miércoles, 8 de junio de 2022

EL PAIS EQUIVOCADO, de JOSE JAVIER ABASOLO

EL PAIS EQUIVOCADO, DE JOSE JAVIER ABASOLO

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Portada de El país equivocado, de José Javier Abasolo

  Esta reseña tenía otro inicio, un comienzo diferente. La idea era hablar de la España de Franco, de ese país cerrado y oscuro surgido de una guerra cruenta. Un país en el que sólo se debía pensar a la manera de uno, sentir a la manera de uno, vivir a la manera de uno. Porque todo lo demás se ponía en tela de juicio y, quien más y quién menos, si se salía del tiesto, podía acabar, con suerte, con sus huesos en la cárcel.

Pero no. Esta reseña debe comenzar con nuestro pesar por la muerte de un escritor íntegro, lúcido y respetado. José Javier Abasolo falleció tras luchar contra una enfermedad, pero en su obra quedará para siempre su esencia, pues era uno de esos escritores que no escribía sobre su vida, pero en todos sus libros podíamos intuir su forma de pensar, su manera de afrontar la vida, su estilo de estar en el mundo.

Escribía de un modo elegante, se le veía preocupado por el cuidado de sus textos y los engalanaba lo preciso sin que resultasen empalagosos. Era un hombre comprometido con su tierra, y en ella depositó la ambientación de todos sus trabajos. Sentía un afecto profundo por las tradiciones vascas y no podía evitar tapar su predilección por el Athletic de Bilbao. Su variedad creativa le llevó a explorar distintas tramas, y nunca rehuyó abandonar a Goiko (su personaje fetiche con el que cosechó un gran número de lectores) para adentrarse en terrenos desconocidos con la clara intención de no anquilosarse ni de buscar la repetición como modo para evitar el fracaso. Y como nexo de unión en todas sus novelas, ese humor irónico inteligente con el que aderezaba todas ellas, con el que conseguía reirse de todo y de todos.

Apenas hacía unas semanas que había salido a la venta la novela que nos ocupa cuando nos llegó la trágica noticia... La sorpresa fue enorme, y la tristeza se adueñó de nuestro corazón trotero, por lo que tuvimos que aparcar esta reseña por falta de ganas para terminarla. Sin embargo, estamos convencidos de que él querría que la acabásemos, que nos diría a su manera que, a pesar de lo ocurrido, no iba a tener todo el tiempo del mundo para esperar a leerla... Así que vamos a ello. Va por tí, Javier.

El país equivocado es el título de la última novela publicada por José Javier Abasolo, el veterano escritor bilbaíno de novela negra que sigue manteniendo la fidelidad con sus lectores año a año, ofreciéndoles un bocado que llevarse a la boca como esos pintxos vascos de merecida fama, distinguidos por tener como base un producto de alta calidad, una buena selección de los sabores y las texturas, y la inagotable capacidad de reinvención para seguir sorprendiendo a los comensales una y otra vez.

En esta ocasión nos encontramos ante una trama que nos lleva hasta Nueva York, donde encontraremos el encargo que un magnate de afamada familia encomienda a un antiguo policia y amigo, Steve Beasko, para recuperar el cuerpo desaparecido en España de un primo suyo durante los convulsos años de la Guerra Civil española. Para ello, pondrá a su disposición todos los medios económicos con los que poder llevar a cabo la recuperación del cadáver. Lo que en un principio parece un trabajo sencillo, puede que a simple vista incluso resulte anodino, se convertirá con la llegada de Beasko a España en una compleja labor, ya que, cuando da con el cuerpo, descubre que la causa de la muerte no es del todo clara... Junto a una enfermera vasca, Itxaso Arizmendi, de familia profundamente antifranquista, emprenderá una investigación por su cuenta para descubrir la verdad acerca de la muerte ¿asesinato? de Jefferson Val Looy, lo que le llevará a mirarle a la cara a la sociedad franquista y al brazo ejecutor del poder del dictador que gobierna un país recién salido de una guerra fraticida, desde una atalaya construida sobre las ruinas y los cuerpos inertes de miles de españoles enfrentados.

