miércoles, 28 de junio de 2017

WHINNY de María Gloria Torres Mejía



Una niña que es inválida 
dijo: ?«¿Cómo danzo yo?» 
Le dijimos que pusiera 
a danzar su corazón... 

Luego dijo la quebrada: 
?«¿Cómo cantaría yo?» 
Le dijimos que pusiera 
a cantar su corazón... 

Dijo el pobre cardo muerto: 
?«¿Cómo danzaría yo?» 
Le dijimos: ?«Pon al viento 
a volar tu corazón...» 

Dijo Dios desde la altura: 
?«¿Cómo bajo del azul?» 
Le dijimos que bajara 
a danzarnos en la luz. 

Todo el valle está danzando 
en un corro bajo el sol, 
y al que no entra se le hace 
tierra, tierra el corazón.

(Los que no danzan. Gabriela Mistral)



🐩   ÉRASE UNA VEZ... 🐩

De pequeña tuve una niñera muy especial: me cuidaba, me protegía y hasta comencé a andar a su lado, es más, hasta correr juntas aunque fuera a "trote cochinero"; mi niñera en realidad era niñero, y se llamaba  RAYO. Era un pastor alemán, el niño mimado de unos veciinos y amigos de mis padres que  fue mi mejor amigo y compañero durante muchos años. Pero yo lo quería para mí sola, a todas horas, a mi lado en el sofá, a los pies de mi cama, junto a mi silla al comer, a mi vera al ir a la calle...pero mi madre lo dejó muy claro ¡Mientras yo viva, aquí no entra un perro, no cabemos las personas como para que venga un chucho también! y es que Rayo no era habitante de la casa con derecho a cama, solo un trabajador por horas ¡Pobre Rayo, con todo lo que trabajaba y gratis!
Me regalaron un "rufo", un perro con ruedas que andaba al tirar de una cuerda ¡Vaya rollo de perro! no le hice ni caso; tampoco  me servían los de peluche, ni los tontos perritos que al darles cuerda daban una vuelta de campana ¡Rayo no daba vueltas de esas tontas! no, yo quería un Rayo para mí sola.  Y si el perro no viene a mi, yo iré al perro, o mejor, me convierto en uno ¡Qué gran idea! yo estaba encantada con la idea y mi hermana pequeña no digamos; durante un par de días no estuvo mal el invento, pero en el momento en que en una comida familiar me puse a comer la sopa sin cuchara a lengüetazos y contagié a mis primos de "Rayitis" y todos comenzaron a hacer lo mismo se me pasó la mutación canina a la velocidad de una colleja en la nuca por parte de mi abuela y la sentencia en firme de mi madre de dejarme sin paga y secuestrar a mis Nancys dentro del armario bajo cadena perpetua. 

...No tuve un Rayo en casa, me tenía que conformar con mi niñera por horas, con los de mis abuelos paternos en verano y los de mis tías al ir a visitarlas, pero mi historia "Rayuna" me sirvió dos décadas después, para quedar finalista en un certamen literario...



📖  ARGUMENTO 📖

De nada os va a servir leer la contraportada del libro, bueno si, os servirá para saber lo que otros han sentido al leerla, porque definir el libro de Gloria Torres es una temeridad, y si eres muy valiente pues lo intentas, pero no te será fácil. Estamos ante una serie de relatos variopintos y descabellados que tienen como fondo una situación o momento de los más normal, pero que cuando pasan por la mano y la mente de la autora, se transforman en una locura total, maravillosa locura que despierta sentimientos varios y nos mantiene alerta ante lo que está por venir tras el párrafo que estamos leyendo. Da igual lo que imagines, la autora saltará tu imaginación  con la pértiga de la desvergüenza que la  bendita locura de la creatividad desmedida.  
Si tu capacidad de asombro no tiene límite y tu sentido del humor sobrepasa el chiste fácil, este es tu libro. 


