viernes, 11 de agosto de 2017

¡VACACIONES DE VERANITO PARA EL GATITO!



¡Qué si que sí! Que por fin me voy de vacaciones, si, las definitivas, las largas, las que me merezco, vaya que si, ya estoy empaquetada. Y diréis que claro, que siendo una trotera me esperan unos días de  viajar en tren, en barco, en coche, en bici, con amigos, familia, con churris...pero entre nosotros, lo de Trotera, trotera lo que se dice trotera, a mi edad, como que ya no tanto, pero me voy a dedicar en cuerpo y alma a practicar mi hobby favorito y a depurar técnicas de posturas, y no es Yoga...¡Voy a echarme la siesta en tantos lugares distintos como pueda! y os veo en Septiembre hecha una Maestra Siestera.

¡¡Besitos y varios ronroneos!!

Wiwi, Santi y Yoly.





miércoles, 9 de agosto de 2017

NACIDA SOMBRA. Festival de Teatro de Olite


La lucha de la mujer por reivindicar su condición femenina, por ubicarse en el mundo con dignidad, por hacerse un hueco en la sociedad, ha sido (y sigue siendo) una navegación compleja, no exenta de peligros y riesgos, en ocasiones sin rumbo definido o detenida en mitad de un mar en calma sin soplo de aire fresco que empujase las velas... Y a todo eso, debemos sumarle la intervención del enemigo, que siempre que pudo atacó por la espalda, o como una jauría de perros atacando a una presa extraviada, sola y malherida... sin compasión, sin pesar, con toda la crueldad que la cobardía es capaz de albergar para asestar la dentellada definitiva.
Por eso, y para que no se olvide, es necesario reivindicar la memoria de aquellas mujeres que con sus actos, sus gestos y sus gestas, no quiesieron conformarse con lo que para ellas estaba escrito, y decidieron asir ellas mismas tintero y pluma para escribir, de su puño y letra, las líneas maestras que definiesen su propio destino.


Y llegó el último día del Festival de Teatro de Olite tras casi tres semanas de programación cultural de un alto nivel que arroja como resultado, a falta de confirmación oficial por parte de los organizadores, un éxito de crítica respecto de los montajes programados y de público, pues se ha completado el aforo en varios días, y la asistencia media probablemente haya superado  con facilidad el 85% del aforo total, lo que confirma el buen estado de salud del festival, con un núcleo importante de asistentes fieles que apuestan por conseguir los mejores asientos haciendo uso de su abono, así como de un variado público llegado de dierentes rincones de la comunidad foral y de las limítrofes de La Rioja y Aragón, principalmente.
Sobre la base del teatro clásico, si bien la mayoría han sido adaptaciones con estéticas modernas, se han introducido nuevas propuestas basadas en aquellos textos, tomados con mucha libertad pero sin que en ningún momento se perdiese la conexión con la obra madre. Éste es el motivo por el que el festival, que perdió la mitad de su apellido (hasta la anterior edición se llamaba Festival de Teatro Clásico de Olite, y desde la actual pasa a denominarse Festival de Teatro de Olite), renuncia al Clásico como barrera que pone límites al campo, y pretende (al menos esa es la impresión que por sus hechos parece transmitir el director del festival, Luis F. Jiménez) ofertar una nueva dimensión que busca ir más allá de la declamación del verso estricto, ampliar los conceptos y las miradas que permitan acceder, con plenas garantías, a montajes ideados desde una perspectiva más moderna pero en absoluto carentes de interés y apego a los textos más universales. El tiempo dirá si la nueva senda abierta para recorrer es el camino elegido también por un público exigente como es el que acude, año a año, hasta el magnífico escenario que se erige en la trasera del Castillo Palacio de los antiguos Reyes de Navarra.




Como ejemplo que escenificó verdaderamente la apertura de mentalidad dentro del Festival de Olite, nada mejor que acudir a la noche de clausura, donde pudimos asistir a un espectáculo flamenco, muy libre y cargado de emociones y matices, que, sobre la base de unos textos de alguna de las mujeres más importantes de su época, hizo las delicias del público que casi llenó el aforo de La Cava.
Que nadie esperase grandes discursos versificados con la voz; hubo versos, de muy bella factura, que fueron los que salían de aquellos zapatos que se deslizaban sobre la tarima del escenario, que flotaban en el aire y sacudían, impetuosos, sus tacones sobre las tablas para ofrecer un amplio poemario de figuras. Sus vestidos etéreos alzándose en el aire, mecidos por un fresco viento que, sin ser molesto, ceñía las telas a unos cuerpos que, sobre el escenario, parecían los de unas diosas: decididos en su ejecución, sensuales en su pretensión, rítmicos en su definición.

La idea original, nacida de la mente de Álvaro Tato (hombre multidisciplinar que ofrece su talento al arte y a la literatura y es una de las partes fundamentales de la Compañía de Teatro Ron Lalá, a quienes ya pudimos ver en Olite en años anteriores con sus divertidísimas En un lugar del Quijote y Cervantina), que en este caso además se encarga de la dramaturgia de la obra para presentar un montaje bien hilvanado, que no deja lugar al respiro al espectador, saltando de actuación en actuación con la voz en off de una lectora de cartas impersonal llamada Blanca Portillo. La pretensión es acercar al gran público a cuatro mujeres: Santa Teresa de Jesús (mística y diosa de la literatura española), María Zayas (precursora de la literatura feminista, cuya narrativa fue censurada por la Inquisición), Juana Inés de la Cruz (luchadora incansable por el derecho a la educación femenina)  y María Calderón, "la Calderona" (actriz colosal e impactante de gran personalidad que tuvo a sus pies al propietario de un imperio, Felipe IV).

