miércoles, 22 de marzo de 2017

EL TRASPLANTE de Ana María Ruiz






Mi pecho es una cajita
que guarda mi corazón,
con el que siento alegría,
paz, felicidad, amor.
Si acerco mi mano a él
le escucho hacer tic-tac
está bombeando la sangre
que por todo mi cuerpo correrá.
¡Qué órgano tan importante
que bonita es su función,
pues no solo me da la vida,
me hace sentir amor.

(Mi corazón de Tiza) 



Lo supimos desde casi el primer momento. Fue algo tan evidente que no cabía posibilidad de error.
Yo me lo tomé bien, vamos, que siempre he sabido lo que me pasaba, para mi era algo normal; mis padres y mis abuelos lo llevaron peor, solo al principio, luego todos nos acostumbramos a vivir con ello aunque los primeros años fueron difíciles. Nací con un severo problema de corazón y con solo tres años ya nos dijeron que tarde o temprano, más bien temprano, tendría que someterme a una operación a corazón abierto: podría ser una válvula en el mejor de los casos, siempre y cuando la aorta no siguiera dilatándose, o ambas válvulas, o en el peor de los casos un trasplante. Esto dicho a bocajarro y a principios de los años setenta, cuando los primeros intentos de trasplantes de corazón habían salido mal, pues asusta, para qué engañarnos. Pero contra todo pronóstico, los años pasaron y yo llevaba una vida normal, revisiones, medicación, cuidado con los esfuerzos y poco más, nada hacía pensar que yo era diferente al resto de las chicas de mi edad; y con el paso de los años llegué a pensar que se habían equivocado, que aquel día tan temido durante los primeros años de mi vida, no llegaría nunca, visita tras visita siempre oía las mismas palabras: todo está como siempre, no ha habido cambios, sigue así y nos vemos el año que viene. 
Pero entonces sucedió. Las palabras que sabría que un día llegaría a escuchar, pero que pensé que tal vez ya no escucharía nunca, llegaron a ser pronunciadas. Y se me cayó el mundo encima. 
No fue duro, fue una pesadilla de la cual no sabía si tenía más miedo a despertar o a no despertarme jamás. 
Hoy tengo una gran cicatriz que divide en vertical mi torso en dos partes casi simétricas, y cinco más en horizontal que me dan aspecto de juego chino de mesa...
...Soy muy afortunada, y es que no todo el mundo puede decir que tiene dos fechas distintas de cumpleaños...



💚 SINOPSIS 💚

Lucía es una joven de 16 años que una noche vive una dura experiencia que cambiará su vida para siempre. Años más tarde, tendrá que volver a enfrentarse con un pasado que creía ya superado.

💚 EL LIBRO 💚

Sobre fondo blanco, resalta un corazón humano entre unas manos de mujer ensangrentadas. Cuando
nos fijamos un poco más en la portada vemos que ese fondo tan blanco no es más que la bata de un médico, e inmediatamente pensamos en un cirujano. Arriba, también en rojo, el título del libro en mayúsculas: EL TRASPLANTE. y abajo, igualmente en rojo, el nombre de la autora: Ana María Ruiz.  La contraportada, blanca y con una escueta sinopsis. No hace falta más, la portada y su título son lo suficientemente explícitos para saber lo que nos vamos a encontrar dentro.  A mi, el corazón me da vuelco, se me acelera y a mi mente vienen recuerdos en forma de imágenes, sonidos y hasta olores (un olor dulzón, metálico, penetrante, que creía haberme quitado ya de encima y que vuelve a mí haciéndome arrugar la nariz) pienso que tal vez resulte algo desagradable la imagen, y seguramente no seré la única, pero entonces lo miro con detenimiento, fijamente, casi lo siento latir, y me doy cuenta de que no es un corazón muerto, ni un trozo de carne, es vida, pura vida. 
Si alguien tiene que cerrar los ojos o siente nauseas al mirarlo, es que no ha visto su vida en peligro y no puede apreciar la belleza que encierra ese rojo y pequeño órgano que cabe entre las manos, que cabe en nuestro pecho. 