😼  LA OPINIÓN DEL GATO 😼

Cuando eres la rarita de la familia, cuando solo tú mutas en perro, gato o bicho cualquiera  (esto lo hace Kafka y se convierte en clásico de la literatura, lo haces tú  y acabas castigada...) y haces hablar objetos y los transfiguras en personajes con vida propia, pues te arriesgas a que te miren raro -como mínimo- y te pases las vida escuchando cosas como: si utilizaras tu imaginación e inteligencia para cosas útiles en lugar de tonterías, llegarías a algo en la vida. pues que te encuentras con alguien que ve el mundo desde el mismo y descuadrado ángulo, das saltos de alegría. Por eso dicen que "mal de muchos, consuelo de tontos".
Para los que ya conocemos la obra de Gloria Torres Mejía, sabemos que su transgresión no tiene límites, que se reta a sí misma y pone en entredicho sus propias concepciones de la realidad y la subrrealidad: escribe como pinta, y pinta como canta, con desvergüenza y pasión, con seis sentidos, cinco se quedan cortos para traspasar los límites de la realidad. una visión "umami" de la vida. 

Nos encontramos con un cuadro que toma vida, un gigante de chicle, un recuerdo a Pedro Páramo
,  Una casa de tres pisos que en realidad son 2+1, unas orquídeas mexicanas que reciben una llamada de teléfono; ten cuidado con tu compañero de asiento en el metro, sobre todo si eres de los que leen en el mismo, Monjes y monjas que no son lo que parecen y lo que parece no son, tanto monta monta tanto ´hábito que casulla. Historias cargadas de bella fealdad, de oscuridad y sombras, de desesperación y angustia, de amor y amistad, de premoniciones y pálpitos. 
Los relatos van precedidos o acompañados por dibujos de la propia escritora, artista polifacética donde las haya, tan completa como disgregada, a todo llega y todo tiene su impronta; me ha gustado reencontrarme con un relato y un personaje que ya me conquistaron en  Freaking Out,  La señora Moore,  ha sido una sorpresa agradable verla de nuevo; también me ha gustado ver de nuevo al Gigante de El nacimiento de los bebés acompañando esta vez al del Chicle en Varsovia.

RESUMIENDO: Me gusta reencontrarme con los mundos de Mejia, pero creo que me gusta más incluso descubrir nuevos universos salidos de sus manos y mente; recomendable cien por cien para los locos seguidores de la autora, para los cuerdos que están cansados de serlo y buscan mundos nuevos llenos de esperpentos reflejo de nosotros mismos,  y sobre todo para los amantes de los relatos aparentemente absurdos y que encierran más realidad y cotidianidad de lo que estaríamos dispuestos a admitir. Si te gusta transgredir las normas y no ponerte límites ni físicos ni mentales, no  solo disfrutarás con el libro, te mutaras en tinta y serás una historia. Pero si no estás dispuesto a abrir la mente y dejarte llevar por tu lado irracional, lo pasarás realmente mal, este libro no es para ti. 


Yolanda T. Villar







WHINNY
María Gloria Torres Mejía

Editorial  Chiado

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viernes, 23 de junio de 2017

