miércoles, 30 de abril de 2014

LAS GUERRAS DE ELENA de MARTA QUEROL

 Portada de Las guerras de Elena

Me gusta caminar por la ciudad. En realidad, lo que me gusta  es caminar por mi ciudad. Hay quién dice que son demasiados los peligros que rondan el burgo para poder disfrutar de un buen paseo, que no se puede dar un paso sin recibir un sobresalto, un susto o un bocinazo infernal; pero es que eso me gusta. Entendámonos, no es que vaya buscando problemas y complicaciones por doquier, así como así, no es eso.
 Me gusta mezclarme con el bullicio de la gente, es una buena manera de pasar desapercibido, y cuanta más gente, más ignoran a uno, paradojas de la vida, tan solo hay que estar atento a los pasos de los demás, un traspiés inoportuno  y das con tu rabo bajo un zapato. Es lo que tiene ser un Gato y Trotero, que caminar y curiosear van de la mano, o zarpa, pero si no andas con cuidado, ambas cosas juntas, son peligrosas; zigzaguear entre la gente es todo un placer al mismo tiempo que implica una gran destreza: altos tacones afilados como cuchillos, vastas suelas de goma de unas botas militares sobre pies civiles, torpes zapatos de colegiales, botitas irrespetuosas de infantes que patean todo lo que encuentran, zapatillas de cuadros que solo deberían usarse en casa y que se arrastran y avanzan como bulldozers , ruedas de carritos de bebé, de carros de compra, de mochilas escolares, pies que corren, que dan zancadas, que saltan, que dan botes, que se paran de golpe…¡Recorrer la ciudad es vivir una gran aventura! cada par de pies esconden a alguien con una vida por descubrir.

Quien crea que en su ciudad nunca pasa nada interesante, es que no ha observado nunca como lo hago yo. No hay que mirar a las personas, si no escuchar lo que dicen sus cuerpos al andar, sus ojos al mirar, sus suspiros al esperar a quién se retrasa o los resoplidos al esperar demasiado a quien de seguro no va a llegar ya. Una ciudad es un mundo entero, y sus habitantes, aventureros de un cosmopolita universo.

Si me quedaba alguna duda de ello, Marta Querol ha terminado de disiparla con su novela,  Las Guerras de Elena, en la cual queda demostrado, que en tu propia ciudad, cualquiera de tus vecinos, puede ser el protagonista de un libro.

“ Elena Lamarc es una mujer fuerte y decidida, que debe enfrentarse a los obstáculos que la Vida inesperada ha puesto delante de ella, entorpeciendo lo que ella siempre creyó que sería su Destino marcado: un marido, una hija, un negocio y un camino que recorrer sin demasiados zigzagueos ni  tropiezos. Cuando descubre a su marido en la cama con otra, ese camino por recorrer parece ahora un oscuro sendero en mitad de un bosque embrujado lleno  de fieras salvajes, y el camino que deja atrás, una quimera que solo pareció existir al final de una mata de habichuelas. Más que un mal sueño, un cuento absurdo sin más, una mentira.  Un cuento que le vienen contado desde niña, pues para Elena, esto no es más que la continuación de una historia que conoce bien, pues ya lo vivió de pequeña en casa de sus padres; pero Elena no está dispuesta a dejar que su hija viva lo que ella vivió, que pase por lo que ella ya pasó, luchará en una guerra sin cuartel para evitar que la historia se repita en su pequeña Lucía.
Guerra abierta y encarnizada  contra quien haga tambalear aquello por lo que tanto ha luchado o por todo lo que le queda por conseguir, guerra de guerrillas contra enemigos encubiertos, batallas campales contra los prejuicios, los estereotipos, las costumbres enraizadas, las tradiciones absurdas de una España, que se acerca al final del franquismo con menos soplos de aire fresco de los esperados, pero con tanta incertidumbre hacia el futuro como temor al pasado. Elena ha de hacer frente a tantas guerras como pasos a dar en su día a día, sin venirse abajo, sin desplomarse, sin enseñar sus cartas, aún no pudiendo evitar bajar la guardia en algún momento de tan dura lucha.
Marta Querol nos presenta bajo una sola novela, lo que bien podrían ser varias. Con Valencia como fondo principal, la autora nos hace viajar hasta Oriente próximo, pasando por Alemania y haciendo una parada en el Madrid de principios de los setenta. Novela costumbrista, histórica, romántica, de intriga, novela negra y de espionaje…bien podría titularse la obra Las Novelas de Elena.  Y todo contado de manera cercana y sin grandes aspavientos, haciendo de los personajes, personas, vecinos, tus vecinos.
Es fácil engancharse a la historia, es algo que podría pasarte a ti, a mí, y en tu ciudad, mi ciudad. Si, en cada uno de nosotros, se esconde una novela, solo hay que saber cómo contarla. Marta lo ha hecho en dos ocasiones  a través de Elena Lamarc, ahora solo cabe esperar una tercera vez. Lo prometido es deuda, así que lo dicho. Paciencia y a esperar el regreso de Marta y Elena.”

Y este Gato sigue su trotar. La ciudad nunca duerme, y mil historias están esperando ser contadas…


LAS GUERRAS DE ELENA
Marta Querol

Ediciones B
ISBN: 978-84-666-5410-4

Una reseña de Yolanda T. Villar
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



jueves, 24 de abril de 2014

Unos Falleros y un Gato Trotero de Semana Santa en Alfaro




Llegó la Semana Santa y con ella, los desplazamientos de todo hijo de michino a ver a la familia, a tomarse unos días de vacaciones en la playa o en la montaña, a presenciar las procesiones de alguna ciudad española o, simplemente, a no hacer nada y quedarse ronroneando a pata suelta subido encima de nuestro cojín favorito.

Como ya sabéis, soy un gato bastante inquieto y apenas permanezco unos días en un mismo lugar. Después de mi último viaje a Valencia, quise cambiar de aires y decidí poner rumbo al norte, sin fijar un destino concreto. Así, con el inolvidable recuerdo de las Fallas valencianas en mi memoria gatuna, salí a la calle, estiré mis patas y comencé a caminar con paso decidido y el rabete erguido.