Sobre el escenario, Rafaela Carrasco, Florencia O´Ryan, Carmen Angulo y Paula Comitre se encargan de ponerle rostro y talento a cada una de ellas, de reivindicar su figura, de mostrar su pasión desbordante y de componer preciosísimas danzas que van desde la seguiriya a la bulería, pasando por fandangos, soleás o tarantos. Sorprende por su originalidad y buena resolución la inclusión de un vals y de una cantiña, y conmueve el virtuosismo que demuestran los músicos que acompañan al cuarteto de baile, tanto los guitarristas como los cantaores. Con un final súmamente poético que no desvelaremos, pusieron el broche final a una propuesta muy interesante, que arrancó los aplausos más sinceros de un público que, si bien no estaba muy instruido en el flamenco, disfrutó plenamente del espectáculo.
Es lo que tiene el arte, que no es necesario que intervenga la razón para conmoverse, es un disparo sin intermediarios al corazón, te alcanza, te atrapa, sacude, y ya no te suelta.



COMPAÑÍA

Rafaela Carrasco

DIRECCIÓN
Rafaela Carrasco

BAILE
Rafaela Carrasco, Florencia O´Ryan, Carmen Angulo y Paula Comitre

MÚSICOS
Guitarras: Jesús Torres – Juan Antonio Suárez “Cano”
Cantaores: Antonio Campos – Miguel Ortega


EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
Idea original y dramaturgia: Álvaro Tato
Voz en off (cartas): Blanca Portillo
Composición musical: Antonio Campos, Jesús Torres, Pablo Suárez
Diseño de escenografía: Carolina González
Diseño de vestuario: Belén de la Quintana
Diseño de iluminación: Gloria Montesinos
Diseño de espacio sonoro: Gabriel Araujo
Maquinaria: Rusti
Sastrería: Pepa Carrasco
Producción ejecutiva: Alejandro Salade
Producción: Rafaela Carrasco 
Distribución: Emilia Yagüe Producciones
Fotos y diseño gráfico: Spectare

Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 8 de agosto de 2017

FUENTEOVEJUNA. Festival de Teatro de Olite



¿Cuántas veces hemos escuchado a muchos actores y actrices, de aquí y de cualquier otra parte del mundo, decir que al interpretar tal o cual papel, a éste o a aquel protagonista, sus vidas han dado un cambio completo, que desde entonces son otros, que incluso ven el mundo con otros ojos?
A decir verdad, tienen toda la razón cuando enfatizan de ese modo sus afirmaciones. Existen personajes tan potentes, tan cargados de complejidades, con sus almas tan quebradas, que experimentar desde dentro su evolución, en la dirección que tomen, debe ser algo tan enriquecedor y tan grato, que a la fuerza tienes que crecer como persona, pues vives, sin vivirlas, experiencias inéditas que te ayudan a ser, cuanto menos, mucho más empático.
¿Qué pasaría si es el propio teatro, el que cambia las vidas de las personas que participan en él? Yendo más allá de lo puramente económico desde el punto de vista laboral, sería inaudito y tremendamente inabordable que el arte del teatro fuese capaz de transformar la vida completa de las personas. Que quien se acercase, desde el desconocimiento pleno a las tablas, y le diese por aprenderlo, por probarlo y sentirlo, pudiese comprobar que hay vida más allá de su vida. Aquello sería mágico, y debería contarse en radio, prensa y televisión, hacerse tesis universitarias de tal fenómeno para que quedase reflejado en los libros de sociología como un ejemplo de hasta qué punto el arte es capaz de transformar sociedades.
Parece un sueño...Algún día...

Para el penúltimo día de festival, en Olite se programó la Fuenteovejuna de TNT/Atalaya - El Vacie, o lo que es lo mismo, la propuesta que, de la mano de la directora Pepa Gamboa, viene recorriendo media España con unas actrices no profesionales, de etnia gitana, sin estudios y procedentes de uno de los más antiguos barrio chabolistas gitanos del este país que se sigue creyendo dentro de la Champions League del mundo en desarrollo económico, pero que siga en tercera división en muchos aspectos sociales... Para recordárnoslo, llegaron ellas hace años con su debut sobre los escenarios nacionales más importantes, triunfando por todo lo alto con una adaptación de La casa de Bernarda Alba, cosechando críticas muy positivas, ganándose el apoyo del público y el reconocimiento de toda la sociedad.

En los albores del nuevo milenio, el ayuntamiento de Sevilla decidió albergar el Centro de Investigación Teatral TNT sobre un solar pobre, situado en las afueras de la capital hispalense, en la frontera con las chabolas de uno de los barrios marginales más arraigados: El Vacie. El director de teatro Ricardo Iniesta, soñó que aquella ubicación sería idónea, que desde allí podrían plantear alguna alternativa para las gentes del barrio, una vía de escape a través del teatro. Con el paso del tiempo, aquella idea germinó y se creó un grupo de trabajo experimental con mujeres procedentes de El Vacie. Las sacaron de sus chabolas después de que obtuviesen el permiso de su maridos o de sus padres para participar en un taller de teatro, dejaron bajo la techumbre de placas de metal y neumáticos gastados sus obligaciones y sus vidas dedicadas a su familia; se levantaban un poco antes, dejaban la comida hecha, la casa medianamente recogida, a los hombres almorzados y a los hijos en la escuela (los que iban), y se reunían en el centro para escuchar la historia de hombres y mujeres fascinantes, de parejas de enamorados, duelos de reyes, tragedias, comedias... y sin quererlo, sin apenas darse cuenta, se hallaron a sí mismas aprendiéndose pequeñas interpretaciones que pondrían en común de manera periódica. Lo que empezó como un juego y una distracción, una manera de dedicarse tiempo a sí mismas, acabaría por abrirles las puertas de los teatros de todo el país.


