viernes, 11 de agosto de 2017

¡VACACIONES DE VERANITO PARA EL GATITO!



¡Qué si que sí! Que por fin me voy de vacaciones, si, las definitivas, las largas, las que me merezco, vaya que si, ya estoy empaquetada. Y diréis que claro, que siendo una trotera me esperan unos días de  viajar en tren, en barco, en coche, en bici, con amigos, familia, con churris...pero entre nosotros, lo de Trotera, trotera lo que se dice trotera, a mi edad, como que ya no tanto, pero me voy a dedicar en cuerpo y alma a practicar mi hobby favorito y a depurar técnicas de posturas, y no es Yoga...¡Voy a echarme la siesta en tantos lugares distintos como pueda! y os veo en Septiembre hecha una Maestra Siestera.

¡¡Besitos y varios ronroneos!!

Wiwi, Santi y Yoly.





miércoles, 9 de agosto de 2017

NACIDA SOMBRA. Festival de Teatro de Olite


La lucha de la mujer por reivindicar su condición femenina, por ubicarse en el mundo con dignidad, por hacerse un hueco en la sociedad, ha sido (y sigue siendo) una navegación compleja, no exenta de peligros y riesgos, en ocasiones sin rumbo definido o detenida en mitad de un mar en calma sin soplo de aire fresco que empujase las velas... Y a todo eso, debemos sumarle la intervención del enemigo, que siempre que pudo atacó por la espalda, o como una jauría de perros atacando a una presa extraviada, sola y malherida... sin compasión, sin pesar, con toda la crueldad que la cobardía es capaz de albergar para asestar la dentellada definitiva.
Por eso, y para que no se olvide, es necesario reivindicar la memoria de aquellas mujeres que con sus actos, sus gestos y sus gestas, no quiesieron conformarse con lo que para ellas estaba escrito, y decidieron asir ellas mismas tintero y pluma para escribir, de su puño y letra, las líneas maestras que definiesen su propio destino.


Y llegó el último día del Festival de Teatro de Olite tras casi tres semanas de programación cultural de un alto nivel que arroja como resultado, a falta de confirmación oficial por parte de los organizadores, un éxito de crítica respecto de los montajes programados y de público, pues se ha completado el aforo en varios días, y la asistencia media probablemente haya superado  con facilidad el 85% del aforo total, lo que confirma el buen estado de salud del festival, con un núcleo importante de asistentes fieles que apuestan por conseguir los mejores asientos haciendo uso de su abono, así como de un variado público llegado de dierentes rincones de la comunidad foral y de las limítrofes de La Rioja y Aragón, principalmente.
Sobre la base del teatro clásico, si bien la mayoría han sido adaptaciones con estéticas modernas, se han introducido nuevas propuestas basadas en aquellos textos, tomados con mucha libertad pero sin que en ningún momento se perdiese la conexión con la obra madre. Éste es el motivo por el que el festival, que perdió la mitad de su apellido (hasta la anterior edición se llamaba Festival de Teatro Clásico de Olite, y desde la actual pasa a denominarse Festival de Teatro de Olite), renuncia al Clásico como barrera que pone límites al campo, y pretende (al menos esa es la impresión que por sus hechos parece transmitir el director del festival, Luis F. Jiménez) ofertar una nueva dimensión que busca ir más allá de la declamación del verso estricto, ampliar los conceptos y las miradas que permitan acceder, con plenas garantías, a montajes ideados desde una perspectiva más moderna pero en absoluto carentes de interés y apego a los textos más universales. El tiempo dirá si la nueva senda abierta para recorrer es el camino elegido también por un público exigente como es el que acude, año a año, hasta el magnífico escenario que se erige en la trasera del Castillo Palacio de los antiguos Reyes de Navarra.