Apenas llevaba unos kilómetros recorridos cuando me detuve a beber un poco de agua en la fuente que adornaba la entrada de una estación de servicio. El trajín de vehículos era constante y ruidoso. Coches, motocicletas y autocares vomitando nubes densas de humo oscuro se adentraban en el recinto destinado a estacionar. Los pasajeros se bajaban de sus vehículos y ascendían unas escaleras que daban al restaurante. Tras entrar todos ellos, salió ¡una Fallera! ¡Y luego un Fallero! Y después varios humanos vestidos con ropa actual que acompañaban a los dos primeros.



Lo nuestro fue amor a primera vista. La Fallera me miró, y yo a ella. Y desde entonces, ya no nos separamos durante toda la Semana Santa. Viajé sobre su regazo durante varias horas montado en el autobús que les llevaba a Alfaro, según les oí decir. ¿Esa ciudad no estaba en La Rioja?
 Los viajeros que, como nosotros, se dirijan desde el Mediterráneo hacia el Cantábrico, deben atravesar La Rioja en toda su extensión remontando el curso del río Ebro. La primera ciudad que les recibirá al adentrarse en la tierra con nombre de vino, será Alfaro. Se trata de una población con un pasado trimilenario.



Nos apeamos del autobús junto a La Florida, un precioso parque que sirve de pulmón y eje a la ciudad, además de arremolinar en su entorno dos centros educativos, pabellones polideportivos, un centro médico, residencias de mayores,… Allí nos esperaba una comitiva de alfareños. Por lo visto, varios de ellos habían visitado la Falla del Parotet durante las Fallas porque la comisión fallera realizó una maqueta de la fachada del mayor reclamo turístico de la localidad: la Colegiata de San Miguel. Fruto de aquel primer encuentro, surgió este en el que me hallaba inmerso sin proponérmelo. Sin desprenderme de los protectores brazos de mi Fallera, nos llevaron al hotel en el que pudimos recoger nuestro equipaje y disponernos a asistir al primer acto que iba a tener lugar en la ciudad: la Procesión del Santo Entierro.



Con una puntualidad exquisita comenzó a las nueve de la noche una sucesión de diferentes pasos religiosos que mostraban la Pasión de Jesús: La entrada en Jerusalén, la Última Cena, el castigo, el acarreamiento de la Cruz, La Crucifixión… Todos ellos eran sobrios, cuidadosamente vestidos, escrupulosamente portados, envueltos en una pátina sonora intensa y sobrecogedora,  sostenida  por un excepcional grupo de bombos y tambores perfectamente sincronizados. El recibimiento mostrado por los que llenaban las calles por donde discurrió la procesión nada tiene que envidiar a las procesiones de  las grandes capitales, lo que hace que, se sea creyente o no, quien la presenció sintió, como yo, un profundo respeto hacia la manifestación de una Fe como aquella.



El día siguiente amaneció luminoso, y lo aprovechamos para visitar la Reserva Natural de Los Sotos del Ebro, a escasos dos kilómetros del centro urbano. Para un gato como yo, que tengo cierta querencia hacia lo silvestre, deambular una mañana entera por un bosque virgen de chopos, álamos, sauces… ¡No tengo palabras para describir lo que sentí!

Pude encaramarme a una rama quebrada por el viento de un viejo álamo. Alcancé el tronco y, de ahí, seguí ascendiendo poco a poco en busca del ramaje más extremo. Algo dentro de mí tiraba para arriba. Mis instintos felinos se desperezaban, dormidos como estaban después de tantos años. Desde allí arriba pude escuchar el trino de infinidad de aves, observé el majestuoso vuelo del águila real y de la cigüeña blanca… ¡Incluso pude saludar a una nutria que hizo lo propio con cortesía antes de adentrarse en su madriguera!



Por la tarde visitamos el casco histórico de la ciudad.: la inabarcable Colegiata de San Miguel, una obra de arte de verdadera categoría que alberga en su interior pequeñas joyas dignas de descubrir; las iglesias de la Concepción, del Burgo y de San Francisco; el Ninfeo Romano y la Cruz de la Plana, desde donde se divisa la mejor panorámica de la ciudad; el Palacio Abacial, el Casino La Unión y el Antiguo Ayuntamiento…

Llegada la hora de la cena, aprovechamos que en la ciudad se celebraban unas jornadas gastronómicas de exaltación de la verdura de la tierra. En todos los bares de la ciudad pudimos degustar pequeños pinchos muy elaborados a base de alcachofas, espárragos, pimientos, cebollas, champiñones, ajetes tiernos… La creatividad y el afán de todos ellos por alzarse con el prestigioso premio Alcachofa de Plata consiguen un nivel altísimo del que se aprovechan tanto los alfareños como los turistas que deciden pasar la Semana Santa en la ciudad.



El cielo del domingo amaneció taciturno y gris, pero a los alfareños poco les importó. Era el día grande, día de una de sus tradiciones más singulares: Los Judas, considerados de Interés Turístico Regional. Se trata de unos muñecos que serán quemados al medio día, que buscan satirizar a personajes de actualidad tanto a nivel regional como nacional e internacional, y que están confeccionados principalmente con papel, madera, alambre y cartón. Visitamos las diferentes calles de Alfaro en las que se expusieron, aunque resultó agradablemente difícil recorrerlas con tranquilidad.



Y es que mi Fallera, que nuevamente llevaba su vestido oficial de representación de su Falla y de su tierra, atrajo todas las miradas y el deseo de los alfareños por hacerse una foto con ella. ¿Quién puede negarse a observar de cerca la riqueza del, probablemente, traje regional más bello de España? Alfaro entero quedó rendido a la belleza del vestido y de la portadora, además de la simpatía y cercanía de todo el grupo de valencianos con los que yo viajaba. Tal es así que invitaron a mi Fallera a darle fuego a varios Judas, un verdadero honor que seguramente le hizo revivir los recientes momentos pasados en las Fallas. Al fin y al cabo, Judas y Fallas tienen mucho en común: el fuego purificador, su origen popular, la búsqueda de la sátira y la crítica de lo social, la simbología de quemar lo viejo para dejar paso a lo nuevo…



Unos amigos nos invitaron a comer en su casa de campo. Allí, en torno a una gran mesa, prepararon un banquete protagonizado por tortillas, exclusivamente tortillas mezcladas con muchísimos elementos cada una: las había de patata, de chorizo, de atún, de pimientos y cebolla, de espárragos, de espinacas… Según la tradición, el día de la Resurrección se festejaba comiendo en el campo de aquella manera, así que los falleros y yo no íbamos a romper con aquella exquisita manera de celebrar nuestro último día en Alfaro.

