y purificador a aquellas almas alejadas del dios verdadero, o que perdieron lo poco que habían salvado tras la dominación napoleónica a manos de sus supuestos libertadores. Su relación como escritora con la Historia… ¿Es algo madurado con el tiempo, fruto de la necesidad de contar una determinada idea que surge en su cabeza tratando de encajarlo en el trasfondo histórico que considera más adecuado, o por el contrario, son determinados pasajes de la Historia los que le inspiran sus novelas, algo así como un flechazo?

En realidad, no lo sé. Empecé a leer desde joven, en especial novelas que ahora llaman de “género histórico”, pero que antes era simplemente narrativa. La Literatura me llevó a la Historia, o puede que fuera al revés, puesto que mi padre me contagió su pasión por esta, y siempre he compaginado ambas aficiones. Lo que sí es cierto es que empecé a escribir porque quería leer historias que nadie me contaba y que sabía que estaban ahí, esperando a que alguien se animara, historias de nosotros, la gente de a pie, no de reyes, reinas, conquistadores, megalómanos y demás fauna que es la única que aparece en los manuales de Historia.

Antes de dedicarse a escribir, usted trabajó como traductora técnica profesional, en la televisión pública vasca, e incluso fundó una compañía de teatro junto a su marido… ¿Cómo llega Toti Martínez de Lezea a la escritura? Cuenta su biografía que fue a través de una apuesta con un amigo…

Pues sí, la primera novela la escribí con casi 50 años, después de hacer una apuesta con un amigo a que era capaz. Aunque aquello debió de ser solo una excusa, porque también fui nadadora de competiciones y no se me ocurriría hacer una apuesta a que soy capaz de nadar una travesía. Probablemente era algo que deseaba probar, y la apuesta fue como una especie de detonante, un pistoletazo de salida para una carrera de fondo como es esta de la Literatura, ¡aunque hay quien llega al sprint!
  
Su primera novela publicada (fue rechazada inicialmente por varias editoriales) La calle de la judería, narra las vicisitudes de la sociedad y la vida en la Vitoria durante el siglo XV, la convivencia entre distintos credos y finalmente, la expulsión de los judíos en 1492. ¿Cómo vivió esa primera publicación tras experimentar ese primer rechazo? ¿Sentir el NO de varias editoriales le hizo meditar que quizá no valía para la literatura o tiró de coraje y amor propio para no cejar en su empeño de publicar y seguir creando nuevas novelas?

En efecto, pensé que no valía para la Literatura después de que el original de La calle de la Judería fuera rechazado varias veces, pero tampoco me importó demasiado porque disfrutaba enormemente creando mis historias, a mis personajes, haciéndolos hablar, sentir, pensar y... ¡matándolos cuando quería! Así que no esperé y empecé a escribir la siguiente.
En cuanto a cómo viví aquella primera experiencia, fue genial. Una vez que tuve el libro ya editado, no se me quitó la sonrisa de la cara en una semana.

A propósito de la anterior pregunta… No todo el mundo sabe que La calle de la judería no fue su primera novela escrita, ya que ese honor le corresponde a La abadesa (novela que aborda la búsqueda de su pasado por parte de María Esperanza, hija ilegítima de Fernando el Católico) y que vería la luz tiempo después, cuando demostró que su éxito no era fruto de la casualidad. ¿Por qué decidió guardarla en un cajón? ¿Consideraba que no era publicable? ¿La modificó tiempo después?

Digamos que no se me ocurrió enviar a nadie La abadesa porque era la primera novela que escribía y pensé que todavía tenía mucho que aprender. Lo más difícil, empezar y acabar la historia, ya estaba hecho; me había demostrado a mí misma que era capaz y que podía seguir. Aunque haya a quien no le guste la definición, la Literatura es un oficio y a escribir se aprende a escribiendo.  Por otra parte, soy una mujer práctica y no tenía intención alguna de perder el tiempo ilusionándome con algo que probablemente no tendría salida. Y sí, la modifiqué antes de su publicación. ¡Por lo menos le quité la mitad! Es que para entonces ya tenía publicadas otras cuatro obras, y algo había aprendido.

¿Probó en alguna ocasión, quizá en sus inicios, los concursos literarios? ¿Qué opinión le merecen, tanto desde el punto de vista del escritor con trayectoria como para aquellos escritores noveles que se inician hoy en día?

