miércoles, 13 de abril de 2016

EL CRIMEN DE LA CRUZ BLANCA de Antonio J. Pinto



"Porque te veo andando entre zarzales
por todos los caminos rezagada
con una cruz al cuello y otra al hombro,
durmiendo en las cunetas de la gloria
para soñar perdidas carabelas 
con ojos anegados de ceniza"

(Ángela Figueroa)



Cuando hablamos de Historia de España, la mayor parte de las veces pienso que en realidad deberíamos hablar de Historia de los españoles, pues no solo se compone esta, la Historia, de la vida y hazañas de reyes y héroes, de grandes guerras y gloriosas conquistas; la Historia, la nuestra, también la hacen el campo y el trabajo, las ciudades y ciudadanos, los viajes, la burocracia, las leyes, los libros y sobre todo la vida de aquellos que sufrieron dolor, hambre, enfermedades, esclavitud, abusos, explotación, ¿no es el pueblo llano el que sufre o se ve recompensado por los logros y hazañas? ¿No es este el que con sus manos, su trabajo, su sudor y su sangre hacen posibles que se sustenten los grandes viajes y se construyan magníficos palacios y barcos? 
Sin lugar a duda la Historia no existiría de no ser por las pequeñas historias que juntas conforman nuestra memoria como pueblo, como familia nacida en un mismo espacio; algo que per se sería sinónimo de unión y cuyos miembros no dudarían en defenderse juntos de un extraño que perturbase dicha unión. País este el nuestro, antaño codiciado e invadido y que sin embargo en otro tiempo convivió pacíficamente entre sus diferentes lenguas, costumbres y religiones. Pero la familia rompió dichos vínculos, la tolerancia ya no tenía lugar en un país en el que las diferencias pronto acabaron con las semejanzas que un día nos unieron, el extraño, el enemigo ya no estaba fuera de nuestro núcleo familiar, el contrario ahora era el vecino, el primo, el hermano. 
Y matarnos entre nosotros, nuestra seña de identidad como pueblo. Hablar de Guerra Civil española es generalizar demasiado, pues no ha habido una sola, es que nos cuesta reconocernos a nosotros mismos en Caín y Abel, sin querer aceptar que cualquiera que seamos de los dos indica una misma cosa: Sangre...


Yo no canto la historia que bosteza en los libros,
ni la gloria que arrastran las sombras de la muerte.
¡España está en nosotros...!



EL LIBRO.

Corre el año 1834. Fernando VII ha muerto, y moribundo y herido de muerte, junto a él, el Absolutismo que marcó su reinado; ahora su viuda, la Regente María Cristina vela e intenta consolidar el trono de su hija, la niña Isabel II de apenas un año de edad. Ardua tarea la de la Regente que con el Liberalismo como estandarte, debe enfrentarse a las intrigas y pretensiones de los partidarios del Pretendiente al trono, el tío de la reina niña, el Infante don Carlos. Tiempos convulsos que mantienen enfrentados a los españoles de la época, partidarios de una y de otro, años duros e inestables política, social y economicamente hablando; en las Vascongadas el Pretendiente se hace fuerte y en el sur, en Antequera, un lugar alejado y aparentemente distante en cuanto a ideas se refiere -pero geográficamente valioso para ambas partes enfrentadas-no solo tendrá que hacer frente a los cambios que se producen en la Corte, sino enfrentarse a un terrible asesino en serie que pone en jaque a la autoridad del lugar y cuyo fin no parece ser otro que el de atajar a los demonios liberales que defienden el nuevo orden político. 
El inspector Antonio Castillo y el comandante Casasola, bajo la mirada atenta del conde de la Camorra, investigarán los macabros sucesos sin dejar de lado la guerra que amenaza con perturbar la aparente paz de un país aún en luto; al mismo tiempo, un anciano adinerado, Vicente Robledo Castilla deja patente en su diario los hilos de una historia personal, aparentemente ajena pero que conecta directamente con los macabros asesinatos y el devenir histórico español del reinado isabelino. 


LA OPINIÓN DEL GATO.

Qué difícil se me está haciendo comenzar esta reseña. Creo que lo que realmente ocurre es que me ha costado mucho ordenar mis ideas, que junto a los datos históricos de la novela y la trama de la misma, me han tenido descolocada durante gran parte de la lectura; la curiosidad, la ansiedad y el burdo conocimiento de esta etapa histórica de nuestro país me ha causado sentimientos y emociones enfrentadas. Lo primero que se me vino a la cabeza cuando leí la sinopsis, fueron las palabras de un catedrático de historia que insistió mucho en que nos quedara claro que Guerra Civil no había habido una sola en España, la que conocemos como tal en realidad debería llamarse Guerra Civil de 1936, ya que retrocediendo en el tiempo, los españoles habíamos sido muy dados a matarnos los unos a los otros, y esa manía nuestra, al igual que el resto de la Historia, es algo que ocurría cíclicamente. Y es que nuestro ilustre profesor nos recordaba por activa y por pasiva que no solo no conocer la historia nos lleva a repetirla, también nos condenaba a ello no aprender de lo vivido. Las guerras carlistas estaban en su lista de guerras civiles españolas, y tengo que reconocer que a pesar de su insistencia y buen hacer, ese periodo histórico nuestro no atrapó demasiado mi atención, pues a parte de saber que a la muerte del absolutista Fernando VII, su viuda la Regente María Cristina velaba por los intereses de su hija Isabel II, a la cual, su propio tío, el Infante don Carlos pretendía arrebatarle el trono, poco más recordaba que unos cuantos nombres y datos: Martínez de la Rosa -ya sabéis, Rosita la pastelera- Mendizábal, Zumalacárregui, Istúriz, Gómez, Cabrera, Espartero...
Pero entonces comienzo a leer la novela de Antonio J. Pinto y me encuentro por una parte con el diario de un anciano ambicioso y manipulador que se arrima al sol que más calienta sin dejar de arrimar el ascua a su sardina; luego aparecen crónicas y noticias de la situación socio-política del momento y los decretos y notificaciones reales sobre la configuración del nuevo gobierno. Notificaciones continuas porque la estabilidad política brilla por su ausencia, los sillones del Congreso se ocupan y vacían como si se tratase del juego de la silla ¡Vaya! pues parece que lo de que la historia es cíclica es una verdad como un templo ¿Qué diferencia hay entre 1834 y 2016? 

-Esto se pone interesante -me dije.


Pero lo verdaderamente interesante todavía estaba por venir, aunque no tardó mucho el autor en darnos esa recompensa que todo lector curioso y amante de emociones fuerte quiere, un asesinato; para ser exactos, un macabro asesinato, digno de la mente más retorcida y sádica que podamos imaginar. Esto me encantó del autor, la facilidad para darnos una golosina en el momento preciso, cuando la parte histórica y el baile de nombres comenzaba a hacerse algo aburrido ¡zas! un escalofrío nos recorre la espalda en el momento en que sin escatimar detalles, de forma elegante y pormenorizada nos muestra el cuerpo del delito. Es desde ese momento preciso, cuando Antonio J. Pinto no solo cuenta con toda mi atención, si no que empieza a despertar en mi una admiración aún en pañales hacia su forma de escribir y contarnos la historia, las historias, para ser exactos; es muy difícil escribir una buena novela negra, mucho, y es también de una gran complejidad escribir una buena novela histórica sin que el lector se quede frito o absorto tras el vuelo de una mosca a las primeras de cambio. Si, muy difícil. Y combinar ambas y darles a cada una el tiempo apropiado para que no cansen ni por largas ni por monótonas, hilarlas de manera que no se noten las costuras que las unen y que ambas fluyan cada uno por su lado convergiendo en el punto exacto ¡Eso es un manejo absoluto de la escritura! 
Pinto es un historiador muy poco al uso. Maneja con precisión milimétrica los datos y hechos históricos, sabiendo además como hacerlos llegar al lector sin que este llegue a darse cuenta de que está recibiendo una clase magistral de Historia, porque maneja la novela con tal destreza que da vida a personajes ficticios de la misma manera que dramatiza a los personajes reales, creando entre unos y otros un elenco profesional digno de la mejor producción cinematográfica; ya he dicho antes que mis conocimientos sobre el trienio liberal eran más bien vagos, así que tuve que leer atentamente al final de la novela, la nota del autor sobre la historia y sus personajes, para poder saber cual de ellos era real y cual ficticio. 
El autor antequerano logra una conjunción perfecta entre Historia (para no amantes de la misma, habrá momentos algo confusos tras una retahíla de nombres, necesarios por otra parte para darnos una visión completa del momento histórico) historias y trama, ofreciendo al lector un manual sobre la vida y hechos de tan agitado trienio, un relato oscuro y macabro nacido de la ambición de unos y sumisión de otros, "un google maps" de la ciudad de Antequera en la primera mitad del siglo XIX y unos personajes que se pueden tocar, oler, sentir ¿Qué más se puede pedir? Un buen final, y es que una novela puede ser fabulosa en su desarrollo y decepcionar al lector con un final flojo, rápido, inconsistente, indigno. Y Pinto lo borda. Notará el lector que su emoción irá "in crescendo" pues se encontrará que cuando creerá llegar al final, le esperará una sorpresa más. 
Ya solo queda entonces decirle al autor que como no hay dos sin tres, y tras Un trienio en la sombra y El crimen de la cruz blanca, esperamos una tercera entrega, eso si, con Antonio Castillo de nuevo en acción, que tengo que confesar que esta lectora se ha quedado prendada del Inspector. Pero esta vez, sin Milagros, que los celos me consumen, y es que para "Fresca", ya estoy yo. 


Y si tuviera que resumir en una sola frase lo que la novela me ha transmitido sería esta: Ni quito ni pongo Rey, pero ayudo a mi Señor.




"España, España, España.
Dos mil años de historia no acabaron de hacerte."

(Eugenio de Nora)



EL CRIMEN DE LA CRUZ BLANCA
Antonio J. Pinto


ISBN: 978-84-9126-104-9

Adquirir la novela en papel Aquí y en formato digital, Aquí



Una Reseña de Yolanda T. Villar

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



6 comentarios:

  1. Historia y misterio ¡me encanta! no se mucho sobre esa etapa histórica pero me encantará descubrirlo. Una reseña estupenda, me fío de tu criterio como siempre.
    Besos

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    1. Te aseguro que te va a encantar; si te gusta la Historia y te gusta la novela negra, esta es tu novela.

      Un abrazo.

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  2. Gracias por tu generosa reseña, Yolanda. Lectoras como tú animan a seguir escribiendo.

    Un abrazo fuerte,

    Antonio Pinto.

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    1. Gracias a ti por una novela tan bien escrita y tratada. He disfrutado muchísimo leyéndola; y no sabes las vueltas que he dado buscándote. Encontrarte hoy en mi blog me ha encantado.

      Un fuerte abrazo!

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    2. Y me encantaría charlar contigo sobre la novela. Si te apetece dime como localizarte. Puedes encontrarme en Facebook, tanto en el Gato Trotero o en mi muro personal Yolanda Toledo Villar.

      ¡Gracias!

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  3. Parece un cóctel perfecto ¡Cuantos buenos autores nos perderíamos si no fuera por vosotros!

    Besis

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