lunes, 30 de marzo de 2020

Para Esmé, con amor y sordidez, de J.D. Salinger.

Para Esmé, con amor y sordidez

Reseñas.

La Pelipequirroja.

   ¿Nunca os ha pasado que teníais muchas ganas de leer un libro, a pesar de no tener muchos datos sobre el mismo, pero se os había metido entre ceja y ceja? Había leído con anterioridad algún cuento de J.D. Salinger, no recuerdo si llegué a tener alguna vez su libro "Nueve cuentos" en mi poder, si había leído algunos sueltos solamente, o fueron leídos en clase, años ha; el caso es que de haber leído el libro en cuestión, si así fue, no recordaba esta historia. Pero llevaba años rondándome, y un buen día, en la Feria del libro Antiguo y de Ocasión, voy y me topo con un facsímil del cuento en sí, según fue publicado en prensa, antes de ser incluido en la antología de cuentos de Salinger. Y me lo llevé con la alegría y el ansia del que ha conseguido un gran tesoro por mucho tiempo buscado. 
   Llegué a casa con él, lo saqué de la bolsa, lo observé, lo acaricié (creo recordar) y...lo dejé en el estante de los facsímiles. Durante un par de años. Me olvidé de él. O tal vez no encontraba el momento de leerlo. O seguramente obtenido el objeto de deseo me olvidé del tiempo que llevaba esperándolo, aunque es raro, soy de las que les puede el ansia y según compro ropa la estreno. Pero esto no es ropa, ese un libro. Librito. En fin, que me olvidé de él, así de claro. 
   Lo que son las cosas, en cuanto me uní a varios retos sobre lecturas de Clásicos, fue uno de los primeros que se me vino a la mente. Pero no fue el primero por el que me decanté, ni el segundo, ni el tercero. Estaba en mi mente, pero no en mis planes. Lo mío es de diván y de receta de las que te piden el DNI. Hasta que llegó nuestro momento, me levanté, dejé lo que estaba leyendo, agarré el facsímil y me puse a leer, así, como cuando los de mi pueblo iban a una boda y les ponían langostinos, sin conocimiento ninguno, como si no hubiera mañana ¡Y vaya lectura, oh si, vaya vaya! os cuento.

    Publicado en el diario The New Yorker en 1950, Para Esmé con amor y sordidez, es un relato de Salinger, que se compone de tres partes (cosa algo habitual en sus cuentos). 
   En la primera parte, breve, narrada en primera persona por un ex soldado que luchó en la Segunda Guerra Mundial, está ante la invitación de boda de una jovencita a la que conoció durante el conflicto bélico; nos encontramos en algún lugar de Estados Unidos y seis años después del fin de la Guerra. La joven es Esmé, una muchacha, prácticamente una niña, que conoció durante su acuartelamiento en Inglaterra. 

   En la segunda parte,  el joven se remonta a los momentos previos al desembarco de Normandía, a los preparativos para la batalla y los entrenamientos junto al resto de oficiales; pero como ni en la Guerra todo va a ser batallar, también hay espacio para el entretenimiento y el ocio, y es durante esas ocasiones cuando conoce a Esmé. La niña, de apenas trece años, tras salir de la iglesia, entra junto a su tía y su hermanito pequeño a una coqueta cafetería en la cual se encuentra nuestro Oficial ¿Y caballero? el caso es que la joven, con desparpajo y todo sea dicho, cierta imprudencia dados los tiempos que corren, entabla conversación con él, y a pesar de su juventud demuestra tener no solo don de gentes, sino una experiencia en la vida que ya quisiera para él el veintañero americano. Esmé logra dejarlo "fuera de combate" con su conversación y vivencias, huérfana de militar y a cargo de su tía, la niña se maneja muy bien en cualquier situación, a las pruebas nos remitimos porque logra, en apenas media hora, saber que el joven es un escritor americano y además, le ha hecho prometer que le escribirá un cuento de amor, pero sórdido, como nunca antes se habría escrito alguno.  Se despiden, pero antes Esmé le recuerda su promesa, y le desea que sobreviva  a la contienda porque si no, no habrá cuento, y eso sería una pena. 
  Media hora. Solo media hora y el oficial siente que ha sido el mejor tiempo vivido hasta ahora en su mediocre y triste vida, la conexión que se ha creado entre los dos niños y el soldado (la tía no muestra ese interés de sus sobrinos por el joven) ha sido casi mágica. 