PIEL DE TOPO, de Jon Arretxe


Que la vida es dura es una obviedad.
Todos nosotros, nacidos en casas de reyes o en la más humilde de las chozas, llegamos a este mundo sin que nadie nos pregunte si queremos hacerlo o no (es probable que, de ser posible, muchas veces la respuesta sería negativa), y cuando al fin nos dejamos caer a la realidad entre lágrimas y cubierto de costras e inmundicias, lo primero que sentimos es el contacto caliente y húmedo del esforzado pecho de nuestra madre. Es, a buen seguro, nuestro primer trato con la felicidad, pues pocas veces encontraremos una sensación tan placentera que nos haga sentir tan protegidos, queridos y cuidados como entonces. Lo malo de todo esto es que apenas dura unos instantes, y en breve unas manos ajenas usurpan de su maternal lecho tu cuerpo menudo y frágil, y a partir de ese momento comienza tu lucha por la supervivencia en un entorno hostil que parece conjurado para privarte de ser feliz. El resto de tus días se reducirán a eso: saborear de manera fugaz la felicidad tantas veces como consigas esquivar a esas manos sin dueño que buscan que tu objetivo sea siempre algo inalcanzable.
Nuestros inicios son, por lo tanto, casi idénticos en la mayoría de nosotros. Lo que nos diferencia es todo lo que acontencerá a partir de los primeros minutos de nuestra vida. Y es que estamos determinados por las posibilidades económicas de nuestros padres, si tenemos o no hermanos, cuánto de numerosa sea nuestra familia, el entorno social en el que crezcamos, incluso la situación de la región o el país del que desde entonces eres ciudadano de pleno derecho.
Nacer en Burkina Faso es una gran putada. Sobre todo si no lo haces en el seno de una de las familias de la clase dirigente (que son unos pocos). Si naces en cualquier otra familia, tus pies siempre caminarán sobre el alambre.
Algunos, desde la vieja Europa, dicen que al final uno se acaba acostumbrando a caminar sobre el alambre. Si fuese verdad, no existiría la inmigración. Por eso, todos los años, miles de hombres y mujeres llegados desde el corazón de la pobreza tratan de alcanzar las costas de la Tierra Prometida y lo empeñan todo, hasta su vida, por conseguirlo.

Touré lo consiguió. Hace años alcanzó ese Edén del que todos hablaban en su Gorom-Gorom natal: Europa. La tierra de las oportunidades, decían... Quien va allí saca a su familia de la miseria y les da un futuro mejor, contaban... Y Touré (pues así se hace llamar pero podría ser Yacoubá o Sangoulé, o tantos y tantos otros nombres de otros tantos soñadores), nuestro negro Touré, vidente, actor ocasional, escapista de su suerte, sobrevive como puede en Bilbao, en el barrio de San Francisco, la Pequeña África. Un lugar donde cada vez hay más putas llegadas de las latitudes más alejadas, pues triunfa lo exótico, como cotizadas están en el mercado de mascotas las mambas negras o los agapornis; donde la tradicional ferocidad de los clanes gitanos por las calles está siendo desplazada por la brutalidad de las mafias extranjeras, los traficantes de mujeres y de drogas; donde todavía los yonkis siguen clavando la navaja por una dosis, los rateros siguen abriendo coches para robar móviles hoy como ayer eran loros, y los tradicionales bares bilbainos son ahora lugar de esparcimiento regentados por latinos y árabes, cada uno con su propio público, sin apenas mezcla que complique aún más la alambicada convivencia de este barrio ilota.