No, nunca he probado a presentarme en un concurso literario. ¡Y en buena hora! Porque ahora sé algo más acerca de ellos. Los grandes, los que conllevan un buen premio en metálico y dan fama, están pactados de antemano; son solo un medio más de marketing utilizado por las grandes empresas editoriales. Los otros, los modestos, raramente aportan algo más que la momentánea alegría de ver que tu obra ha sido premiada. Y de los institucionales, ni hablemos. No hay más que preguntarse cómo fue posible que Cela ganara el Nobel estando Delibes vivo.
  
Si tuviésemos que clasificar su obra, un alto porcentaje quedaría sujeto en ese grupo que las editoriales llaman Novela Histórica. Sin embargo, quienes hemos leído muchos de los libros que tiene publicados entendemos que no es exactamente así, puesto que las tramas y los protagonistas, variando determinados conceptos (vestimentas, costumbres, medios de transporte,…) podrían aparecer perfectamente en una novela de la época actual. Los grandes hechos históricos que aparecen en sus novelas no siempre son lo esencial, sino que son parte del escenario. ¿Se siente a gusto cuando la encasillan en ese género?

Bueno... no me molesta que me encasillen, aunque, como bien dices, mis novelas tienen poco qué ver con los grandes hechos y personajes históricos, aunque algunos aparezcan en el escenario de fondo. Oigo y leo a menudo comentarios despectivos hacia el género por parte de las elites literarias, si bien me da la impresión de que no tienen repajolera idea de lo que hablan. Cierto que a partir del boom de Umberto Eco con El hombre de la rosa, y las maravillosas novelas de Graves sombre Augusto y sus sucesores, proliferó este tipo de narraciones, pero para escribirlas hay que saber Historia, no solo coger un tema de templarios, por mencionar alguno, y soltar lo que a uno se le ocurre. De todos modos, me encanta hacer parte de un género que cuenta entre sus autores a Homero, Shakespeare, Tolstoï, Dumas, Victor Hugo y tantos otros renombrados escritores.

También se comenta mucho al hablar de la obra de Toti Martínez de Lezea del profundo valor que le confiere a la Mujer. A juzgar por quien le habla, iba siendo hora de posicionar a muchas mujeres en la posición de importancia histórica que realmente ocuparon, sacándolas de ese lugar secundario que siempre han ocupado en las crónicas oficiales. Llegados a este punto, me gustaría detenerme en una de sus últimos libros publicados: Mareas, de la editorial Ttarttalo. Se trata de un libro de relatos con la mujer como nexo de unión a lo largo de la historia y la geografía vasca. ¿Cómo fue el proceso de creación de un libro como éste?

No es que le confiera un valor especial a la mujer, es que las mujeres hemos estado ahí desde siempre, a pesar de haber sido ignoradas a lo largo de los siglos. Lógicamente tienen que aparecer en mis narraciones, pero no en plan heroínas súper estupendas, guapas y maravillosas como salen ahora en novelas y películas. Mareas se me ocurrió a partir de la solicitud por parte de la editorial para que escribiera un ensayo sobre la mujer vasca en la costa. Me entró la risa. ¿Cómo? ¡Si no existimos! No hay apenas documentación sobre la mujer, ni en la costa ni en el interior. Pero me dio la idea de escribir una serie de relatos que abarcara un largo periodo de tiempo, aprovechando lo poco existente sobre mujeres con nombre y apellidos, y, en el resto de los casos, utilizando la Historia como base. Porque si ha habido galernas, guerras, persecuciones, pestes, también ha habido mujeres que las han sufrido. Me llevó más tiempo y trabajo de lo que pensaba porque cada relato es como una mini-novela.

Mareas contiene relatos muy distintos entre sí, pero se aúnan también por el amor a la tierra (fascinante y hermosa como pocas), el respeto al idioma, la fidelidad a las costumbres vascas. Si alguien ajeno quisiese empaparse de la cultura y el sentir de las gentes de su tierra, ¿éste libro bien podría servirle de guía para iniciarse?

Podría, por supuesto. Aunque la cultura y el sentir de las gentes de la tierra precisa también del elemento masculino y, en este caso, aunque aparece, no está tan bien definido como el femenino. Ya ha habido algunos amigos que me han preguntado para cuándo un libro sobre hombres vascos, y puede que algún día me anime... Pero ambos aparecen en mis otros libros y, de hecho, creo que hay más personajes masculinos que femeninos.

El último relato de Mareas se titula Prohibido prohibir, y es el más cercano en el tiempo a la actualidad y protagonizado por una mujer liberada en el año 1969. Más de dos mil años de Historia y de historias para ver la luz de la igualdad entre hombres y mujeres. Si tuviese que añadir un último relato al libro ambientado en el 2014 ¿Cómo lo titularía y qué nos contaría?