    En la tercera parte, y tomando distancia para lo que se nos quiere contar, la narración pasa a la tercera persona, cosa que notamos en nuestro estado de ánimo y en el cariz que toma la historia en cuanto comenzamos a leer. 
   Estamos en Alemania. Un soldado americano al que conocemos como X, ha sido internado con graves heridas, las secuelas de la Guerra lo han convertido casi en un despojo, sucio y borracho, que apenas puede dejar de temblar al intentar escribir una carta para un compañero.
   Entonces sucede algo que cambiará de nuevo su destino: entre los paquetes por abrir que se acumulan junto a su cama, siguiéndolo de cuartel en cuartel , se encuentra uno que será decisivo en su recuperación y entonces, la intensidad narrativa sube a su punto más alto, se desvelará su identidad.

CONCLUSIÓN: Un relato de amor y sordidez en tiempos de guerra, de ideales, de falsos dioses, de heridas sangrantes y cicatrices supurosas, pero también de esperanza e inocencia; secuelas de una guerra que durarán toda una vida, de guerras que durarán muchas vidas. Un relato que conmueve y remueve, un reloj que no marca las horas sino los tiempos, un nombre, una promesa y un hasta siempre. Realmente fabuloso, a pesar de las opiniones negativas que me estaban llegando durante mi lectura, ha sido un cuento al que ha valido la pena esperar durante tanto tiempo ¿O me esperó él a mí hasta que estuve preparada para leerlo? Como dijo Elvis Presley: Como yo ha habido otros, solo que yo he llegado en el momento en el que se me esperaba

   
Reseñas.



PARA ESMÉ, CON AMOR Y SORDIDEZ.

J.D. Salinger.
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©tODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

viernes, 27 de marzo de 2020

Shamela o Apología de la Señora Shamela Andrews, de Conny Keiber ( Henry Fielding)

Shamela

Joseph Andrews and Shamela, reseñas.


La Pelipequirroja

   No hace mucho os traje la reseña de Pamela, de Samuel Richardson, y os hablé, que una vez leída sería interesante leer Shamela, de Henry Fielding, aunque publicada bajo el seudónimo de Conny Keiber (y me viene que ni pintado para la premisa Clásico escrito con seudónimo del reto de las Inquilinas de Netherfield) Os explico el porqué. 
   Richardson y Fielding fueron rivales durante toda su vida, diríamos que Fielding no soportaba la "mojigatería" de Richardson, a quien siempre tachó de tibio y miedoso, tal y como señaló tras la publicación de Pamela, obra que Henry consideraba un manual de buenas costumbres femeninas en lugar de una novela en sí, y la cual fue cambiando a medida que iba publicando capítulos en prensa y el público iba reaccionando. -¿Desde cuando público y crítica deciden lo que un escritor debe publicar y lo que no?- decía Fielding ante los cambios de argumento y giros en el personaje principal según los lectores iban expresando su opinión. Y en contraposición a la políticamente correcta obra de Samuel, Henry publicó Shamela (juego de palabras tras mezclar, Pamela y Shame, vergüenza), algo así como el lado oscuro de toda Pamela; incluso haciéndolo con seudónimo, en la época todo el mundo supo quién estaba tras aquella réplica. La controversia estaba servida. Y vino muy bien a ambos autores, pues sin proponérselo, sus obras aumentaron el nivel de ventas tras la curiosidad despertada por las dos publicaciones. 
   A río revuelto, ganancia de pescadores. 
   Estoy convencida que de haber vivido en la época, yo misma hubiera sido una de esas ávidas y críticas lectoras, no me va a mí un chisme ni nada; así que ya podréis adivinar el porqué me lancé a leer ambas novelas.

   Shamela o Apología a la vida de la Señora Shamela Andrews (También se conoce como Shamela y Joseph Andrews, ya veis, títulos para todos los gustos) fue escrita en 1741 como un feroz ataque a la obra de su enemigo literario, Richardson, prometiendo al lector -Contar la verdadera historia de la puritana heroína de su rival-, sin escatimar en detalles por sórdidos que estos fueran, dejando claro que a él nadie le haría cambiar ni una letra de su historia. Un ataque directo y nada elegante que sin embargo hará nuestras delicias como ya las hizo con los lectores del Siglo XVIII, sin haber perdido ni un ápice de humor ni quedado obsoleta con el paso de los siglos.

   Shamela no es una pobre e inocente muchacha, casta y puritana, que repele una y otra vez los ataques amorosos por parte del hijo de su Señora; no es la chica con fuertes creencias religiosas y cuya Fe la mantiene alejada del pecado y le marca el camino de la virtud. Shamela es una astuta joven, con mucho camino recorrido a sus espaldas y bien conocedora de la dureza de la vida de los pobres así como de los placeres humanos que tanto gustan a los hombres; conocimientos y necesidad que la harán prosperar en la vida. Cuando pone los ojos en su joven patrón, Joseph Andrews, y él en ella, discurre un plan sagaz para seducirlo y lograr obtener eso que tanto desea: ascender de posición social y obtener la reputación ansiada al fin. Con malas artes, ladinas propuestas y maquiavélicas encerronas, despierta la lascivia en el cándido crédulo y fácilmente manipulable, joven señorito; parte de esta maldad, sin contar la naturaleza manipuladora y pérfida de la protagonista, la ha aprendido de su vulgar y ambiciosa madre, metodista y fiel seguidora de George Whitefield (ministro de la iglesia con el que el autor no compartía ni creencias, ni métodos) creando un monstruo en la figura de la que tal vez un día de hace mucho, fue una buena chica, tal vez.

RESUMIENDO: Una obra mordaz, satírica, cargada de un ácido humor y de una crítica social dura e implacable de una sociedad hipócrita e inmoral, cargada de corruptela y cinismo; una obra maestra del autor y de la literatura inglesa de todos los tiempos, que no ha perdido ni razón, ni sarcasmo durante más de trescientos años, estando hoy en día todavía patente en nuestra sociedad.  Una lectura ágil y divertida a pesar de estar escrita en género epistolar y superar las 400 páginas, sin embargo con una gran pega para los hispanohablantes: Tan solo hay una traducción decente de dicha novela, la de Rafael Martínez Moreno para UMA editorial, aunque yo aconsejo, si el nivel y la seguridad con el inglés es bueno, leerla en su idioma original para poder captar la esencia crítica y mordaz de la obra. 


                ¡Señores editores, más clásicos en español ya!


Y con esta reseña, doy por superado el Nivel 2


SHAMELA 
Conny Keiber (Henry Fielding)

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©Todos los derechos reservados.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos, VV.AA

Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.

Vosotros los que leéis que estáis entre los vivos.

La Pelipequirroja


     Esta vez las Inquilinas me lo han puesto en bandeja, como cuando en Teatro estás esperando entrar en escena pero tan solo necesitas que te den el pie; si hay algo que me gusta en esta vida (sin que sea de comer, esté helado y tenga sabor a chufa) son los relatos, y si son de terror, gozada doble, pero si además son de finales del siglo XIX o primeros del XX ¡Éxtasis total! y como son tan majas las de Netherfield crean una premisa pensando en mí (si digo que ha sido pensando en mí, punto en boca) "Edición de cuentos o relatos clásicos (mismo autor o VV.AA)"
    
   Cuando abordamos una antología nos encontramos, al menos en mi caso, con el problema de lo fácil que es irse de la lengua y terminar haciendo una reseña más larga que el propio relato ¿Pero, cómo contamos cada una de las historias sin quedarnos cortos ni pasarnos? soy de la opinión que en cuestión de cuentos, mejor quedarse corta que larga, mejor entreabrir una puerta y ya el lector que se asome del todo. 
   Hace muchos años que tenía este libro, pero no lo había vuelto a releer desde hace  lustros, y durante estos días de encierro fue esta lectura -junto a otros muchas pendientes- un bálsamo para el espíritu y una evasión para la mente, que todo sea dicho, me ha sentado de maravilla; algunos autores son más conocidos que otros, incluso uno de ellos era la primera vez que leía algo suyo, pero todos tienen algo en común, temática a parte: la exquisitez narrativa. 

Os traigo mis favoritos.

 “El Entierro”, de Lord Byron: (1819) El relato es una obra inconclusa que el autor dejó a modo de colofón en su poema " Mazeppa", pero ante todo es una historia fantástica que Byron contó a su amigo Polidori, el cual usó para crear la figura del Vampiro, creada en Villa Diodati, en aquella histórica reunión de ambos y el matrimonio Shelley.   Un mahometano, un entierro secreto y una historia increíble ¿O no?


  “Historia de fantasmas”, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann: (1819) Un fantasma se aparece a la joven Adelgunda  todos los días a la misma hora, se adueña de su voluntad y pronto logra que la familia entera quede destruida por el maléfico espectro ¿Quién es el fantasma, qué quiere de la joven? Un final que te deja con los pelos de punta.


 “El pie de momia”, de Theophile Gautier: (1840) Tema recurrente durante el Romanticismo fueron los misterios orientales, en especial todo lo que provenía del Antiguo Egipto, y este relato no hace más que constatar la fascinación por las momias del autor, y como no podía ser de otra manera, momias y maldiciones iban de la mano. Misterio, terror y magia en un relato fascinante.


   “La noche de difuntos”, de Gustavo Adolfo Bécquer: (1865) Relato periodístico que formaba parte de la serie "Escenas de Madrid", y en el cual se nos describre de manera fúnebre y oscura, una noche de Difuntos, con almas en pena vagando por la ciudad y campanas doblando por el descanso de las mismas. Relato tan fascinante como tétrico.


   “La diligencia fantasma”, de  Amelia B. Edwards: (1864) Era costumbre que al llegar la Navidad, en periódicos como el dirigido por Charles  Dickens, en lugar de relatos de amor y fraternidad, algunos escritores publicaban cuentos de terror, costumbre extendida entre autores de la época, como lo fue Amelia. El cuento narra una de las leyendas urbanas más populares que ha llegado hasta nuestros días: Una diligencia inexistente ¿O no?


 “El Horla” , de Guy de Maupassant: (1887) Inquietante historia, menos terrorífica que otras a las que nos tiene acostumbrados el autor, pero de una tensión emocional que hace mella en su protagonista como en el lector ¿Es el Horla un vampírico ser invisible? ¿Un ente fantasmal? ¿Un delirio acaso? 


“Maud-Evelyn”, de Henry James: (1900) Sin duda alguna mi favorito. Una historia de fantasmas que encierra el mayor de los miedos: el que se encuentra tras las puertas de nuestro hogar ¿ Son los fantasmas representaciones de nuestros temores, de nuestra incipiente locura? Un relato turbador y escalofriante. 


 “La Banshee emigrante”, de Gertrude Henderson: (1901) Un exótico relato, tanto como lo es su protagonista y las leyendas de las que bebe; el gusto por todo lo oriental de la época queda patente, de nuevo, en este cuento lleno de magia y fantasmas. Fabuloso.  


 “La cola de los anémicos en el Matadero Municipal”, de Eugenio Noel (1915) Una larga cola de menesterosos y enfermos se da cita a diario en el Matadero Municipal, vampiros paupérrimos cuya supervivencia depende de los restos del matadero; una historia más infranatural que sobrenatural, pero tan espeluznante como el más terrorífico de los cuentos que jamás hayamos escuchado. 


 “Rashömon”, de Ryünosuke  Akutagawa (1915)  Una anciana le arranca los cabellos a una mujer muerta de peste poco antes; un relato en el que los fantasmas están vivos, arrastran las pesadas cadenas de la soledad y la desesperación y vagan sin rumbo por una ciudad devastada.  Uno de los primeros y más famosos cuentos apocalípticos de la literatura, oscuro, asfixiante, quimérico. Espeluznantemente magnífico. 
No quiero dejar de nombrar al resto de autores, genios del relato breve de terror de todos los tiempos, maestros y alumnos, pero siempre, Grandes. Le Fanu, Rubén Darío, Quiroga, Hermann Ungar, Gutierrez Solana,  Von Hofmannsthal y Lugones.




Vosotros los que leéis que aún estáis entre los vivos.
VV.AA
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