sábado, 9 de octubre de 2021

El ruido de entonces, de ANTON ARRIOLA

 El ruido de entonces, de ANTON ARRIOLA

EL RUIDO DE ENTONCES ANTON ARRIOLA
Portada de El ruido de entonces, de ANTON ARRIOLA

Puede que los más jóvenes ni siquiera habían oído hablar de la crisis del petróleo del 73 aunque ahora el precio que pagan por la gasolina que ponen en su coche es la máscara que nunca han conocido. Puede que los más jóvenes tengan conocimiento directo de una central nuclear a través del personaje amarillo más famoso de la televisión. Puede incluso que los más jóvenes desconozcan que hace no tanto tiempo, a personas inocentes se las asesinaba con el fin de conseguir objetivos políticos. Y que, a veces, se conseguían. Y que, durante demasiado tiempo, la sociedad admitió esa violencia como parte del paisaje local como parte puede ser un bosque de hayas o un arroyo que desciende por las laderas de una montaña. Solo así se explica que ETA perdurase tantos años en activo, pistola en mano, sembrando de terror y sangre una tierra increíblemente bella.

La última novela de Antón Arriola (al que anteriormente pudimos reseñar en El diario de Josef Barath o El caso Newton) nos acerca a una época no tan lejana, en aquellos años en los que, debido a la crisis internacional que provocaron algunos países productores de petróleo, medio mundo se lanzó a desarrollar un programa de producción de energía nuclear para aliviar la dependencia de los hidrocarburos y no verse así chantajeados por las decisiones que tomasen los principales productores de crudo del planeta. Pero como bien es sabido, la producción de energía nuclear, desde su nacimiento, siempre ha sido una tecnología de la que se ha recelado, ya que a pesar de ser una fuente limpia en sus procesos normales, conlleva un peligro extremo si, por alguna circunstancia, se producen una serie de fallos en cadena que pudiesen desembocar en la fusión del reactor donde se calienta el uranio. El miedo a una catástrofe ya entonces fue uno de los grandes puntos en contra que todos los gobiernos tuvieron que salvar para convencer a una sociedad que veía con ojos recelosos la colocación de esas centrales en puntos cada vez más cercanos a grandes núcleos de población.

La novela viene a contarnos los hechos que sucedieron durante la construcción de la central nuclear de Lemóiz en los años setenta, un pequeño pueblo vizcaíno a veinticinco kilómetros de Bilbao. En un contexto internacional desfavorable y con una crisis nacional abierta, el gobierno español aceleró el desarrollo de un plan para instalar varias centrales repartidas por todo el país, y Lemóiz fue escogida para tratar de mitigar la dependencia energética de la región de combustibles fósiles.

Sin embargo, en la sociedad vasca había arraigado un profundo celo de autoprotección a pesar de los beneficios económicos que las centrales nucleares aseguraban, poco a poco se amplió el rechazo a la construcción de dicha central, junto a otras dos proyectadas en Deva y Tudela, y durante meses el ambiente político se enrareció tanto que ETA, la banda terrorista que soñaba con la liberación del pueblo vasco al tiempo que creaba pesadillas de dolor y sufrimiento entre decenas de inocentes desde hacía ya varios años, decidió posicionarse en la escena cometiendo acciones violentas que fueron creciendo en intensidad, desde pequeños sabotajes a través de trabajadores infiltrados a la colocación de una bomba en el reactor cuando ya estaba construido y que causó dos muertos, dos heridos y numerosos daños económicos. Se sentían gudaris justicieros, pero eran cobardes cuatreros, de ahí la cara tapada y el tiro por la espalda. La culminación de su sadismo llegó, y es aquí donde el escritor quiere llevar al lector, cuando anunciaron el secuestro de Jose María Ryan, el ingeniero jefe que trabajaba en la central y cuya muerte fue anunciada anticipadamente por los terroristas si el Estado no demolía la central nuclear en el plazo máximo de una semana.