💚 LA OPINIÓN DEL GATO 💚

Esta es la segunda novela de la escritora Ana María Ruiz, o tal vez debería decir relato largo o novela corta; como amante de los relatos, me quedo con esta acepción, relato largo, de esos que puedes leer en una sentada casi sin darte cuenta y sentir que acabas de ser partícipe de una gran historia en pocas páginas (60) y es que como diría una prima mía  ¡Con cucharilla pequeña se saborea mejor el flan! ya sabéis, lo bueno si breve, dos veces bueno. 
Y es lo que ha conseguido Ana María con este su segundo trabajo literario, brindarnos una gran historia en formato pequeño, una historia dura y hermosa, palabras en principio antagónicas y que sin embargo van unidas de la mano en la mayoría de las ocasiones, como nos contó Kawabata en "Lo bello y lo triste" ¿No os ocurre que salís del cine de ver una película y que a pesar de haceros llorar mares de lágrimas, la resumís con un: ¡una gran película, preciosa!. 
Eso es una de las grandes cosas que posee el ser humano, la sensibilidad para apreciar la belleza en lo desgarrador, saber que la dureza de unos hechos no nos privará de ver la hermosura de lo realizado, que somos seres sensibles, empáticos, piadosos, emotivos, perspicaces, emocionales, luchadores e inteligentes, y que ante un hecho traumático sabemos reponernos y encontrar la manera de seguir adelante, aunque duela, para encontrar a lo largo del camino el lado amable de las cosas. Esos somos nosotros. Aunque nos cueste vernos tal cual somos. 
Con su anterior novela, Ana María logró despertar en mi no solo una gran curiosidad por una historia que encerraba otra historia, como unas matrioskas hechas de palabras en lugar de madera, si no avivar la empatía que aletargada descansa en nuestro corazón harto este y cansada la otra de ver día tras día la parte más horrible de este loco mundo que endurece y hace callo en el alma; de nuevo, con esta historia, la autora nos desgrana las entrañas de su protagonista y desgarra las nuestras de tanto abrir nuestras carnes al sufrimiento y superación ajenos, nos hace llorar, enfadarnos, maldecir, casi vivir en un ¡ay! continuo ante las vicisitudes de una chica que bien podríamos ser cualquiera de nosotras, si, porque las cosas no solo les pasan a los demás, en cualquier momento, nos podemos convertir en protagonistas de una historia que nunca hubiéramos querido representar. Ana María nos muestra que si bien a todos se nos puede caer el cielo sobre nuestras cabezas, de igual manera todos podemos recomponer los cachitos y renacer de nuestras cenizas, por devastador que haya sido el incendio. Una historia áspera y hermosa a partes iguales, como la vida misma, un relato que trata de los abusos, la violencia, la esperanza, el amor, la fuerza, la superación y sobre todo, de la capacidad de personarse a uno mismo. 
Doy las gracias a la autora por que de manera sencilla y natural, incluso breve, nos regala una gran y bellísima historia que me ha cautivado y removido como un tsunami emocional. Ana María Ruiz, en esta su segunda obra,  no solo nos demuestra que su capacidad como escritora es inmensa y que tiene mucho que contarnos aún,  si no que nos revela que el Corazón,  es al fin y al cabo, el que mueve al mundo. 

Por Yolanda T. Villar.








ANA MARÍA RUIZ
El Trasplante

Editorial Letrame

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jueves, 16 de marzo de 2017

ATRAPADOS, de Montserrat Llor

Hay quien piensa que lo peor de la Guerra Civil Española acabó cuando las tropas de Franco entraban triunfales en la ciudad de Cartagena, que el final del enfrentamiento armado constituyó la terminación de todas las acciones desbocadas que se llevaron a cabo bajo el amparo del todo vale.
Nada más alejado de la realidad.
Después de la contienda, miles de personas quedaron expuestas al desamparo, desprotegidas, se encuentraron de un día para otro en tierra de nadie: en el frente, el enemigo festeja la victoria, y en la retaguardia, los líderes ya habían escaparon aprovechando que los otros dormían. Por eso, hubo incontables víctimas que quedaron olvidadas y a las que nunca nadie quiso escuchar.
Hace unos días, moría en su casa Vicente Montejano, uno de los últimos pilotos de la aviación republicana que fue enviado a Rusia para su instrucción. No tuvo ocasión de participar en la contienda porque la guerra finalizó antes de tiempo. Aquel joven, con toda la vida por delante, y junto a otros compañeros, solicitó su regreso a España, pero el sistema soviético tomó su negativa a quedarse en el país como una afrenta. El sistema cuya ideología ellos mismos defendían, les regaló años de gulags, trabajos forzados e indiferencia. Volvería a España muchos años después, casualmente junto a decenas de soldados integrantes de la División Azul, apresados tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
Como él, decenas de supervivientes han ido muriendo sin que su voz fuese apenas escuchada, lo que da buena muestra del desinterés de este país hacia sus verdaderos héroes. Es por ello que resulta vital apoyar cualquier iniciativa que nazca con la intención de escuchar el legado de nuestros mayores, de darles soporte para que su memoria no sea olvidada, para que tomemos conciencia de lo extrema que es la vileza humana, como extrema es su capacidad de supervivencia.