Como ejemplo que escenificó verdaderamente la apertura de mentalidad dentro del Festival de Olite, nada mejor que acudir a la noche de clausura, donde pudimos asistir a un espectáculo flamenco, muy libre y cargado de emociones y matices, que, sobre la base de unos textos de alguna de las mujeres más importantes de su época, hizo las delicias del público que casi llenó el aforo de La Cava.
Que nadie esperase grandes discursos versificados con la voz; hubo versos, de muy bella factura, que fueron los que salían de aquellos zapatos que se deslizaban sobre la tarima del escenario, que flotaban en el aire y sacudían, impetuosos, sus tacones sobre las tablas para ofrecer un amplio poemario de figuras. Sus vestidos etéreos alzándose en el aire, mecidos por un fresco viento que, sin ser molesto, ceñía las telas a unos cuerpos que, sobre el escenario, parecían los de unas diosas: decididos en su ejecución, sensuales en su pretensión, rítmicos en su definición.

La idea original, nacida de la mente de Álvaro Tato (hombre multidisciplinar que ofrece su talento al arte y a la literatura y es una de las partes fundamentales de la Compañía de Teatro Ron Lalá, a quienes ya pudimos ver en Olite en años anteriores con sus divertidísimas En un lugar del Quijote y Cervantina), que en este caso además se encarga de la dramaturgia de la obra para presentar un montaje bien hilvanado, que no deja lugar al respiro al espectador, saltando de actuación en actuación con la voz en off de una lectora de cartas impersonal llamada Blanca Portillo. La pretensión es acercar al gran público a cuatro mujeres: Santa Teresa de Jesús (mística y diosa de la literatura española), María Zayas (precursora de la literatura feminista, cuya narrativa fue censurada por la Inquisición), Juana Inés de la Cruz (luchadora incansable por el derecho a la educación femenina)  y María Calderón, "la Calderona" (actriz colosal e impactante de gran personalidad que tuvo a sus pies al propietario de un imperio, Felipe IV).

Sobre el escenario, Rafaela Carrasco, Florencia O´Ryan, Carmen Angulo y Paula Comitre se encargan de ponerle rostro y talento a cada una de ellas, de reivindicar su figura, de mostrar su pasión desbordante y de componer preciosísimas danzas que van desde la seguiriya a la bulería, pasando por fandangos, soleás o tarantos. Sorprende por su originalidad y buena resolución la inclusión de un vals y de una cantiña, y conmueve el virtuosismo que demuestran los músicos que acompañan al cuarteto de baile, tanto los guitarristas como los cantaores. Con un final súmamente poético que no desvelaremos, pusieron el broche final a una propuesta muy interesante, que arrancó los aplausos más sinceros de un público que, si bien no estaba muy instruido en el flamenco, disfrutó plenamente del espectáculo.
Es lo que tiene el arte, que no es necesario que intervenga la razón para conmoverse, es un disparo sin intermediarios al corazón, te alcanza, te atrapa, sacude, y ya no te suelta.



COMPAÑÍA

Rafaela Carrasco

DIRECCIÓN
Rafaela Carrasco

BAILE
Rafaela Carrasco, Florencia O´Ryan, Carmen Angulo y Paula Comitre

MÚSICOS
Guitarras: Jesús Torres – Juan Antonio Suárez “Cano”
Cantaores: Antonio Campos – Miguel Ortega


EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
Idea original y dramaturgia: Álvaro Tato
Voz en off (cartas): Blanca Portillo
Composición musical: Antonio Campos, Jesús Torres, Pablo Suárez
Diseño de escenografía: Carolina González
Diseño de vestuario: Belén de la Quintana
Diseño de iluminación: Gloria Montesinos
Diseño de espacio sonoro: Gabriel Araujo
Maquinaria: Rusti
Sastrería: Pepa Carrasco
Producción ejecutiva: Alejandro Salade
Producción: Rafaela Carrasco 
Distribución: Emilia Yagüe Producciones
Fotos y diseño gráfico: Spectare

Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 8 de agosto de 2017

FUENTEOVEJUNA. Festival de Teatro de Olite



¿Cuántas veces hemos escuchado a muchos actores y actrices, de aquí y de cualquier otra parte del mundo, decir que al interpretar tal o cual papel, a éste o a aquel protagonista, sus vidas han dado un cambio completo, que desde entonces son otros, que incluso ven el mundo con otros ojos?
A decir verdad, tienen toda la razón cuando enfatizan de ese modo sus afirmaciones. Existen personajes tan potentes, tan cargados de complejidades, con sus almas tan quebradas, que experimentar desde dentro su evolución, en la dirección que tomen, debe ser algo tan enriquecedor y tan grato, que a la fuerza tienes que crecer como persona, pues vives, sin vivirlas, experiencias inéditas que te ayudan a ser, cuanto menos, mucho más empático.
¿Qué pasaría si es el propio teatro, el que cambia las vidas de las personas que participan en él? Yendo más allá de lo puramente económico desde el punto de vista laboral, sería inaudito y tremendamente inabordable que el arte del teatro fuese capaz de transformar la vida completa de las personas. Que quien se acercase, desde el desconocimiento pleno a las tablas, y le diese por aprenderlo, por probarlo y sentirlo, pudiese comprobar que hay vida más allá de su vida. Aquello sería mágico, y debería contarse en radio, prensa y televisión, hacerse tesis universitarias de tal fenómeno para que quedase reflejado en los libros de sociología como un ejemplo de hasta qué punto el arte es capaz de transformar sociedades.
Parece un sueño...Algún día...

Para el penúltimo día de festival, en Olite se programó la Fuenteovejuna de TNT/Atalaya - El Vacie, o lo que es lo mismo, la propuesta que, de la mano de la directora Pepa Gamboa, viene recorriendo media España con unas actrices no profesionales, de etnia gitana, sin estudios y procedentes de uno de los más antiguos barrio chabolistas gitanos del este país que se sigue creyendo dentro de la Champions League del mundo en desarrollo económico, pero que siga en tercera división en muchos aspectos sociales... Para recordárnoslo, llegaron ellas hace años con su debut sobre los escenarios nacionales más importantes, triunfando por todo lo alto con una adaptación de La casa de Bernarda Alba, cosechando críticas muy positivas, ganándose el apoyo del público y el reconocimiento de toda la sociedad.

En los albores del nuevo milenio, el ayuntamiento de Sevilla decidió albergar el Centro de Investigación Teatral TNT sobre un solar pobre, situado en las afueras de la capital hispalense, en la frontera con las chabolas de uno de los barrios marginales más arraigados: El Vacie. El director de teatro Ricardo Iniesta, soñó que aquella ubicación sería idónea, que desde allí podrían plantear alguna alternativa para las gentes del barrio, una vía de escape a través del teatro. Con el paso del tiempo, aquella idea germinó y se creó un grupo de trabajo experimental con mujeres procedentes de El Vacie. Las sacaron de sus chabolas después de que obtuviesen el permiso de su maridos o de sus padres para participar en un taller de teatro, dejaron bajo la techumbre de placas de metal y neumáticos gastados sus obligaciones y sus vidas dedicadas a su familia; se levantaban un poco antes, dejaban la comida hecha, la casa medianamente recogida, a los hombres almorzados y a los hijos en la escuela (los que iban), y se reunían en el centro para escuchar la historia de hombres y mujeres fascinantes, de parejas de enamorados, duelos de reyes, tragedias, comedias... y sin quererlo, sin apenas darse cuenta, se hallaron a sí mismas aprendiéndose pequeñas interpretaciones que pondrían en común de manera periódica. Lo que empezó como un juego y una distracción, una manera de dedicarse tiempo a sí mismas, acabaría por abrirles las puertas de los teatros de todo el país.