Antón Arriola construye un relato duro de los hechos históricos dándole paso a sus propios recuerdos como adolescente a través de la escritura de esta novela. El autor, vecino del asesinado, conoció de primera mano el dolor que provocó en su entorno, pues sus padres eran amigos de Ryan y compartieron muchas vivencias juntos. De un modo original, introduce además un segundo relato, intercalado con el primero, en el que cuenta una historia basada en los mismos hechos pero con protagonistas inventados moviéndose en unas circunstancias similares, nunca exactas. De algún modo, se trata de un ejercicio interno por parte del autor para contar su propia experiencia y para tratar de contar/explicar la intrahistoria que pudo haber sido (¿quién sabe?).

Sea como fuere, descubrimos una historia olvidada para la mayoría de personas que hoy se acerquen a la novela y que no les tocase vivirlo de manera contenporánea, narrada con pulcritud, sin distracciones, tratando de ser aséptico en los hechos pero sin evitar lanzar al lector reflexiones afiladas acerca del uso de la energía nuclear, del abuso de poder, del insaciable apetito de los intereses económicos, y sobre todo del rechazo de la violencia y el asesinato como método para la consecución de un fin, por moral o socialmente aceptado que sea (a raíz de aquello, comenzaron a aparecer las primeras fisuras entre los defensores de ETA y del uso de la violencia como medio para alcanzar sus fines. Desgraciadamente la banda terrorista, años después, volvió a repetir la historia en Ermua, demostrando que a pesar de reincidir en su bestialidad y salvajismo, habían extraviado su memoria). Tampoco se priva de cuestionar a esa sociedad cauterizada por el miedo que estuvo demasiados años mirando a otro lado mientras los asesinos decidían quién merecía vivir o quién morir. Y esta pregunta, sin ánimo de revancha ni de culpar a nadie en concreto, lo que busca es servir como cuestión didáctica que permita reflexionar acerca de cómo puede llegar una sociedad a transigir con la violencia, a aceptarla y a permanecer ajena a ella aunque suceda al lado de tu casa. Como si no pasase nada.

El ruido de entonces es un ejercicio valiente de Antón Arriola por mirar hacia dentro de sí mismo, quizá catárquico, para trasladar la idea de fortalecimiento de la sociedad de hoy a través de la mirada sincera y directa hacia un pasado difícil, poniéndose frente al espejo para contemplar lo que ve y aceptar lo que el reflejo le devuelve: aquello de lo que sentirse orgulloso y aquello que expiar, con sosiego, al fin sin temor.

 
Una reseña de Santiago Navascués 
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
 

martes, 31 de agosto de 2021

CHAMUSQUINA, DE NOELIA LORENZO PINO

 CHAMUSQUINA, DE NOELIA LORENZO PINO

chamusquina noelia lorenzo pino
Portada de Chamusquina, de Noelia Lorenzo Pino, y publicada con Erein

Después de haber leído todas las novelas anteriores de Noelia Lorenzo (La sirena roja, Corazones negros, La chica olvidada o La estrella de quince puntas) he de decir que le tenía muchas ganas a esta nueva-vieja novela de la autora irunesa: Chamusquina. Y es que, aunque pueda sorprender, se trata del primer trabajo que le publicaron a esta escritora, a pesar de que la experiencia no fue todo lo agradable que alguien que ve su sueño al fin materializado en papel podría imaginar. Al parecer, hay editoriales que sacan rédito de la ilusión de aquellas personas que deciden emprender un viaje hacia la creación literaria, y lo hacen sin remordimientos y sin respetar los acuerdos firmados. Mala ruina tengan.

Pero lo que hoy nos ocupa no es adentrarnos en ese debate acerca de las editoriales pirata, que daría para una entrada amplia, si no en analizar una novela negra de corte clásico en su planteamiento, cargada de personajes, con un claro mensaje favorable a la conservación del medio ambiente y una dura crítica a un sistema de engranajes público-privados que son movidos de espaldas a la sociedad, sin que nadie los perciba, pues a menudo nuestros intereses están enfocados en cuestiones más banales.