El escritor, con su reconocida maestría para retratar la perversión o el abuso de poder de sus personajes sin que estos adolezcan de muestra alguna de duda ante sus comportamientos impúdicos, muestra cómo en la España de Franco los que ayudaron a éste para alzarse con la victoria fueron ascendidos socialmente, premiados con puestos importantes dentro del monstruo que supone la administración pública o puestos al frente de importantes empresas que operaban con los principales bienes de mercado del país. Del mismo modo, los perdedores fueron vapuleados, les requisaron sus bienes, humillados, encarcelados e incluso asesinados.

En la España de Franco, sólo habría luz para los franquistas. Por ello, quien más y quien menos, se encargaba de trabajarse el puesto, y no se le caían los anillos para delatar a cualquiera, a aceptar sobornos para medrar o hacer la vista gorda ante una injusticia si quien la cometía era un miembro del nuevo régimen. Al mismo tiempo, la impunidad campaba a sus anchas entre los hombres que ejercían puestos de responsabilidad política o militar, y sus decisiones, acertadas o no, injustas o no, jamás eran puestas en cuestión, pues todo valía para sostener, asentar y consolidar el orden de la Nueva Patria. Por todo ello, cuando un americano como Steve Beasko llega a España y comienza a convivir y conocer el día a día en la España franquista, se muestra enormemente sorprendido al compararlo con su país, y lo siente como un lugar extraño y fallido en el que conviven grandezas y miserias entremezcladas, un país en el que conviven centenares de personas silenciadas realmente válidas y maleantes vestidos de traje, corbata y señalados con bigotillo caudillista.

Abasolo, una vez más, consigue una novela muy interesante de leer, perfectamente hilvanada en su esquema literario, que conduce al lector a través de sus páginas a la búsqueda del quién y del por qué en un claro guiño a la novela negra más clásica, permitiéndonos descubrir un pasaje de la historia no por todos conocido pero sumamente atractivo. Y, además, crea uno de esos personajes que dejan huella en la memoria del lector, en esta ocasión un hombre que se mueve en la cuerda floja, en la línea delgada, casi difusa que separa el lado bueno del lado malo del régimen, y que en ese espacio confuso, etéreo, se mueve con mejestuosa seguridad para obtener sus propios beneficios. Un personaje que es un delicia y que, si lo queréis descubrir, no os queda otra que adquirir esta novela y adentraros en El país equivocado.

 

Una Reseña de Santiago Navascués

©Todos los derechos reservados

lunes, 30 de mayo de 2022

Los misterios de Justina Jones: secretos en el internado, de Elly Griffiths.

Adolescencia y libros. Una lectura recomendada para una edad concreta en la mente de un adolescente suena a: esto es un tostón. Todos hemos escuchado esa frase en nuestra cabeza en algún momento, otros incluso constantemente, y esas voces llevan al joven e inconsciente lector a libros  muy fuera de su alcance comprensivo. Pero no le importa un pimiento, lo que no se entiende se imagina, y en la mente inmadura se crea todo un universo a nuestra medida con preguntas y respuestas autoformuladas, algunas no tendrán importancia alguna y sin embargo otras darán vueltas y vueltas en esos satélites que giran alrededor de ese universo a medida. 
   ¿Y no es esto maravilloso? visto desde la madurez es casi un don. Y se echa tanto de menos cuando los satélites ya solo orbitan a tu alrededor para avisarte que estás a punto de colapsar por estrés. 
  Aquellos problemas y esa creatividad de adolescencia, son ahora la sonrisa de labios y ojos cerrados cuando sin mirar a ningún punto concreto los adultos evocamos aquellos momentos...los que no han hecho todo lo posible para olvidarlos. Qué necios, ¿cuántos han envejecido pero no han madurado?  al igual que las fresas cogidas antes de tiempo algunos han pasado de estar verdes a podridos, sin madurar.   

