lunes, 12 de agosto de 2019

FEDERICO GARCIA, XX FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

FEDERICO GARCIA


Y llegamos al final del XX Festival de Teatro de Olite, y el director de esta locura que viene repitiéndose de manera ininterrumpida durante las dos últimas décadas, propuso como broche de oro la presentación en Olite un espectáculo ecléctico y pasional: Federico García. De alguna manera este festival ha destacado por dos grandes pilares sobre los que se ha sostenido: la relevancia de la mujer y el acercamiento del poeta granadino a un público que hasta hace poco tiempo estaba acostumbrando por estos lares a los textos clásicos. Sin embargo, Luis Jiménez ha insuflado aire fresco en Olite, le ha lavado la cara a un festival que siempre ha destacado por lo cuidado de sus espectáculos y ha potenciado la participación de compañías navarras y extranjeras, dotando al evento cultural más importante de la comunidad de Navarra de una personalidad propia y un estilo único definido fundamentalmente por la búsqueda de la calidad se encuentre donde se encuentre.

Seguramente que Pep Tosar y Evelyn Arévalo, los artífices de este espectáculo, se preguntaron como sorprender al público del siglo XXI hablando de la vida de Federico García Lorca. Evidentemente, no le faltaba razón cuando a buen seguro pensaron que ya estaba todo contado o que ya estaba todo dicho sobre la figura del granadino. Sin embargo, es muy probable que, a fuerza de adentrarse en el universo lorquiano, en algún momento la chispa saltó en sus cabezas e imaginaron una puesta en escena novedosa, moderna, ágil, potente y pasional para crear un montaje que aunase el relato, el baile, la historia, el flamenco, la música en directo, el vídeo, la poesía. Todo eso es el Federico García que la compañía Mika Proyect puso en escena sobre las tablas de La Cava para crear una última noche mágica y enigmática en el que el público quedó prendido de la genialidad de Lorca, pero también de la cantaora Mariola Membrives, del guitarrista Marc López, el percusionista David Domínguez y del embrujo del bailaor Rafael Ramírez.

El espectáculo es una suerte de destellos fugaces de la vida de Federico García Lorca, nueve paradas, nueve estaciones de tren en las que detenerse a recorrer sus andenes, desde su niñez hasta su muerte, pasando por su juventud, sus viajes a Madrid, Cataluña o el extranjero como Nueva York o Cuba. Federico, era un hombre adelantado a su tiempo, pues se entendía así mismo como parte del mundo, por eso gustaba de viajar tanto para empaparse de todo lo ajeno y hacer lo suyo. Incorporó a su personalidad, a su lírica y a su poesía influencias que encontró allí donde sus pies le condujeron, Y supo interiorizarlo para evolucionar en su poesía, en su teatro e incluso en sus pinitos como dibujante. Tuvo la oportunidad de conocer a personajes destacadisimos de su época: el Nobel Jacinto Benavente, Unamumo, Valle-Inclán, coetáneos de la generación del 27 como Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Rafael Alberti... También a Salvador Dalí o el torero Ignacio Sánchez-Mejias, al que haría mundialmente conocido por las elegías que le lloró cuando un astado le arrebató la vida...

Pep Tosar conduce al espectador a través de un viaje en el tiempo en un tren que avanza entre campos insondables mientras comunica pueblos y ciudades que poco a poco van quedando atrás, a lo lejos... En este viaje participan diferentes personas vinculadas con la vida de Lorca y su obra, incluso Aparece Vicenta Montesinos García, la última familiar viva que tuvo oportunidad de conocer personalmente a Federico, y cuya participación sirve para desvelar anécdotas familiares muy entrañables. El montaje fusiona los recuerdos y el conocimiento que de Lorca guardan todos ellos con el flamenco o el jazz, con la danza o el recite de textos y poemas seleccionados del artista de Fuente Vaqueros

Con una acertada iluminación, que focaliza constantemente el punto de atención en cada momento, y una cuidada selección de imágenes proyectadas sobre una tela que ocupa el lugar de la cuarta pared, nos encontramos ante un espectáculo interesantísimo, muy potente a nivel visual y con un importante fondo comprometido con la figura del poeta y dramaturgo granadino y con lo que la figura de este representó de manera universal. Su muerte llegó porque matándolo a él mataban al símbolo. Al menos así lo entendían sus verdugos. Lo que no alcanzaron a calcular era que, con aquel asesinato premeditado que cometieron frente a un muro de olivos, engrandecían aún más su figura, pues si libre había vivido, por querer seguir viviendo libre era asesinado.