La novela comienza con los paseos de la que será una de las protagonistas de la novela, Laura, a través de Peñas de Aia, un parque natural próximo a Irún, la ciudad en la que se desarrolla la novela. Hasta allí se desplaza la joven para reorganizar su mente y tratar de, si no desprenderse, sí al menos de superar un pasado tortuoso que le hizo tocar fondo. En uno de sus paseos, la joven encontrará unos pájaros muertos esparcidos por el monte cuya muerte alimentará su curiosidad, y fruto de ello, tomará alguno para llevárselo a su veterinaria de confianza y saber a qué se debe. Además, en uno de sus encuentros con el médico que cuida de su estado de salud desde hace años, también le comenta su inquietud acerca de la suerte de aquellos pájaros en un paraje tan aislado como es Peñas de Aia, si bien éste le recomienda que no le de importancia. Sin embargo, lo que parece ser fruto de la casualidad, adquiere nuevos tintes cuando Laura se entera, pocas horas después, del fallecimiento accidental de Jaime, el mencionado médico que la atiende. Así las cosas, la joven decide investigar por su cuenta los sucesos, pero llegará un momento en el que la situación le sobrepase y decida apoyarse en la experiencia de su hermano Gorka, ertzaina de profesión y con el que no mantiene buena relación. Gorka, a pesar de todo, decidirá echarle una mano a su hermana y compaginará esta investigación con otra que tiene abierta junto a su compañera Raquel, en la que tratan de esclarecer la causa de lo que parece ser un suicidio de una mujer de mediana edad a la que la vida parece sonreirle.

Con todo ello, Noelia Lorenzo nos sumerge en la investigación de dos tramas diferentes que serán servidas poco a poco, adelantándonos con minuciosa precisión los acontecimientos que se suceden casi a diario en forma de capítulos, unos más cortos, otros más largos, en base a la importancia de lo que va ocurriendo en torno a todos los personajes que van apareciendo. ¡Y vaya si aparecen!

Una de las cosas que llama la atención es la cantidad de actores, principales y secundarios, que introduce la autora en la novela, y a todos consigue darles su espacio y conferirles una personalidad propia definida por las vidas que les ha tocado vivir. Así, todos se ven creíbles, y aunque por momentos el punto de vista desde el que nos conduce el narrador que todo lo ve puede resultar de inicio confuso por la diversidad de nombres, lo cierto es que con apenas avanzar en los primeros capítulos resulta sencillo ubicarlos a todos. Gracias a ello podremos encontrar, además de a Laura, su hermano Gorka y a la compañera laboral de este, Raquel, a políticos, directivos de empresa, al jefe de policía, a la familia de los hermanos, a la veterinaria, a un asesino a sueldo...

 Otra de las cosas destacables de la novela, aunque ya no llame tanto la atención a quienes hemos leido a esta escritora en otras ocasiones, es la facilidad con la que se crea los universos interiores de sus personajes y la manera en la que los describe. Ya en esta, su primera novela, daba muestra de lo que es uno de sus puntos fuertes como escritora.

Por último, resulta interesante ver cómo retrata las relaciones de algunos personajes, y cómo utiliza las atracciones que pueden llegar a sentir entre ellos para generar tensiones de muy diversa índole, o para justificar comportamientos que se traduzcan en consecución de objetivos, desde conseguir una raya gratis hasta un puesto destacado a nivel profesional. En paralelo a ello, también ofrece una visión tenebrosa de cómo se manejan algunos asuntos vitales de nuestro día a día por parte de quienes, en teoría, están al servicio de la población, que es la que les paga los sueldos. A decir verdad, y a juzgar por las noticias de los útimos años cargadas de corrupción por doquier, incluso puede que la autora irunesa se haya quedado corta.