La Novela:

   Justina llega por primera vez al internado para señoritas de buena familia, Highbury House, tras fallecer su madre hace tan solo un mes. Su padre, abogado criminalista y consejero de la Reina, no se ve capacitado para criar él solo a la preadolescente, la quiere con locura pero está seguro que ha tomado la decisión correcta. Además, conoce a la directora y está convencido que deja a su hija en las mejores manos. 
   Pero nada más llegar y ver el colegio entre la niebla, Justina piensa en el Castillo de Drácula...y que ojalá estuviera allí porque Highbury es realmente tenebroso y escalofriante. Y por si eso fuera poco, el taxista que la lleva hasta el internado le comenta nada más llegar que hace poco ha fallecido una muchacha. 
   Desde ese momento Justina tiene muy claro que no parará hasta descubrir si esa muerte ha sido tan accidental como todo el mundo le contará o hay algo más detrás; el lugar no ayuda mucho a la tranquilidad y a la serenidad, ni al confort, pues para ser un centro de señoritas pudientes las instalaciones son burdas, carecen de agua caliente ni calefacción en las dependencias de las novatas y han de practicar deporte al aire libre, llueva o nieve. Para la joven, que se ha educado en casa con su madre, aquel lugar es realmente frío, triste y aunque logra hacer un par de amigas nada más llegar, el resto, encabezadas por la engreída Rose, no se lo pondrán fácil al principio. 
   Y cuando sus pesquisas sobre la muerte de la criada van avanzando, de repente ocurre otro suceso: la profesora de gimnasia aparece muerta en la vieja piscina. 
  
   Unas niñas de 12 años que parece que ya no se contentan con las explicaciones de la directora y las profesoras, Justina, Eva y Stella cada vez más unidas y más intrépidas, sobre todo las últimas cuya valentía de Justina les parece una heroicidad. Cartas escondidas, notas que van y vienen, una criada que dice saber algo que puede interesar a la detective novata, apariciones misteriosas, reuniones secretas, voces, pasos, luces en la torre, sospechosos por doquier y una nueva desaparición ¿Pero qué está pasando en Highbury? ¿Qué se esconde tras estos sucesos? ¿Quién está detrás? ¿Serán fantasmas, seres de otro mundo o personas reales? ¿Hasta donde llegará Justina para desentrañar tanto misterio y muerte? 

    ¡Ah, se me olvidaba! ¿No os había dicho que la madre de Justina Jones era una afamada escritora de misterio? 
¡Qué cabeza tengo! y es que de casta le viene al galgo.


Mi opinión:

  Aunque ya había leído con anterioridad a la autora en las novelas de La arqueóloga forense Ruth Galloway, no me imaginaba que se desenvolvería tan bien en la novela juvenil, porque sí, estamos ante un libro de misterio para jóvenes. Pero no os penséis que es demasiado light o falto de recursos, en absoluto, tal y como si se tratase de un trhiller para adultos la autora no escatima en una mis en scène y una trama bien urdida que no será nada fácil de desentrañar por el lector, da igual la edad que tengas, incluso puede que un lector joven ate antes cabos debido a su falta de contaminación por novela negra clásica. 
   La autora maneja la narrativa con elegancia, precisión y al mismo tiempo sencilla,  llegando sin problemas a los lectores más jóvenes porque no usa palabras rebuscadas ni términos complejos, ni tampoco nos hace sentirnos a los más mayores fuera de lugar o ante un cuento para niños. 

   Me ha gustado mucho esta novela juvenil de Elly Griffiths, y tal y como sugiere el título, no será la primera vez que sepamos de Justina y sus amigas.
  Y yo encantada. Me hubiera gustado tanto tener estos libros cuando fui adolescente, aunque con mi imaginación no creo que a mis padres les hubiera parecido tan buena idea ¡Pero qué veranos hubiéramos pasado mis primos y yo! Bendita adolescencia. Para verla de lejos, claro, no siempre cojo las fresas totalmente maduras... 

Por la Pelipequirroja.

Los misterios de Justina Jones: 
Secretos en el internado.

Elly Griffiths

©Todos los derechos reservados.

miércoles, 25 de mayo de 2022

PUÑOS DE HARINA, de El Aedo Teatro

 PUÑOS DE HARINA, de El Aedo Teatro

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Cartel Promocional de Puños de Harian, de El Aedo Teatro. En la imagen, Jesús Torres

Un animal escénico. Eso es Jesús Torres cuando pisa las tablas de un escenario, sea este grande o pequeño. Es un actor con una capacidad única para abrirse en canal y ofrecer sus entrañas de un modo casi místico al público mimetizado en cada uno de esos personajes que caen en sus manos, en sus gestos, en sus palabras y silencios. Jesús Torres les dota de una humanidad increíble, en lo bueno y en lo malo; los alumbra cercanos, viscerales, tímidos, aguerridos, quedos... Pero en todos ellos se intuye a Jesús y su forma de interpretar, pues a nadie le pasa desapercibido que la rotundidad de sus trabajos procede de un mar embravecido de antecesores que arreciaron las costas de su aprendizaje una y otra vez, y siendo un tipo listo como sus ojos vivos nos inducen, cogió de aquí y de allá cuanto creyó oportuno para conseguir un estilo propio, quizá lo más difícil de alcanzar en una profesión tan mimética como la suya. A partir de ahí, simplemente aprendió a dejar fluir lo innato de su talento en cada personaje... En cada ocasión surge la magia, esa conexión increíble que conecta la palabra dicha, la mirada o un mohín desde el escenario, con el corazón de quien escucha y admira en el patio de butacas.

Llegó al Teatro Bretón de Logroño el pasado sábado con la obra que posiblemente le haya recompensado con el mayor número de reconocimientos: Puños de Harina, un montaje que aborda a través de dos historias paralelas, la que cuenta el ciclo pugilístico real de un boxeador gitano alemán que coincide en el tiempo con el auge del nazismo de Hitler, y la de un gitano gay que trata de encontrarse a sí mismo y reivindicar la dignidad de ser libre, a su manera, en una familia y una sociedad cargada de tabúes.

A lo largo de los noventa minutos (fraccionados en diez bloques, tantos como Rounds tiene un combate) que dura la propuesta de El Aedo Teatro, conoceremos a Johann Trollmann, un joven gitano que entregó su vida al boxeo como método para ganarse la vida y salir de la pobreza, al que llamaron Rukeli (en romaní, árbol fuerte) cuando dió sus primeros pasos como púgil. En aquella Alemania de finales de los años 20 todavía pudo fraguarse una carrera como cualquier otro alemán, pero cuando Adolf Hitler ascendió al poder seduciendo a las masas proclamando mensajes populistas y de rápida absorción para una sociedad castigada por la derrota de la primera Gran Guerra, el color de su piel (enfrentado al ario y puro alentado por el Fürher) supuso un condicionante crucial para frustar de manera inmediata una carrera muy prometedora.

Al mismo tiempo, y de manera intercalada, tendremos la oportunidad de asistir al recorrido vital de Saúl, un gitano que narra él mismo su propia historia, desde que nació (siendo feo, pero muy feo) hasta que, liberado de todas las cargas que pueden llegar a suponer ser un gitano gay criado en el seno de una familia de estirpe boxeadora de los años ochenta bajo el implacable mando de un padre violento, misógino y dispuesto a arreglar la tara que su hijo arrastra desde bien niño, su homosexualidad, incapaz de superar las pruebas de hombría a las que le desafía una y otra vez.

Por un lado saborearemos con Rukeli el sabor del éxito en las victorias y la amargura de su rechazo, su castigo y su persecución por ser gitano, por no ser un alemán de verdad. Por el otro, sucumbiremos al decubrimiento del amor puro sin limitaciones, del dejarse llevar por las sensaciones de dos cuerpos al descubrirse sin que nadie los condicione, pero también al rechazo de una época por no ser un  hombre de verdad.

El trabajo interpretativo de Jesús Torres en sencillamente brutal y extenuante, pues no para apenas ni un segundo durante toda la obra: golpea al saco de boxeo, salta a la comba de manera reiterada, combate cae y se levanta en un ring... El esfuerzo físico es considerable, pero aún así el actor gaditano no pierde ni un ápice de potencia escénica y gestual. Otorga a Rukeli una personalidad valiente, decidida, combativa y confiada, mientras a Saúl le dota de una fragilidad, una ingenuidad y un talante calmo que distingue a ambos personajes lo suficiente como para considerarlos las dos caras de una misma moneda.

En el lado técnico, es imposible pasar de largo por la fantástica contribución de Jesús Díaz Cortés en iluminación (cuidada y precisa) y de Elvira Zurita en escenografía y video (un cuadrilátero de lienzo sobre el que ideó imágenes proyectadas muy acertadas para darle sentido al texto).

