miércoles, 10 de septiembre de 2014

DONDE ACABAN LOS MAPAS de Ana Belén Rodríguez Patiño



 “La tinta, al impregnar el pincel, lo dota del alma; el pincel, al utilizar la tinta, la dota de espíritu.”
(Shitao)



Como buen Trotero,  a uno le gusta recorrer caminos y ver hasta dónde le llevan sus patas. Y como buen vagamundo, hacerlo sin seguir una ruta preestablecida ni marcarse un final para su caminar, la meta está allá dónde mi corazón se sienta en casa…aunque sea provisional.  Cuando he observado en alguna ocasión una de esas bolas del mundo, lo primero que se me ha venido a la cabeza bueno, lo segundo, jugar a hacerla girar ha sido mi primera intención es que el mundo es muy pequeño, que los continentes están a salto de gato y los océanos a tiro de ovillo ¡Giras y giras la bola del mundo y ahora tocas con las zarpas Europa, y acto seguido has llegado a Asia! me encanta ese poder que parezco tener, el poder de acercar el mundo a mi nariz con un solo giro.

Cuando estas “vagamundeando” por ahí, es cuando te das realmente cuenta de las distancias, de esos kilómetros reales que nada tienen que ver con la proximidad de los países en la giratoria bola del mundo, de un mundo que parece componerse de mil mundos más; trotas y trotas y el paisaje cambia tanto como la tierra que pisas, tanto como si de repente hubieras caído en un vórtice que te transporta a un universo distinto ¡cuántos mundos caben en el Mundo! Pero entonces ocurre algo mágico. Aparecen las personas que habitan estos mundos, y es en ese momento cuando te das cuenta realmente que siendo tan distintos, todos tenemos en común mucho más de lo que imaginamos, que esa bola del mundo, gira y gira para acercarnos lejanas tierras, a través de la proximidad de sus gentes…
No sigo mapas, no pongo límites ni fronteras a mi trotar, pero tal vez, solo tal vez, me hubiera gustado ser uno de esos exploradores que recorriendo el mundo a lo largo y ancho, dieron forma en un mapa al mundo que nos rodea y que solo nosotros podemos hacer girar.


Pero solo tal vez…



“DONDE ACABAN LOS MAPAS, es una novela sin fronteras ni límites que nos lleva a seguir un camino que tan solo está escrito en nuestros corazones, y son estos los únicos que pueden saber, cuando hemos llegado a nuestro destino; Destino  que comenzó a hilarse cual tela de araña, decenas de años antes de saber si quiera, que un buen día, estaríamos deambulando por el mundo en busca de nosotros mismos, a través de otros que vinieron antes que nosotros.

Ana Belén Rodríguez Patiño nos lleva de la mano hasta un mundo donde tienen cabida muchos otros mundos y una historia, hecha con historias, que latentes, esperaban el momento de poder unirse unas con otras para dar sentido a lo vivido y a todo lo que está por vivir, un viaje que comenzó hace cincuenta años y que no acabará hasta que el mapa de los corazones marque el punto de llegada.

Un libro apasionante, escrito con la perfección y sencillez que observamos  en un cuadro de Zhan Daqian, expresionismo chino con la fuerza de los colores del país asiático y el trazo ligero de occidente, una historia que mezcla perfectamente tradición y modernidad a través de un lenguaje tan natural como estudiado en sus términos y conceptos, sin restar en ningún momento  ni un ápice de interés a la narración, aunque se nos descubran temas e ideas totalmente desconocidos para el lector occidental; lejos de servir de relleno a una historia en sí apasionante, Ana Belén ha encontrado la forma a través de su escritura, fina y exacta, de lograr apasionarnos más todavía por la novela y por un país que a priori, nos queda muy muy lejos.

Intriga, aventura, misterio, pasado, actualidad, viajes y una preciosa relación amorosa,  son las puntadas con las que Ana  Belén Rodríguez hila una historia apasionante, que nos lleva a través de una montaña rusa emocional a descubrir la vida de un anciano profesor chino, cuya identidad es tan difícil de conocer, como trepidante y arriesgada será  la manera de descubrirla y emocionante el subirse al carro de semejante periplo de misterios, dudas, preguntas sin respuestas, oscurantismo, verdades y mentiras. Pero para ello entra en la vida del anciano, Alicia Aliorte ¿O es el anciano profesor quien se adentra en la vida de la joven?

Una  gaditana en París, que conoce a un profesor chino huido de su país, que junto a dos italianos, dos parisinos, una colombiana y un misterioso y apuesto británico-asiático, juntan, cruzan, enmarañan  y ponen patas arriba sus vidas para desentrañar un misterio que dura ya cincuenta años; nada es lo que parece y alguien no es quien dice ser, acción y sorpresas,  que lejos de hacernos ver  el final de la historia como quien busca el fin del horizonte en un mapa esta, con cada acontecimiento, cada descubrimiento, nos lleva a un nuevo misterio y a mil preguntas sin respuesta. Acción, peligro, emociones a flor de piel, dudas, carreras y recuerdos, muchos y dolorosos recuerdos los que atenazan a los protagonistas.
Y un hombre anciano con tanto dolor guardado, como sentimientos dormidos.
Realmente es una historia apasionante, tanto, que el lector una vez haya empezado a leer la primera página, ya no podrá dejar de hacerlo hasta que llegue al final.


¿Final? solo el corazón puede decir cuando ha llegado a su destino.”






DONDE ACABAN LOS MAPAS


Editorial Palabras de Agua


ISBN: 978-84-941332-7-5



UNA RESEÑA DE Yolanda T. Villar

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

6 comentarios:

  1. Que bonitas reseñas haceis siempre

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    1. Gracias. Los autores nos lo ponen fácil.
      un saludo

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  2. Una intriga así, Yolanda T. Villar, al hablarnos de la trama de "Donde acaban los mapas", despierta una tremenda curiosidad por el libro de Ana Belén Rodríguez Patiño. ^_^ Hay que leerlo sin falta.

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    1. Te aseguro, conociendo lo gran lectora que eres, que en cuanto leas la primera página, ya no podrás dejar de leer...te encantará. Como escritora también sabes lo difícil que es crear una historia que de principio a fin atraiga al lector, y que haga que quiera leer más de ese autor. Cuando lo conseguís, los lectores nos sentimos en el Paraíso.

      Un abrazo

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  3. ¡Os quiero, chicos! Gracias por leerme y por la intención de hacerlo (que espero se culmine, jejeje). ¡Estamos en contacto!

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  4. Leer siempre, leerte a tí, por siempre jamás...jejeje.

    Un fuerte abrazo, y seguimos tus huellas

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