Probablemente, cuando Lope de Vega imaginó y dió vida y forma a los personajes de su obra, nunca pensó en los gitanos para que fuesen ellos los que les pusiesen cara, expresión y sentimientos. Y no es porque a comienzos del siglo XVII no hubiese calés, que los había, si no que ya por aquel entonces era un pueblo nómada que era visto con recelo por buena parte de la sociedad por sus costumbres dispares y su vida parcialmente alejada del resto con un notable interés por mantener sus tradiciones heredadas por sus ancestros, que atravesaron toda Europa en un sufrido tránsito para morar las tierras de la que fue la descrita como la gran Tierra de Conejos por los romanos.
La obra toma para su narración los hechos sucedidos en aquella población andaluza, en los que el Comendador que viaja hasta aquellas tierras somete a las buenas gentes y a las mujeres, pues se cree investido por la inmunidad que le proporciona su cargo. El pueblo, herido en su orgullo por la afrenta a la honra de sus hembras, decide tomarse la justicia por su mano y asesinar al hombre que causó tantas desgracias. Tiempo después, cuando un enviado de los Reyes Católicos viaja hasta Fuente Ovejuna para investigar las causas de lo sucedido, realizando para ello múltiples interrogatorios haciendo uso de distintos métodos de extracción de respuestas, lo único que consigue como respuesta es la unánime ¡Fuenteovejuna lo hizo!

Las actrices, aunque ellas se guardan de darse a sí mismas esos nombres, realizan un trabajo muy puro, seguramente con algunas carencias técnicas, pero colapsado por una verdad incontestable que a buen seguro nace de su deseo de reivindicarse como mujeres, en la obra y fuera de ella, de sentirse protagonistas durante los sesenta minutos que dura la obra, aún asumiento que luego, cuando se apaguen los focos y regresen a Sevilla, seguirán siendo las mujeres de... o la novia de... Seguirán ejerciendo de madres, de abuelas, de esposas... ayas de cría, protectoras del clan, guardianas del núcleo familiar que nada ni nadie podrá corromper, que defenderán con uñas y dientes como gato panza arriba... como se resistió el pueblo de Fuenteovejuna para protegerse de la amenaza exterior.
El mundo sobre el que se mueven es un poético mar de montones de mercadillo, donde la ropa parece brotar desde cualquier sitio, de todas las tallas y colores, que lo mismo sirve como lecho para soñar como de escondite para huir del payo malo.

Este montaje parte de la propia idea de las gitanas de escenificar Fuenteovejuna, del reparto de personajes por parte de la más anciana de todas ellas. A través de sus ojos, nos brindan su visión del clásico, incorporando escenas propias de su cultura: su folclore, su boda, el rito del pañuelo, su vida ambulante... todo ello expuesto con una intensidad que brota virgen, sin imposturas, instantes en los que las actrices se dejan llevar y ofrecen lo mejor de sí mismas.
Tras ver esta adaptación, es probable que ya no podamos olvidar la interpretación de estas mujeres, orgullosas gitanas, hacen del pueblo de Fuenteovejuna, pues su manera de moverse, su caló revirado, sus gestos y sus miradas, y su fuerza escénica y racial, consiguen que el espectador únicamente vea en ellas a un pueblo maltratado, humillado, abandonado, tal y como quiso reflejar el Fénix de los Ingenios, pero sin olvidar al mismo tiempo a esas mujeres que, cuando se bajan del escenario, regresan a sus chabolas, a la chatarra, al mercado, al dos por cinco euros. ¡Fuenteovejuna son ellas!

Nota al pie: Europa ha emprendido acciones para desmantelar el poblado chabolista de El Vicie y ofrecerles una vivienda digna a sus habitantes. Todo comenzó meses después de que estas mujeres se hiciesen visibles. ¿Casualidad?




COMPAÑÍA

Atalaya Centro TNT-El Vicie

DIRECCIÓN
Pepa Gamboa

REPARTO 
Rocío Montero Maya, Lole del Cmapo Díaz, Carina Ramírez Montero, Sandra Ramírez Montero, Ana Jiménez / Pilar Ramírez, Rocío Rivas Flores, Beatriz Ortega Chamorro y David Montero

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
  
Dramaturgia: Antonio Álamo
Ayudante de dirección: Joaquín Galán
Asesoramiento Artístico: Pedro G. Romero
Diseño de espacio escénico: Antonio Marín
Vestuario: Maite Álvarez
Iluminación: Alejandro Conesa
Sonido: Emilio Morales
Coordinación Técnica: Alejandro Conesa
Regiduría: Joaquín Galán
 Fotografías: Félix Vázquez 

Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

lunes, 7 de agosto de 2017

LA VIDA ES SUEÑO. Festival de Teatro de Olite

Existen obras de teatro que son el Teatro. Textos cargados de dramatismo, que encierran reflexiones filosóficas, que provocan el llanto, la risa, la congoja, la ternura... Son montajes que trascienden de la época en la que fueron concebidos para agradar a un público concreto, con una concepción del mundo singular, amamantados en unos valores que no tienen por qué coincidir con los que han ido modelándose a medida que han avanzado los años, las décadas, los siglos... Sus protagonistas quedan grabados en la retina de los espectadores, así sean interpretados por múltiples actores distintos, cada uno con una puesta en escena diferente. Esas obras, esos textos, esos montajes... con el paso del tiempo, son los que acaban entrando a formar parte del selecto grupo de los Clásicos, morando eternamente en lo más alto del arte y la sabiduría de la Humanidad; y sus autores, como no puede ser de otro modo, ocupan un lugar en el Monte Olimpo, codeándose entre dioses, pues su talento y su genialidad, no pueden pertenecer al azaroso mundo de los mortales.
Que nadie deje nunca de acudir a presenciar una escenificación de un texto clásico que reproduzca con fidelidad el carácter primigenio de la obra: jamás saldrá sin alimento para el entretenimiento, ni equipaje nuevo y limpio en el zurrón del alma.

La vida es sueño. Aquí mismo podría terminar esta reseña, pues con sólo escuchar, leer o escribir ese título, uno ya sabe que se encuentra ante lo más alto de la cordillera teatral de todos los tiempos. Los habrá semejantes, parejos en altura, pero no superiores. Es la historia de Segismundo, hijo de Basilio, rey de Polonia, que se encuentra recluído desde niño por su padre en una oscura cueva al descubrír éste, en la lectura de las estrellas, que su hijo sería un rey cruel y despiadado. Temeroso de que se cumplan tales augurios, Basilio encadena a Segismundo en una celda y lo deja allí, al cuidado de Clotaldo. Segismundo es un ser oscuro, como oscura es su morada de humedad y cadenas, atormentado por su encierro, entristecido por su desdicha. Sin embargo, un día su padre decide concederle una oportunidad, abrir la puerta a un cambio en el destino que parece estar escrito, y concede sacarlo de la cueva dormido para que despierte en su palacio como rey. Allí lo dejará a su aire, y según su comportamiento, le descubrirá la verdad si demuestra ser de fiar, o lo devolverá a su cueva si sus maneras son las vaticinadas por las estrellas. Segismundo matará, dormirá, será nuevamente encerrado, despertará una vez más siendo preso, aturdido dudará del mundo, del tiempo y de sí mismo, de su realidad y de su sino... hasta que vengan a reclamarle como príncipe heredero las gentes de Polonia (que hasta entonces desconocían su existencia y ven en su figura la continuidad del país) que marchan contra el rey Basilio y lo liberen para que luche contra su padre... ¿Qué hará Segismundo?

El montaje de la obra es sencillamente espectacular: desde el vestuario seleccionado (al principio su modernidad generó dudas por su atrevimiento con unos patrones indeterminados, próximos a la modernidad) y el modo en el que interactúan con él hasta los técnicos de sonido o maquillaje, pasando por el impecable uso de los elementos del decorado y de la luz: ambientes claustrofóbicos para recrear la cueva donde pena Segismundo o espacios diáfanos y nobles pertenecientes al palacio de Basilio, rey de Polonia, todo tiene cabida en una acertadísima puesta en escena que sorprende gratamente y que viene a demostrar, una vez más, que el ingenio pesa más que los abultados presupuestos. Además, no podemos olvidar la interesante aportación del músico que interviene durante toda la obra, en directo, poniendo el contrapunto adecuado a las escenas a medida que se suceden, según requiera cada momento.

Los actores puntúan alto, cada uno consiguiento unos interpretaciones creíbles, ajustadas a las características de cada personaje: encontrando al verso suelto y humorístico en Clarín, al elegante y siempre majestuoso Basilio, a la inteligente y sagaz Rosaura, Astolfo, Clotaldo, Estrella... Memorable es la primera jornada de la obra, en la que los actores, en mitad de la oscuridad de la cueva de Segismundo, se mueven haciendo uso de unas pequeñas pero potentes linternas que van iluminando los distintos puntos del escenario, creando haces oníricos de luz y de sombras, una maravilla visual fruto del buen hacer de todos ellos en consonancia con escenografía. Todos intervienen con un tono medido y cuidado, siempre al servicio de la lucidez y lo umbrío que brota como el magma de un volcán de las entrañas de Segismundo, maravillosamente interpretado por José Luis Esteban, quien consigue conducir al público por todas y cada una de las sensaciones vitales por las que atraviesa su personaje, haciendo sentir a cada espectador instantes de desdicha, de prepotencia, de temor, de arrogancia, de reflexión, de amor, de ira, de razón, de arrepentimiento, de compasión...

Sin lugar a dudas, un pequeño gran regalo el que nos hace la compañía de El Teatro del Temple con esta versión de La vida es sueño de Calderón de la Barca, que abre las puertas de un modo respetuoso y renovador a un público actual, que encontrará una obra sujeta al verso clásico pero ofrecida de un modo entendible, atractivo y cercano. Han dejado huella en los espectadores que llenaron el aforo de La Cava para presenciar su trabajo, alcanzando un nivel artístico de los más notables de entre todos los montajes que han pasado hasta la fecha por el festival.
No tengan duda: si esta propuesta pasa por su ciudad, ¡acudan!