¿Qué es ser un alemán de verdad o un hombre de verdad? Jesús Torres, totalmente entregado en su doble papel de protagonista y director, nos lo traslada bien a las claras: es mostrarse tolerante con quien no conoces, empatizar con el diferente, valorar al que no piensa como tu, dejar Ser. Eso es Puños de Harina, un grito, un golpe en la mesa, un arrebato cabal que reivindica la ruptura de los prejuicios y el respeto por encima de cualquier otra cuestión como vía única de acceso hacia una conviviencia libre.

El público que acudió al teatro aplaudió con fervor entregado y puesto en pie a un actor inaudito (que sorprendió a muchos y nos confirmó a otros lo que ya sabíamos) y a un director atrevido al que tu, que esto lees, no deberías perder de vista. Está girando por toda España, es uno de los mejores montajes que se estrenado en el año 2.021 y por nada del mundo deberías perdértelo. Avisad@ quedas.

Redacción:
Santiago Navascués


©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

lunes, 23 de mayo de 2022

La vecina del tercero derecha, Eugenia Dalmau.

 

   Las relaciones son complicadas. El ser humano tiende a ser asocial al mismo tiempo que busca y necesita de la sociedad porque desea integrarse en ella o, al menos, en formar parte de algo, ya sea un grupo, un equipo, un partido, un colectivo o una comunidad. A las personas nos gusta poder relacionarnos con otras personas a las que nos unan gustos e intereses comunes, que nos sintamos entendidos y respaldados, comprendidos. Y huimos de aquellos que perturben nuestro confort de grupo ¿Cómo puede entender alguien que lo tiene todo sin esfuerzo, lo mucho que me cuesta llegar a fin de mes? podríamos preguntarnos. Eso nos hace sentir intranquilos, nos pone nerviosos, puede desatar envidia, celos, resquemor, nos puede llevar a odiar a esa persona perfecta, intentar fingir delante de él o ella que a nosotros también nos va muy bien y pertenecemos por derecho propio a "su colectivo, status" incluso convertirse en una obsesión y perder de vista el horizonte por completo. Y si, somos asociales en muchos momentos de nuestra vida y con ciertas personas, necesitamos vivir en sociedad pero queridos amigos, pocos saben hacerlo y sobre todo, hacerlo durante mucho tiempo. Si hablamos de familia la cosa se complica mucho y si lo hacemos de los vecinos, esos que como con los compañeros de trabajo tenemos que pasar mucho tiempo, la cosa se complica. Ahora que pienso en mis vecinos y repaso puerta por puerta, hasta el ático...no dejo de pensar como hacer que parezca un accidente, media docena de accidentes.

   Los enemigos de mi enemigo son mis amigos, pues nada une más que un enemigo común...

La novela:

   
   En uno de los regios portales de una de las zonas más adineradas y con historia de Valencia, Josefa, la portera, espera nerviosa a que los del anatómico forense acaben su trabajo y se lleven a uno de los vecinos que acaba de fallecer, Enrique Giner. Poco a poco los vecinos del inmueble se van dirigiendo a sus quehaceres y todos preguntan extrañados que es lo que ha sucedido. Suerte que la diligente portera estaba allí para verlo y oírlo todo y así poder narrar casi de primera mano lo sucedido. 
    Una de las primeras en bajar al portal para llevar a su hija al colegio es Violeta, la vecina del tercero derecha, y tras ser informada de lo sucedido no da crédito al suceso ¿Enrique? ¿En serio? si gozaba de perfecta salud ¿Cómo es posible? La frialdad de la viuda, Cintia, es como mínimo sospechosa, o así les parece a Violeta y a Josefa, y pronto no serán las únicas que piensen así.
   Poco a poco el resto de vecinos va haciendo aparición y vamos conociéndolos mejor: 
   Mari Sales, la suegra de Violeta que desde que esta se separó de su marido le hace la vida imposible, acosándola y maritirizándola, y reclamándole el piso en el que vive con la niña. Vive con su hijo Juanjo, un cuarentón soltero y dócil que su madre maneja como a un títere. 
  Víctor, un nuevo vecino del que se sabe poco, es atractivo y todo un misterio.
  Cintia, ahora viuda, y sus tres hijos. Una mujer fría y estirada, el piso en el que vivía con Enrique es en realidad de su exmarido, y los auténticos propietarios serían sus hijos. 
 Ana y Carlos, Una extraña pareja, ella carne de psiquiatras y él médico anestesista en un reputado hospital. 
  Ignacio, Psicólogo terapeuta, maduro y soltero, y el mejor amigo de Violeta, pediatra en el hospital en el que también trabaja Carlos.
   Sonia y Alejandro, Ella es sobrina de Ignacio, y junto a su marido y sus hijos "tuvo la suerte" de heredar el piso en tan regio edificio tras fallecer su madre. 