Nunca pudieron matar su teatro, sus notas, sus dibujos o poemas. Lorca es eterno porque su obra encierra el mundo entero, con lo mísero y lo bello, lo detestable y lo loable, y no cabe duda de que sus textos son consecuencias de su propia vida, la de Federico García, aquel que supo amar y supo sufrir, que supo gozar como el que más y lidiar con los toros más pregonaos, y que, por encima de todo lo demás, quiso siempre ser él mismo, proteger a los suyos y trascender desde la dignidad. Lo consiguió. Todo.


EQUIPO

Cante: Mariola Membrives

Guitarra: Marc López

Percusión:David Domínguez

Baile: Rafael Ramírez

EQUIPO ARTÍSTICO

Dramaturgia: Evelyn Arévalo y Pep Tosar

Dirección: Pep Tosar

Realizador: Agustí Torres

Ayudante de cámara: Francesc Martorell

Escenografía y vestuario: Pep Tosar y Evelyn Arévalo

Técnico de luces y video: Sergio Roca Saíz

Técnico de sonido: Jonbi Belategui

Fotografía: Justin Brown

Producción ejecutiva y distribución: Gabriela Marsal, Leila Barenboim y Mireia Gràcia (Mika Project)

Coproducción: Oblideu-vos de nosaltres SLU y Festival Grec de Barcelona

Apoyos: Diputació de Barcelona, Generalitat de Cultura. Departament de Cultura, Govern de les Illes Balears e Institut d’Estudis Baleàrics


Federico García es una producción de Mika Proyect y Oblideuvos de nosaltres SLU


Más información: www.mikaproject.es

viernes, 9 de agosto de 2019

RETRATO DE LUDMILLA EN NINA SIMONE, XX FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

RETRATO DE LUDMILLA EN NINA SIMONE

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Ludmila Dabo, en plena interpretación

Hay mujeres que tuvieron que luchar infinitamente para reivindicar su condición femenina como igual frente a los hombres. Mujeres que entregaron su esfuerzo a la defensa de unos derechos igualitarios para todos los seres humanos. Todas ellas A lo largo del mundo merecen el requerimiento de todos nosotros, pues aquella lucha es hoy una serie de derechos a queridos reales. Atrás quedaron en forma de ideales y se materializaron para que otras mujeres, hoy, disfruten de ellos plenamente.

Existen además una serie de mujeres que no se conformaron exclusivamente con luchar por sus derechos como mujeres, sino que lo hicieron para lograr sus derechos como mujeres negras, pues el color de su piel, y en esto compartían suerte con los hombres, coartaba sus aspiraciones y limitaba su potencial. Solo por el hecho de ser negras no podían acceder a determinadas esferas sociales, ni tomar alcance de estudios universitarios. Es por ello, que aquellas mujeres que lo hicieron, Tiene un doble reconocimiento: su lucha fue doble mente digna, por lo que pueden estar doblemente satisfechas del esfuerzo titánico que emplearon para vencer en su particular lucha vital.

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Para la penúltima noche del festival de teatro clásico de Olite, su director Luis Jiménez volvió a concedernos la posibilidad de tomar contacto con el teatro francés nativo y lo que en su salas se ofrece. Ya el año pasado tuvimos oportunidad de descubrir y alucinar con la obra francesa en versión original subtitulada Arlequín Pulido por Amor, y en esta ocasión pudimos deleitarnos con una noche mágica en la que Luzmilla Dabo y David Lescot ejercieron de maestros de ceremonias de un espectáculo que aunaba la música y la conversación, los recuerdos de unas vidas de lucha con el jazz, el soul y el rhythm and blues, con el alma de la música más racial y reivindicativa de los años 60 y 70. Renació sobre las tablas de la cava, la gran dama luchadora por los derechos civiles afroamericanos, Nina Simone.

El montaje es una suerte de diálogo entre dos mujeres, Nina Simone y Ludmila Dabo, cuyas vidas a pesar de la distancia en el tiempo guardan ciertas relaciones y lo pondrán de manifiesto a medida que avance la obra. Estos recuerdos llegarán de la mano de la propia Luzmila, que se da vida a si misma y se mimetiza en la propia Nina Simone, y contará con la ayuda de David Lescot para ir desentrañando las personalidades de ambas mujeres, sus misterios y las intensidades vitales que fusionan sus caminos.