No lo sé. Creo que me he decantado por situar mis tramas en tiempos pasados precisamente porque el actual no me atrae tanto para escribir sobre él. Estamos muy bien informados, sabemos lo que ocurre en la otra punta del mundo casi en el mismo momento, conozco demasiado bien buenas y malas situaciones, dramas personales y demás. Tal vez escribiría sobre una mujer que ha estudiado una carrera, algo difícil hace años, ha retrasado su vida en pareja y su maternidad, ha dedicado todas sus horas a su trabajo y, finalmente, se encuentra que sigue estando en un segundo plano, que cobra menos que sus colegas masculinos y que raramente alcanza un puesto de responsabilidad si no se comporta igual que un hombre.

Uno de los libros que más recuerdan muchos de los lectores a los que hemos sondeado antes de hacerle esta entrevista es La herbolera, que narra la persecución de brujas por parte de la Inquisición en el País Vasco. Centenares de hombres y mujeres murieron por pensar diferente al dogma establecido por la Iglesia (por pecar, a sus ojos). ¿Qué es el pecado? ¿Cómo puede un ser humano llegar a quemar a otro? ¿Qué clase de personas invierten su tiempo en diseñar y construir herramientas y máquinas para el tormento del hombre que puedan, incluso, provocarle la muerte?

Son preguntas que siempre me he hecho y continúo haciéndome. ¿Cómo pueden algunos exigir a otros que piensen y crean y actúen en nombre de su Dios, el único y verdadero según ellos? Y que conste que me estoy refiriendo a todo tipo de creencias. Aborrezco el integrismo venga de donde venga. Es tal la soberbia de unos señores que dicen hablar en nombre de la divinidad que me deja estupefacta.
De todos modos, la caza de brujas no fue solo asunto de la Iglesia, también lo fue de los poderes civiles. Fue una excusa como tantas otras para someter al pueblo en una época en la que la demografía en toda Europa bajó alarmantemente debido a las pestes del siglo XIV. Hacían falta vasallos para trabajar, para pagar impuestos, para ir a las guerras. Las llamadas “brujas” no eran sino parteras y curanderas, con conocimientos para provocar abortos o suministrar anticonceptivos, y era necesario que la población volviera a crecer para mantener a nobles y religiosos que ni trabajaban ni pagaban impuestos. El porcentaje de acusados fue de un hombre por cada veinte mujeres, todos ellos campesinos analfabetos, apegados a las tradiciones, e inocentes de los crímenes por los que fueron acusados y ejecutados en gran número. 

A pesar de haber transcurrido varios siglos desde entonces, si uno sigue la actualidad queda la sensación de que aún se maniobra de manera oscura, tratando de controlar las vidas y los actos de las personas. ¿De dónde viene esa obsesión? ¿La Inquisición no murió en 1834?

La inquisición no ha muerto, está ahí, bien presente, cuando se demoniza a alguien por opinar de manera dispar, defender determinadas causas que no agradan al poder, ser  sexualmente diferente, pertenecer a otras razas, o a una minoría; cuando los medios de comunicación juzgan y condenan antes que los jueces o cuando se generaliza y se anatemiza a toda una comunidad por los hechos de unos pocos. Cierto que ahora ya no queman a las personas, al menos aquí, pero continuamente te están diciendo que cuidado, que no te salgas de las normas establecidas por ellos si no quieres verte en apuros o ser marginado socialmente.

Su última y novela publicada lleva por título Itahisa, y Erein ha sido la encargada de editarlo. Es, probablemente, el libro que más sorprenda a sus lectores habituales, pues es, por encima de todo lo demás, una preciosa y magnética historia de amor. ¿Cómo se gestó Itahisa?

Bueno, un escritor/a que conoce su oficio debe ser capaz de escribir sobre cualquier cosa. Otro asunto es que le atraigan más unos temas que otros. Sé que, a estas alturas, puedo escribir sobre lo que me apetezca, y eso hago. Quería contar la historia de un “indiano”, ya sabes de uno de aquellos que se iban a las Américas y luego volvían al pueblo, se hacían construir una casa preciosa y se casaban con una jovencita para tener herederos. Lo que ocurrió es que, al situar la trama en torno al año 1800, el viaje de la Península a Cuba, por ejemplo, llevaba más de tres meses y, claro, ¡a ver qué hace mi personaje todo ese tiempo metido en un barco! Así que decidí desembarcarlo en Tenerife, que está más cerca.