 

Apenas unas horas después, tras un intenso fin de semana, reemprendimos rumbo a tierras de levante con la bodega del autobús cargada de pasteles rusos, vinos y otras viandas de Alfaro, y nuestras memorias repletas de mil recuerdos vividos en una ciudad tan afable y acogedora que no será la última vez que la visite. Palabra de Gato Trotero.

Más información

OFICINA MUNICIPAL DE TURISMO
Plaza de España, 1
26540 ALFARO (LA RIOJA)


Teléfono: 941 18 01 33

EMail: turismoalfaro@alfaro.es
 

Fotografías y Redacción:
Santiago Navascués

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 23 de abril de 2014

ENTREVISTA CON…Luisa Fernanda Barón Cuello

Luisa Fernanda Barón Cuello

Cuando me pongo a trotar no pienso nunca hacia dónde quiero ir, tan solo camino y observo por dónde voy pasando, para mí carece de total importancia el punto de destino, porque para mí, mi destino es mi camino. No necesito brújula ni mapa, no temo perderme porque mi perdición sería buscar un lugar dónde hoy. Yo solo voy, y así, siempre llego. Y cuando he llegado, tengo la seguridad de que no lo he hecho del todo, que aún me queda mucho camino por recorrer.
Solo le pido a mi trotar, que la Luna me acompañe por las noches, que incluso en luna nueva, esta no me abandone, ya sea disfrazada de estrella, camuflada en el brillo de una gota de agua, o con vestidito de luciérnaga. Luna lunera, mi fiel compañera. Así un gato nunca está solo, y el final del camino importa tanto como el comienzo del mismo.
Esta vez la Luna me ha acompañado hasta que el sol ya no pudo esperar más su turno y decidió unirse a mi trotar, pero tan envidioso como siempre que no ha podido soportar que fuéramos tres los compañeros de camino y se empeñara en que Ella marchase a descansar, temo que ha sido más su necesidad de hacerse notar que la caballerosidad, en fin, cosas de astro Rey.
 Camino sin rumbo fijo pero con mi Destino claro, aquel que no tiene fin, tan solo pequeñas paradas para observar con más detenimiento mi caminar. Una tierra de batalladores me habla de tiempos pasados, me cuenta de otros tiempos, esta vez antepasados, casi antediluvianos. Somos suspiros para Cronos en el devenir de la vida y motitas de polvo para la Tierra que nos ve llegar y pasar.
Tempus fugit.
Una Iglesia, una plaza y una brisa me reciben al llegar a mi parada, que me saluda Aragón con aires de Somontano. Me dispongo a trepar a un muro, para descansar y observar, dos de mis pasiones tras trotar; el silencio lo rompen unas risas femeninas, curioso que es uno, no puede evitar asomarse al otro lado a ver quiénes son las propietarias de tan alegres sonidos. Una mujer de pelo rubio y carita de luna, sonríe y ríe a partes iguales mientras empuja sutilmente con su dedo, unas traviesas gafas que resbalan por su naricilla; frente a ella, alguien que no me es ajeno, la pelirroja pecosa que parece caminar tanto como este gato trotero.
Ambas charlan, observan viejas fotos de mozos años y hablan de libros, letras y hasta poemas; llenan de risas el lugar entero. Dicen no conocerse y nadie diría que son dos desconocidas. Es lo que tiene viajar y leer, hace amigo al anónimo viajero y al desconocido lector. La mujer con rostro de luna escucha las palabras de la mujer del pelo rojizo, y esta permanece atenta a las de la primera. No puedo ni quiero dejar de escucharlas, pocas veces siente este Gato como bajo el Sol, las palabras de dos mujeres le transportan hasta la misma Luna… 

1- Hoy en día es muy difícil poder dedicarse única y exclusivamente a la escritura, ya sea por la sempiterna crisis que de tanto nombrarla a veces una diría que pierde hasta su sentido, o ya sea por un mercado dónde la oferta tal vez no coincida con la demanda ¿Es la escritura su ocupación principal, Luisa, o debe “buscarse” las habichuelas por otro lado, como tantos escritores?
Mmmm… puedo decir que “casi” es mi ocupación principal aunque no se note en mi bolsillo. Hoy en día hay muy pocos escritores noveles que pueden vivir de ello; solo los “bet-sellers” y los consagrados pueden hacerlo.
Por caprichos de la vida, de momento, no puedo ir a ganarme “las habichuelas”. Pero como la esperanza es lo último que se pierde; espero y confío que algún día podré o tal vez… (por soñar que no quede), mis novelas pueden proporcionarme algunos ingresos. De momento, vivo, escribo y disfruto de lo que la vida me ofrece cada día.

2−¿Es compatible la vida diaria, la familia, el trabajo con la escritura?

Uff… “Querer es poder”. Es difícil, y araño cualquier minuto al día para poder escribir casi siempre unas líneas, aunque sea mientras se cuece la comida. Os sorprenderías las filigranas que hago para plasmar cuando algo se me ha metido en la cabeza.

3−Imagino que escribirá desde siempre, cómo una especie de inquietud interior que no sabe expresarse ni salir de otra manera que escribiendo ¿Se imagina expresándose de otra manera que no sea escribiendo?
(risas)… Pues me he expresado, a veces aun lo sigo haciendo, de muchas maneras, nací con una gran vena creativa, por suerte o por desgracia para mi familia.
He plasmado mis ideas en: la fotografía, entre fogones, en la telas y con pinceles… y seguro que hay alguna disciplina que se me olvida de nombrar… pero la que más me satisface y me llena es: la escritura.