Si nunca es facil darle forma a una novela coral, más aún tiene que serlo cuando es tu primera vez. Es por ello que el mérito de esta novela es amplio, pues si a eso le sumamos una narración en la mayor parte de su extensión ágil y atractiva, nos encontramos ante una lectura muy interesante que no decepcionará a los lectores más fieles de Noelia Lorenzo, y que, a buen seguro, animará a los neófitos en esta escritora vasca para zambullirse en el resto de sus novelas. Si bien es cierto que el estilo se ha hecho más definido en la saga protagonizada por Eider Chassereau y Jon Ander Macua, resulta muy gratificante leer algo totalmente ajeno. Es por ello por lo que la animanos, desde este humilde espacio literario, a que cuando termine ese quinto proyecto de dicha saga que sabemos que tiene entre manos, y nos sorprenda con algo totalmente distinto. Con esta novela nos ha dejado un buen sabor de boca también por lo diferente y nos gustaría repetir sensaciones. Dicho queda.

Una Reseña de

Santiago Navascués

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS




miércoles, 4 de agosto de 2021

FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE 2021: TITO ANDRONICO

 TITO ANDRONICO

Cada vez que Shakespeare se aproxima hasta los muros del escenario de La Cava, durante el Festival de Teatro de Olite, el público responde fielmente a llenar el aforo que posee este espacio tan singular. Y es que el bardo de Stratford-upon-Avon tiene esa capacidad especial de refugiar en sus textos las más grandes virtudes y los más reprobables defectos del ser humano, y lo hace sin paños calientes, mostrándolos siempre sin pudor, como poniéndolos a prueba frente a un espejo para que únicamente se vea lo que hay, nada más ni nada menos. Para esta ocasión, el director del festival, Luis Jiménez, planteó traer a escena la obra de Tito Andrónico, una de las tragedias más sangrientas del dramaturgo inglés.

La trama de la novela nos introduce en los sucesos que le ocurren a Tito Andrónico, general romano que regresa victorioso tras las campañas contra los godos. En su regreso trae como prisioneros a la reina Tamora, a sus hijos y a un sirviente moro, Aarón, que además es amante de ella y consejero de malas artes. Guiado por la tradición romana, manda sacrificar al hijo mayor de la reina goda, lo que causará la ira de esta y su deseo de venganza. Cuando tras una serie de vicisitudes el emperador de Roma, Saturnino, se empareja con Tamora, ella aprovechará su capacidad de influencia para urdir una trama contra Tito. Así, cuando aparece el cadáver del hermano del emperador, Basiano, hacen creer que los asesinos han sido dos de los hijos del protagonista, y el emperador los hará matar. Por otra parte, los dos hijos de Tamora que aún sobreviven, violan a la hija de Tito, Lavinia, llevados por la lujuria y la promesa de su madre de que sus hechos no tendrán consecuencias. Además, para que no puedan ser descubiertos, cortan la lengua y las manos de la joven y la abandonan en un bosque. Al mismo tiempo, el emperador destiera a Lucio, el único hijo que le queda a Tito fuera de Roma para romper definitivamente a su familia. 

Andrónico, cuando se da de bruces con tan funestos acontecimientos, enajenado y llevado por el ansia de venganza, planeará su desquite. Sabiendo que su hijo Lucio se ha aliado con los godos y se encuentra de camino al frente de un ejército para acabar con la corrupción del emperador, consigue  atrapar a los hijos de Tamora y someterlos a castigos y tormentos, hasta darles muerte. Por su parte, el emperador Saturnino, temeroso del ejercito que se haya a las puertas de Roma, planea parlamentar con el hijo de Tito en la casa de este para evitar un conflicto que pueda hacerle perder su poder. Es entonces, en mitad del banquete con el que los agasaja Andrónico y a Tamora, cuando éste les indica que la carne que están comiendo es la de los propios hijos de la emperatriz, a quien mata personalmente. Cuando el emperador se entera, acaba con sus propias manos con Tito Andrónico, y será Lucio quien ponga fin a tanta sangre derramada dando muerte al propio emperador.