¿Qué la motivó a embarcarse en una aventura novelística como Itahisa? ¿Dudó al decidir cambiar de registro y crear algo diferente a lo que se supone que sus lectores esperaban de usted, o es de las que piensan que, por encima de todo lo demás, el escritor debe escribir aquello que mueve su mente, sin importar lo demás?

Te vas a reír. Lo que me motivó fue el hecho de que hace un par de años salió una trilogía de tipo... no sé cómo definirla... porno-sexual-bodrio, que ha vendido cientos de miles de ejemplares. Lo que más llamó mi atención fue que habían sido mujeres entre 25 y 45 años quienes habían comprado el 90% de los ejemplares. Veinte siglos, por decir unos pocos, de luchas y reivindicaciones femeninas para alcanzar una cierta paridad en la sociedad, y cuando estamos cerca, va y lo que nos gusta son las historias de sumisas y dominadores.
Leí el primer libro, porque no se puede hablar mal de lo que se ignora, y me pareció literariamente deleznable, pero es que la historia en sí es una basura desde mi punto de vista. Así que pensé que quería escribir una novela de amor, no de sexo, sino de pasión, de sentimientos. Y así salió Itahisa.

¿Cómo consiguió empaparse de la cultura y el sentir de los guanches, el pueblo originario de las Islas Canarias al que pertenece Itahisa, uno de los escenarios fundamentales de la novela? ¿Acostumbra viajar a los lugares donde desarrolla sus novelas para recorrer las calles y ambientes que recorren sus personajes?

Leyendo, majo, leyendo. Hay magníficos libros sobre casi todo y, en concreto, me hice con unos cuantos sobre la historia y cultura guanches absolutamente magníficos. Y sí, voy a los lugares donde desarrollo mis tramas, por eso casi todas ocurren por aquí cerca. Con la edad, cada vez me da más pereza moverme lejos. He estado en Canarias varias veces con motivo de las ferias de libros, la última hace un par de años, y tuve tiempo de ver y sentir.

Para finalizar, y teniendo en cuenta el vínculo que existe en este lugar con los viajes, queríamos proponerle que recomiende a nuestros lectores esa ciudad, pueblo, edificio y enclave natural que son imprescindibles para usted, y cuáles son los motivos por los que elige cada uno de ellos y no otros.

Difícil elección, ¡voto a bríos! Es que todos los lugares son hermosos, todos tienen algo especial... He viajado mucho, conozco todos los continentes menos Australia; he visto decenas de catedrales, bosques, palacios, murallas, ciudades, y no tengo ningún lugar imprescindible, pero, ya que te empeñas, me quedo por aquí cerca.
-Ciudad: Vitoria-Gasteiz, porque es mi lugar de nacimiento y ha crecido sin perder su identidad, en especial su casco viejo, “la almendra”, que se conserva igual a como era en la Edad Media, con sus calles y cantones, y ha inspirado dos de mis novelas.
-Pueblo: Larrabetzu, pequeña localidad de Bizkaia donde vivimos y han crecido nuestros hijos. Es una villa medieval que mantiene su encanto, rodeada de montañas y a corta distancia del mar.
-Edificio: castillo de Loarre, en Huesca, construido por orden de Sancho III Garces el Mayor de Navarra en el siglo XI. Un castillo roquero excepcional, donde no hace falta imaginar una escena de caballeros y armaduras porque salta a la vista.
-Enclave natural: nacedero del Urederra, “agua hermosa” en euskera, que es increíblemente bello. Está en Zudaire (Navarra), un lugar fácilmente asequible con una cascada que cae en una poza de aguas turquesas y donde una imagina ver a las lamias peinando sus largos cabellos de oro.




No quería despedirme sin contaros qué he soñado para acabar pensando en ella. En mis sueños, yo era un precioso gato que vivía junto a mi dueña, una mujer que vivía sola en un pequeño pueblo llamado Arrazola, cercano a Durango, en el que las gentes llevan unas vidas sesgadas, adaptadas a unas costumbres morales alejadas de las practicadas hace decenas de años. En el pueblo la mujer es respetada porque es capaz de sanar a los enfermos con ungüentos y preparaciones que dispone con hierbas, plantas y raíces que encontramos en el bosque. Dicen que incluso ve la muerte en los ojos vivos de los hombres. Acudimos de noche a una cueva, donde nos reunimos con otras mujeres y hombres de todas las edades. Mi dueña lleva a cabo lo que parece una ceremonia de iniciación con unas jóvenes, entre las cuales, se encuentra su nieta. Allí todos cantan, bailan, cenan y beben… Son felices y yo con ellos. Podría acabarse allí mismo el mundo entero, más No les importaría. Son libres.