4−Cuéntenos como empezó en este mundillo.
¿Empezar…? realmente no me acuerdo, porque siempre he estado rodeado de libros, libretas y bolígrafos. Hace poco descubrí entre los libros de mi infancia, pequeños relatos que escribí en aquella época. ¡Me quedé sorprendida! 

5−¿Era su sueño el publicar algún día su obra, o este hecho ha sido algo que ha venido dado con el tiempo, sin premeditar?
Sinceramente…no era mi sueño. Cuando retomé la escritura de forma más continua, nunca pensé que lo que escribía pudiera gustar a los lectores, ya que creo que es un buen punto de partida para plantearse la publicación de una obra. Solo después leer los comentarios que la gente dejaba en mi blog y en los relatos que se publicaban en diferentes revistas, solo entonces, me “picó el gusanillo”, aun sabiendo lo que es difícil.

6−¿Qué significa Hijas de Selene para usted, Luisa?

“Las hijas de Selene” significan mucho, es un pequeño gran paso en este vasto mundo de la literatura.

7−¿Qué la diferencia de otras historias para haber dado el gran paso de publicarla?
Una buena pregunta… “Las hijas de Selene” no es una historia de un solo género. Me gusta la diversidad y en mi novela es lo que el lector se va a encontrar, no es una historia predecible, ya que pienso que es un ingrediente que la gente valora.

8−¿Es difícil publicar en este país?

Creo que hay que hacer una gran distinción entre “publicar” y autopublicar”. Si hablamos de que una editorial publique una novela de un escritor/a novel, entonces os diré que no es que sea difícil, es casi imposible. Si en cambio, hablamos de autopublicación, es más fácil.

9−¿Lo es más por el hecho de ser mujer?

Creo que el hecho de ser mujer no es dificultad añadida para publicar.

10−¿Cree usted en los Certámenes y Concursos Literarios? De ser así ¿Cree que son más una escuela dónde aprender o más bien un trampolín para darse a conocer?

A mí no me gustan mucho, pero es una opinión personal. Y sobre este tema podríamos hablar largo y tendido, y estoy segura que no acabaríamos nunca…
Aprender se hace todos los días, no sólo en la literatura y en los certámenes, otra cosa es que uno quiera hacerlo. Aunque hay personas que creen saberlo todo y no consideran que siempre se puede aprender.
Y a la pregunta si es más bien un trampolín para darse a conocer, os diré que para la gente que cree en los concursos, si puede ser un trampolín; pero cada uno tiene sus creencias, no son mejores unas que otras. Y sobre todo hay que respetar las opiniones de los demás

11−Luisa, lo mejor y lo peor de esta pasión, la Escritura.

Lo mejor ,la satisfacción sobre todo de poder expresar lo que quieres y ver como palabra a palabra va tomando forma, y también saber que los lectores disfrutan con su lectura.
Lo peor sin dudar, es la envidia que existe entre los escritores, es cierto que envidia hay en todos los lados, pero lo que he visto en este mundo es increíble…

12− Una obra que la haya marcado de una manera u otra.

Una de las primeras que leí después dejar las infantiles fue, “El principito” me encantó, no se te sabría decir porqué, solo que me llegó dentro.
Después de leer esa, no puedo decantarme por ninguna en concreto, porque en cada etapa de mi vida siempre ha habido una que me ha calado más.

13−¿Cree usted, Luisa, que su mejor novela es aquella que acaba de terminar, o la que está por escribir?

No, desde luego que no es la que acabo de terminar, y creo que no será la que está por venir, aunque en todo lo que escribo pongo mi alma y mi humilde sabiduría, pienso que aún me queda mucho por aprender.

14−Seguro que en su cabeza ya hay mil ideas para escribir una nueva novela ¿Se denominaría escritora de un género en concreto, o le gusta investigar y probar cosas nuevas?

(risas)… Hace ya unos días que estoy escribiendo la siguiente novela. Como he dicho antes, no soy escritora de un género concreto, me gusta experimentar y poner a mis personajes en situaciones poco habituales.
La historia en la que estoy sumergida ahora mismo es bastante diferente a “Las hijas de Selene”, aunque sí puedo adelantar que tendrán cosas en común, supongo que eso será un poco como mi sello personal.
Me encanta investigar y probar cosas nuevas, debe de ser porque tengo una mente bastante inquieta; bueno, eso, ya lo comprobaréis en el siguiente libro.

15-¿Por dónde y con quien le gusta Trotar a Luisa Fernanda Barón Cuello? ¿Viajar es parte de escribir? ¿Escribir y viajar van de la mano?

A pesar de mis limitaciones, soy como un todoterreno, igual “troto” por los campos, como “troto” por las ciudades. Aunque a veces necesito la soledad para “trotar”, cuando lo hago acompañada, voy siempre con mi marido, mi hijo y nuestro perrigato, Rufo, el peludete de la casa.
Para mí, viajar y escribir van de la mano, como leer y viajar…son una perfecta pareja e inseparables. Además lo bueno que tienen estos viajes es que son económicos, ¡que en estos tiempos que corren es casi imprescindible! En estos insólitos viajes, vas donde quieras, incluso puedes permitirte el lujo de viajar en el tiempo jajajajaa y modelar la ruta a tu gusto ¡todo un placer!

16−Para acabar Luisa, mirándose al espejo y haciendo examen de conciencia tal y como se siente en estos momentos ¿Es feliz escribiendo, o escribe porque es feliz?

Dejando aparte que es para mí es una necesidad el escribir, ya que si no lo hago es como si me faltara algo, la escritura me aporta un grado muy alto de felicidad, disfruto con cada frase, con cada escena, lloro o rio yo sola cuando escribo cualquier historia.

17−Gracias Luisa Fernanda. Un placer “trotar” literariamente contigo.

Gracias a vosotros por brindarme esta oportunidad, para que la gente conozca no solo mi primera novela, sino también la mente y el alma de la que la creo.


…La conversación parece que ha terminado, pero no así las risas. Aunque uno se siente muy a gusto por estos lares y con estas compañías, ha de reiniciar su camino, hay tanto que trotar aún y tantas palabras amigas que escuchar todavía. Me despido sin que ellas lo sepan, de la mujer con rostro de luna, y de la del pelo rojo, y algo me dice que tanto a una como a otra, no será la última vez que las vea.
Y con sus risas de fondo y sus palabras en el viento, dejo mi descanso y mi camino de nuevo comienzo. 



Una entrevista de
Yolanda T. Villar
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

martes, 22 de abril de 2014

LAS HIJAS DE SELENE de Luisa Fernanda Barón Cuello



Una de las cosas que más me gustan de trotar sin rumbo por tejados, callejuelas y callejones, es que da igual lo mucho que me aleje del lugar que llamo hogar, me basta con mirar al cielo y verla a ella, la Luna, brillando amplia, redonda y plateada, mirarla y sentirme en casa de nuevo. Pero claro, es que yo soy un Gato, y Selene, mi madre diosa y amantísima, mi madre arrulladora y cantarina, mi madre con alma flamenca y corazón de fado, madre a flor de piel y escondida rosa de plata ¡A ti te maúllo madre porque alumbras mi claro tejado cuando mis penas me oscurecen!

Pero es que eso es lo que hacemos los gatos. Amar, respetar, escuchar y hablarle a la madre Luna. Nunca imaginé que Ella velara no solo por todos nosotros, sus felinos hijos que tanto la adoramos, sino por los humanos que ni siquiera saben que sin pedírselo, también lo hace por ellos. Su nombre fue lo que me atrajo de la portada de esta novela corta de Luisa Fernanda Barón Cuello. Y lo que fui leyendo capítulo a capítulo bajo su cautivadora luz, lo que me hizo devorar página tras página solo para llegar a un final que siempre sospeché, que Ella no nos falla nunca.
Pero yo soy un Gato, y jamás dudaría de tan rotunda verdad. Si vosotros, humanos adoradores del sol, queréis saber cual es esta verdad, tendréis que zambulliros en la novela para descubrir que pasa cuando llega la noche y la más bella de las diosas, extiende su mano. 


“La novela nos sorprende desde el principio con un tórrido comienzo, con una pasión que parece desbordarse por momentos…pero como iremos descubriendo a lo largo de esta historia, no todo es lo que parece. Lía y Mario, una pareja que lleva el suficiente tiempo juntos como para conocerse profundamente y saber lo que esperar el uno del otro, se encuentran de repente con que ni siquiera se reconocen a ellos mismos, y que sin darse cuenta, no pueden seguir adelante con sus vidas porque han olvidado que lo que reprochan en el otro, es lo que les falta a ellos.
Lía lucha contra sí misma por poder entregar a Mario, lo que ella cree que él busca en ella, y no se da cuenta que eso que la atormenta no saber darle, está dentro suyo, solo que se equivoca en pensar que eso único que cree no tener, es lo que Mario desea de ella. Pobre Lía, lo único a lo que teme, la entrega física, es lo único que la ata a sí misma.
Mario, con merecida fama de conquistador, ama a Lía más de lo que ella cree, incluso más de lo que él mismo imaginó nunca que amaría; no logra entender ese hermetismo y ese velo con el que Lía cubre sus insatisfacciones y miedos, sus frustraciones y temores. Mario quiere luchar sin saber cuál es su guerra, y Lía, incapaz de aceptarse a sí misma, solo piensa en huir del campo de batalla.
Cada persona tiene una rueda invisible que se mueve a medida que tomamos determinadas decisiones.
Pronto se unen a estas vacilaciones, llegando a aumentar la frustración del personaje de Lía, una mejor amiga, Rachel, tan distinta a ella que se convierte en cara y cruz de su propia moneda, de la propia Lía, desearía ser como ella al mismo tiempo que la asusta su determinación y desinhibición. Y Andy, una tabla de salvación de sí misma.
Pero será Selene el punto de inflexión en sus vidas. A camino entre sueño y realidad, entre cielo y tierra, entre mar y arena ¿Es el amor un sentimiento hilado por fuerzas divinas? ¿Somos títeres entre sus manos o tan solo necesitamos un pequeño empujón para dar los pasos que no nos atrevemos a dar?
Luisa Fernanda nos presenta una novela en dónde la magia, los sueños, el amor y los deseos, mueven el mundo, una deliciosa historia sin más pretensiones que recordarnos que vida solo hay una, y esta hay que aprovecharla sin dejarnos paralizar por el miedo ni por los recuerdos de un tiempo que ya pasó, somos nuestros peores enemigos y solo nosotros podemos negarnos la felicidad, aunque esta esté tan cerca nuestra que casi logre mordernos.
Nada puede con el verdadero amor, nada. Tal vez ni la muerte”. 



LAS HIJAS DE SELENE
Luisa Fernanda Barón Cuello

Argerust.com
ISBN: 9788416091911 

Una reseña de
Yolanda T. Villar
©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 9 de abril de 2014

ENTREVISTA CON... Aurea-Vicenta González Martínez


 Aurea-Vicenta González Martínez

Hoy es un buen día para trotar hacia la puesta de sol, será que este Gato hoy se siente un poco Jolly Jumper, pues no conozco mejor trotero que él, cuando se trata de encaminarse al horizonte. Tal vez hoy este Gato necesite dirigirse hacia el Ocaso en un vano intento de atrapar el sol y amarrarlo con un lazo de rodeo para llegar hasta donde nunca ha llegado gato alguno, al lugar dónde duerme el astro Rey y permanece la Luna de Iluminaria, el auténtico Reino de las Ilusiones. Tal vez simplemente este Gato hoy necesite encaminarse hacia un lugar que le traiga risas de la infancia y rancios recuerdos, por lo ancestrales, no por amargura alguna.
De repente, una vez trotados los primeros pueblos que me alejan del Mediterráneo en busca del Ocaso, miro hacia atrás y veo mis huellas tan pequeñas que tengo que cerrar los ojos para recordar el mar que dejo atrás y sin embargo, es al mirar hacia adelante cuando observando el campo y las montañas, oigo su rumor. Y lo siento en mis bigotes. Y lo presiento en mi estómago. Me acerco al lugar que buscaba.
Y allí, entre la Meseta Castellano-Manchega y el Mare Nostrum, encuentro mi pequeño Paraíso, el que me recuerda de dónde provengo y el mismo que me hace presente, a dónde regresaré. Requena, reza el Edén. Si, este Gato valenciano-manchego no tiene que elegir qué mitad tira más, el sabor a embutido, gazpacho manchego y ajo arriero, aquí, aún trae aroma de mar. Camino entre viñas y surcos, me empapo de tierra y agua, de vino tinto y dulce zurra; troto desde Rozaleme al medieval barrio de la Villa y embebo el sol que cae como chaparrón en el Arrabal, ahora tumbado junto al Monumento Universal a la vendimia, ora un rato a la sombra de la Iglesia del Carmen. Tanto que trotar y tanto por descubrir aún, y esta tierra me incita a estas horas a hacer un alto en el camino y quién sabe, dejarse adormilar un rato entre el rumor de sus gentes y los aromas a pitanza.
Dos mujeres charlan. Oigo sus voces, estas se entremezclan entre ellas y viajan a mis oídos mecidas por el viento, por susurros, por risas y suspiros. Abro los ojos para no dejarme vencer por el sopor todavía. Una de ellas sonríe ampliamente, varias primaveras han pasado por ella pero lejos le queda el invierno; unos ojos alegres y brillantes traspasan sonrientes las lentes de sus gafas. Es tan menuda como fuerte, austera y suave, como
uva Boval, valenciana color tinta, y no podría ser otro su color, ni otra la uva que reflejan sus ojos, Escritora requenense y “ Requenera”.
Enfrente de ella, la pelirroja. Mujer que parece tener atrapado al sol. No lo sueltes todavía, pues he de saber dónde se oculta y ahora he de disfrutar de compaña y lugar…y conversación.

(Ante todo quiero mostrar mi agradecimiento por la entrevista a Yolanda Toledo y a Santiago Navascués, artífices de El Gato Trotero.
Destacar algo muy importante para esta voraz lectora y devota escritora sería remontarnos a la noche de los tiempos, ya se sabe que hay cosas únicas e insustituibles, así que empecemos en 2010 cuando por fin puedo dedicarme por entero a lo que desde la más tierna infancia descubrí que tiraba desde dentro: Escribir.
Aurea-Vicenta González Martínez )


1)Aurea ¿La escritora nace, se hace o aparece un día sin más? Hace poco alguien me decía que nunca pensó que la escritura sería su vida, hasta que tuvo algo que decir y no supo expresarlo de otra manera que escribiendo.

Me parece que es una hermosa manera de empezar con la literatura la forma en que comenzó la persona que ponéis de ejemplo en vuestra primera pregunta, en mi caso creo que ya he contestado, ¿verdad?

2) Siempre he sido una persona muy curiosa, más si cabe desde que leí en algún sitio la forma en la que distintos escritores, pintores y artistas en general creaban sus obras. Muchas de esas maneras son absolutamente sorprendentes y no menos curiosas que esta que pregunta ¿Cuál es su proceso de creación? ¿Desde que surge una idea, hasta que empieza a escribirla, sigue siempre un mismo patrón?

También me sorprende muchísimo la forma en que algunos creadores se inspiran, supongo que hay tantas maneras como personas, y aquí sí que hay que recurrir a la hermosa frase: Vive la différence.
Las ideas nacen y el mensaje que quiero mostrar adquiere forma, así es siempre. Nada espectacular pero…

3) ¿Es usted de las que escriben frente al ordenador, o necesita papel y bolígrafo, máquina de escribir tal vez? a la gente le sorprendería los muchos que aún escribimos a la antigua usanza.

Desde la libretita cuadriculada en la que “imitaba” al Marqués de Santillana y sus versos hasta el potente artilugio del que me valgo hoy, todo material es válido para plasmar las ideas, rapidez y efectividad solo la he conseguido con el ordenador
.
4) Todo escritor nos encontramos en algún momento dado con un bloqueo frente a la página en blanco ¿Le ha ocurrido alguna vez, Aurea-Vicenta? ¿Cómo lo ha solucionado? ¿Le preocupa esta situación o lo encuentra un paso más dentro de la creación literaria?

El bloqueo es una pesadilla con la que cuando no lo estás padeciendo sueñas, ambas cosas me suceden.
No puedo hacer nada consciente para remediarlo, si retorna la escritura todo queda olvidado.

5) ¿Qué o quién es su mayor inspiración al escribir?

Es una pregunta que se plantea fácilmente, su brevedad de enunciado, como suele suceder, encierra un gran abismo.
Del ¿Quién? La respuesta es fácil y rotunda: Mi marido.
No resulta tan contundente contestar a: ¿Qué le inspira? No, el asunto es que el transmitir mi punto de vista sobre la realidad que nos circunda sería pretencioso, escribo novelas y relatos breves, nada transcendental, pero todo me entusiasma.

6) El papel de la familia es importante en todos los aspectos de nuestra vida, pero más si cabe para un escritor, pues es un trabajo que o se entiende y acepta o no se lleva nada bien, pues escribir implica muchas horas y no poder atender otros ámbitos ¿Qué papel juega su familia en todo ello?

Hace poco pude leer en el blog de un profesional de la abogacía aficionado a la literatura que hasta que no obtuvo éxito con su novela no se había atrevido a comunicarle a nadie de su entorno que anhelaba escribir. Lo entendí de forma excelente ya que salvo Juan, que desde que nos conocimos –en otro siglo, je, je, je- y supo de mis ansias, nadie más
pudo ayudarme a sujetar la antorcha ni mantener la llama pues nada sabían del asunto.

7) ¿Si no hubiese sido escritora, con que otra rama del Arte le hubiera gustado expresarse? Yo le confieso que la música es mi gran asignatura pendiente, sin oído alguno para ello, y reconozco que es mi gran frustración, no tocar ningún instrumento…

La respuesta aquí es sencillísima, pintar.

8) ¿Cómo ve a la mujer actual en el mundo literario? ¿Nos va bien, mejor o peor que a los hombres?

Los novísimos medios técnicos que han logrado acercar a todos los niveles sociales el conocimiento y los instrumentos de acceso y uso, creo que dejan obsoleto el asunto.
Tanto los que han conseguido estudios académicos como el resto de personas instruidas en los distintos niveles, pobres como ricos, mujeres y hombres, todos andamos al compás y cada uno va posicionándose según su valía, al menos en la Red.

9) Últimamente se habla mucho de los concursos y certámenes literarios, y no siempre para bien, ¿Cree usted en ellos, que cambiaría si es que hubiera que cambiar algo?

Puedo decirlo con conocimiento de causa ya que durante un tiempo he participado en todo tipo de concursos, competiciones y hasta en unas Justas –de lo más interesantes, por cierto-, y mi percepción del asunto es que es una manera excelente de prepararse, y perder el miedo escénico que es inevitable sufrir, siempre que no se ponga demasiada ilusión en conseguir un galardón.
No conozco el entramado interno de ningún concurso por tanto sería vano por mi parte el pretender cambiar algo.

10) Su obra es extensa y variada, veo que no es una de esas escritoras que se centran en un solo género. Con “De 0 a 23. Asesoría” se adentra en la renovada novela negra ¿Fue premeditado o la propia novela la fue reconduciendo a usted hasta hacerse escribir?

Lo cierto es que intento hacer siempre una novela negra, algo imposible al parecer en un libro si no está plagado de defunciones violentas, catástrofes y alguna cosilla más pero resaltar al ser humano y sus relaciones con el resto de la especie -en toda su miseria y grandeza-, no aniquilarlo, es mi objetivo al escribir.
En de “DE O A 23. ASESORÍA” irrumpe con fuerza en escena una mujer, un ser humano. No hay más.

11) De todas sus novelas ¿Cuál es la que más le costó escribir y porqué? ¿Hay alguna que supusiera un reto para usted?

Para esta cuestión hay una respuesta que no dudo en dar, “Saldando cuentas aquí y allá”. Es una escrito para el que tuve unos mimbres con los tejer la historia, resultó que la novela no fue del agrado de quien me los prestó pero, fíjate por dónde, me hicieron nada más publicarla en Smashwords una entrevista y ahí anda, como práctica del español-Spanish para la amabilísima escritora que me planteó 5Q&A, y que yo, ignorante del inglés tuve que responder con ayuda del GoogleTraslator y ella pintiparó con esmero. En fin, ¡Cosas veredes, Sancho…!

12) Viajes y escritura. Yo pienso que van unidos, de la mano, pues de una manera u otra, viajar y escribir son una aventura que se sabe como empieza pero no como acaba ¿Qué significa para usted como escritora, el viajar?

Con la modestia de quien poco ha tenido y menos ha gastado para viajar, ni he estado en la India, ni puedo servirme de los impactantes recuerdos de un viaje a Laponia, pero, y es importante resaltar el asunto para que nadie se llame a errores, si desplazarse fuera de la burbuja en que uno se halla es irrenunciable para crecer como persona, todavía lo es más mantenerse abierto a la influencia que los libros nos transmiten y hablar con todo el mundo de cualquier cosa, estamos sobre la Tierra para aprender hasta el último aliento y tanto sirve la denostada TV como el vecindario.

13) Y para acabar, Aurea ¿Qué bulle ya de nuevo por esa cabecita suya? ¿Nos va a sorprender pronto con una nueva novela? Yo lo estoy deseando, y me daría una alegría si la respuesta fuera afirmativa, pero como no quiero gafarlo, no le preguntaré detalles…

Es un placer compartir con vosotros, queridos amigos, que Dorita Orden vuelve, ya va tomando forma el escrito en el que, si gustáis, sabremos de más asuntos de los que en Termas –una ciudad como tantas- suceden.

Gracias Aurea-Vicenta, ha sido un placer disfrutar de sus palabras y su obra.

Pues nada, agradecidísima, dejo un cordial saludo para todos.



Empieza a caer el sol. Ya no necesito saber dónde duerme. Estoy dónde quería estar y ha llegado el momento de volver a dónde salí. En realidad da igual dónde vaya y a dónde regrese, me siento en casa aunque vuelva a ser Jolly Jumper, esta vez cabalgando en busca del lugar dónde nace el sol. Trotar es mi sino y deleitarme con buenas historias y mejores gentes, mi placer. 


Una entrevista de
Yolanda T. Villar
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martes, 8 de abril de 2014

“DE 0 A 23. ASESORIA.” DE AUREA -VICENTA GONZÁLEZ MARTÍNEZ





No soy de esos a los que el tiempo hipnotiza con solo mirar la redonda cara de un carrillón. No soy de los que ven gigantes con brazos de aspas de molino entre las manecillas de un reloj. No soy de aquellos para los que la vida cuenta por el trascurrir de las horas y el devenir de los días. Yo soy de esos para los que el tiempo no es más que lo que hace correr a los demás mientras yo observo desde mi tejado ; el tiempo no es para mí más que ese carcelero inmisericorde que encadena a las personas y fija su mirada en los grilletes de sus muñecas, esos a los que ellos llaman relojes, corren como pollos sin cabeza mientras yo, ajeno al tic tac de un corazón mecánico, troto por el mundo tan solo mirando hacia el horizonte sin preocuparme lo más mínimo el alcanzarlo o el detenerme por el camino.
A pesar de esa despreocupación mía, o simplemente indiferencia hacia el tiempo de un reloj, no puedo ni quiero evitar en ocasiones ocupar parte del mío en observar al resto del mundo, como convidado invisible que no de piedra, sin juzgar ni entrometerme en esas atareadas y complicadas vidas que parecen tener todos aquellos que corren sin pararse a mirar al cielo por un momento, pero observando cuidadosamente en ocasiones, despreocupadas otras; no es por comprender que les mueve a ello, no es ese mi interés, es tan solo por sentir latir mi corazón mientras tranquilo les observo a ellos tan nerviosos.
Tiempo, horas, prisas, carreras, insatisfacciones, incluso sueños. Todo pasa a mí alrededor y solo yo parezco darme cuenta de ello. Y cuanto más observo, más seguro estoy que no todo es lo que parece ser a simple vista, solo hay que saber detenerse a tiempo y mirar lo suficiente.
Esta es una de las cosas que me atrajo de esta novela, cuando vi a la pelirroja que vive conmigo, leerla atenta en su pantalla del ordenador, sin despegar la mirada ni cuando a sorbos bebía un refresco con el peligro de volcarlo sobre el teclado ¿Qué es eso que llama tan poderosamente su atención? La portada era una imagen, que a simple vista, no era más que un gran reloj analógico, pero descubrí al acercarme y mirar más atentamente, que ese simple reloj era en realidad un preciso instrumento para medir el tiempo, ese mismo que un día unió sitios tan lejanos y dispares como Greenwich, La Torre de Londres, Harvard y la India.
El tiempo. Y un Título curioso, “ De 0 a 23. Asesoría”. Más tiempo. No, no era una novela científica, ni de ciencia ficción. Eran 24 horas , una tras la otra, en las vidas de unas personas que descubrieron que no todo lo que veían, era lo que parecía. Y ese misterio inicial del reloj y de las primeras palabras que daban paso a la historia, me atrajeron como mariposa a la luz…
“… pero te voy a decir ahora cuáles son las cosas que no me dan miedo. No me da miedo de estar solo, ni de ser pospuesto a otro, ni de abandonar lo que tenga que abandonar, sea lo que sea. No me da miedo el cometer un error, aunque sea un error de importancia…”
(James Joyce)
Con “ De 0 a 23. Asesoría”, Aurea nos acerca a la novela negra, al mundo de los enigmas y los detectives, de misterios que han de ser resueltos y de lo peligrosos que pueden resultar los casos a los que enfrentarse. Pero no, no vayáis a pensar que se trata de una novela negra más, de las clásicas historias de chica despampanante con curvas peligrosas, de esas que entran en el despacho del detective moviendo sus caderas, como si sonase un tam-tam al caminar; chica de vestido ceñido, medias de rejilla, altos tacones y labios rojos carmesí.
No penséis tampoco que al otro lado de esa mesa de despacho se encuentra un rudo y desaliñado detective, de esos que se pasan días sin afeitarse y luce cigarrillo perenne en la comisura de los labios. Detective bañado en bourbon y sombrero de ala ancha y ladeado sobre el lado izquierdo de la cabeza.
Pues no. Aurea Vicenta nos trae un soplo de aire fresco en este género literario, una renovada novela negra en dónde Ella, no luce medias de rejilla ni pinta sus labios de rojo. En esta ocasión Ella, es la Detective.
Dorita Orden está al frente de la agencia que ha montando junto con su socio, Ernesto, astuto y capaz de cualquier artimaña para conseguir sus planes. Un tiburón maduro que luce canas y presume de padre de gemelos en su tiempo libre. Junto a ellos, el ayudante-chicoparatodo-genio informático, Ricardo, pieza imprescindible de todo buen detective que se precie.
Dorita ha sido una aplicada alumna de Ernesto, ha cogido de su mentor lo mejor y lo peor no solo del negocio, sino de su propio carácter y no ha dudado en labrarse su propio estilo tomando un poco de cada cosa, sin olvidar ser ella misma ni olvidar quien tiene al lado; es una mujer que se toma tan en serio su trabajo, que cuando tiene un cliente delante, un caso entre sus manos, lo afronta como si se tratara de una escenógrafa y no descuida ni su puesta en escena como imagen de la empresa, ni el papel que ha de “representar” con los improvisados actores que irán apareciendo en escena, los clientes.
No es que todo valga, es que hay que estar preparada porque nunca se sabe quién va a entrar por esa puerta y a qué se van a enfrentar. Y esta empresa es demasiado importante para ella como para no tomarla en serio, lo ha dado todo por ella.
Aurea nos presenta una trama en la cual nadie es quien dice ser, y a través de la cual descubrimos la fuerza, el tesón y la lucha de una mujer que ha de enfrentarse a los convencionalismos sociales y a su propia familia por sacar adelante su sueño, una mujer como cualquiera de nosotras, con una meta en su vida y un camino que recorrer. Pero con un trabajo que nunca sabe que le va a deparar…
“-¡Oiga! ¿Policía? Soy Dorita Orden. Sí, en serio –casi perdemos un minuto-. ¿Puedo hablar ya? Gracias. Tengo a un hombre armado en mi oficina. ¿Cómo quiere que lo sepa, él no se ha presentado? No, no. Mi ayudante lo retiene y podemos esperar. ¿La dirección? –transcurre otro minutito mientras se escuchan al otro lado del teléfono conversaciones mezcladas con delatoras risas- ¡Ah!, claro. Sí la misma de hace una semana. Aguardamos, gracias.
Bien, parece que ha servido de algo el que, hace justamente siete días, otro loco, perdón, otra indeseada y sorprendente visita tuviera la cómica idea de que iba a darle
el contenido de la caja fuerte sin rechistar sólo porque él tenía un cuchillo y se decidió a mostrarlo fachendosamente ante mí.”
Contada de manera sencilla y sin grandilocuencias, la novela llega al lector desde el principio y nos hace involucrarnos en la trama, preguntándonos quién es quién y cómo resolverán los protagonistas dichos embrollos. El final…nos reserva una sorpresa. Una diferencia más de “ De 0 a 23. Asesoría”, con cualquier otra novela denominada negra. Porque tal vez sin pretenderlo, Aurea Vicenta ha cosido las primeras puntadas de un género clásico, convertido en novedoso.
Lo dicho, Un Soplo de Aire Fresco.
Y el tiempo se me pasó volando…incluso para ser un Gato atemporal.

Título: “De 0 a 23. Asesoría”
Autora: Aurea-Vicenta González Martínez
Registro P. Intelectual: V-1414-13
ISBN: 9781301259960
http://www.smashwords.com/extreader/read/339898/1/de-o-a-23-asesoria 

Yolanda T. Villar
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