Detective Touré. O lo que se tercie. Llega un momento en el que la necesidad te hace desempeñar cualquier trabajo. El que sea. Es como cuando a un político le pillan en renuncio con su expediente académico y ni tiene un doctorado ni varios másteres por las universidades más prestigiosas. La diferencia entre unos y otros es que una necesidad viene derivada por el hambre, y la de los otros por el vicio de la mentira, por medrar a toda costa.
El caso es que el bueno de Touré seguramente no pensó en todos los problemas que tendría en el Edén blanco, pues si bien no son los mismos que tenía en su tierra, no son pequeños ni menos graves. Son tantos que si le hubiese dado por escribirlos, le hubiesen salido unas cuantas novelas si tuviese dinero para pagarse las cuartillas y la tinta.
De todo ello se ha encargado su creador, Jon Arretxe, que en los últimos años ha dado vida y forma a las vivencias de un protagonista a contratiempo como es el de un inmigrante sin papeles que trata de sobrevivir en un mundo hostil que le concede pocas oportunidades para poder pensar más allá de lo que será de él mañana. Y es que Touré no puede permitirse el lujo de imaginarse a un año vista, pues un sin papeles hoy duerme bajo techo y al día siguiente ha sido embarcado en un avión rumbo al África subsahariana. Por eso, el sentido de su vida es el Carpe Diem, vive al día, aprovecha cada oportunidad que pasa por delante de sus narices por si se esfuma, trata de esquivar las amenazas y no rehuye el encuentro con los placeres mundanos que se le presentan. Tiene pocos amigos, pero a los que son les distingue la fidelidad a su amistad como elemento común, y eso, cuando no tienes casi nada, o incluso teniéndolo todo, es uno de los mayores tesoros que puedes llevarte contigo hasta el fin de tus días.
Piel de topo es la última entrega que nos regala el escritor basauritarra, de un total de cinco que componen, hasta el momento, la saga editada por Erein (de las cuales, podemos encontrar las reseñas de las dos últimas novelas en nuestro tejado: Sombras de la nada y Juegos de cloaca) para su colección de novelas Cosecha Roja. Destacar, una vez más, el excepcional trabajo de diseño de la portada, pues de nuevo vuelve a contener toda la novela en una imagen.
En esta ocasión, Touré regresa al Barrio de San Francisco y comprueba que allí las cosas, en lugar de haber mejorado, siguen igual o peor. Las oportunidades de prosperar cada vez escasean más, el menudeo de droga sigue siendo el sustento de muchos de sus habitantes, el sexo barato sigue cotizándose al alza, y las 19 cámaras de seguridad que se instalaron en las principales esquinas del barrio para hacerlo más seguro continúan controlando todos los movimientos de los viandantes sin que todavía hayan demostrado su aporte social, más allá de lo puramente disuasorio. Al burkinés le encargan investigar la desaparición de un letrero luminoso recién instalado en la puerta de un bar, y a partir de entonces, Touré volverá a reencontrarse con su pasado, que siempre le persigue y que vuelve para estorsionarle, a él y a sus amigos, hasta hacerles la vida imposible. Todos ellos traen en su mochila vital un oscuro secreto común, y será el miedo que tienen a que no sea desvelado lo que les obligue a realizar trabajos indeseables, recibiendo el encargo de actuar de chivatos del barrio, y de matones de callejón siniestro sin derecho a recompensa. Sólo tienen una manera de enfrentarse al destino que su suerte parece reservarles, pero no saben si tendrán la suficiente sangre fría para hacerlo.
Con esta novela, Jon Arretxe nos muestra el lado más oscuro y cruel de quienes velan por nuestra seguridad (ya perfilado en las anteriores entregas), y cómo puede llegar a reaccionar el ser humano cuando es llevado al límite. El exceso de poder y la posesión de información privilegiada crean monstruos difíciles de controlar, más aún si se creen dotados de una superioridad que los coloca por encima de todo cuanto les rodea; para ellos, los demás son pequeñas hormigas que pueden manipular y aplastar a su voluntad, sin mayor esfuerzo ni contusión moral. Por ello, las hormigas, en cuanto lo sienten, salen corriendo nerviosas, con rumbo incierto, con las patas temblorosas, al igual que su corazón. Arretxe, además, reflexiona a través de uno de sus secundarios acerca de los motivos subterráneos por los que surgen los barrios marginales de las ciudades, de por qué se permite su decadencia... Y es que la ingenuidad cada vez está menos presente en estas novelas, siendo el interés, o dicho de otro modo, el dinero, el que hoy, como siempre, espoleará la ambición desaforada de los hombres. Cada cual, a su nivel, tratará de arrimar el ascua a su sardina, a todas las sardinas que sea capaz de pescar, así vacíe los océanos o las robe a quien nada tenga.
Piel de topo, una emocionante y adictiva novela que sigue fiel en su planteamiento de golpear, de manera cruda, las conciencias de los lectores; que consigue despertar un tímido rayo de luz de esperanza para sus protagonistas, un grupo de hombres y mujeres que seguramente no sean ejemplo de casi nada, tristemente acostumbrados a agachar la cabeza, a pedir perdón, a cambiarse de acera; como aquella fábula del elefante que tenía su pata encadenada a una traviesa clavada al suelo, que de tanto y tanto luchar de pequeño y llorar de impotencia y rabia al no poder liberarse de su cautiverio, dejó de intentarlo y se resignó incluso siendo un poderoso adulto.
Quizá, con un último intento...