¿Qué rostro se esconde tras esa mujer que proporciona libertad y perpetúa la esencia de esa tierra? Toti Martínez de Lezea.

Una Entrevista de
Santiago Navascués 
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martes, 12 de agosto de 2014

MAREAS, de Toti Martínez de Lezea





Dicen que los océanos contienen el mismo volumen de agua. Sin embargo, cuando nos acercamos a la costa y permanecemos a lo largo del día observando el movimiento del mar, nos surgen dudas sobre ello. ¿Cómo es posible que en un mismo puerto, las barcas floten sobre un lecho profundo de agua marina a primera hora del día, y apenas unas horas después, reposen de medio lado, acostadas en un fondo de arena y roca? Los sabios atribuyen este fenómeno al poder de atracción que ejercen la Luna y el Sol sobre el planeta. Sea como fuere, las costas son cubiertas a diario por un mar brioso, masculino y fértil que se adentra en los cuerpos de la tierra y los fecunda con su espuma de plata. Sin embargo, apenas unas horas después, el mismo mar se aleja sin contemplación, deja esas mismas costas expuestas al sol y al viento, entregadas al desamparo; desaparece y se aleja, y todo lo que deja atrás parece no importarle, o si le importa, no lo suficiente para hacerle regresar (tal vez no pueda). Son las llamadas mareas y, desde que el ser humano decidió abrir en las paredes de sus casas ventanas con vistas al mar, han determinado sus destinos y seguirán haciéndolo para siempre.

Mareas es también el título de un libro que representa la incursión de Toti Martínez de Lezea en el relato corto, una aventura para la que ha decidido embarcarse de la mano de la editorial donostiarra Ttarttalo.

Se trata de un conjunto bien armado de historias de mujeres de la costa vasca; historia con h minúscula, esa historia que no aparece en los libros oficiales porque no tiene sangre azul ni relata sangrientas batallas que alteraron los destinos de las grandes naciones europeas. Esa historia es Historia también aunque no les interesase recordarla a quienes pagaban a los escribas, pues eran pagados de sí mismos. Pero este libro no es sólo eso: es una de las mejores y más grandes reivindicaciones de la figura de la mujer en toda su amplitud, desde madres a amantes, pasando por sardineras, viudas, parteras o tímidas niñas. Mientras sus hombres hacían la guerra o cruzaban los mares en busca de bancos de pescado, fueron las mujeres las que debían hacerse cargo de la crianza de los hijos, del sustento diario de las familias, trabajaban la tierra, regentaban los negocios… acarreando con el peso de la vida. Y cuando ellos regresaban, las mujeres se retiraban en silencio de ese primer plano (ocupado con entrega, y compensado con sudor y penas) haciéndose a un lado de la sombra de su hombre, cuando no bajo él, soportando sus embestidas (no siempre gozosas) para cumplir con su obligación de esposas.

Hilvanados los relatos con el hilo del tiempo como conductor, se trata de un conjunto de historias (un total de 35) que se suceden en distintas poblaciones del litoral vasco en toda su extensión, desde Muskiz a Baiona. Se suceden protagonistas muy dispares: una mujer en contacto con la Diosa; una niña que sufre el asedio de su ciudad; una batelera contrabandista; una aspirante a corsario; una hospitalera de peregrinos; unas presas torturadas por monjas; una madre que observa el movimiento de los cielos con odio fundado; una redera acusada de brujería.

En definitiva, Mareas es un libro que invita a conocer una tierra y unas gentes, las vascas, a través de los ojos de sus mujeres; que supone un intenso ejercicio para conocer la Historia del País Vasco en su cincuenta por ciento femenino.
Con esta novela, Toti Martínez de Lezea regala  a los lectores, como ya lo hizo con su Leyendas de Euskal Herria, algo más que una novela: muchos serán los que, con los años, recurran a este libro para saber de dónde viene y por qué es como es.
¿Habrá segunda novela que recoja la mirada masculina? Sólo la autora lo sabe.



MAREAS
Toti Martínez de Lezea

EDITORIAL TTARTTALO
ISBN: 978-84-9843-329-6 

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Una reseña de Santiago Navascués
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