COMPAÑÍA

Teatro del Temple

DIRECCIÓN
Carlos Martín
REPARTO   
Segismundo: José Luis Esteban 
Basilio: Yesus Bazaan 
Clotaldo: Félix Martín 
Rosaura: Minerva Arbués 
Astolfo:  Francisco Fraguas 
Estrella: Encarni Corrales 
Clarín: Alfonso Palomares

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
Dramaturgia: Alfonso Plou 
Producción: María López Insausti 
Música:  Gonzalo Alonso 
Escenografía: Tomás Ruata 
Iluminación: Tatoño Perales 
Vestuario: Ana Sanagustín 
Caracterización: Langas estilistas 
Fotografía: Marcos Cebrián 
Diseño Gráfico: Línea Diseño 
Equipo de producción: Pilar Mayor y Alba Moliner 
Técnicos en Gira: Tatoño Perales y Antonio Fdez. Garza
Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

domingo, 6 de agosto de 2017

JUANA, LA REINA QUE NO QUISO REINAR. Festival de Teatro de Olite



Ya lo dijimos, pero no nos arrepentimos... Más bien reivindicamos:
"El acto de la confesión acostumbra a tener un punto de arrepentimiento. Y es que llega un momento en nuestra vida que sentimos la necesidad de transmitir a alguien todos esos pensamientos, algunos extraviados, otros machaconamente reincidentes llamando a las puertas de nuestro recuerdo, como método para redimirnos y liberarnos del peso que supone cargar con ellos sobre nuestra conciencia.
Para algunos sectarios, buscadores de tinieblas y sabuesos del vicio, serán pecados a catalogar en sus listados de putrefacción conforme a su moral (purulenta desde el inicio y por lo tanto herida de muerte desde su nacimiento). Para los demás, son sólo vivencias del ser humano de las que cada uno sale como buenamente pueden y que han de quedar como lo que son: sucesos a veces trágicos, a veces agradables, de los que siempre hay algo que extraer para aprender.
Cuando una confesión llega de un Rey, la procedencia más elevada de la jerarquía social, no queda sino esperar los más grandes acontecimientos, las anécdotas más envidiadas... pero también, los sucesos más oscuros y los pecados, que los cometen, más siniestros."


Para la recta final del Festival de Teatro de Olite, el director programó una obra, Juana, la reina que no quiso reinar, con gran parecido a Reina Juana, la versión dirigida por Gerardo Vera y protagonizada por Concha Velasco, con la que dió comienzo la pasada edición de 2016 de este mismo festival.  Juana la Loca, la que debiera haber sido recordada como Juana I de Castilla, aparece como personaje principal armada de un monólogo frente al espectador para arrojarle, sin tibieza ni temor, la narración de la vida de una mujer que siempre rehusó el poder que siempre la quiso seducir; la celda en la que se movía, amplia y repleta de féretros/fantasmas ésta, casí vacía aquella; la reina frente a la persona, la persona frente a sí misma en ambas... Miedo, pasión, tragedia, entrega, dolor... A pesar de las coincidencias, y de la proximidad del recuerdo de la obra anterior en los espectadores, el aforo de La Cava volvió a llenarse para disfrutar con la historia de uno de los personajes más fascinantes de la Historia de España.

Y es que Juana, la hija que hacía tercera en la estirpe nacida de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla, fue una mujer que vivió a contracorriente en una época en la que los matrimonios entre reyes únicamente eran contratos de buena vecindad o acuerdos político-estratégicos para tomar posiciones sobre el tablero del mundo conocido. El amor no era si no una quimera, un ideal, algo secundario y etéreo que podría corresponderles o no, pero que no debía apartarles del verdadero motivo de su existencia: engrandecer su linaje y perpetuarlo en el tiempo.
En esta obra, dirigida por J.D. Caballero a partir del texto de Jesús Carazo, avanzamos con ritmo ágil por los momentos más impactantes de la vida de la protagonista: su boda con Felipe el Hermoso a la edad de dieciséis años, a quien no conocía más que por un retrato pintado a mano; el posterior hechizo de pasión bajo el que cayó, presa del deseo y el arrebato que sentía desde sus entrañas por el Duque de Borgoña; el nacimiento de sus hijos, entre ellos un emperador, a quienes entregaría como objeto de negociación igual que lo fue ella; la traición de su marido respecto de su honra y de su lecho; la muerte de su madre, la indiferencia de su padre; su encierro en Tordesillas, su negativa a participar junto a los Comuneros en la búsqueda de un destino alternativo para su pueblo; la muerte de su amor que la atormentará de por vida...



Gemma Matarranz, una actriz curtida por la experiencia y entregada a un papel excepcional, realiza una fabulosa e intensísima interpretación del alma atormentada y pesarosa de una mujer que quiso ser libre: como mujer, como madre, como esposa, como amante... y no encontró en torno a su figura otra cosa que no fuesen intereses ocultos, negaciones, traiciones, intrigas, conspiraciones... Es esta Juana una reina repleta de dolor, una mujer que va desprendiéndose de su ropa igual que desnuda su alma para mostrarse como una víctima del Poder: el político, el de los instintos, el de Dios... Luchó por ser fiel a sí misma, a lo que le nacía de su interior, pero el destino, lejos de guardarle una vida grata, le entregó más de cuarenta años de encierro en una pequeña y fría celda de un convento vallisoletano.
A pesar de ser un montaje con varios años en escena, la compañía sigue realizando un trabajo con la misma entrega que el primer día, y tanto el equipo técnico como el fraile que acompaña en su obligado retiro a la reina (Enrique Torres), realizan una labor pulcra que redondea un producto la mar de apetecible. Si acaso, y por ponerle un pero, se echa de menos algunos minutos más de duración para poder detenerse un poco en algunos episodios que se tocan con velocidad y que, por la carga dramática y didáctica que conllevan, merecerían ahondar en ellos.
Sonó para Gemma y para la compañía una fuerte ovación cerrada, que no hizo si no confirmar que aquellas nominaciones (varios Premios Max) que recibieron por esta obra, no eran fruto de la casualidad, si no la consecuencia de su madurez plena.