Santiago Navascués Ladrón


PUNTUACIÓN:







PIEL DE TOPO
de Jon Arretxe


Colección Cosecha Roja




ISBN 9788491092025


Puedes adquirirlo en papel, aquí

martes, 20 de junio de 2017

MANUAL DE PÉRDIDAS de Javier Sachez García.




Hoy me mira la luna , blanca y desmesurada.
Es la misma de anoche, la misma de mañana.
Pero es otra, que nunca fue tan grande y tan pálida.
Tiemblo como las luces tiemblan sobre las aguas.
Tiemblo como en los ojos suelen temblar las lágrimas.
Tiemblo como en las carnes sabe temblar el alma.
¡Oh! la luna ha movido sus dos labios de plata.
¡Oh! la luna me ha dicho las tres viejas palabras:
«Muerte, amor y misterio...» ¡Oh, mis carnes se acaban!
Sobre las carnes muertas  alma mía se enarca.
Alma, gato nocturno sobre la luna salta.
Va por los cielos largos triste y acurrucada.
Va por los cielos largos sobre la luna blanca.

(Viaje. Alfonsina Storni)



🐑  ÉRASE UNA VEZ...🐑


Cuando era pequeña, mi abuelo materno me contaba cuentos sin parar, no había un solo tema que saliera a relucir del que mi abuelo no supiera un cuento al respecto ¿Os podríais imaginar que existe un cuento sobre saltamontes? ¿Y sobre grillos? ¿Y qué me decís del cuento sobre una niña que no obedecía nunca ni se comía lo que le ponía su abuela en el plato, y acabó transformada en araña de patas largas y viviendo en un agujero de la pared? ¡Patidifusos os habéis quedado! pues así era mi abuelo, un hombre con mil historias que contar pero ninguna que pudiera darnos una pista de su pasado, jamás supimos mucho más de su vida que lo que era cuando lo conocimos: abuelo cuentacuentos y que nos hacía patatas fritas a la lumbre. Con los años, el alzheimer le dejó a él tan vacío de recuerdos de su vida como lo estábamos nosotros.
Mi abuelo leía mucho, leía sin parar, era lo que más le gustaba en este mundo después del campo y la tierra, se pasaba horas leyendo; en una ocasión me preguntó si sabía lo que se significaba la palabra "lucumi", la había leído y no sabía que quería decir. Busqué en el diccionario su significado y siguió leyendo...minutos después me miró fijamente y me dijo que no sabía qué estaba leyendo. Ya no volvió a leer más. Que me confundiera con mi madre llegó a ser normal, también que se creyera que estaba en el campo y había que labrar o encerrar al ganado antes de la noche, incluso que confundiera la fuente del parque con su mejor amigo, pero lo que no era normal era que hablara algo de su vida, hasta que un día me dijo: "mi hermana pequeña murió al poco de morir mis padres, no encontraba al cura y la tuvimos que enterrar nosotros hasta que al fin vino a darle santa sepultura."
Cuando conté esto nadie parecía saber de lo que yo estaba hablando, mis tíos me decían que mi abuelo solo tuvo una hermana y los crió un tío al quedarse huérfanos, eso serían cosas de la enfermedad; mi abuelo falleció poco después y ya si que no habría manera de saber nada más sobre él, lo poco que quedaba, era lo que había. Pero un primo lejano suyo, por casualidad, sacó a relucir en una conversación sobre mi abuelo y lo mucho que lo apreciaba, que recordaba como si fuera ayer la tarde en que tuvieron que enterrar a la pequeña y el frío que hacía ese día...al poco tiempo el alzheimer se lo llevó también. 

...Y seguimos sin saber a ciencia cierta, a qué pequeña enterraron aquella fría tarde a principios de los años veinte del siglo pasado... 


📖  SINOPSIS 📖

En "Manual de pérdidas" se cuenta el último acto bibliófilo de un profesor de Historia jubilado consciente de que va a perder cuanto ha leído por culpa del alzhéimer: un itinerario de gratitud por diversos lugares con destino en todos aquellos que en un momento de su vida le regalaron un libro. El propósito es devolver el objeto, lo que revierte su función primigenia: si con el regalo quien da logra que su recuerdo habite en quien lo recibe; con la devolución, el proceso se invierte ahora el dador pasa a ser quien fue receptor y el recuerdo sigue el mismo trayecto.

Con esta novela, Javier Sachez García obtuvo el I Premio de Novela Breve "Pancho Guerra"



🐱  LA OPINIÓN DEL GATO 🐱

Hay novelas que sabes que te van a hacer  cosquillas en el alma antes siquiera de haberlas leído, hay algo que nada más tocarlas hace que se te erice el vello de la espalda y da igual si lo tienes o no, eriza hasta la sombra de los mismos; eso me ha pasado con esta novela del extremeño Javier Sachez, llegó en el peor momento que puede llegarnos una novela: cuando estás saturada de lecturas y no logras que avance ni un ápice la lista de pendientes. Ese momento el cual muchos reconocéis, en el que se
junta la emoción ante un nuevo libro al que esperabas con ansia y no puedes quitar ojo al montón que esperan ser leídos como niños en la fila del colegio, en orden pero impacientes, ese preciso momento en que piensas que nunca llegará su turno y resoplas antes de quedar varada junto a la estantería de libros sin fin. Pero entonces hice como cuando en los cumpleaños nos ponían delante una caja de galletas surtidas de dos pisos, y te decían que hasta que no se acabaran todas la del primer piso, no se empezaba con el siguiente ¡Y tú sabías que ahí abajo estaban las galletas de barquillo de chocolate por las cuales darías la vida! y si no la vida, un empujón a la repipi de tu prima para llegar antes que ella. Pues eso hice, como con las galletas, aprovechar que no miraba nadie y pasar directamente a ese segundo y maravilloso piso donde estaban las galletas de chocolate, dejando todo tal y como estaba antes de tu robo de guante blanco y que luego otro cargara con las culpas...esta vez fue más sencillo, levanté el montón por encima de esta novela y le otorgué en plan ministerial -vamos, a dedo- el primer puesto de lectura. 
Y sabía que no me iba a arrepentir. En dos días ya había leído la novela y estaba melancólica total y medio ausente frente al ordenador, esperando organizar mis sentimientos para comenzar a escribir; y digo sentimientos que no ideas a sabiendas de lo que estoy diciendo, pues las emociones y los recuerdos saltaban como pulgas sobre perro flaco y me trastocan y revuelven como las patatas fritas con huevo que hacía mi abuelo en la lumbre. Con ganas de llorar, aunque no lo hice, y no por tener que guardar apariencias que me las traen al pairo  -que de naútica no tengo ni repajolera idea-  pero que al igual que un barco a vela sentí que tenía que permanecer estática con respecto al fondo para no perderme entre vaivenes de la memoria propia y la que acababa de absorber del libro. Vamos, que quería mantener la cabeza fría y despejada para no dejarme llevar por sentimentalismos y llegar al fondo de la cuestión: el libro. Y con ganas de llorar pero sin hacerlo, cerré los ojos un momento antes de escribir todo esto que ahora algunos estáis leyendo.
1) EMOCIÓN:  La sentí de principio a fin, esa mezcla de pellizco umbilical y suspiro profundo que realizas cuando algo te tiene totalmente ensimismada y que por más aire que te falte no puedes dejar de sentir, y de perdidos al río.
2) EMPATÍA:  Y la falta de ella en algún momento de la lectura con cada uno de sus protagonistas, a los cuales adoras y gruñes a turnos. Ahora estoy con Abdón (protagonista) al cien por cien, ahora no entiendo que pretendía este abuelo con esa manera de actuar ¡Vaya con la abuela, que buena vida se pegó! o por lo contrario ¡pobre mujer! y así estuve en una montaña rusa de emociones la mayor parte del tiempo con los personajes según se iban dejando conocer y se mostraban tal cual eran o fueron. 
3) RABIA: Si, tremenda a veces, menos desatada en otras. Esto viene dado sin duda por la narrativa elegante y sofisticada del autor que suaviza hechos y actos que contados de otra manera te sacarían de tus casillas, bueno, a mi no cuesta mucho sacarme de ellas, soy muy temperamental e intensa, como dirían otros, con un mal carácter que no veas. Pero he sentido mucha rabia leyendo esta historia, rabia por lo que pasó, rabia por lo que está pasando, rabia por lo que pudo ser y no fue, sobre todo esto, lo que pudo ser y no fue. Agradecí muchas veces al autor que sus palabras suavizaran la aspereza de algunos momentos pero acto seguida me quejaba de que hay veces en que hay que tener un buen "par de huevos" y decir las cosas a la cara en su momento, que relaja y descontractura mucho.
4) AMOR: Amor, si, sin límites, amor por los libros, amor por las palabras, amor por los personajes y amor por el amor mismo que Virginia siente por su padre a pesar de los pesares, al menos los que perduran en su mente que no siempre coinciden con los que quedan en el aire, como una energía que deja huella en su transformación de destrucción a creación y viceversa. El dolor dicen que no tiene memoria si es físico, pero que se graba  a fuego en el corazón sin que la herida cicatrice nunca, aunque la disfracemos de tatuaje.
5) DOLOR: Cuando la rabia  se ha consumido en su propio fuego y solo quedan cenizas, cuando los hechos se presentan en su totalidad, con las cartas boca arriba en una partida que está a punto de terminar sin que haya ganador, cuando el amor es tan fuerte que solo se puede demostrar causando pesar aunque sea a uno mismo, autoflagelación por amor del bueno, del más puro, del que no sabe de egoísmos ni avaricias. Cuando una se da cuenta que hay mil dolores pequeños pero solo uno grande, enorme, descomunal, elefantiásico, el que causa el amor verdadero. 

Nada más y nada menos que todo eso me ha hecho sentir este "Manual de pérdidas", un viaje que se nos presenta como iniciático, el de un hombre anciano que está a punto de olvidarse hasta de si mismo y en un intento de dejar en la memoria de los demás un recuerdo de su paso por sus vidas, recorre el camino inverso que lo lleva hasta sus orígenes, al momento en el que empezó todo y sin el cual no existiría tal vez ese punto de inflexión que marcó un antes y un después en la vida de Abdón y los que lo conocieron; pero es también un viaje omega, el protagonista, desesperado por perderse a sí mismo, sube a la barca con la que cruzará la laguna Estigia con un Caronte llamado Virginia, que hará el viaje con él para descubrir en el final, lo que fue su principio, el origen de todo y todos. 
Y un viaje físico maravilloso, con el cual pasearemos por las calles de Extremadura, Salamanca, Madrid y el fantasmal callejero de una espectral Avellaneda.
Una historia intensa contada con naturalidad y sin acritud, sin reproches, sin amargura y con mucho amor. Mucho amor. 

Solo puedo añadir, que si alguna vez alguien se presenta en mi puerta con un libro en las manos que hace tiempo le regalé, solo podré decirle, Gracias. 


Yolanda T. Villar.

 PUNTUACIÓN:




MANUAL DE PÉRDIDAS
Javier Sachez García.

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Nuestro agradecimiento a : Javier Sachez

Imágenes: Yolanda T. Villar.