"...Se trata de amar a los no amados,
se trata de dormir en los portales,
se trata de leer en los pecados,
se trata de imitar a los chales,
se trata de morir en los abriles,
se trata de soñar o ser soñados.
Se trata de vengarse o ser vejados."
(Abrahám Galeón)
Era bien jovencita cuando me convertí en adicta a la novela negra, de misterios y terribles asesinatos, esa que nos mostraba oscuros y fríos asesinos versus
detectives duros y casi clarividentes que no sin pasar un tortuoso desarrollo de la acción, daban con la solución al enigma con astucia y casi sin despeinarse; la novela negra norteamericana y anglosajona copaba el mercado y llenaba las estanterías de los lectores amantes del género de todas partes del mundo. Yo era una de esas a las que las novedades de la librería del barrio atraía como la miel a las moscas, no me había leído uno cuando ya estaba pensando en el siguiente. John Daly, Dashiell Hammet, Raymond Chandler, Burnett, fueron mis lecturas de referencia, iconos de un género que lejos de morir con el paso de los años, se hacía cada vez más fuerte y del cual surgían nuevos talentos que aseguraban el futuro de la novela negra.
Pero un buen día algo cambió, en una librería descubrí al que desde ese momento sería mi autor de cabecera, corazón, entrañas y piel: García Pavón. Las hermanas coloradas me cambiaron la vida y la concepción que tenía hasta entonces de novela negra: no hay mejor historia que la que te hace sentirte parte de ella, y la novela negra española era la leche. Lugares conocidos, personajes cercanos, (al estilo de la mítica serie televisiva, Usted puede ser un asesino) verosímiles, casos veraces, emoción de desconocer lo aparentemente conocido y sobre todo, el pellizco que produce pensar que a nuestro alrededor también pasan cosas escalofriantes.
Ya no me cabía la menor duda, la novela negra española ya no era el futuro del género, ya era el presente...
EL LIBRO.
Adel, inspector de la Ertzaintza que ha conocido momentos mejores tanto personales como profesionales, se encuentra de la noche a la mañana inmerso en un espeluznante caso del cual será juez y parte sin que él mismo sospeche que forma parte de una macabra partida de ajedrez en la cual parece ser un simple peón; los terribles asesinatos cometidos por un asesino en serie conocido como el asesino de las estrella de Salomón, mantendrá en jaque al inspector y su compañera llevándoles pista a pista, asesinato tras asesinato, a una espiral de crimen, torturas, venganzas, sospechas, dudas y justicia divina de la cual parece no escapar nadie, ni siquiera ellos mismos.
¿Puede un segundo en el pasado, marcar tu presente y condenar tu futuro? Una novela tan negra como la mente de un psicópata.
LA OPINIÓN DEL GATO.
Estamos en un momento grato para la novela negra, al menos en lo que a fecundidad y calidad se refiere, y aunque las ventas siguen siendo un tema delicado, no se puede negar que este género es que más lectores nuevos a conseguido y el más difícil todavía: generar adeptos fieles e exigentes en los lectores de siempre. Si tuviéramos que señalar en el mapa un lugar en el que autores y lectores del género confluyen, ese sería actualmente el País Vasco; hoy en día la mayor parte de los autores que más y mejor novela negra escriben, están en Euskal Erría, pues no podemos negar ni obviar que tanto vascos, como navarros y algún que otro vasco-francés -que aún tímidamente se aventuran en la novela negra- copan el mercado literario cuando hablamos de este género. Guste a unos, moleste a otros (los menos) no podemos hablar de novela negra actual en nuestro país, sin añadirle el apellido vasco (con uno es suficiente, no necesitamos ocho para aunar calidad y cantidad y saber de quienes y de qué hablamos).
Andrés Galán es uno de esos autores de la nueva ola (para la gran parte de lectores, pues novela negra siempre ha habido en el País Vasco) que sin embargo cuenta con un largo recorrido tocando tantos palos literarios como
un buen cantaor haría con el flamenco, y con la suficiente versatilidad y maestría para dejarse la piel en cada uno de ellos y pasar de palo a palo sin perder ni un ápice de entrega en su obra; pero es en este caso cuando Galán se deja no solo la piel, sino sudor, sangre y lágrimas en su novela, aunque la sangre no sea suya, pues esta salpica al lector entregado a la lectura ávida de una novela que no nos da tregua desde principio a fin. Una trama adictiva, desarrollo de vértigo y final de infarto, temas de actualidad y peliagudos ¿Cuántos autores hoy en día no se atreven todavía a tratar "el tema ETA"? Y si hay algo que borda Galán en Un maldito caso para el Inspector Adel, es la psicología de sus personajes, ofreciéndonos un antihéroe y un villano, que crecen e intensifican sus papeles al ritmo que lo hace la narración, haciéndoles evolucionar y enfrentarse a sí mismos como si se movieran por una sala de espejos de una feria.
Sólo me queda decir, más bien pedir al autor, que nada me gustaría más, y se que no voy a ser la única, que volver a leerle en negro sobre sepia, pero que sea muy negro, tanto como el fondo del cañón de un revólver.
UN MALDITO CASO PARA EL INSPECTOR ADEL
Andrés Galán
ISBN: 978-84-15495-94-9
Ediciones Beta III Milenio
Fotografías: ©Yolanda
T. Villar
Una Reseña de Yolanda T. Villar
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