COMPAÑÍA

Histrión Teatro

DIRECCIÓN
J. D. Caballero
REPARTO  
Juana Gemma Matarranz
Fraile Enrique Torres

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
Texto original: Jesús Carazo
Vestuario: Mai Canto
Música Original: I. Almendral
Escenografía: Álvaro Gómez Candela
Iluminación: Juan Felipe Tomatierra
Fotos: Pablo Mabe
Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

viernes, 4 de agosto de 2017

ILIRIA. Festival de Teatro de Olite



Las redes sociales las cargan los demonios. Muchos de nosotros navegamos por ellas dejándonos llevar por una ingenuidad infantíl, surcando mares digitales, conociendo personas, estableciendo vínculos con ellos sin apenas conocerles, únicamente porque son amigos de amigos de amigos... Y sin embargo, les abrimos las puertas de nuestro perfil, que es, de alguna manera, como abrirles las puertas de nuestro propio hogar, pues en nuestra cuenta de cualquier red social incorporamos fotos propias, compartimos información que nos gusta, indicamos que estamos escuchando la música que nos vuelve locos, si nos hemos ido o no de vacaciones y dónde nos encontramos en ese instante...:
 ¡De copas en la mejor compañia! -- Foto de cuatro cubatas, un dry martini y un mojito de fresa sobre mesa de chiringuito con playa al fondo.
Al instante, van cayendo los primeros Me gusta. Misión cumplida.
No somos conscientes de hasta qué punto la información es poder, y cómo puede llegar alguien a usarlo, el poder, si obtiene toda clase de información sobre tí. Y se la damos en bandeja de plata. Luego vienen las sorpresas, los yo pensé que no tendría importancia, los jamás imaginé que una cosa así pudiese pasarme a mí,... y cosas similares.
¿Quieres ser mi amigo?

El bardo de Stratford-upon-Avon, el genial William Shakespeare, regresó el pasado domingo a la trasera del Palacio-Castillo de Olite para ser representado sobre las tablas del escenario de La Cava, una vez más. Pero en esta ocasión, lejos de representarse de una manera fiel al texto del dramaturgo inglés, el público que allí se congregó tuvo la oportunidad de asistir a la representación de una obra basada en Noche de Reyes, escrita por el maestro en torno al año 1.600. De la obra original mantiene el nombre en el que transcurre la trama, Iliria, si bien entonces era una tierra imaginaria, y en esta ocasión es una red social en el que interactuan los protagonistas. Además, también coinciden los nombres de los personajes que pueblan la obra, algunos enamoramientos y enredos, y el fiel reflejo de la condición humana, mostrándose en ambos textos de un modo crudo y descarnado.

En este montaje, escrito por la uruguaya Denis Despeyroux, nos muestra una red social: Iliria, donde puedes ser tú mismo, donde unos personajes virtuales que van interactuando unos con otros, que en nada se parecen a las personas que están detrás de cada perfil. Así, encontramos a Candela (Olivia, en Iliria), una joven directora de una revista ecléctica, que se muestra en la red abierta a las relaciones mientras que en su vida real pone freno a cualquier hombre, al verse afectada por la reciente pérdida de un hermano; también conocemos a Aníbal (Orsino, en la red) un joven empresario, triunfador y adinerado, que bebe los vientos por Candela; a César (Viola) un extraño joven que trata de ayudar a Aníbal a conquistar su amda; o Lorenzo (Asakura Malvolio), un joven friki amante de los mangas, lacayo de Candela en la revista y enamorado en silencio de ésta...
Surgirá entre ellos, y de con la ayuda de otros secundarios, una trama de amores no correspondidos, de luchas incesantes por conquistar a la persona amada, de enredos laborales, traiciones entre compañeros, enamoramientos inesperados... Puro Shakespeare del siglo XXI, presentado en diferentes dosis según la ocasión y el momento: diálogos púramente clásicos ahora, apasionados soliloquios de verbo actual luego...
El equipo técnico realiza un buen trabajo, solucionando los distintos ambientes en los que se desarrolla la escena con el uso de una plataforma que es desplazada por los acortes gracias a unas ruedas locas que permiten acercarla o alejarla en función de la necesidad del texto. El reparto realiza un buen trabajo, algunos dibujando de manera sutil los matices psicológicos de sus personajes, o trazando con violentos y gruesos trazos las personalidades con múltiples aristas de otros mucho más histriónicos. En todo momento sobrevuela sobre la obra una brisa cómica que refresca el texto y al público, y sirve como desengrasante a la trama, que en algunos momentos se vuelve algo sobria y solemne por su carga dramática.