Asesinatos, traiciones, antropofagia, violación, venganza. La pluma de William Shakespeare escribió una tragedia sangrienta y durísima para dar a conocer hasta dónde puede llevar al ser humano el deseo primitivo de venganza sin que medien unos límites éticos o jurídicos de por medio. En esta obra no existe otra justicia que la del ojo por ojo, y todos los personajes la llevan a cabo. Tamora cuando ve caer asesinado a su hijo por Tito Andrónico a consecuencia de una ley de Roma; el protagonista al ver ultrajada a su hija y enterarse del asesinato de sus hijos; el emperador al conocer la muerte de su hermano... El mal sobrevuela constantemente la trama de la tragedia, siempre espoleado por la figura siniestra del moro Aaron, que tendrá un final no menos cruel.

Este Tito Andrónico de la compañía del Teatro del Noctámbulo es un espectáculo rotundo y perturbador, que sorprende, tensiona y azuza las emociones del espectador para hacer sentir en cada momento las justificaciones de los hechos que se suceden de manera implacable. No pretenden que el espectador tome partido hacia uno u otro bando, más bien al contrario, la intención es que cada uno reflexione sobre lo que ha visto y saque su propio juicio, los condene o les absuelva si es que hay alguien que lo merezca en toda la obra.

A nivel técnico, todo está cuidadosamente desarrollado, desde el vestuario al maquillaje, pasando por la escenografía, la iluminación o la música. Es un montaje de alta calidad, a la altura de unas interpretaciones no menos importantes, que colocan a esta propuesta en uno de los puestos de privilegio de la escena española, y justifica que, a pesar de ser una obra con dos años de gira, continúe representándose con la misma fuerza y el mismo interés que el primer día. Es realmente gratificante encontrarse con una obra como esta, tan bien hilvanada por su director Antonio C. Hinojosa, porque con ellas se construyen espectadores a medio y largo plazo, porque no permite relajarse en las casi dos horas y media que dura, y porque consigue que ese tiempo nos de la apariencia de reducirse a la mitad cuando la presencias. No queda si no agradecer como hizo el público de Olite, puesto en pie, el derroche de talento y magia con el que inundaron el Festival de Teatro, y sólo nos resta esperarles en sus futuros trabajos, pues nos han dejado con ganas de más. Seremos fieles. Sabemos esperar.


REPARTO

José Vicente Moirón, Alberto Barahona, Carmen Mayordomo, Alberto Lucero, José F. Ramos, Quino Díez, Lucía Fuengallego, Gabriel Moreno, Carlos Silveira e Ivan Ugalde.

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Antonio C. Guijosa

Autoría: William Shakespeare

Versión: Nando López

Composición musical: Antoni M. March

Diseño de vestuario: Rafael Garrigós

Diseño de iluminación: Carlos Cremades

Ayudante de dirección: Pedro Luis López Bellot

Caracterización y maquillaje: Pepa Casado

Diseño de escenografía: Juan Sebastián Domínguez

Ambientación: Mikelo

Realización de vestuario: Luisi Penco y Laly Moreno

Realización de escenografía: PROES

Técnico de iluminación: Carlos Cremades y Màrcia ConceiÇao

Técnico de sonido y maquinista: Javier Torres

Dirección técnica en gira: Planta Baja Producciones

Teaser: Manuel De 

Fotografía: Diego Casillas, Vicente S. Román y Jero Morales

Diseño gráfico: Al Rodríguez

Entrenamiento físico: Diana caro

Ayudante de maquillaje: Nina Morión

Ayudantes de producción: Álvaro Fernández, Inma Montesinos y María Escribano

Producción ejecutiva: Isabel Montesinos

Distribución: Mara Bonilla.   

Tito Andrónico es una coproducción de Teatro del Noctámbulo y el 65 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.  

