miércoles, 22 de abril de 2015

AZUL TURQUESA. Cómic sobre la Comunidad Sorda. De Isabel de la Heras Vidal





Hay quien considera que soy un gato afortunado, que puedo trotar y vagamundear a mis anchas por todas partes  sin correr demasiados riesgos ya que, entre mi astucia y mis sentidos, me adelanto la mayor parte de las veces a los “sustos” que la calle puede enviarme; y además, cuando me canso de todo eso, tengo un hogar agradable, confortable  y donde me quieren mucho , que me espera tras una larga jornada satisfaciendo mi curiosidad y mis ganas de saber siempre qué hay más allá de lo que se ve a simple vista. Y es que es justamente eso, quedarse con lo que se ve sin más, nos hace perdernos maravillosos lugares y magníficas personas.

Al otro lado de mi terraza, tras la ventana de una cocina, me observa  atentamente un gatito naranja de rayas, me sigue con la mirada y anticipándose muchas veces a mis movimientos, corre hacia la ventana de al lado para poder verme mejor cuando yo decida saltar y marcharme por el paraíso de tejados de mi ciudad; no falla, siempre sabe cuál va a ser mi próximo paso. Él no sale nunca de casa, pensé que se debía a que tal vez fuera un poco cobarde, pero tras comprobar que ni los petardos, ni los frenazos, ni el  elevadísimo volumen de la música de ciertos coches logran asustarle, tuve que reconocer que el gatito naranja era todo un valiente. Pero da igual que él no salga de casa, pues nos entendemos a las mil maravillas aún en la distancia: que yo salgo a la terraza y estiro mis patas delanteras, él sabe que me voy a subir a la barandilla, si él se despereza y comienza a tumbarse junto a la ventana, se que el pequeñín tiene sueño y durante un rato estará en brazos de Morfeo, y si él se despierta y me ve mirando atentamente al cielo y en posición de acecho, alza el cuello, mueve el rabo y sale corriendo hacia su balcón porque sabe sin lugar a dudas,  que un pájaro anda cerca de nuestro territorio. Al pequeñín no le hablan sus dueños como a mí, ni hacen sonar la bolsita con el pienso para atraerle hasta la cocina, tampoco gritan su nombre mil veces cuando distraídamente araña el sofá de casa, a mi amigo las personas le hablan como si fueran gatos: con gestos. Dos manos enlazadas por el pulgar y moviéndose quieren decir “pájaro”, un pulgar levantado hacia arriba es “si, bien, bravo” y si mira hacia abajo es el temido “no, basta, gatito malo”, y si bien a nosotros los gatos no nos hace falta maullar para entendernos, tenemos que hacerlo para que los humanos nos entiendan, aunque por una vez, como pasa con mi amigo el pequeñín de la ventana, no está nada mal que las personas aprendan nuestra lengua para comunicarse con nosotros.

Mirar sin ver lo que hay más allá nos haría perdernos muchas cosas, como lo interesante, astuto y cariñoso que es mi amigo de rayas naranjas, pues aunque el pequeñín es SORDO, nos hemos convertido en grandes amigos porque ni él ni yo, necesitamos maullarnos para entendernos. Si el mundo callara de vez en cuando y aprendiera a comunicarse por gestos, mi amigo al fin, podría salir a la calle sin temor a no entender lo que pasa a su alrededor y el resto, no tendría miedo a permanecer en silencio  y mirar y ver, lo que hay más allá de los sonidos.


AZUL TURQUESA. Cómic sobre la Comunidad Sorda.


Creo que es la primera vez que en este blog reseñamos un cómic, bueno, no creo, lo se. No hay ninguna razón en concreto para que esto haya sido así, bien sea porque me atraen más las palabras que las imágenes o porque tal vez no haya encontrado un cómic que me haya atraído lo suficiente como para hacerlo, pues habitualmente, entre la oferta de libros del mercado y la necesidad de elegir uno para reseñar el tiempo no da más de sí la elección siempre suele ser una novela, o tal vez un cuento. Pero hasta ahora, nunca había elegido un cómic. Pero es que hubo algo desde el primer momento en que vi en Círculo Rojo, Azul Turquesa, su portada se clavó en mi retina y no veía más que manos blancas agitándose como alas, como palomas mensajeras las cuales tenían un mensaje importante que transmitir y si no las cazaba al vuelo y me paraba a escucharlas, nunca sabría qué querrían decirme.
Ya no podía pensar en otra cosa, ni elegir ningún otro libro, solo veía manos revoloteando sobre un cielo turquesa, y entonces lo vi claro: el cómic me había elegido a mí.

Un cómic sobre la Comunidad Sorda. Y pensé, ¿solo será para sordos? ¿Estará lleno de símbolos o de historias, o enigmas que tan solo entiendan las personas sordas? Tal vez estos, como en un club selecto o una Logia, tengan claves o un tipo de humor que tan solo ellos entiendan ¿No? ¿Y si la Comunidad Sorda se divierte, pasa su tiempo libre, tiene hobbies o gustos totalmente diferentes a los oyentes? La verdad es que no es mucho lo que sabía al respecto y temí no haber elegido el libro adecuado, ¿y si era un rollo o estaba lleno de reproches estereotipados hacia nosotros, los oyentes? que no sabemos escuchar a pesar de oír, que no teníamos en cuenta  a las personas con necesidades especiales, que no somos nada solidarios. Y entonces caí en la cuenta ¿Porqué un cómic sobre la Comunidad Sorda, iba a estar dirigido única y exclusivamente a los que no lo somos? ¿No se llamaría pues de otra manera, tal vez, Cómic sobre la Comunidad Oyente? y me di cuenta de la cantidad de tonterías que pensaba, y que por extensión, pensamos todos cuando nos referimos sin conocimiento de causa, a las personas sordas.
Tal es el desconocimiento al respecto que pocos o muy pocos oyentes me apuesto lo que sea en esta afirmación míasabemos siquiera la diferencia entre sordera o hipoacusia. Y mucho menos entre los diferentes tipos de esta última, claro, si ni siquiera sabíamos que existía, como para saber que además hay distintos niveles de una y otra. Y aunque en una ocasión durante mi adolescencia, un médico me diagnosticó “sordera selectiva” ante mi desinterés por lo que los demás me decían, nunca he sentido ni imaginado siquiera, lo que puede ser vivir en un Mundo de silencio cuando el Universo que te rodea es exageradamente ruidoso, y no solo no oímos lo que dice el vecino, es que ni siquiera nos molestamos en escuchar cuando se dirige a nosotros; imaginad la atención que prestamos entonces a aquellos que ni siquiera pueden hablarnos.
Azul Turquesa no es un manual para oyentes  sobre la comunidad sorda, no esperes encontrar un manifiesto contra esa otra parte de la sociedad que oye aunque no escuche y mucho menos es una retahíla de quejas sin más de los que no pueden oír, no, no es nada de eso.
Azul Turquesa es una ventana abierta a ese mundo que no vemos a simple vista porque no reclama nuestra atención a gritos, ni con palabras altisonantes ni rimbombantes, un mundo que está tan cerca de nosotros que al igual que le ocurre a un hipermétrope, no ve de tan cerca que lo tiene, o lo ve distorsionado por no tener la capacidad de distanciarse un momento de sí mismo y mirar desde lejos lo que la ignorancia o el desinterés, pixela y confunde con el paisaje, haciendo de personas y objetos, una misma cosa. Isabel de las Heras Vidal, nos muestra de una manera sencilla, natural, pero de manera contundente ese mundo que no es otro que el nuestro propio, solo que visto desde el otro lado del sonido; el mismo mundo, la misma vida, las mismas personas con las pasiones, los sueños, los intereses, las emociones que el resto de habitantes de este loco mundo nuestro en el cual si no gritas, parece que no te hagas entender. 
Azul Turquesa nos muestra el largo camino recorrido por la Comunidad Sorda y el mucho  trayecto que aún queda por recorrer, pues aunque todos somos iguales, las diferencias existentes no deberían separarnos, si no unirnos más todavía para así lograr entre todos, enriquecer este mundo nuestro, pues si en la diversidad está la riqueza, imaginad que ricos seríamos si pudiéramos convivir sin barreras todos juntos; pues si hay una gran diferencia entre sordos y oyentes, y es que los primeros tienen que enfrentarse e intentar superar día a día, con las barreras que los segundos hemos puesto en su camino para facilitarnos el nuestro.
Mucho egoísmo y poca empatía.

Azul Turquesa e Isabel de las Heras Vidal se han propuesto echar sus manos a volar para acercarnos entre nosotros, y que la libertad de unos, no sean las cadenas de otros. Un cómic educativo, entretenido, que te arrancará más de una sonrisa y te sacará los colores porque una vez has abierto y enlazado tus manos, te sentirás identificado de una u otra manera.
Y piensa en esto ¿No estudiamos inglés para llegar a más gente y que se nos abran más puertas? ¿Por qué no hacer lo mismo con la lengua de signos, y esta vez sí, llegar a todo el mundo?


 Este Gato de patitas blancas, las abre, enlaza y echa a volar sus pensamientos sin emitir un solo sonido, porque en este momento ya no es Trotero blanquinegro, hoy también es  Azul Turquesa.









AZUL TURQUESA. Cómic sobre la Comunidad Sorda

Isabel de las Heras Vidal







UNA RESEÑA DE Yolanda T. Villar

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