Como ya hemos contado en otras ocasiones, al teatro hay que acudir libres de prejuicios y clichés para poder disfrutar plenamente de lo que nos ofrecen, y siendo consciente previamente de qué es lo que vamos a ver para evitar sorpresas. Teniendo claras esas dos premisas, encontrará en Iliria algo que tenga un aroma a primavera, a nuevo, a recién creado, y a la vez un gusto que recuerda a algo conocido, ese sabor que probamos hace tiempo pero al que no conseguimos clasificar del todo. Por algo fueron finalistas a Mejor espectáculo revelación en los últimos Premios Max.
Merece la pena verlos.




COMPAÑÍA

Horizonte de Sucesos

DIRECCIÓN
Juan Ceacero
REPARTO  
Huichi Chiu, Fernando Delgado, María García-Alíx, Beatriz Grimaldos, Jorge Mayor, Vanesa Rasero y Néstor Roldán

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
 Texto Denise Despeyroux
Ayudante de dirección Ivana Heredia
Vestuario y Escenografía Paola de Diego
Audiovisuales  Alejo Serra
Espacio sonoro Michael Stubblefield
Diseño Cartel y Logo  Lucía Santa
Maquetación  Celinda Ojeda 

Iluminación: Jorge Colomer
Fotografía: Raúl Bartolomé
Creación y Producción: Horizonte de Sucesos
Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

jueves, 3 de agosto de 2017

LA JUDIA DE TOLEDO. XVIII Festival de Teatro de Olite

Encomendarnos a las pasiones, desatar el amor hacia todo aquello que nos nubla la mente y nos arrebata el corazón... Nada hay más gozoso en esta vida que el disfrute de los placeres que el mundo ha dispuesto para que el hombre haga uso de ellos, y nadie será infeliz durante el tiempo que dure la fruta madura entre nuestros dedos mientras apuramos la pulpa, los dedos empapados en jugoso frenesí...
Más... ¿qué sería de nostros si únicamente hacemos del sentido de la vida la entrega a los instintos, qué del pueblo que espera un buen gobierno, si nosotros somos duques, presidentes o reyes? ¿Renunciaríamos a nuestra vida anterior por ser eternamente felices... o por elcontrario haríamos propósito de enmienda, rehuyendo de todo lo que tenga que ver con nuestro pasado?

Y tras cuatro sesiones dedicadas a Shakespeare, se hizo dueño del escenario de La Cava, el Fénix de los Ingenios: Lope de Vega. Con un nuevo lleno de no hay billetes, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en coproducción con Micomicon, llevaron a escena la representación de una obra menos conocida del gran dramaturgo español, versionada y dirigida por Laila Ripoll, de cuyos últimos trabajos se ha granjeado muchísimos parabienes de crítica y público.

Se trata de un texto sencillo en la trama: el rey Alfonso VIII, a quien conocemos desde su coronación, descubre un día a una joven judía bañándose en las aguas del Tajo, a las afueras de la que luego sería la imperial ciudad de Toledo. Paralizado por sus encantos, el rey decide informarse sobre ella, saber de sus orígenes y de su nombre... y conocerla personalmente. Fruto de este encuentro, surgirá una pasión tan desatada que el rey Alfonso, hasta entonces bien ocupado en sus asuntos de gobernanza, se olvide de sus regias obligaciones y dedique varios años de su vida a gozar de los placeres de un cuerpo pecaminoso que jamás fue alimentado por carne de puerco. Llevada por la irá, fruto de los cuernos y el desgobierno imperante en el reino, su esposa Leonor de Plantagenet mueve los hilos en la corte para poner fin a tanto desmán, y manipula a los hombres de confianza del rey para que, acabando con la vida de la judía de Toledo, resuelvan  de una vez por todas la vergüenza en la que se ha convertido su esposo como gobernante y como esposo.

Destaca el trabajo de escenografía, que monta sobre las tablas de La Cava unas bonitas siluetas de la ciudad de Toledo del siglo XIII, la segunda de ella con un cuerpo de celosía que permite ver, en la escena del baño de las judías cuando éstas son sorprendidas por el rey, los encantos escondidos que arrebatan la razón del soberano. Así mismo, las estancias judías o cristianas quedan divididas a ambos lados del escenario por unas espacios indefinidos sostenidos por arcos polilobulados u ojivales, respectivamente. La directora acierta con la ambientación de la obra al acercarla al pasado más cercano, en torno a los años 60, en una España postguerra civil, para vincular el sentido de la obra con el carácter circular de la Historia, mostrando que Lope escribía sobre unos personajes del siglo XIII, pero perfectamente puede extrapolarse a la historia reciente, o a nuestro presente más próximo, pues nadie olvida aquel "me he equivocado, no volverá a pasar" tras una infortunada cacería en Botswana. Al menos ahora, aunque los reyes se entreguen a sus vicios, no ejercen gobierno alguno. El que no se consuela es porque no quiere...

El trabajo realizado por el grupo de actores cumple con lo esperado para una obra de estas características, si bien a ésta quizá le falte algo más de intensidad dramática o un mayor recorrido de los personajes, lo que supone una limitación para quienes se suben al escenario.
Para la reflexión queda la verdadera intención del texto, que no es si no la de mostrar el peligro que supone que un gobernante se dedique a otras cosas que no sea gobernar, ya que quienes lo pagan son los gobernados, que ven cómo los problemas se ciernen sobre ellos mientras quien debiera velar por su resolución se haya inmerso en otros menesteres de los que no pretende salir. En su momento, provocó que el desafío moro se cerniese sobre los pueblos y ciudades fronterizas... Hoy... escojan ustedes: la variedad de amenazas es amplia y todas inciertas.



COMPAÑÍA
CNTC/ Micomicon

DIRECCIÓN
Laila Ripoll

REPARTO
Don Blasco, David: Manuel Agredano
Rey Alfonso: Federico Aguado
Reina Leonor: Ana Varela
Garcerán Manrique: Mariano Llorente
Raquel, dama, sombra: Elisabet Altube
Sibila, dama, sombra: Teresa Espejo
Belardo: Marcos León
Leví, Príncipe Enrique, ángel: Jorge Varandela

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
Escenografía Arturo Martín Burgos
Vestuario Almudena Rodríguez Huertas
Iluminación Luis Perdiguero
Música original Mariano Marín
Videoescena Álvaro Luna
Coproducción CNTC/ Micomicón

Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 1 de agosto de 2017

RINCONETE & CORTADILLO. XVIII Festival de Teatro de Olite

A veces, cuando nos abandonamos a nuestra soledad, acostumbramos a dejar volar nuestra imaginación, a filosofar, a pensar en nuestro presente, en qué nos deparará el futuro, o cómo hemos llegado hasta aquí... Cuando pensamos en nuestro pasado, lo hacemos elucubrando acerca de por qué nací en esta casa y no en la de enfrente, por qué tuvimos o no hermanos, o qué hubiese sido de nosotros de haber recibido una educación u otra...
¿Y si nuestros padres hubiesen explotado nuestra habilidad para tocar esa ruidosa batería que siempre pedíamos para reyes y nunca llegó porque no había dónde colocarla en el piso? Si nos hubiesen colocado ortodoncia a tiempo... ¿tendríamos hoy el maxilar como quijada de burro? ¿Seríamos ateos si no nos hubiesen educado en la fe?
Es entonces cuando, metidos en harina, nos dan ganas de pedirles cuentas a nuestros progenitores, de recriminarles su comportamiento, de exigirles aquello que no hicieron o que, haciéndolo, no lo hicieron como creemos que deberían haberlo hecho... A partir de aquí, sólo restan dos opciones: elegir la opción de materializa todo ese barullo que se pasa por nuestra cabeza, llevado en alzas por una repentina ira, o continuar con la reflexión y preguntarnos a nosotros mismos ¿algún padre haría algo distinto que lo que entendiese, en cada momento, lo mejor para su hijo?

Llegando al ecuador del Festival de Teatro de Olite, el programa de mano anunciaba la llegada de una compañía con más de veinte años realizando montajes de manera independiente: Sexpeare. Se trata de una compañía multidisciplinar, que ha realizado todo tipo de espectáculos sostenidos por una base firme compuesta de humor crítico. En esta ocasión, la obra elegida traía por título Rinconete y Cortadillo, la posthistoria de los dos antihéroes de una de las Novelas Ejemplares de D. Miguel de Cervantes.
En esta propuesta, los dos personajes de la novela corta, ya entrados en la ancianidad, uno de ellos con muletas y aquejado de alguna enfermedad, viajan una vez más, como ya hicieron en su juventud (descrita en la obra de Cervantes), en este caso en busca del autor de la novela que ellos mismos protagonizan, pero que para nada están de acuerdo con lo que allí se contó de sus hazañas. Y es que Pedro del Rincón y Diego Cortado, van contando distintas andanzas que aparecen en la novela, las recrean, ofrecen la versión dada por el más universal de los escritores que la tierra ha dado, y con posterioridad narran cómo sucedió todo en realidad, mostrándose humillados, enfadados y maltratados por un autor, ¡hideputa!, que manipuló lo ocurrido con el único propósito de hacerse rico con las andanzas de los demás.

Sin embargo, a medida que van recordando aquellos episodios (cómo se conocieron en una venta a mitad de camino entre Toledo y Andalucía, cómo llegan a Sevilla, su presentación ante el gran Monipodio, jefe del gremio de ladrones que en la ciudad de la Torre del Oro opera con mano firme...) van tomando conciencia de sus propias vidas, reflexionando de un modo sosegado, libres ya de la fiereza con la que se presentan dominados por la ira.

Rulo Pardo y Santiago Molero dan vida a unos personajes carismáticos a pesar de todo, que son capaces de mirarse en el espejo del ayer sin compasión, y que, gracias a su propia crítica, evolucionan de la indignación a la más dulce de las sensaciones: la paz interior de saberse, conocerse, y aceptarse.








COMPAÑÍA

Sexpeare

DIRECCIÓN
 Salva Bolta



REPARTO  
Santiago Molero y Rulo Pardo

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO  
Dramaturgia: Alberto Conejero
Regiduría/Rd. Manager: Elena Lombao
Diseño Escenografía: Teresa Rodrigo y SeXpeare
Atrezzo/escenografía: Arte&Ficción y SeXpeare
Fotografía/Diseño gráfico: Cesar Urrutia Sonido: Isole. Div Sonora
Vestuario: Teresa Rodrigo
Diseño audiovisual: Javier Carrillo
Canciones: Elías Artalejo (musica) y SeXpeare (letras)
Comics: Víctor Parra
Voz en off: Angel Burgos/Celine Tyll
Aydte. Producción: Beatriz Valcarce
Producción Ejecutiva: Jorge Palomar



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Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS