miércoles, 6 de mayo de 2015

SOMBRAS DE LA NADA, de Jon Arretxe




Pongamos que hablamos de un barrio marginal de cualquier ciudad del país, en el que unas papelinas se intercambian a la vista de cualquier curioso o puedes contratar los servicios de una Sirena (como Fernando León de Aranoa llama a las putas) a bajo precio sin matarte demasiado la cabeza. Un aquí te pillo y aquí te mato. No me importa si eres senegalesa, ruandesa o de Burkina Faso; ni a tí si yo soy fontanero, farmaceútico o juez de paz. Sube a mi coche, busquemos un lugar discreto y dejémonos de gilipolleces que entro a currar en dos horas. Uno de esos barrios por el que seguramente, al pasar por una de sus calles, apretarías el paso para abandonarlo lo antes posible; la mirada baja, las manos en los bolsillos, el móvil bien sujeto entre tus dedos, deseando que te quede batería por si toca hacer una llamada imprevista...
Podría ser Madrid, Barcelona, Valencia... En este caso, Bilbao. Concretamente el Barrio de San Francisco. En él la vida transcurre a golpe de chistera, con la diferencia que rara vez el mago consigue que previamente no se le vea el conejo, que es lo que viene a ser un fracaso en toda regla. Sus habitantes (barrio inmigrante y cosmopolita donde el raro es el bilbaino con RH negativo), se esfuerzan por darle a sus vidas un color algo más cálido, alejado del oscuro marrón que asola los horizontes de las vidas de mierda a las que se ven condenados. Y es que San Francisco es como una gran isla rodeada de un océano de miradas altivas, portadoras de una repulsa viral y temerosa, capaz de aislar el barrio sin necesidad de derramar una sola gota de agua y consiguiendo, al mismo tiempo, una mayor sensación de orfandad y abandono.
En San Francisco vive Touré, un burkinés llegado a España hace varios años en busca de lo que todos llegan y muy pocos consiguen. El sueño prometido, la vida mejor... todo se diluye en la realidad de ese Edén que las más de las veces se torna desierto abrasador y helado a un tiempo, en el que el tránsito hasta alcanzarlo para morar en él es el justiprecio convenido con alguna suerte de ser supremo para conseguir la preparación necesaria que les mantenga a flote al conseguir su objetivo. En ocasiones, ni siquiera esas pruebas, esas perrerías del destino, o como se llame ese implacable ser que les arroja contra las rocas en mitad de una tormenta, les librará de ser quebrados por las circunstancias o el mal fario. Desearán morirse. O, mejor, querrán regresar a su tierra con los suyos, a miles de kilómetros, porque para morirte, en el Edén, tienes que tener dinero y a ellos, precisamente, eso no les sobra.
El bueno de Touré es un hombre de mediana edad que dejó mujer y algunos hijos en su Gorom-Gorom natal para darles un futuro mejor. Llegó a Bilbao y allí se instaló. Trabaja de lo que le sale. Sobrevive como puede. Hace casi cualquier cosa por conseguir el dinero que le permita llegar a mañana. A pesar de ello, los papeles de su regularización no acaban de llegar, y a veces siente que existe menos de lo que existe, que es bien poco, casi nada. Es como una sombra, y como tal, se mueve y pasa sus días. Dicen que es vidente, y él, a cambio de unos euros, hace como que se lo cree. Un día recibe una llamada de su hija mayor, que vive en París y que también emigró de su casa para ganarse la vida y facilitársela al resto de sus hermanos y a su madre. Como él no tiene papeles, será ella quién se desplace a verle. Le dice que tiene una sorpresa que darle pero no le cuenta nada más. Ella nunca le cuenta nada. Ni de cómo le va la vida, ni a qué se dedica, ni si también tiene las mismas pesadillas que padece su padre cada noche desde que marchó de Burkina Faso.
Pero su hija no llega al lugar convenido, y tampoco responde al teléfono. Touré se pone nervioso y éste será el momento en el que la novela Sombras de la nada, tan potente como cruda, coja un vuelo que le lleve a lo más alto del infierno más profundo de una realidad social que tenemos a la vuelta de la esquina. Será entonces cuando inicie, con la ayuda de sus amigos Sa Kené y Osmán, una búsqueda incesante y casi detectivesca de su hija mientras el lector acompaña al protagonista, tragando saliva y como un inmigrante más, por las calles del barrio, entre soleás callejeras de gitanos, adentrándose en garitos africanos, dándose de morros con agentes de la Ertzaintza, cruzando la frontera hacia el Bilbao Blanco, sintiendo las inquisitivas miradas que te apuñalan al otro lado de la Pequeña África, meditando acerca de cuál sería el trato recibido por las autoridades si él, en lugar de tener la piel de un hijo del centro de África, la tuviese como la de un habitante del barrio de Abando.
Bandas criminales, miseria, brujería, picaresca, yihadismo, multas de aparcamiento, truhanes, meretrices de ébano que buscan a unos hijos desaparecidos, comercio humano...  Sombras de la nada es una novela que entra poco a poco en el lector, al inicio quizá sin excesivo entusiasmo. Pero apenas leídas las primeras páginas, nada podrá pararte hasta llegar al final. Jon Arretxe, su autor, demuestra con este trabajo su inmensa capacidad para bucear en las profundidades de la vileza humana en inmersión libre, sin concesiones, usando un lenguaje de la calle, acelerado, esquivo y a ras de suelo, que sirve como reflejo de una realidad incómoda.
Los personajes están cincelados como si de un chocar de piedras se tratase, buscando definir sus contornos a base de golpearlos unos contra otros hasta que las lascas se desprendan de un modo brutal e incontrolado. En este sentido, especial dimensión cobrará el bueno de Ibrahima, un secundario de lujo, noble y rapaz, un pícaro con un fondo personal incapaz de hallar adaptación en la jungla de asfalto.
Sombras de la nada es la tercera entrega de una serie de novelas editada por la editorial donostiarra Erein, y protagonizada por Touré, una raro e inusual detective sin papeles que vigila mientras otros no le pierden de vista, que camina con paso de funabulista sobre ese alambre de espino que es la vida de un negro en la tierra de los blancos, cuando tu color de piel sirve como pista para definir el tono de tu porvenir. No todos los africanos son buenos futbolistas. Desgraciadamente para ellos.



SOMBRAS DE LA NADA
de Jon Arretxe


EREIN EDITORIAL
Colección Cosecha Roja
ISBN 9788497468909

Puedes adquirirlo, aquí


Una reseña de Santiago Navascués 
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

2 comentarios:

  1. Cojonudo Jon Arretxe y una crítica a la altura de tan grande autor.
    Zorionak

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    1. Gracias! Con una buena materia prima, es fácil dejarse llevar por los pensamientos e impresiones.

      Un saludo

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