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Así, mediante un diga logo entre los dos actores que llenan el escenario, decorado éste con apenas unos instrumentos musicales, y un maniquí que viste uno de los vestidos singulares de la gran sacerdotisa del Soul, como se le llego a conocer a Nina Simone, el público tuvo oportunidad de conocer que la vida de la gran artista estadounidense estuvo marcada por un gran don que recibió desde bien niña, cuando a los dos años se inició en la aventura de la música, y poco después, con apenas seis, ya era la pianista oficial de la pequeña iglesia a la que acudía con su familia todos los domingos. Su madre, muy religiosa y con un fervor hacia Dios excedido, creía que era un don divino lo que su hija poseía y por lo tanto,  quedaba en el deseo del Todopoderoso que el futuro musical de su hija llegase o no a buen puerto. Cuando crece y se hace mayor, también lo hace su pericia y su virtuosismo con el piano, hasta el punto de tener la oportunidad de presentarse a una audiencia con pase a uno de los mejores centros de su país. Sin embargo, y a pesar de llevar a cabo una prueba de selección impecable, el color de su piel le descalificaba de ese acceso sin contar con su valía. Su condición de mujer negra la invalidaba y, por lo tanto, fue rechazada sin ningún pudor. Esta circunstancia marcó a la joven que luego asombraría al mundo, que llenaría todos los conciertos que ofrecía, que deslumbraría con su voz y su capacidad instrumental. Aquella mujer que lo tuvo todo y que lo consiguió todo: reconocimiento, dinero y fama, siempre guardó dentro de ella las múltiples espinas que se clavaron en su corazón por el rechazo que sufrió constantemente por ser negra, de ahí que su música y sus letras fuesen una constante reivindicativa de la lucha por los derechos y la igualdad civil, y protagonizó junto con otros líderes destacados de la sociedad afroamericana de la época una etapa en la que definitivamente, y a pesar de las bajas que sufrieron como asesinato de Martin Luter King, lograron derribar lo más alto del muro que lo separaba de la igualdad y de la dignidad.

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Poco a poco, Ludmila desgranará su propia vida y la de Nina, y para hacerlo recurrirá a varios de los grandes éxitos de la cantante norteamericana, interpretándolos con una fuerza, una entrega y una pasión tan grande como el mensaje cristalino que brotaba de las entrañas de unas mujeres que no quisieron permanecer ajenas ni ser condescendientes con su discriminación ni las de sus semejantes, seguramente porque no la deseaban para sus hijos.

Con Retrado de Ludmila en Nina Simone, el director y actor David Lescot ofrece un óleo musical muy rico en matices, con el que poder reflexionar y emocionarse a través de la música gracias a la figura emblemática de una mujer sin igual y de una actriz, Ludmila Dabo, que maravilló a los espectadores que se congregaron en una noche cálida para disfrutar de su voz poderosa y cadenciosa, dulce y brutal, de la música popular estadounidense que iguala a todas las almas sean de donde sean, pues éstas no tienen color ni piel. En Olite fue el estreno en España, pero no nos cabe duda de que no muy tarde volverán a cruzar los Pirineos porque este talento debe ser conocido en todo el país. Debería ser una obligación para todos los que creen en el arte del espectáculo como arma para concienciar conciencias.

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EQUIPO ARTÍSTICO

Ludmilla Dabo y David Lescot


Retrato de Ludmilla en Nina Simone es una producción de La Comédie de Caen


Más información: www.comediedecaen.com


Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 7 de agosto de 2019

EL ENFERMO IMAGINARIO, XX FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE

EL ENFERMO IMAGINARIO


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Argán, protagonista de El Enfermo Imaginario

Es curioso, pero desde muy antiguo el hombre siempre ha buscado sobrevivir a su propia mortalidad, dilatar su vida e incluso trascender lo racional en busca de la inmortalidad. Para ello, existieron multitud de hombres y algunas mujeres, que trabajaron de manera minuciosa durante siglos Y en muy diferentes culturas para prolongar la vida de los hombres, generalmente de sus reyes, emperadores, presidentes… De todos aquellos que ostentaban el poder y que tenía en el alcance la capacidad de aquellos para beneficio propio. Fruto de de esta búsqueda incesante ha llegado hasta nosotros multitud de ciencias médicas, de tratamientos de enfermedades, de curas dolencias que han posibilitado que la vida se abra paso ante una muerte antes segura, consiguiendo así vencer a un destino que parecía de parar un final anticipado. Sin embargo, de la obsesión por satisfacer el deseo de la trascendencia, en ocasiones surgen personas que se piensan enfermas aunque no lo estén y que sienten una necesidad imperiosa de ser medicados y tratados de unas enfermedades que no tienen por el solo hecho de medicarse y sentirse cuidados y alejados de los males del mundo.

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En el inicio de la última semana del Festival de Teatro de Olite, pudimos disfrutar de la maestría de uno de los más grandes dramaturgo de la comedia francesa: Jean-Baptiste Poquelin Molière. En esta ocasión, y de la mano de la compañía Morboria, se representó la obra El enfermo imaginario, escrita por el genio parisino en sus últimos días de vida. Enmarcada dentro de la Comedia del Arte, caracterizada por la satirización de los grandes poderes que dominaban la sociedad, en este caso la medicina, este montaje tiene como fin denunciar la obediencia ciega y el no cuestionarse las intenciones con las que llegan algunas personas con las que compartimos la vida.

De alguna manera, Molière creó un personaje, Argán, que suponía el reflejo deformado de sí mismo: anciano, siempre acostado en una cama, aquejado de una grave enfermedad, la Hipocondriasis, por la cual el paciente siente que le acechan decenas de enfermedades a cual más mortífera, y ante las que necesita protegerse antes de que su vida sucumba al ataque de alguna de ellas. Por cualquier circunstancia, por mínima que experimente, piensa que padece esta o aquella enfermedad, y es por ello que necesita la presencia diaria de un médico de confianza que le vigile y le proporcione lo necesario para seguir viviendo un día más. Así, esta actitud tan obsesiva le hará sumamente vulnerable ante aquellos que quieran aprovecharse de la situación en beneficio propio: su propio médico, que hará caja con todos los tratamientos que el paciente necesite; su joven esposa de segundas nupcias, quien únicamente desea poseer y disfrutar de la hacienda y la rentas de su marido, e incita a éste con sus enfermedades imaginarias para manipularlo a conveniencia; incluso un notario amigo personal de su esposa, y amante en secreto, que pretende asignarse por herencia así mismo los bienes del viejo para proceder con el testamento de Argán de manera legal.

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Argán recibe la visita de las muertes

Entretanto, asistiremos al acuerdo al que Argán llega para casar a su hija con un médico, Tomás Diafoirus, pues así verá asegurado sus últimos días en compañía de un buen galeno. El problema reside en que su hija, lejos de querer casarse con el pretendiente que le facilita su padre, y a quien repugna por insulso y pedante, está enamorada perdidamente de Cleanto, un joven que se hará pasar por el profesor de música de la hija de Argán para poder estar cerca de ella, a pesar del riesgo de ser descubierto. A partir de aquí, las tramas se mezclan y la situaciónes estrambóticas también, resultando una mezcla de escenas muy divertidas y desternillantes que salpicaron de carcajadas continuadas el aforo de la trasera del Castillo-Palacio al completo. Como perejil de todas las salsas se elevará Antoñita la sirvienta de la casa, una mujer hábil y avispada que utilizará sus argucias y el conocimiento callado que posee de todo lo que sucede en la casa de su señor para tratar de encauzar una situación que amenaza con condenar a una hija y hacer perder su hacienda al propio Argán por su absurda obsesión.

El reparto al completo brilla intensamente en todos sus papeles, pues realizando un trabajo formidable, fruto de su buen hacer y de las múltiples representaciones que traían como bagaje a sus espaldas hasta Olite. No obstante, destacaron porque lo bordaron Fernando Aguado en el papel del escéntrico protagonista, Eva del Palacio recreando a la vivaracha Toñita y Eduardo Tovar, como el repelente pretendiente Tomás Diaforius. La escenografía está muy cuidada, al igual que el vestuario, recreando con fidelidad una hacienda parisina del siglo XVII, en la que aparecen elementos de la habitación del protagonista muy cuidados: como la cama con un cabezal muy recargado y el mobiliario de estilo Luis XIV. No podemos olvidarnos del excelente trío musical, que pone música en directo para dar paso a las diferentes escenas, amenizar algunos pasajes o magnificar las situaciones cómicas con algunos efectos.

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La música se hizo presente en la obra de Molière

Sin lugar a dudas, Morboria Teatro salió por la puerta grande en La Cava, fruto de un cuidadísimo montaje y una medida dirección. Se nota que Eva del Palacio y todo su equipo técnico tienen la obra en la mano. Gracias a ello, recibieron una calurosísima ovación, y un largo aplauso que hizo salir a los actores en varias ocasiones, cerrando así una noche intensa que será recordada en Olite por mucho tiempo.

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Recogiendo la ovación del público

EQUIPO

Fernando Aguado

Eva del Palacio

Virginia Sánchez

Alejandra Lorente

Eduardo Tovar

Jorge Corrales

Vicente Aguado

Trajano del Palacio

Luna Aguado

Violín:Milena Fuentes

Músico clavicordista: Miguel Barón 

Laúd, mandola y percusiones: Javier Monteagudo

EQUIPO ARTÍSTICO

Traducción, versión y dirección: Eva del Palacio

Espacio escénico: Morboria

Realización atrezzo: Fernando Aguado

Música original: Charpentier y varios

Área Enamorados:Miguel Barón

Diseño de iluminación, luz y sonido: Guillermo Erice

Fotografía: Carlos Bandrés

Gerencia: Javier Pujol

Diseño gráfico: Miguel Brayda

Diseño de vestuario: Ana del Palacio, Fernando Aguado y Eva del Palacio

Sastra: Mónica Flores

Caracterización y máscaras: Fernando Aguado, Ana del Palacio y Eva del Palacio 

Producción: MORBORIA S.L. 

El enfermo imaginario es una producción de Morboria Teatro

Más información: www.morboria.com

Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS