miércoles, 2 de marzo de 2016

Y TODOS CALLARON, de Toti Martínez de Lezea

 Portada de la edición en español

Que la Historia la escriben los vencedores, es algo que pronto comprendieron los primeros perdedores. No es muy descabellado pensar que los primeros vencidos de la humanidad, hubieron de asistir, claudicantes, a la decadencia de su forma de vida, de sus costumbres, de sus credo si lo tenían, de sus hogares, de sus ideas… El fuego y el acero ganador impuso su voluntad y sometió a las conciencias derrotadas al pesado y envolvente castigo del terror.
Miedo al castigo físico, miedo al daño psicológico, miedo a perder a tus hijos y a tus nietos, miedo al desamparo, miedo a perder lo que ganaste con el sudor de tu frente, miedo a muerte, miedo a perder tu vida y seguir vivo…
El miedo es un virus que puede llegar a ser mortal, que se inocula a través de unas pupilas horrorizadas, de una piel hecha girones… que se adentra en lo más profundo del ser humano, allí donde reside el subconsciente, y desde allí, con cada actividad cerebral que registra, activa un protocolo que induce al pánico ante cualquier acción que quién lo padece trate de desarrollar, haciéndole dudar e incluso rehusar llevarla a cabo si intuye un castigo al intentar materializarla… Y así, poco a poco, el terror impone su ley y produce personas silentes, pastueñas, dóciles, acobardadas, sometidas, sumisas... Por eso, en las guerras, lo único que se conquista son territorios; pero la conquista de las voluntades, que es el más alto grado de victoria, requiere de tres principios básicos: crueldad, método y tiempo.
El hombre, ese lobo para el hombre…


Quienes esperen encontrar en Y todos callaron, la última novela de Toti Martínez de Lezea, una novela de la Guerra Civil al uso, andarán bastante perdidos al leerla. Que nadie se lleve a engaño: no existen en ella batallas, ni trincheras, ni mesas enormes con sábanas orográficas de colinas a conquistar en despachos nublados de humo de tabaco de liar, siempre lejanos al frente de guerra. No creo que sean esas las pretensiones de la autora vasca. Lejos de la grandilocuencia de los grandes escenarios dramáticos, Toti nos acerca a lo más íntimo de una época muy dura como fue la de la Guerra Civil y la postguerra en Vitoria: las personas que la padecieron, y lo hace con ese estilo cadencioso y amable, marca de la casa, fundiendo a un tiempo mujeres con carácter, personajes siniestros, hombres leales y un hijo desaparecido a cuyo encuentro se embarca el lector de la mano de un modesto detective incapaz de llegar a fin de mes y con su vida en jaque tras un complicado fracaso matrimonial.
Y es que la escritora, mediante una novela que podría clasificarse de intriga en torno a la búsqueda de un hijo nunca reconocido por Amelia Zabaleta, una anciana heredera de un importante patrimonio que lega sus bienes a sus dos hijos y a sus sirvientes, es también una bonita novela de viajes en la que nos muestra los distintos lugares que los protagonistas recorren para encontrar las pistas oportunas que les conduzca a su objetivo; es, además, una suculenta novela salpicada de apetitosas viandas y manjares, que a más de un lector le picará la curiosidad por probar los platos que aparecen detallados en los distintos encuentros que se suceden con los pies bajo mesa y mantel; pero, por encima de todo lo anterior, Y todos callaron es una novela que camina con paso decidido a retomar ese hilo perdido y etéreo, correoso y en extremo doliente, que un día, hace ya demasiado tiempo, cerró las bocas de miles de personas que se vieron obligadas a callar vejaciones, humillaciones, pérdidas de sus seres queridos y de sus propias vidas, para vivir una vida que no eligieron, para sobrevivir cargando sobre sus hombros con una vida impuesta por el desprecio del poderoso, la mirada inquisitiva de un pueblo cainita y el abandono de los vicarios de la fe.
Para ello, Toti Martínez de Lezea se sirve de una variada polifonía de voces y personajes de toda clase y condición, que, al tiempo que cargan de información las notas del detective Jon Martínez de Albéniz, le desvelan el tortuoso y oscuro pasado que aún hoy aguarda, como si de una suerte de Caja de Pandora se tratase, a que alguien se atreva a abrirla para que al fin la luz y el aire alcancen hasta el último rincón viciado de su fondo. Y es que el protagonista, a medida que trata de resolver el caso para el que ha sido contratado, va dándose cuenta de que está ante una época tan reciente que incluso existen personas vivas que padecieron lo que sucedió, y sin embargo, queda abrumado ante lo truculento de los hechos, el olvido que parece envolverlos y ante el escaso interés que existe por reparar y dar a conocer algo tan trágico y cercano.
El lector de esta novela tendrá la oportunidad de sentarse y conocer de primera mano cómo incidió aquello, como coinciden todos los supervivientes en denominar al horror que vivieron, en sus vidas. Deberá, además, agudizar el oído, porque esos hombres y mujeres, aún siguen bajando la voz, una voz quebrada por la amargura,  y mirando a su alrededor por ver quién puede escucharles, aún estando en sus propias casas, fruto de ese miedo atroz derivado de la delación que sufrieron por parte de unos vecinos deseosos de medrar o simplemente llevados por una envidia insana, enfermiza, que no les hizo siquiera plantearse las consecuencias que tendrían para la persona a quien delataban. Y si se lo plantearon, y aún así lo hicieron, sabían que el perdón de los pecados distaba apenas unas manzanas de distancia, en los palacios de la oración, pues dios entendía por cruzado a su brazo armado en el frente, pero también a sus ojos y oídos ocultos en la retaguardia.
A pesar de ello, la autora, consciente de la carga dramática que supone abordar un tema tan delicado, incorpora a la escena la propia vida del detective Martínez de Albéniz, y a través de la novela nos lo mostracomo un hombre que ha tocado fondo, pero al que el destino le ofrece una segunda oportunidad en forma de juventud. De él depende si está dispuesto a abrazarla.
Toti ha dado vida a un todo un ejército de paz que calló, y que lo hizo por el miedo que les metieron en el cuerpo mediante todos los métodos imaginables y los que no; un miedo que inutilizó su, por otra parte, natural deseo de ser libres, si por libre se entiende ser fiel a uno mismo y a tus propios principios; un miedo que sometió la reacción e hizo claudicar toda esperanza de recuperar sus vidas pasadas. Sólo así se entiende cómo es posible que una hija se entere de la existencia de un hermano mayor en el momento de la lectura del testamento de la madre que le dio la vida, y nunca antes. ¿Qué puede llevar a una mujer ha callar un secreto así durante tantos años? ¿Cómo es posible que una madre soporte, durante toda una vida, negar su maternidad? El miedo… El miedo es quizá, lo que sueña la razón cuando se duerme… Lo dibujó Goya.


Y TODOS CALLARON
de Toti Martínez de Lezea


ISBN 978-84-9746-892-3

Puedes adquirirlo en papel, aquí

ISBN: 978-84-9109-051-9

 Blog de la Autora: martinezdelezea.com


Una reseña de Santiago Navascués 
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

4 comentarios:

  1. Yo también lo callo, lo callo por no desvelar el desenlace de la novela, de lo contrario, lo gritaría a los cuatro vientos, ganas me sobran.

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    1. La novela es increíble, callarse sobre ella no solo es un arduo trabajo, si no casi un sacrilegio. Dejemos a Toti que nos lo cuente...

      Un abrazo

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  2. Leí la novela anterior con profusión. Estoy deseando hacerme con esta y comenzar a leer.

    Besis

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    1. Leer a Toti es siempre un placer.

      Un abrazo

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