Probablemente, cuando Lope de Vega imaginó y dió vida y forma a los personajes de su obra, nunca pensó en los gitanos para que fuesen ellos los que les pusiesen cara, expresión y sentimientos. Y no es porque a comienzos del siglo XVII no hubiese calés, que los había, si no que ya por aquel entonces era un pueblo nómada que era visto con recelo por buena parte de la sociedad por sus costumbres dispares y su vida parcialmente alejada del resto con un notable interés por mantener sus tradiciones heredadas por sus ancestros, que atravesaron toda Europa en un sufrido tránsito para morar las tierras de la que fue la descrita como la gran Tierra de Conejos por los romanos.
La obra toma para su narración los hechos sucedidos en aquella población andaluza, en los que el Comendador que viaja hasta aquellas tierras somete a las buenas gentes y a las mujeres, pues se cree investido por la inmunidad que le proporciona su cargo. El pueblo, herido en su orgullo por la afrenta a la honra de sus hembras, decide tomarse la justicia por su mano y asesinar al hombre que causó tantas desgracias. Tiempo después, cuando un enviado de los Reyes Católicos viaja hasta Fuente Ovejuna para investigar las causas de lo sucedido, realizando para ello múltiples interrogatorios haciendo uso de distintos métodos de extracción de respuestas, lo único que consigue como respuesta es la unánime ¡Fuenteovejuna lo hizo!

Las actrices, aunque ellas se guardan de darse a sí mismas esos nombres, realizan un trabajo muy puro, seguramente con algunas carencias técnicas, pero colapsado por una verdad incontestable que a buen seguro nace de su deseo de reivindicarse como mujeres, en la obra y fuera de ella, de sentirse protagonistas durante los sesenta minutos que dura la obra, aún asumiento que luego, cuando se apaguen los focos y regresen a Sevilla, seguirán siendo las mujeres de... o la novia de... Seguirán ejerciendo de madres, de abuelas, de esposas... ayas de cría, protectoras del clan, guardianas del núcleo familiar que nada ni nadie podrá corromper, que defenderán con uñas y dientes como gato panza arriba... como se resistió el pueblo de Fuenteovejuna para protegerse de la amenaza exterior.
El mundo sobre el que se mueven es un poético mar de montones de mercadillo, donde la ropa parece brotar desde cualquier sitio, de todas las tallas y colores, que lo mismo sirve como lecho para soñar como de escondite para huir del payo malo.

Este montaje parte de la propia idea de las gitanas de escenificar Fuenteovejuna, del reparto de personajes por parte de la más anciana de todas ellas. A través de sus ojos, nos brindan su visión del clásico, incorporando escenas propias de su cultura: su folclore, su boda, el rito del pañuelo, su vida ambulante... todo ello expuesto con una intensidad que brota virgen, sin imposturas, instantes en los que las actrices se dejan llevar y ofrecen lo mejor de sí mismas.
Tras ver esta adaptación, es probable que ya no podamos olvidar la interpretación de estas mujeres, orgullosas gitanas, hacen del pueblo de Fuenteovejuna, pues su manera de moverse, su caló revirado, sus gestos y sus miradas, y su fuerza escénica y racial, consiguen que el espectador únicamente vea en ellas a un pueblo maltratado, humillado, abandonado, tal y como quiso reflejar el Fénix de los Ingenios, pero sin olvidar al mismo tiempo a esas mujeres que, cuando se bajan del escenario, regresan a sus chabolas, a la chatarra, al mercado, al dos por cinco euros. ¡Fuenteovejuna son ellas!

Nota al pie: Europa ha emprendido acciones para desmantelar el poblado chabolista de El Vicie y ofrecerles una vivienda digna a sus habitantes. Todo comenzó meses después de que estas mujeres se hiciesen visibles. ¿Casualidad?




COMPAÑÍA

Atalaya Centro TNT-El Vicie

DIRECCIÓN
Pepa Gamboa

REPARTO 
Rocío Montero Maya, Lole del Cmapo Díaz, Carina Ramírez Montero, Sandra Ramírez Montero, Ana Jiménez / Pilar Ramírez, Rocío Rivas Flores, Beatriz Ortega Chamorro y David Montero

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
  
Dramaturgia: Antonio Álamo
Ayudante de dirección: Joaquín Galán
Asesoramiento Artístico: Pedro G. Romero
Diseño de espacio escénico: Antonio Marín
Vestuario: Maite Álvarez
Iluminación: Alejandro Conesa
Sonido: Emilio Morales
Coordinación Técnica: Alejandro Conesa
Regiduría: Joaquín Galán
 Fotografías: Félix Vázquez 

Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS