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martes, 8 de agosto de 2017

LA VIDA ES SUEÑO. Festival de Teatro de Olite

Existen obras de teatro que son el Teatro. Textos cargados de dramatismo, que encierran reflexiones filosóficas, que provocan el llanto, la risa, la congoja, la ternura... Son montajes que trascienden de la época en la que fueron concebidos para agradar a un público concreto, con una concepción del mundo singular, amamantados en unos valores que no tienen por qué coincidir con los que han ido modelándose a medida que han avanzado los años, las décadas, los siglos... Sus protagonistas quedan grabados en la retina de los espectadores, así sean interpretados por múltiples actores distintos, cada uno con una puesta en escena diferente. Esas obras, esos textos, esos montajes... con el paso del tiempo, son los que acaban entrando a formar parte del selecto grupo de los Clásicos, morando eternamente en lo más alto del arte y la sabiduría de la Humanidad; y sus autores, como no puede ser de otro modo, ocupan un lugar en el Monte Olimpo, codeándose entre dioses, pues su talento y su genialidad, no pueden pertenecer al azaroso mundo de los mortales.
Que nadie deje nunca de acudir a presenciar una escenificación de un texto clásico que reproduzca con fidelidad el carácter primigenio de la obra: jamás saldrá sin alimento para el entretenimiento, ni equipaje nuevo y limpio en el zurrón del alma.

La vida es sueño. Aquí mismo podría terminar esta reseña, pues con sólo escuchar, leer o escribir ese título, uno ya sabe que se encuentra ante lo más alto de la cordillera teatral de todos los tiempos. Los habrá semejantes, parejos en altura, pero no superiores. Es la historia de Segismundo, hijo de Basilio, rey de Polonia, que se encuentra recluído desde niño por su padre en una oscura cueva al descubrír éste, en la lectura de las estrellas, que su hijo sería un rey cruel y despiadado. Temeroso de que se cumplan tales augurios, Basilio encadena a Segismundo en una celda y lo deja allí, al cuidado de Clotaldo. Segismundo es un ser oscuro, como oscura es su morada de humedad y cadenas, atormentado por su encierro, entristecido por su desdicha. Sin embargo, un día su padre decide concederle una oportunidad, abrir la puerta a un cambio en el destino que parece estar escrito, y concede sacarlo de la cueva dormido para que despierte en su palacio como rey. Allí lo dejará a su aire, y según su comportamiento, le descubrirá la verdad si demuestra ser de fiar, o lo devolverá a su cueva si sus maneras son las vaticinadas por las estrellas. Segismundo matará, dormirá, será nuevamente encerrado, despertará una vez más siendo preso, aturdido dudará del mundo, del tiempo y de sí mismo, de su realidad y de su sino... hasta que vengan a reclamarle como príncipe heredero las gentes de Polonia (que hasta entonces desconocían su existencia y ven en su figura la continuidad del país) que marchan contra el rey Basilio y lo liberen para que luche contra su padre... ¿Qué hará Segismundo?

El montaje de la obra es sencillamente espectacular: desde el vestuario seleccionado (al principio su modernidad generó dudas por su atrevimiento con unos patrones indeterminados, próximos a la modernidad) y el modo en el que interactúan con él hasta los técnicos de sonido o maquillaje, pasando por el impecable uso de los elementos del decorado y de la luz: ambientes claustrofóbicos para recrear la cueva donde pena Segismundo o espacios diáfanos y nobles pertenecientes al palacio de Basilio, rey de Polonia, todo tiene cabida en una acertadísima puesta en escena que sorprende gratamente y que viene a demostrar, una vez más, que el ingenio pesa más que los abultados presupuestos. Además, no podemos olvidar la interesante aportación del músico que interviene durante toda la obra, en directo, poniendo el contrapunto adecuado a las escenas a medida que se suceden, según requiera cada momento.

Los actores puntúan alto, cada uno consiguiento unos interpretaciones creíbles, ajustadas a las características de cada personaje: encontrando al verso suelto y humorístico en Clarín, al elegante y siempre majestuoso Basilio, a la inteligente y sagaz Rosaura, Astolfo, Clotaldo, Estrella... Memorable es la primera jornada de la obra, en la que los actores, en mitad de la oscuridad de la cueva de Segismundo, se mueven haciendo uso de unas pequeñas pero potentes linternas que van iluminando los distintos puntos del escenario, creando haces oníricos de luz y de sombras, una maravilla visual fruto del buen hacer de todos ellos en consonancia con escenografía. Todos intervienen con un tono medido y cuidado, siempre al servicio de la lucidez y lo umbrío que brota como el magma de un volcán de las entrañas de Segismundo, maravillosamente interpretado por José Luis Esteban, quien consigue conducir al público por todas y cada una de las sensaciones vitales por las que atraviesa su personaje, haciendo sentir a cada espectador instantes de desdicha, de prepotencia, de temor, de arrogancia, de reflexión, de amor, de ira, de razón, de arrepentimiento, de compasión...

Sin lugar a dudas, un pequeño gran regalo el que nos hace la compañía de El Teatro del Temple con esta versión de La vida es sueño de Calderón de la Barca, que abre las puertas de un modo respetuoso y renovador a un público actual, que encontrará una obra sujeta al verso clásico pero ofrecida de un modo entendible, atractivo y cercano. Han dejado huella en los espectadores que llenaron el aforo de La Cava para presenciar su trabajo, alcanzando un nivel artístico de los más notables de entre todos los montajes que han pasado hasta la fecha por el festival.
No tengan duda: si esta propuesta pasa por su ciudad, ¡acudan!




COMPAÑÍA

Teatro del Temple

DIRECCIÓN
Carlos Martín
REPARTO   
Segismundo: José Luis Esteban 
Basilio: Yesus Bazaan 
Clotaldo: Félix Martín 
Rosaura: Minerva Arbués 
Astolfo:  Francisco Fraguas 
Estrella: Encarni Corrales 
Clarín: Alfonso Palomares

EQUIPO ARTÍSTICO/ TÉCNICO
Dramaturgia: Alfonso Plou 
Producción: María López Insausti 
Música:  Gonzalo Alonso 
Escenografía: Tomás Ruata 
Iluminación: Tatoño Perales 
Vestuario: Ana Sanagustín 
Caracterización: Langas estilistas 
Fotografía: Marcos Cebrián 
Diseño Gráfico: Línea Diseño 
Equipo de producción: Pilar Mayor y Alba Moliner 
Técnicos en Gira: Tatoño Perales y Antonio Fdez. Garza
Redacción y Fotografía: Santiago Navascués
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

lunes, 5 de noviembre de 2012

La vida es sueño. El Bululú


Título de la obra: LA VIDA ES SUEÑO. EL BULULÚ
Dirección: El Aedo
Reparto: Jesús Torres @JesusTorres1983




Tengo que reconocer que hasta que no vi la obra anunciada para el 19 de Agosto en el Castillo de Belmonte (Cuenca), no tenía ni idea de qué era un bululú; a mí me sonaba a pájaro, y no iba muy desencaminada, pues con un buen pájaro me encontré sobre el escenario. Un pajarillo saltarín, menudo y de grandes ojos, como un pequeño y vivaracho colorín, sin colorado, pues el pájaro de buen agüero que me encontré sobre el escenario me adentró en el mundo de los sueños dándole un principio a mi soñar y bajo los suspiros que batían sus alas, haciéndome volar por siempre ya sin medida ni final.

Da igual lo que diga la R.A.E, busca por doquier en internet y papel impreso, pregunta a los viejos del lugar y a los entendidos en materia teatral. No se puede entender el significado de Bululú, sólo se puede sentir. Y sentir me hizo, mi pequeño pajarillo de grandes ojos y profundo corazón, ¿tal vez grande es su corazón y profundos son sus ojos? Lo cortés no quita lo valiente y Grande y Profundo se ha de ser para llenar un escenario con un sinfín de personajes siendo una sola persona, y llenarlo de tal manera que su “unipresencia” rebosara la escena y nos cubriera a todos los que allí asistíamos nerviosos y expectantes, de su entrega, su pasión y su soñar. El Pequeño pajarillo, no es otro que el Gran hombre, Jesús Torres.

  
En un pequeño escenario que él hizo grande nada más entrar en escena, ataviado como dama y verseando con grácil voz de doncella, que más tarde se nos presentaría como doncel,  comienza la representación  sobrecogiéndote sin más ya de entrada un curioso personaje cuyos movimientos y ademanes te sorprenden en su ser y estar, avisándote de que lo verdaderamente sorprendente está por llegar.  Es lo primero que Jesús Torres hace asomar, y os aseguro que no es una fanfarronada, es que como un concierto para voz y gestos, la representación va “ In Crescendo”, haciéndote hiperventilar de empatía y emoción según va transformándose en un personaje tras otro.

Jesús Torres nos muestra a través de los ojos de un actor de teatro del siglo XVIISebastián de Prado, que la Vida es Sueño, y lo es no sólo en un escenario, sueño es la vida en sí misma; y lo que hoy parece seguro, mañana no es más que un suspiro que el viento igual que trajo, se llevó. Segismundo hoy es un preso, mañana es Rey. Sebastián hoy es un actor cuya vida es el teatro y mañana, tal vez, el teatro que lo mantiene vivo… sólo sea un sueño en su pasar.

Nunca Calderón fue tan palpable, tan real, tan mundano y tan actual como a través de las palabras y el sentir de Jesús  Torres ¿existe el teatro clásico para Dummies? ahora sí. Jesús lo ha bajado de los altares y lo ha aposentado en una taberna en la cual tontos y listos, niños y adultos, incrédulos y acólitos bebemos de la misma jarra y empinamos el mismo porrón: el de la emoción y satisfacción de ver entregarse en cuerpo y alma a un gran actor. Sebastián, el alter ego de Jesús, se ha empeñado en que hemos de disfrutar, de reir y de llorar, de aplaudir y de pedir más de un teatro, de un autor y de una obra, que nadie nos puede obligar a amar, si antes no nos hace sentir lo que en realidad Calderón sintió al escribir.

 Jesús, pajarillo revoloteador ¿Dónde estabas cuando yo me peleaba con diecisiete años ante un libro de la editorial  Cátedra, por entender una obra de la que dependía mi nota y hasta mi dignidad?, si yo fuera Cospedal, invertiría más en Bululús que en tecnología digital ¡y ya no serían los jóvenes españoles los estudiantes que siempre van a la zaga en las encuestas europeas sobre materia cultural! AMÉN.

Sobrevive Sebastián en el Madrid de 1648 como Bululú, actor que siempre trabaja solo y cuyo buen hacer le permite representar y ser todos los personajes de una obra teatral, mas si difícil parece el cometido, más lo es cuando ha de hacerse en secreto y clandestino por decreto real en una España tan convulsa o más que la que hoy nos toca vivir. Y el Bululú Torres de Prado es emotivo como Rosaura, gracioso como Clarín, convincente como Basilio, indeciso como Clotaldo, evanescente como Astolfo y Estrella e Intenso como Segismundo ¡oh, mísera de mí, oh, infelice! ¡Torres de Prado, que pusiste tus enormes ojos oscuros en mí cuando encadenado clamabas razón y despertar, y presa me dejaste de tu dudar entre sueño y realidad!

Y como un suspiro, el pajarillo se va volando del escenario, dejándonos su buen hacer en nuestras pieles y carnes, tatuado con la fuerza de un vendaval.

Sí, un Bululú es esto, esto sin más y sin menos, un actor que guarda mil actores más en su ser y que sin dejar de ser él mismo, logra que el espectador le mire y vea a decenas de personajes más. Bululú no es una palabra, Bululú es un artista, Bululú es un sentimiento, un creer y un crear, un hacer y un entregar, Bululú sólo es y será:
                                     JESÚS TORRES, actor que encierra mil más.





©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



Fotografías: Santiago Navascués Ladrón.

Texto: Yolanda T. Villar