Atrapados. Guerra Civil y Represión. Hablan las víctimas de Franco. Así se titula una obra necesaria que coloca ante los ojos de los lectores un conjunto de entrevistas realizadas a personas que padecieron los horrores de la Guerra Civil española, bien porque combatieron en primera fila, bien porque realizaban labores en la retaguardia, o bien porque, aún siendo unos niños, sufrieron sus consecuencias de una manera cruel y descarnada.
Montserrat Llor, una periodista catalana comprometida con la suerte de los que padecieron las consecuencias de la derrota, ha dedicado varios de sus años a estudiar muy a fondo el contexto social de la Guerra Civil y lo que supuso, para los hombres y mujeres que permanecieron fieles al gobierno legal de la República, la victoria de los rebeldes golpistas. Fruto de esos años de investigación, y de recorrer toda España en busca de memorias vivas que narrasen en primera persona lo que tuvieron que vivir en sus propias carnes, surge este obra de divulgación que busca continuar con la labor de poner voz a los pocos que hoy, más de ochenta años después, viven para recordarlo; para que nadie olvide lo que sufrieron; para que nunca más vuelva a ocurrir algo semejante.
La obra se divide en tres partes: Tierra, Mar y Aire, y en cada una de ellas encontramos varios relatos de supervivientes unidos por un nexo común.
En la primera parte podemos encontrar ejemplos muy variados de personas que lucharon a ras de tierra, que fueron detenidos, encarcelados, algunos condenados a muerte, todos acabaron con sus cuerpos en las lúgubres cárceles franquistas: desde maquis que tuvieron que echarse al monte para sobrevivir al tiempo que soñaban con una salida victoriosa, hasta a mujeres que tuvieron que ejercer de enlaces en la sombra o milicianas que combatieron directamente en el frente. Todos luchaban por una causa que creían justa, pero las mujeres republicanas, además, luchaban por alcanzar esa paridad con el hombre: por primera vez habían probado el sabor de una política que no las relegaba ni las sometía, si no que les guardaba un lugar preeminente y equidistante del hombre.
En Mar, la autora nos acerca hasta aquellos niños de la guerra que fueron enviados a la Unión Soviética para escapar de un conflicto, pero que poco después se encontrarían allí con la mayor contienda de la historia: la Segunda Guerra Mundial. Desde los puestos españoles, zarparon algunos barcos con destino al país que abanderaba el comunismo. Allí encontraron al principio la paz y los cuidados que necesitaban sus menudos cuerpos, pero poco después, aquellas lejanísimas tierras, se convirtieron en un horrible infierno en el que no les quedó otra que tratar de sobrevivir. Algunos de ellos lucharon en el frente, otros ayudaron en la retaguardia, pero todos, de un modo u otro, participaron de manera activa en un intento de ayudar a las gentes que les habían dado cobijo. No obstante, no todo fue positivo, y en esas páginas descubriremos el lado oscuro de los soviets.
En la parte titulada Aire podemos encontrar las voces de algunos de los actores principales del ejército republicano que participó en el conflicto sobrevolando los cielos españoles (jóvenes pilotos formados en la Unión Soviética o fotógrafos aéreos) o los mecánicos que garantizaban que aquellos primitivos aparatos se enfrentasen al enemigo por el dominio del aire.
Editorial Crítica sigue demostrando su compromiso con nuestra más reciente Historia, apostando por obras que siguen aportando nuevos datos de un período silenciado de nuestra historia, y por escritoras como Montserrat Llor, capaces de empatizar tanto con los protagonistas como para conseguir la confianza suficiente para que esos antiguos recuerdos guardados en lo más profundo de sus mentes, por miedo o por dolor, afloren de nuevo para conocer nuestro pasado y las consecuencias fruto de la locura.
Una lectura totalmente recomendable frente al olvido.

ATRAPADOS. GUERRA CIVIL Y REPRESIÓN.
HABLAN LAS VÍCTIMAS DE FRANCO
Montserrat Llor

ISBN: 9788498929409

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Una Reseña de Santiago Navascués
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miércoles, 15 de marzo de 2017

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