   Una muerte que resulta no ser tan natural como la viuda esperaba, ni tan accidental como supusieron ciertos vecinos, relaciones tensas y algunas hasta secretas entre ellos, todos con mucho que ocultar y más que temer si salen a la luz. Alguien tirará del hilo y la manta, Violeta, y la policía no será en este caso quien lleve la voz cantante de las pesquisas y las averiguaciones,  aunque hacen un trabajo preciso, y es que parece que en esa comunidad todo "queda en casa" .

Resumiendo:
  
   Una historia que atrapa desde el principio, la autora, Eugenia Dalmau sabe como manejar los hilos de una trama adictiva y tan bien desarrollada como rematada; de nuevo nos mantiene en tensión toda la lectura y nos hace dudar de todos y de todo, sin que lleguemos a averiguar antes de tiempo que es lo que se esconde tras cada puerta de tan insigne edificio. Un final sorprendente y redondo.  Además, en esta ocasión, la trama sucede en mi ciudad, y en una de las zonas más "nobles" de la misma, recorrer sus calles y lugares emblemáticos le confiere realismo y dinamismo. Y es que los ricos, también lloran.
   Archirrecomendada.

Por la Pelipequirroja.

La vecina del tercero derecha.
Eugenia Dalmau

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©Todos los derechos reservados.

martes, 17 de mayo de 2022

El castillo de Barbazul, de Javier Cercas

 

Princesas secuestradas en altos e inaccesibles torreones, madrastras y brujas celosas y malvadas que envidian el candor, la inocencia y la belleza de las jóvenes e inocentes niñas, y por ello no dudan en retenerlas de por vida o asesinarlas sin compasión. Viles secuaces, soldados descerebrados que acatan las órdenes sin pensar. Dragones, ogros y demás temibles cancerberos que custodian e incluso devoran a las indefensas princesitas. Príncipes valientes que a golpe de espada, algo de ingenio y un beso  de amor, descerrajan la prisión de la joven que les arrebata el corazón. A veces hay algún leñador valiente o un joven aldeano tan decidido como pobre que asalta la fortaleza o simplemente, deja escapar a la infortunada muchacha.

    Cuentos. Leyendas e historias que se cuentan a los niños para asustarlos, para que sigan el camino marcado, para que no discutan las órdenes de los mayores, para que aprendan una lección que sirvió de escarmiento en cabeza ajena.

    Pero todos sabemos que  cuentos y leyendas surgen o se basan en historias reales, transformadas con el paso de los siglos. Algunas suavizadas, otras acrecentadas pero que en algún momento existieron de verdad. Y esos son los monstruos que realmente dan miedo, los que hielan la sangre, los monstruos humanos, los que conviven contigo, los que te observan día a día, los que en algún momento se cruzan en tu camino, y si no te quitan la vida te la destrozan.


EL LIBRO:

   A Melchor ya no le queda en esta vida nada más que su hija Cosette. Nada más y nada menos porque en ella está todo lo que fue, todo lo que es, y todo lo que ambos serán. Tras dejar su trabajo cómo policía y mudarse definitivamente a la Terra alta, con tantas heridas de guerra por cicatrizar y tanta miseria humana que olvidar -hasta la fecha en un vano intento- ahora pasa su tiempo y se gana la vida como bibliotecario como un día fue su mujer. Su pasión después de su hija son los libros, sobre todo los del siglo XIX, pero Melchor sabe en lo más profundo que esto no lo hace por él sino por la memoria de su mujer y la tranquilidad de su hija. Ha perdido tantos amigos en el camino que refugiarse en una biblioteca le calma el espíritu ¿O no?

   Cosette es una adolescente de 17 años y como todos los adolescentes se enfrentan a sus padres, las decisiones que estos han tomado a lo largo de su vida son cuestionadas, rechazadas e incluso incomprendidas. Una edad en la que te crees adulto, qué piensas que ya eres dueño de tu vida y tus decisiones, pero que sin embargo la falta de experiencia y sensatez no solo te hacen errar sino que no estás preparado para aceptar y gestionar las consecuencias de esas decisiones.

    Cosette quiere poner tierra de por medio para reflexionar y junto a una amiga marchan a Mallorca a pasar unos días. Para desgracia de Melchor, Elisa, su amiga, regresa sola y su hija no solo no quiere hablar con él  sino que al poco tiempo desaparece. Para el ex policía los peores momentos de su vida vuelven a él y parecen repetirse más crudamente.

   La guardia civil de Pollensa no estaba por la labor de buscar concienzudamente a la joven, hay muchos intereses creados detrás y gente importante moviendo los hilos. A Melchor no le queda más remedio que buscar un atajo, recurrir a los viejos amigos y alguno que otro nuevo, y en una operación kamikaze y sin respaldo oficial, destruir la fortaleza y acabar con el poderoso Barbazul.

   

    Mis sensaciones:

   Estamos ante el cierre de la trilogía de la Terra Alta de  Javier Cercas (aunque ha llegado a mis oídos qué tal vez no sea así) y he de decir que es un muy buen cierre, tal vez no grandioso pero si espectacular. Tal y como el autor nos tiene acostumbrados tenemos acción desde  principio a fin y prácticamente sin darnos respiro, cosa que a los amantes del thriller y la novela negra nos apasiona, nos conquista, los autores lo saben y nos lo dan para engancharnos a ellos. Sin duda alguna son nuestros camellos. Aunque a veces la droga esté ligeramente adulterada.

   Me explico. Cercas crea una gran historia desde el principio, grandes historias en realidad. Personajes carismáticos, muy humanos, llenos de vicios y con pocas virtudes, aunque en la mayoría de ellos esas pocas virtudes tienen tanto peso y tanta fuerza que convierte a los personajes en personas reales: puedes visualizarlos, prácticamente tocarlos, incluso reconocerlos a tu alrededor o haber oído hablar de personas similares. Javier Cercas maneja muy bien las tramas y sus personajes, incluso él se convierte en un personaje de la trilogía, la "Rebecca" de la Terra Alta, se habla de él, se le siente y presiente pero no aparece. No es esto algo que me disguste, que los autores se nombren en sus propias obras, PL. Salvador, uno de mis autores favoritos, lo hace continuamente, por lo tanto no tengo ninguna pega al respecto aunque en ocasiones queda raro.

   Lo que no termina de convencerme son los finales de Javier Cercas. La acción, la interacción, la trama, los personajes, ya he dicho que están muy bien construidos, es todo muy adictivo, cargado de acción trepidante, cuesta respirar en ocasiones. Pero entonces, esa droga que nos da, cuando nos tiene en el punto más alto, en pleno subidón, nos la retira y nos resoluciona en pocas páginas o incluso líneas la trama. Luego nos añade un largo epílogo en donde nos explica a toro pasado lo que ha ocurrido, ya de manera más calmada nos da todos los detalles que no hemos leído y a veces ni siquiera intuido. Pero a mí, como adicta a la acción trepidante y vertiginosa, ese epílogo ya no consigue subirme a lo más alto de nuevo; supongo que esto equivaldría a sustituir esa droga por metadona. Y por lo tanto supongo que ya no es igual lo mismo.


Resumiendo:

   Una muy buena novela que no es más que un gran colofón para una espectacular trilogía. Muy buena historia tanto en su fondo como en su forma, grandes personajes, reales e imperfectos, una narración cuidada y directa, no esperaría otra cosa de un gran thriller, y aunque todo queda atado y bien atado y el final queda resuelto, en este caso si es la forma en hacerlo lo que no me termina de convencer porque hace que pierda el factor "taquicardia"

Pero recomendada no, recomendadisima. Bien por Cercas.


Por la Pelipequirroja.


 EL CASTILLO DE BARBAZUL

Javier Cercas.

©️Todos los derechos reservados.