Más información:  www.teatrodelnoctambulo.com


Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués

FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE 2021: PIES EN TIERRA - OINAK LURREAN

 PIES EN TIERRA - OINAK LURREAN

Para cerrar el Festival de Teatro de Olite, la organización seleccionó una propuesta diferente, arraigada a la tierra, asentada sobre las bases de la tradición musical del País Vasco y Navarra, pero ofrecida al público que prácticamente llenó las butacas permitidas por la normativa anti Covid en una noche fresca pero apacible. El escenario de La Cava se vistió de gala para recibir a The Lyrical View, que como su propio nombre indica, trató de darle a una bonita y cuidada selección de canciones populares y tradicionales de la región una visión desde la lírica.

 

Así, con Saioa Goñi, Carolina Luquin, Olaia Lamata, Imanol Resano, Álvaro Blasco como voces bien solistas, bien en dúos o bien en conjunto, fueron desgranando en un concierto amable y sentido un buen número de piezas elegidas con cariño para versionar canciones ya conocidas y recuperar del olvido algunos temas que, por el paso del tiempo, comenzaban a quedar en el olvido. Siendo todos ellos navarros, conociéndose entre ellos, no era de extrañar que la complicidad se percibiese entre ellos desde su primera aparición en escena, y apenas se notó en ellos que aquel era el estreno de su propuesta.

 

La calidad musical de las piezas, y los arreglos que incorporan para adaparlos a los tiempos requeridos para la lírica, son cosa de Mario Oroz, que se supo rodear del resto de músicos Daniel Sádaba, María Fernández, Ignacio García y Aingeru Otxotorena, con los que, del mismo modo que los cantantes, consigue una sincronía perfecta para crear una hora mágica, que transporta al espectador a esa Navarra y País Vasco tradicional que tan presente ha estado históricamente en la sociedad.

 

Además, para apoyarse en ese viaje telúrico a los paisajes y lugares que de un modo u otro rememoraban los temas que iban apareciendo si solución de continuidad, y tratándose de un grupo de gente joven hijos de una época en plena efervescencia tecnológica, no tuvieron ningún miedo en acompañar el espectáculo de una proyección constante de entornos emblemáticos, bosques míticos, y montes afamados de la geografía vasco-navarra.

 

El conjunto es un sólido bloque que el espectador recibe con la delicadeza de la lírica, con la cadencia de unas composiciones singulares y con la belleza plástica de unos paisajes únicos sobrevolados como si fuésemos un gran águila que desde su privilegiado vuelo accede a una visión privilegiada de una tierra maravillosa.

 

Para finalizar, el director del Festival de Teatro de Olite recibió el cariño del público por los años de dedicación que lleva al frente de su organización, y él dedicó unas palabras de agradecimiento a quienes volvieron a hacer posible que el festival fuese de nuevo una realidad a pesar de las complicaciones derivadas de una pandemia que parece que no desea abandonarnos del todo. Se despidió con una frase muy quijotesca y cervantina que, probablemente, resuma a la perfección su labor desde que se hizo con las riendas de la organización de uno de los eventos culturales más potentes que se celebran anualmente en Navarra: "Nadie nos quitará la gloria de intentarlo". Luis Jiménez transformó el festival, le desposeyó de su encasillamiento retirándole el apellido de Clásico, se enfrentó a la incomprensión y a la vista está de que ha salido victorioso, una vez más. Ojala que siga intentándolo por muchos años, y que la gloria, tras tanto esfuerzo, siga visitándole en esas noches de julio, cuando los focos se apagan y la sensación de paz por el trabajo bien hecho embriague sus sueños.


EQUIPO

Saioa Goñi, Carolina Luquin, Olaia Lamata, Imanol Resano, Álvaro Blasco, Leire Fernández (violín 1), Mario Oroz (violín 2), Daniel Sádaba (viola), Ignacio García (violonchelo) y Aingeru Otxotorena (percusión).

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Saioa Goñi y Mario Oroz

Producción audiovisual y arreglos musicales: Mario Oroz 

Pies en tierra-Oinak lurrean es una producción de The Lyrical View


Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués

 

martes, 3 de agosto de 2021

FESTIVAL DE TEATRO DE OLITE 2021: PRINCIPIANTES DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR

PRINCIPIANTES. DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR

 


Andrés Lima, uno de los directores que más veces han pasado en los últimos años por el escenario de La Cava en el Festival de Teatro de Olite, regresaba este año con esta propuesta en cuyo título ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? encontramos directamente y sin ambajes el argumento de la historia que el público, que ocupó el aforo permitido por completo, pudo ver el último sábado del festival.

 

Nos encontramos ante una obra de Raymond Carver, en la que dos parejas sentados a una mesa comparten ideas, vivencias, anécdotas en torno al amor, a cómo lo viven o lo han vivido, a cómo les ha cambiado la vida, a los fracasos producidos, a la felicidad que les ha aportado... En esa conversación, con ciertos momentos que parecen confesiones, van mostrándose incluso secretos que afloran llevados por el momento en el que cada uno de los personajes desnudan su corazón y su alma, y también arrastrados por el discurrir del alcohol, que durante toda la escena no deja de rellenar vasos constantemente, funcionando como un elemento que sirve como refugio en el que los protagonistas se resguardecen de sus propios miedos y recuerdos.

 

Mónica Regueiro y Javier Gutiérrez, ponen rostro a esa pareja con una trayectoria vital desarrollada, con experiencias previas en el matrimonio y en los divorcios, que se han casado hace cinco años pero que ambos saben, al menos, qué no quieren. Por contra, Daniel Pérez Prada y Vicky Luengo constituyen la pareja arquetípica contraria, joven, hasta cierto punto inexperta, que siguen creyendo en el amor como algo naif incluso. Todos ellos componen unos personajes muy trabajados, repletos de aristas que llegan incluso a herirles desde dentro, y sus interpretaciones son lo más destacado y pontente de esta obra. De Javier Gutiérrez poco hay que decir sin repetirse, pero es que tanto Mónica, como Daniel como Vicky están sencillamente impresionantes, sorprenden por la fuerza que cada uno de ellos dota a su protagonista y la capacidad que tienen de mostrarlos frágiles, desprotegidos en grado sumo.

 

La escenografía es sencilla y el uso de una gran pantalla como ventana que muestra distintos paisajes o climas sirve para desatascar o profundizar, de algún modo, lo que va sucediéndose en escena. La música tiene bastante presencia en el montaje pero no llega a molestar ni desentona en ningún momento. Los efectos de sonido y de luz están muy bien medidos y demuestran el buen hacer de los técnicos en este sentido.

 

Carver es un autor duro, complejo, molesto en ocasiones, pero que mira a la realidad a los ojos sin desviar su propia mirada, con valentía. Y esta obra de Andrés Lima, con adaptación de Juán Cavestany, busca beber (y aquí esto es más importante que nunca) de su esencia y trasladarla al espectador para convulsionarlo y retarlo a un tiempo, a pesar de la posible resaca. ¿Otra ronda?


REPARTO

Javier Gutiérrez, Mónica Regueiro, Daniel Pérez Prada y Vicky Luengo.   

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Andrés Lima

Autoría: Raymond Carver

Adaptación: Juan Cavestany

Ayudante de dirección: Laura Ortega Pinillos

Adaptación: Juan Cavestany

Diseño de escenografía y vestuario: Beatriz San Juan

Diseño de iluminación: Valentín Álvarez

Diseño videocreación: Miquel Àngel Raió

Composición musical: Jaume Manresa

Fotografía: Sergio Parra

Diseño gráfico: Rubén Salgueiros

Producción ejecutiva: Mónica Regueiro y Carles Roca

Dirección de producción: Ana Guarnizo

Producción y administración: Andrea Quevedo. 

Principiantes es una producción de Beginners 2021 AIE, Producciones Off y ¡Carallada! Show.

Más información: www.vania.es


Redacción y Fotografía:
Santiago Navascués